Una de las cosas que predominó durante la jornada de ayer, durante el momento que permanecimos en el juzgado de familia de la Calle Valencia en Barcelona fue el silencio. Un silencio tan denso como una pared de plomo de un kilometro de espesor. Si, teóricamente allí no se iba a celebrar nada agradable, aunque no sea políticamente correcto expresar a lo largo de estas líneas una satisfacción rotunda y llena de plenitud, por lo menos por lo que a mí respecta. Se acabó. Fin de una etapa pero no de una historia. Todo quedó contrastado y firmado, a pesar de cierta incertidumbre por parte de la juez que llevaba el caso. Os cuento con más detalle. Mi hermana y yo llegamos al juzgado media hora antes. Durante el trayecto aproveché para invocar a los espíritus familiares poniéndole en el coche el casete donde se encontraban registradas las voces de mis padres, abuelos, amigos y nosotros mismos. Lo utilicé a modo de terapia. Mi hermana estaba tensa. Lógico. Iba a poner fin a 24 años de relación y 16 de matrimonio. Eso pesa y comprendo que pese al dolor que ha sufrido durante todos los años de su vida con el padre de sus hijos cosas buenas, aunque pocas, también ha habido. El rostro de mi hermana al salir del hospital era un rictus. Por un lado hacia casi un mes que no pisaba la calle, y ahora, cuando lo hacía no era precisamente para pasear ni para irse a comprar cantidades industriales de Donuts de chocolate (sus favoritos). Como ya he repetido iba a cerrar una parte de su vida. He de decir que ya tenía en mente darle la “sorpresa” de ponerle la cinta con las voces del pasado. He de reconocer que en algún momento pensé en no hacerlo. Sólo le faltaba que uno de los días más importantes (y porque no, dolorosos de su vida) le restregara por los oídos el sonido de las voces de aquellos seres queridos del pasado que ya en esos momentos no se encontraban con nosotros. Reconozco que me sentí un poco cruel aunque el resultado final fue muy distinto a lo especulado. Una de las cosas que conseguí tras poner en marcha la cinta fue que sus labios se relajasen considerablemente despegándose el uno del otro, dejando paso al tenue esbozo de una tierna sonrisa. Su cuerpo se relajó automáticamente, se sentía segura, arropada por la voz de mi madre, de mi padre e incluso escuchándose a ella misma con 35 años menos. De vez en cuando me miraba. Supongo porque se acordaba de situaciones que en la cinta no eran ni remotamente visibles. Recuerdos tal vez de gestos, de imágenes de miles de detalles que a uno mismo en estos momentos se le escapa de cualquier posible explicación. Una cosa si está bien clara. La invocación del pasado en forma de cinta magnética funcionó. Tener a sus padres allí, aunque sólo fuese en voz le dio fuerzas y algo de seguridad. Por lo menos eso es lo que yo pude percibir al respecto. Llegamos al juzgado y esperamos a Paloma en la puerta. Como no llegaba (tenía otro juicio en los juzgado de Santa Coloma de Gramenet) decidimos entrar, además comenzaba a chisporrotear. Ya dentro apareció un señor muy nervioso que se presento como el abogado de mi (ex) cuñado. El tipo estaba muy agitado pero se presentó muy amable y cortés con nosotros. Se interesó en el estado de salud de mi hermana y nos comentó que Paloma le había llamado y que estaba ya llegando al juzgado. También nos dijo que el capullo (él no lo llamó así) estaba arriba esperando. Esperando a los ascensores se me ocurrió preguntar por el EAIA. La respuesta del abogado fue una subida de ojos y una sinceridad fuera de toda duda acerca de lo que sentía hacia la tipa responsable y su afán por boicotear todo lo relacionado con el litigio y el asunto de los niños. Nos comunicó que no nos preocupásemos que allí no había nadie que no fuese más que los propios interesados, es más, nos dijo que había avisado al capullo de que no dijese nada a los responsables del EAIA para que no entorpecieran la causa. En eso llegó Paloma. Después de los saludos cordiales volvió a salir el tema EAIA a relucir dejando al final la cosa como lo que realmente era. Un berrinche de una inepta llena de prejuicios y sin pies ni cabeza. Ya habría tiempo más delante de encargarse judicialmente de ella. Tardamos un poco en subir debido a que solo funcionaba un ascensor y el que quedaba con vida no hacía más que subir y bajar plantas que no correspondían con la que a nosotros nos interesaba. Cuando llegamos, por fin pudimos ver, nada más abrirse las puertas a mi (ex)cuñado sentado en una butaca de plástico, haciendo ver que leía un periódico. Lo curioso es que no noté nada de nerviosismo en mi hermana, por lo menos en ese instante. Mientras Paloma y el abogado del capullo arreglaban papeles mi hermana y yo nos sentamos a esperar, a dos escasas butacas de donde se encontraba el capullo. No nos dijo nada, ni falta que hacía. Se dedicó a mirar como interesado el periódico y taparse la cara con él el mayor tiempo posible. Noté como mi hermana hacía un par de miradas fugaces (moviendo el cuello lenta y torpemente) hacia él. Solo recibió silencio. Qué más podía esperar. En esos momentos y pese a lo que ha sucedido en todos este tiempo me dio por pensar en lo complejo (y extraño) que resulta el comportamiento humano. Tres personas sentadas en una misma sala con muchas vivencias compartidas y ahora sólo había silencio entre ellos. Era como tres extraños que coincidían en un mismo día y hora con la única cosa en común que haber elegido un idéntico lugar concreto. A ver, tampoco esperaba más, ni lo estaba deseando. Pero uno no dejaba de pensar en cómo unas (duras) circunstancias determinadas podía convertir en personas con muchos vínculos en común en perfectos extraños. Era como tratar de darle sentido o lógica a un cuadro de Salvador Dalí o Mauris Cornelis Escher. No por ello dejé de sentir tristeza a pesar que en lo más fondo de mi corazón desease quitarme de encima a ese personaje de mi vida. Resulta irónico que en esos momentos pudiese hacer justicia sobre que ganada cada uno de todo ello y que se perdía. A grosso modo unos ganaban la libertad, a partir de entonces podrían hacer con sus vidas sentimentales lo que le dieran en gana y sin dar explicaciones a nadie (aunque aquí quien más salía ganando era el capullo ya que mi hermana de momento no cuenta con muchas posibilidades y ahora mucho menos después encontrase donde se encuentra ahora internada) por otro lado otros ganábamos la posibilidad de ejercer una paternidad que no estaba ni siquiera planificada, por lo menos desde antes de que este violento terremoto sacudiera los cimientos de la familia. Por último, otros ganaban la posibilidad de poder rehacer sus vidas en el seno de una nueva familia (atípica para algunos sectores conservadores de la sociedad) pero en definitivas cuenta un nuevo y peculiar núcleo familiar. Permitidme que me confiese sobre algo que estos días atrás me viene mucho a la cabeza y que no es más que el resultado de una conversación que mantuve con una de mis primas sobre el asunto de mi hermana. Es algo que también me sobrevino durante el tiempo que estuvimos sentados esperando a entrar para hablar con la juez y que vino propiciado por el profundo silencio que reinaba pese al bullicio de la gente que nos rodeaba en ese momento. Hace unos día mi prima, por teléfono me comentó algo que en un principio no le di toda la importancia que se merecía. Si me llamó la atención pero no lo suficiente como para darle vueltas al asunto. Supongo que son ese tipo de comentarios que se hacen a veces y que deben permanecer u n tiempo en las neuronas macerando como si fuese un tipo de licor extravagante y con mucho cuerpo. El comentario en resumidas cuentas hacía referencia a como tanto mi hermana como mi (ex) cuñado habían conseguido endosarme su vida (o lo que quedaba de ella) tras su (porque no decirlo ya preconocido) fracaso matrimonial. Yo lo resumo a “recoger los pedazos” aunque a simple vista (y dentro de su más que complejo significado genérico) suene como a muy liviano. Sus vidas están hechas trizas y yo me he quedado con una parte de ellas para tratar de reconstruirlas. Nunca habría sino más cierto. Pero elegir ese camino tiene también su precio. A la larga he de reconocer que he supeditado mi propia vida a reconstruir lo que queda de la de mi hermana. Ojo en ningún momento quiero dar a entender o provocar ciertos malentendidos ni que tras asumir ciertas responsabilidades me lamente o me retracte sobre el resultado final de toda esta compleja ecuación. Sólo apuntar que a veces veo como mi vida ya no es cien por cien mía, supongo que es un sentimiento muy común en personas que hayan vivido una situación semejante. Cuidado, tampoco quiero que nadie me relacione conla palabra egoísmo, simplemente dejar constancia de que muchas veces me siento como el Carpatia tras el hundimiento del Titanic.
Hacía tiempo que quería escribir. Es decir, hacerlo siendo yo mismo, sin estar pendiente de una fecha de entrega o a cambio de un talón. Creo que ya va siendo hora de armarme de valor, de entrar en el caserón, de abrir ventanas y puertas y permitir que la luz invada su interior. Necesito dar forma a los fantasmas, atraparlos, enfrentarme a ellos y asumir que, en el fondo, también forman parte de mi vida.
miércoles, febrero 20, 2008
La esencia del silencio.
martes, febrero 19, 2008
Día D hora H
jueves, febrero 14, 2008
Los mismos perros...
viernes, febrero 01, 2008
Frase de la semana
- ¿Qué?
-Sácame de aquí o me volveré loca.
Caroline Susan Archer a su hermano Richard.
Caminando en círculos.
Espero arreglar las cosas para la semana que viene. También espero arreglar el tema económico. Ayer fue a hablar con la aseguradora para que me dejasen disponer de mi dinero de mi plan de pensiones para pagar a Paloma por el tema divorcio. Me han de decir algo antes del jueves. Habrá que esperar. Suma y sigue…
jueves, enero 31, 2008
Sólo en salas selectas
Si lo queréis visitar sólo tenéis que pulsar aqui.
Prometo ir actualiznadolo lo más rapido posible.
martes, enero 29, 2008
¿Por qué lloras Caroline?
Doctora Wendy y Miss Peter Pan.
Volviendo al principio. Como decía con esta nueva responsabilidad puedo permitirme corregir cosas y reconducirlos hacia un futuro (por lo menos) un poco más prometedor al que le esperaba junto a su padre. Espero no equivocarme, si es así que el cielo me perdone, pienso luchar por evitarlo de la misma manera que he luchado por sacarlos del interior del pozo donde se encontraban atrapados. Hace unos días hablé con la directora del colegio tras una visita de la psicóloga escolar a los niños. Me comentó que, tras una prueba (ya os podéis imaginar que una de las que les tocó realizar era la de dibujar un árbol y contar una historia sobre él) los resultados fueron que mi sobrino estaba muchísimo más centrado que la niña y que ésta necesitaba mucho apoyo psicológico ya que había un brote de extremada rebeldía y evasión que hacía que brotase de su interior información respecto a su estado emocional sobre todo en la etapa donde había convivido con su padre.
Supongo que su actitud tiene algo que ver con la etapa de su vida que está viviendo, en este caso me refiero a la preadolescencia. Basta añadirle los conflictos familiares acumulados y ya tenemos la ecuación resuelta. Pero permitidme de nuevo en hacer una apreciación. Cuando quiere mi sobrina es Wendy, una mamá como la copa de un pino que se siente atraída por los niños más pequeños y los llena de cariño y ternura velando por ellos en todo momento, ese fenómeno se produce cuando no hay una presión de adultos a su alrededor o cuando ve que los adultos precisan de su ayuda. En el caso contrario, a veces (muchas) sobre todo cuando las responsabilidades son con ella misma, Laura sufre una especie de transformación y regresa a la tierna infancia convirtiéndose en una niña pequeña, una especie de Peter Pan, a la que detesta las normas y las reglas establecidas. Su filosofía es la de “Aunque todo el mundo lo haga así y sea lo correcto yo lo voy a hacer a mi manera y mal”. Esta actitud no me viene de nuevo. Mi hermana también lo sufrió cuando tenía su edad. Supongo que son actitudes heredadas, o propias de la edad. No lo sé. De momento la ayuda psicológica está al caer y nosotros la recibiremos con los brazos abiertos. Pienso que esa niña tiene mucho de qué hablar y por supuesto mucho de lo que purgarse.
viernes, enero 25, 2008
La mosca cojonera.
miércoles, enero 23, 2008
Despídete del mundo que soñaste una vez vivir.
Estos días atrás, en el coche (lugar donde se me ocurren numerosas ideas e inspiraciones, incluida la banda sonora de “EL Muñeco Cochinete”, que podéis descargárosla en el Emule y este dato no es una broma) mientras escuchaba con los niños la cinta de casete donde mis padres registraron nuestras voces, me dio por pensar en cómo mi madre imaginaba en esos momentos como iban a ser nuestras vida. Supongo que los que ya sois padres os haréis esa pregunta a menudo, yo, ahora, con dos niños a mi cargo ya comienzo a cuestionármelo muchas ocasiones os lo aseguro. Pues bien, mientras iba dándole a los pedales y al volante pensé: “¿Quién le iba a decir a mi hermana (que en la cinta se muestra muy dicharachera, risueña, a veces brusca pero muy divertida) que su vida iba a ser un calvario y que a los 43 años estaría encerrada en un hospital de por vida, por culpa de una enfermedad irreversible que la convertiría en una anciana prematura? ¿Quién le iba a decir que se iba a convertir en víctima de un marido insano, un verdugo que la apalearía día sí y día también implacablemente y aprovechándose de la incapacidad de defenderse debido a su enfermedad? ¿Quién le iba a decir que iba a ser testigo impotente de los maltratos de su pareja hacia sus propios hijos? ¿Quién le iba a decir a ella tras ser madre jamás iba a poder disfrutar de sus hijos y ofrecerles el apoyo necesario para convertirse en personas? ¿Quién me iba a decir a mi cuando nació mi sobrina que un día ella y su hermano iban a formar una parte importante en mi vida convirtiéndome de repente en tutor o “padre” adoptivo de ambos? ¿Cómo todos esos hechos pueden llegar a influir en ellos a lo largo de sus vidas? Sin duda muchos. Es posible que os preguntéis si tengo miedo al respecto. A estas alturas de la función que os puedo decir. Miedo no, respeto y sentido de la responsabilidad sí. Mucho. He de arreglar o corregir cosas en sus vidas, volver a rehacer lo que mal hecho o lo que han aprendido mal durante todos estos años de calvario. Ambos no son folios en blanco, tienen muchas faltas de ortografía y muchos tachones, pero por lo menos, lo bueno que tienen afán de superarse, de darse una nueva oportunidad en sus vidas. No se rinden. Nosotros tampoco. A todos (por lo menos por la parte que os toca) nos gusta aprender, asimilar y desechar aquello que puede ser inútil en un futuro. De eso se trata, de escribir el resto del camino en tinta o porque no en lápiz pero de forma firme y segura. Volviendo al tema de los caprichos del destino. Por lo que a mí respecta he de decir que siempre he poseído el sentimiento de paternidad. Por lo menos desde que tengo uso de razón. El hecho de ser gay no ha sido nunca impedimento para desear ser padre algún día. Siempre me he había planteado la posibilidad de llegar a ser padre algún día. ¿Cómo? Posibilidades haberlas las hay. ¿Cuándo? No había de momento prisa. El destino me ha dado esa posibilidad ahora, en forma de sobrinos. Un regalo del cielo, como tocarme el gordo de la lotería. Objetivo concluido aunque sea a través de una situación tan trágica. Permitidme ahora que me desvíe un poco del tema. Dejadme por un instante hablar de la paternidad, aunque sea una paternidad forzada por los avatares del destino. A lo largo de mi vida he conocido a mucha gente (de ambos sexos) carentes de ese sentimiento. Dejadme que haga un apunte algo machista pero siempre me han dado mucha más lastima aquellas mujeres carentes de ese sentimiento que dicha carencia en miembros del sexo masculino. Aquí no pongo de por medio temas de condición sexual. Los hay tanto en gays y lesbianas como en heterosexuales. A veces he tratado de comprender esa carencia y nunca la he entendido. Puedo pensar que se trata de un tema de egoísmo, no lo descarto. También puede ser por miedo a la responsabilidad. En el sexo femenino se puede entender por miedo al dolor del parto (la hermana pequeña de mi abuela paterna nunca tuvo hijos por autentico terror a la hora del parto) pero aun y así puede vislumbrarse un cierto apego (ternura o afecto) hacia los niños. Hay casos que no, que existe verdadera aversión, hay quien (en ambos géneros) sienten desprecio por los niños y no quieren verlos ni en pintura. Si, sé que hay que respetar esos sentimientos, pero ni lo comparto ni los entiendo. Supongo que de la misma forma que existe terrenos yermos donde no brota ni una mala hierba también existen corazones incapaces de albergar un poco de amor hacia el fruto de uno mismo o de alguien cercano u ajeno. Sería cuestión de hablar sobre este tema en otro post de este blog. O de reflexionar sobre el tema comentando algo al respecto en el foro de opinión de este post. Os lo dejo a vuestra elección. Sin salirnos de la tangente de la misma forma que hay personas que son desiertos hay personas que aparentemente son desiertos pero que de golpe y porrazo hacen brotar agua de sus entrañas y brotan auténticos oasis. Ese el caso de Miguel. Desde que estamos inmersos en este tema se ha entregado tanto o más que yo con estos dos niños. Fijaos como han conseguido despertar o activar en él la esencia de la paternidad que han conseguido, como ya comenté en este blog, hacerle salir del armario tanto en el trabajo como en su entorno familiar. En muchas ocasiones puedo verle como disfruta de esta nueva situación, bien sea explicándole a Adam temas de matemáticas y geografía como haciéndose responsable del pago del colegio o material escolar. Fuera del concepto escolar se lo pasa en grande viendo conmigo y el niño películas clásicas de miedo (hace poco tocó El Resplandor) los sábados por la noche. El destino. Animalillo curioso e impredecible. Puede con su enorme poder no sólo cambiar la vida de las personas, sino también hacer brotar en nosotros virtudes (y en casos defectos) que incluso desconocíamos. Que equivocado estaba cuando pensaba que la vida era como un puzle en el que cada pieza encaja a la perfección impidiendo que otra tome su lugar por muy semejante que aparente. Que equivocado puedo estar yo pensado que eso tal vez eso no sea cierto…
1436
1436, un numero que nunca se me va a olvidar, os lo aseguro. Supongo que algún significado esotérico debe tener. Llevo mucho tiempo alejado del mundo de la numerología y otras artes adivinatorias para sacarle punta, pero algún significado debe tener. Por lo menos soy consciente de ello así que un día de estos pensaré y me sumergiré en mi subconsciente para ver qué puñetas tiene que ver conmigo ( de momento sumado es un 14 que sumado da 5 curiosamente mi numero de nacimiento y de personalidad chúpate esa… En tarot representaría la Templanza carta que se encuentra en medio de La Muerte o numero XIII para los más puristas y El Diablo) Alentador… Pero dejemos lo esotérico de lado y permitidme bajar de nuevo a la tierra (ese diminuto moco de color azul que vaga por el espacio) para reflexionar más sobre la dichosa cifra. Muchos os preguntaréis porqué tengo que pagar yo el divorcio de mi hermana (bueno solo la parte que le corresponde a ella y el 75 % del procurador por que el capullo se niega a pagar más) La sencilla razón es porque mi hermana cobra una mísera pensión de 300 euros que sólo le da para pagarse la estancia en el hospital (no voy ni pienso hacer comentario algunos sobre mierda relacionada con nuestra sanidad y sus extraños cobros a jubilados y pensionistas por tener una cama digna en un hospital de larga estancia porque no terminaría nunca y podría remontarme a épocas lejanas cuando mi padre vivía y se encontró con la misma tesitura) Paso. Me he hecho responsable del pago (aun sabiendo de donde puñetas iba a sacar yo el dinero) Pero era necesario. Por ella (de esta forma nos quitábamos de encima el estigma capullo + su familia, y sobre todo porque accediendo tan rápido pagábamos el “rescate” de esos dos niños de las garras de su padre (a la que tendremos que añadir EAIA, o solo parte de esta entidad, pero no quiero adelantar en acontecimientos… ) 1436, de eso se trata. Mi cabeza es ahora un batiburrillo de estratagemas. Os aseguro que en casa nos sentimos como auténticos malabaristas. Pero no como los del Cirque du Solei todos superguays, (cools) ecológicos y de diseño. Nos sentimos malabaristas de un cutre circo ambulante, de barriada de lona raída y olor a rancio, que se juega el pescuezo lanzándose objetos punzantes (oxidados y cochanbrosos) con los ojos vendados y sin posibilidad de cobrar seguro, en caso de accidente. Mira por donde, hablando de seguros… El primer paso que he de dar es el de liquidar un plan de pensiones personal con una aseguradora de unos grandes almacenes que muchos de vosotros sabéis cual es (y para los que no tampoco es importante este dato) que un servidor se hizo cuando las cosas iban económicamente mejor. Por lo menos con lo que ahí tengo reservado para mi vejez (a esta paso veremos si llego a ella) pagar, por lo menos el 45% de la cifra total, sin contar procurador… Lo que entra en casa en estos momento es para otras cosas como alimentar a los dos críos, ropa no les hace falta gracias a la ayuda de muchos amigos y poca familia que contamos… alimentarnos nosotros, pagar facturas (menos mal que no tenemos hipoteca) pero si colegios, comprar muebles para adecentar la casa y adaptarla a las nuevas circunstancias y poder sobrevivir (como cada hijo de buen vecino). De momento el padre ha cumplido con uno de sus tratos e ingresa la mísera cantidad de 200 € para manutención de los niños (a 100 € por niño al mes imaginaos si nos sentimos malabaristas de circo rancio) Por cierto, entre las facturas que uno paga está la de una mutua de entierros (heredada de mi padre) y que un servidor, prevenido que es paga minuciosamente cada mes y en la que incluí mucho antes de que rugiera el volcán a mi hermana, llamadlo intuición o chiripa pero es así. Sabiendo de la falta de interés del capullo por pagar recibos hace unas semanas le pregunté si le pagaba seguros a los niños. Me dijo que sí e incluso a mi hermana. Como soy más bueno que Charles Ingalls (Michael London, La casa de la Pradera) y Chase Gioberti (Robert Foxworth, Falcon Crest) juntos le sugerí pasar a los niños a mi seguro (de esta forma me siento más seguro valga la redundancia) y así no me encontraría con problemas más tarde por culpa de incongruencias ajenas. El tipo me dijo: “Pues sí, págaselo tu que yo tengo otras cosas más importantes que hacer”. Cosa que he hecho sin rechistar eso sí cagándome en todos sus muertos (amebas incluidas) por los mísero y ……………… (añadid el segundo adjetivo que queráis tras la línea de puntos porque a mí se me ocurren ciento de millones, incluidos lenguas muertas y lenguas venideras, y si los suelto no podré dejar de escribir) que representa. 1436, son como eslabones de una cadena pesada pero os aseguro que como sea voy y me compro unas buenas tenazas para liberarme de ellos. ¿Comó? Como decía Scartett O´Hara (Vivien Ligh, Lo que el Viento se Llevó) Ya lo pensaré mañana.
domingo, enero 06, 2008
viernes, enero 04, 2008
¿Cuándo llegan los Reyes Magos?
Mi garganta es Dolby Surround.
Cambio de tercio.
jueves, enero 03, 2008
Voces del pasado.

domingo, diciembre 30, 2007
Frase de la semana.
“¿Tito?”
“Que”
“¿Sabes por qué queremos vivir contigo?
“Dime”
“Porque tu no nos pegas y contigo nos reímos mucho”.
Adam a su tío Richard
sábado, diciembre 29, 2007
¿Casa u Hogar?
martes, diciembre 25, 2007
Lo que queda de año.
Agradezco a esa misteriosa alienación cósmica (mágica o divina) que me brindó la oportunidad de poder recuperar a los niños de las garras de mi cuñado y ofrecérmelos en bandeja de platino con incrustaciones de diamantes (por lo menos). Gracias a ello creo en los milagros, las hadas, los gnomos y los seres sobrenaturales de toda índole, porque los malignos también existan, sobre todo los que se disfrazan de trabajadoras sociales del EAIA y se dedican a joder (pero con mala saña) la marrana metiendo incluso cuchara en mitad de un procedimiento legal de muto acuerdo. Si me permitís ya hablaré de este tema (largo y tedioso) en cuanto se me permita porque, entre otras cosas se está preparando una denuncia por muchos flancos al respecto de envergadura colosal.
De momento los niños han vuelto, sí pero aun con la incertidumbre de si se quedan en mi casa para siempre. Tanto ellos (como Miguel y yo) queremos que así sea. Ellos nos dicen que están hartos de los insultos y los malos tratos, de la dejadez y del poco auxilio que su padre les presta. Hace pocos días se negó en comprarle medicinas a mi sobrino (prefirió gastárselo en cervezas y tabaco) por lo que Miguel y yo tuvimos que correr a la farmacia, comprarle jarabes y llevárselos de extranjis al colegio. También tuvimos que acudir al festival de navidad del colegio porque él se negó a ir (entre otras cosas porque no paga los recibos desde septiembre y no tienen ganas de que se los reclamen en cuanto lo vean aparecer) Hemos recuperado la paternidad que perdimos hace una año. Les hemos comprado ropa, estamos planificando el mobiliario de las habitación de mi sobrina y preparando lo papeles para nuestra boda. Las navidades las están pasando con nosotros. La intención es que ya se queden a vivir aquí para siempre, con todo lo que acarrea tener que compartir espacio con dos preadolescentes con las hormonas como pelotas de goma lanzadas con fuerza desde un rascacielos… Cada día que pasa es un regalo. A la mierda si no nos ha tocado la lotería. Estamos arruinados. Nos da igual. Esos niños han salido de un infierno , de una familia rota y sabemos que podemos darles la oportunidad que se merecen de ser felices y vivir en paz.
Me importa una mierda que digan desde el EAIA (sin criterio y profesionalidad alguna) que soy un egoísta, un manipulador, un sinvergüenza, un incapacitado para la convivencia y una mala influencia para mis sobrinos. ¡Qué coño sabrán ellos si ni siquiera han tenido la desfachatez ni se han preocupado por conocernos e investigar o analizar nuestra situación personal ni familiar! Sólo se han dedicado a defender al padre maltratador y a no escuchar a dos niños que les han avisado por activa y por pasiva de las aberraciones que estaba sucediendo en su casa.
Pero de eso ya hablare en otra ocasión.
Feliz navidad a todos y muchas gracias por las muestras de apoyo que hemos recibido por todos vosotros a lo largo de este doloroso 2007.
miércoles, diciembre 19, 2007
Familia: Abuelos
Siempre me hubiera gustado haber podido disfrutar de mis abuelos. Aquellos que si pueden hacerlo suele rehuirlos, sobre todo en el momento que se ponen a explicar batallitas. Yo no. Mis dos abuelos (porque si padre no hay más que uno abuelo no hay más que dos) tenían muchas batallitas que contar. Ambos sufrieron los azotes de la guerra. Uno de ellos, por parte de mi madre, tuvo que esconderse tras haber sido acusado de comunista (era más bien apolítico) por un trepa facha que deseaba su puesto de trabajo. Fue durante la Guerra Civil Española (1936-1939). Mi otro abuelo murió en Agosto de 1943 en el Golfo de Vizcaya a los 43 años en la fragata HMS Egrett un barco que pasó a la historia de la Segunda Guerra Mundial por ser el primer objetivo destruido por una bomba teledirigida desde un submarino Alemán. Si, los abuelos son el anterior eslabón de nuestra existencia. Por regla general muchos son los afortunados de poder disfrutar de su compañía por lo menos en los primeros años de nuestra vida. Ese no es mi caso. Nunca llegué a conocer a mi abuelo pat
erno, y cuando el padre de mi madre falleció yo tenía sólo dos años. No hay recuerdos. Solo existen fotos y retazos de historia contada a trompicones por mis padres. Resulta curioso, por lo menos en mí caso que cuando te vas haciendo más mayor, mayor es la necesidad de recopilar información sobre nuestros ancestros. En mi caso dicha necesidad se ha convertido en un deseo. Un deseo por poseer la máxima información posible sobre todo para comprender una parte de tu existencia. En mi caso quizás por necesidad de reagrupar un núcleo familiar tan disperso como la distancia entre nuestro planeta y otro lugar habitado. En mi información hay muchos huecos. Grandes como cráteres lunares. No tantos en la rama de mi madre pero si en la de mi padre. Son grandes interrogantes que albergan montones de preguntas que, con muchísima posibilidad, nunca hallaran respuesta. Mi madre me contaba varias veces que mi abuelo, su padre, lloraba porque nunca pudo verme la cara. Estaba ciego por culpa de las cataratas. Dice que me acariciaba el rostro y se le llenaban los ojos de lágrimas. También sabía que nunca iba a poder disfrutar de mí y de mi hermana. El pobre hombre estaba ya muy cascado. Nació en Carmona (Sevilla) a finales del siglo XIX. Estudió leyes y se convirtió en abogado. Mi familia materna siempre ha sido muy nómada. Encontró trabajo en Valencia como abogado como del procurador y cuando estalló la guerra civil, como a muchísimas personas, se le truncaron las perspectivas de prosperar y desarrollarse como profesional por culpa de un hijo de puta que ansiaba su puesto como una mosca ansía un pedazo de mierda. Hubo denuncia y orden de arresto. Mi abuelo consiguió escapar, de esta parte de la
historia se poco. Mi madre me dijo que regresaron a Barcelona donde vivía su tía y su primo. La tía de mi madre se dedicaba a sacar los cuartos a las clases altas practicando la comunicación con los espíritus y el Tarot. Como conocía a mucha gente (eso es un hábito familiar que yo también he heredado) consiguió un escondite para mi abuelo. Mi madre y sus tres hermanos y mi abuela vivieron con ella mientras duró la guerra y gran parte de la postguerra. Mi madre se acordaba de las visitas nocturnas de la policía en casa de su tía en busca del paradero de mi abuelo, o bien como tenían que engañar día si y día también a supuestos perseguidores a través de las calles de Barcelona con tal de poder estar un momento con su padre. Con el tiempo las persecuciones fueron menguando y mi abuelo consiguió hacer una vida más o menos normal. Eso sí sin poder ejercer su profesión nunca más.
A escasos miles de kilómetros de allí mi padre sufría los bombardeos de las tropas alemanas en Portsmouth. Su padre (mi abuelo) era marinero en una de las fragatas que acompañaban a los barcos de suministro a la Francia no ocupada en aguas del Golfo de Vizcaya. Mi abuelo paterno nació en Shropshire un pueblecito en las West Midlands en Inglaterra. Su familia era bastante más humilde que la de mi abuelo materno. Algunos de ellos trabajaban en las minas cerca de la frontera de Gales. Al parecer mi abuelo era mucho más aventurero y prefería trabajar en la intemperie, concretamente a bordo de un barco. Un turbulento episodio re
lacionado con una pelea familiar entre él y mi bisabuelo lo hizo marcharse de casa y enrolarse en el ejército. En una visita a Londres conoce a mi abuela que regentaba un puesto de “Fish And Chips” propiedad de su padre. Se casaron y se fueron a vivir a Portsmouth donde nació mi tío Peter (que murió con 19 años en Malaysia, un año después de revelar a mi padre en la RAF), mi padre y mi tía Joan. Estalló la Segunda Guerra Mundial y mi padre y sus hermanos veían muy poco (o casi nada) a su padre. Mi abuelo murió en 1943 con 43 años de edad. Mi padre tenía entonces sólo 11 años. Mi abuela tuvo que buscarse la vida para sacar adelante a la familia, bien trabajando o bien gracias a las ayudas de su familia y de la pensión de viudedad del ejercito de su Graciosa Majestad.
A veces pienso en que hubiera sucedido si mi abuelo paterno no hubiese muerto tan joven, o si mi abuelo materno hubiese sido fusilado en un paredón de cualquier cementerio. No sé, es posible que todo hubiese seguido igual. Mi padre habría venido a España a trabajar y hubiera conocido a mi madre. ¿O tal vez no? ¿Hasta qué punto un suceso como el que vivió mi padre pudo haberle influenciado para estudiar la carrera de economía y tomar la decisión de venir a Barcelona? ¿O cómo habría afectado a mi madre y mis tíos el hecho de vivir sin padre? Mejor no darle vueltas a la cabeza con el tema. Sólo sé que me hubiera gustado mucho haber disfrutado de mis abuelos.
