sábado, marzo 08, 2008

Sospechosos Habituales.

Una de las cosas que hice el miércoles al levantarme fue apagar el teléfono móvil. No me apetecía mucho tener que ver “Numero privado” impreso en la pantalla mientras el tono no cesaba una y otra vez de martillear mis oídos y mi paciencia (y eso que tengo más que pulgas un perro callejero) Unas 17 llamadas anónimas contabilicé el día anterior y eso que apagaba el móvil cada vez que me subía a un avión. Quería descansar. Mi pié derecho me lo estaba pidiendo a gritos. Aun me duele (no os imagináis cuanto) y eso que le meto chutes de “Neobrufen 600” como para dormir un elefante. Pero que se le va a hacer. Hay quien hereda millones y yo heredo enfermedades dolorosas y familias políticas tan diabólicas como criaturas surgidas de mentes tan productivas como la de H.P. Lovecraft, Dan Simmons o Clive Barker.

Bueno la cosa estaba en que yo había apagado el móvil. Que tranquilidad, de verdad. El paraíso. A todo esto, no sé si alguna vez os he comentado mi animadversión hacia la telefonía móvil. Pues sí, oído a muerte estos aparatitos. ¿Qué son útiles? No lo voy a negar. Pero los odio. Me producen irritabilidad. Si trabajáis de teleoperadores de una compañía de telefonía y os toca llamarme para ofrecerme mil y una ofertas iros pensándolo bien porque no vais a encontrar al Richard más amable del mundo. Ese mismo efecto me sucede cuando alguien del sexo opuesto trata de seducirme. Ahora no me vayáis tachando de machista que no van por ahí mis derroteros. Respeto mucho a las mujeres siempre que ellas me respeten a mí y no vayan de Santa Juanas de Arco o de Vampiresas de novela Pulp de los años 50. No sabéis como me pongo. Pero muy de mala ostia se queda corto en cuento a definición.

Pase gran parte de la mañana haciendo cosillas en casa sobre todo desolado por la noticia de la muerte de Consuelo. También me dedique a hacer unas llamadas de teléfono y mira tú por dónde hube de recurrir al móvil para buscar un número concreto. “No le va a dar tiempo a sonar” Pensé yo ingenuamente. Pues nada lo pongo en marcha. Introduzco el numero Ping. Me lo acepta. Voy a la guía y miro el número. De repente se pone a sonar. “Numero Privado”. “No tiene descanso. Esta tía es insaciable” pienso. Me cabreo y lo apago. Oigo la voz de Yoda en mi interior: “Controlar la ira debes” parece tratar de decirme. Le hago caso. Como he de bajar un momento a la calle tomo la chaqueta y bajo a la planta de abajo donde se encuentra el despacho de Paloma. Me abre la puerta. Le comento lo de las llamaditas (otra vez) y ella me dice resoplando que avisará de nuevo al abogado de mi (ex) cuñado. Hago el resto de mis quehaceres. Escribo un poco y por la tarde voy a buscar a los niños al cole, tienen miedo que aparezca su tía para hablar con ellos. No les hace ninguna gracia. Se sienten acosados. El móvil permanece mudo toda la tarde y parte de la noche. “Si llama ya se cansará”. “Pero que gilipollez es esa”, pienso esta tipa es la polla en vinagre... Entonces me da por analizar su Modus Operandi y saco una curiosa y Freuidiana teoría, eso si algo extravagante pero para nada descabellada: A la tía le pone a mil llamarme por teléfono ¡y encima es ninfómana!

Vamos a ver, sus llamadas son como polvos. Si yo contesto es como si ella se corriera. Así de sencillo. En ese momento se siente satisfecha ha llegado al final, pero por poco tiempo porque a la media hora su cuerpo le pide más marcha. Entonces vuelve a llamar esperando otro orgasmo. Si lo consigue (si descuelgo) se vuelve a correr y así una y otra vez dia tras niche. ¿Pero qué sucede si por el contrario no contesto? Pues dos cosas dependiendo de cómo yo actúe. Si rechazo la llamada es como si se tratase de un polvo rápido sin orgasmo, sobre todo por su parte. Me he corrido yo primero y a ella eso la enfurruña muchísimo y claro su cuerpo se ha quedado insatisfecho y le pide matraca. Por eso, cuando eso sucede, he comprobado que las llamadas son más insistentes y se producen cada 10 minutos. ¿Y qué sucede cuando yo dejo que suene el teléfono pero sin contestar? Pues tanto de lo mismo. Lo que en este caso el polvo ha sido más largo aunque sin orgasmo. La insatisfacción está también latente pero no la enfurruña tanto por eso tarda unos 20 minutos en volver a intentarlo. Conclusión: "La Sargento de Hierro" está mal follada y busca macho desesperadamente. Como su hermano (sic) ya está ocupado y su cuñado ya no le habla debe desahogarse con otra persona y ya se sabe, eso de reconvertir un gay (aunque sea por teléfono) la debe poner como una moto. Si mezclamos eso con su maldad latente tenemos la respuesta psicológica a su manía obsesiva (no si a este paso dejo el periodismo y me dedico a la psicología y desbanco de un plis plas a todos los profesionales del sector).

Esa misma tarde me llama Paloma. Le ha llamado el otro abogado. Le dice que “La Sargento de Hierro” se ha puesto hecha una furia cuando la ha llamado. Ella ha amenazado con ¡denunciarme a ¡por acoso e injurias! (No si en sinvergonzonería no la gana ni el mismísimo Satanás) Ella asegura por lo más sagrado que es su hijo que no me ha llamado nunca y ¡que no tiene mi teléfono! Anda que no... si habremos hablado de veces ella y yo atraves de telefono móvil. En definitiva y como dicen por ahí a palabras necias oídos sordos… Mi sobrino que escuchó la conversación sonrió por no llorar. Me comenta que ha visto a su tía llamarme por teléfono y colgar en varias ocasiones incluso me apunta que la muy capulla se reía maliciosamente en silencio. Mi sobrina añade que cuando su padre se peleó con su hermana en casa también recibieron unas cuantas llamadas anónimas y que el día de la bronca que tuve con el capullo por el tema de los DNI y pasaportes llamó a su hermana y que casualidad que momentos después sufriéramos una avalancha de llamadas anónimas en casa y en el móvil.

Paloma me comenta que el abogado le ha metido a "su cliente" una buena bronca advirtiendo que si sigue así puede joder muy mucho el asunto de las visitas de los niños a su propio hermano. Una orden de alejamiento a ella por acoso y mi (ex) cuñado ha de visitar a los niños sólo por unas unas horas en un centro concertado y sin posibilidad de llevárselos todo el fin de semana.

Paloma me dice que ponga en marcha el móvil y que vigile si se producen llamadas anónimas. Si es así pueden ser tres cosas: Una, no es ella la artífice (aunque esa posibilidad está más que descartada vamos como afirmar que la luna está hecha de queso o que los dinosaurios y los trogloditas campaban juntos a sus anchas) Dos, es ella pero seguirá llamando bien porque no puede parar de hacerlo o por tratar de no ponerse en evidencia y tres dejará de llamar para no cabrear a su hermano y ponerlo en un buen apuro pese a que con ello se deba pone ella en evidencia.

Pues bien, han pasado tres días. El teléfono esta encendido las 24 horas y no ha habido ni un sola llamada anónima. Conclusión: ¿Acaso debería a estas alturas haberla?

¿Se puede forzar una amistad? Episodio 1. Almas solitarias, amores imposibles.

Hace muchos pero muchos años conocí a alguien que con el tiempo me acusó de obligarle a ser mi amigo. Siempre que me acuerdo de él me vienen esas palabras a la cabeza. Son duras. Como golpes de martillo desafortunados en un dedo cuando tratas de colgar un cuadro. He de reconocer que el inicio de esa “amistad” no fue muy normal, es decir no es la típica persona que conoces en un lugar concreto, en condiciones concretas y hay buen “feeling” a buenas y primeras. No. Fue una situación forzada. Condenada desde el primer día al fracaso y si duró (un año más o menos) fue por mutua necesidad. Tú me lloras en tu hombro y yo en el tuyo y santas pascuas. Conocí al “Sr F.” (lo llamaré así) en uno de esos anuncios de chico busca chica, chica busca chica o chico busca chico. Internet no había comenzado su andadura por estos lares y por otro lado yo no he sido nunca muy dado a salir por el ambiente a ligar así que si quería buscar una relación vi más correcto hacerlo a través de una revista que propiciaba las “citas a ciegas”. El sistema era muy sencillo. Tú dejabas un mensaje y los que querían ponerse en contacto contigo te dejaban sus datos en un contestador de voz, tú los escuchabas y llamabas a quienes te daban mejor impresión. He de decir que este sistema me funcionó a las mil maravillas y conocí a mucha gente, con algunos solo hablé, con otros ni los vi, otros mantuve una relación intima (incluso con repetición de la jugada) y con otros mantuve una amistad. Este es el caso del “Sr. F” un tipo de unos 50 años, con una voz potente, grandote, muy varonil, bigote y con un tremendo parecido al actor Oliver Reed. El “Sr.F” me dejó un mensaje dejándome su número de teléfono. Lo llamé. Hablamos un buen rato a modo de entrevista previa, ya sabéis, “Qué edad tienes”, “Cuanto mides”, “A que te dedicas”, “Qué hobbies tienes” etc, etc… He de decir que en el mensaje yo comentaba que buscaba una relación con intención de que convirtiese en pareja estable. Si hubiese sido para buscar un polvo rápido habría puesto otras cosas. Claro, con el tiempo y también como forma de conocerse mejor, uno ha de abarcar otras cosas si busca una futura relación y precisamente pasar por la cama es una de ellas.

Como a simple vista hubo un buen “Feeling” quedé con el “Sr. F” en un bar cerca de donde él trabajaba en esos momentos. Llegué primero y me senté a tomar algo. Ese día tenía que ir a trabajar a la Televisión y ya iba con parte de la ropa de trabajo puesta. Al cabo de un buen rato apareció el “Sr.F”. He de decir que me quedé impresionado. Os comento que por aquel entonces emocionalmente yo estaba bastante tocado. Algunos años atrás había sufrido un revés sentimental con graves consecuencias (por ambos lados por lo que me consta) por lo que uno estaba siempre a la defensiva y con cierto aire de escepticismo. El jarrón estaba roto, se había vuelto a recomponer y corría el riesgo que si lo llenaba de nuevo de agua podría haber mil y un escapes y una nueva e inevitable rotura. Pero, por otro lado necesitaba superarlo, querer y ser correspondido y no andar por el mundo sólo sin un compañero al que compartir cosas que no compartirías con los amigos. Notaba que me estaba volviendo huraño por momentos y no me apetecía nada. En absoluto.

El “Sr. F” y yo hablamos durante un buen rato. Al principio no noté nada de rechazo por su parte. Esa era una buena señal. Hablamos de muchas cosas. Él me contó que había roto con su antigua pareja, un tío bastante joven pero con una predisposición a soltar trolas tan altas como campanarios y a la promiscuidad. Aquella no había sido la primera ni la única vez que había roto con él. Había habido muchas más. Pero siempre volvían. Ya fuese dos o tres o seis años de lejanía de por medio. Era como las olas del mar golpeando la orilla o como las tortugas que regresan al lugar donde nacieron una vez. Eso sí, me dijo que esta había sido la gota que había colmado el vaso. Lo había pillado follando con otro tipo en su propia cama y el día de su cumpleaños. “Bonito regalo” Pensé… Ahora el “Sr. F” se replanteaba buscar una nueva pareja, alguien que no fuese un saltimbanqui de tres al cuarto que le diera la puñalada trapera cada vez que se diese la vuelta o lo perdiese de vista. Quería a alguien fiel, alguien con quien compartir su vida y ser felices. Pero… mira por donde el listón lo había colocado muy alto. Demasiado para alto para lo que luego llegué a comprobar... Y es que, la sombra de su ex era demasiado larga y abarcaba muchos, muchísimos rincones. Resulta ser que el “Sr. F” estaba enamorado hasta las trancas. Pero un amor tan brutal que dolía más que una patada en tus partes, un retortijón o un cólico nefrítico. Lo que yo no imaginaba era que lo que realmente el “Sr F.” buscaba no era una nueva relación, con todas sus novedades y sorpresas, sino un clon exacto de su antigua relación. Bueno de lo mejor de antigua relación. ¿O Tal vez no? Su historia era la clásica historia de amor tormentosa a lo Emily Bronte o el típico culebrón Venezolano con más giros en la trama que el peor puerto de montaña de los Alpes Suizos. Allí sentados frente a frente tras la mesa de un bar el “Sr F.” Me contaba que cuando él y su ex hacían el amor lloraban de pasión, que cuando se acariciaban se estremecían como hojas de un árbol agitadas por el viento y otras cosas tan poéticas (e inverosímiles) como esas. Yo, claro flipaba en colores. Por un lado me preguntaba (insistentemente he de decir) si un amor como ese podía realmente existir, de momento, por lo que oía sí (y no lo negaré como pude comprobé mucho más adelante) “Qué gilipollas eres”, me decía para mis adentros. “Has desperdiciado mucho el tiempo lamentándote por una relación del pasado y podrías haber encontrado a alguien que te habría hecho tan feliz como le ha sucedido a esta pareja”. Eso es lo que tiene al no saberse desprender de los fantasmas del pasado y llevártelos siempre encima, uno sobre otro, como utensilios inútiles en una mochila como las que llevan los excursionistas de alta montaña.

La verdad es que sentí cierta envidia por aquel tipo pero también sentí mucha compasión. Cuanta felicidad pero cuanta decepción acumuladas. No sé. Por un momento me vi reflejado en él. Ambos éramos dos solitarios, buscábamos una relación (yo no de forma tan exigente como él hay que reconocer) pero había algo de similitud entre su vida y la mía. Bueno, en mi caso no había habido ni tanta pasión carnal ni nada por el estilo. Mi relación había sido un “Quiero pero no puedo (o debo) así que me bloqueo y te tu vas al carajo porque no quiero que todo el mundo sepa la realidad aunque te quiera más que tu padre y tu madre juntos dando la voltereta.” No, nada que ver con su trágico y apasionado culebrón. Lo mío era un muro de hormigón. He de decir que su historia me impactó bastante y por el contrario yo a él no tanto. Sobre todo porque no me parecía en nada a su ex y eso era lo que realmente buscaba (un hijo de puta macarra y más macho que Popeye el Marino) Eso sí, me lo hizo saber de una forma políticamente correcta. Yo lo acepté aunque un poco a regañadientes. He de reconocer que el tipo me gustaba. Mucho. Muchísimo. Hombretones como aquel había pocos y más cuando se mostraban tan románticos y tan sensibles. Una combinación tan antagónica como atractiva. Pero él ya había dado su veredicto. Yo no era su ex. No me parecía ni por asomo (menos mal por lo que vi más tarde) No, no había tu tía. Punto pelota. Cerramos el encuentro con un buen apretón de manos y mucha suerte.

No suelo ser una persona empecinada con el tema sentimental. Lo había sido una vez y me había costado muy caro, pero no os lo podéis llegar a imaginar cuanto. Por ese mismo motivo me había costado horrores tomar la decisión de buscar una pareja. Pero, reconozco que tras conocer al “Sr. F” la cosa cambió. Por un momento la jarra se había empezado a llenar y no había indicios de ningún escape. Lástima que no fuese su (ex) tipo. Pero he de decir (los que me conocéis ya lo sabéis muy bien) que en cabezonería no me gana nadie, así que decidí intentarlo de nuevo. Un par de días más tarde llamé al “Sr. F” de nuevo. El se sorprendió de mi llamada. He de decir que mis intenciones con él eran bien sanas. Lo había visto muy hundido, solitario, como yo años atrás y quería ayudarle. En serio. Creo que se podía conseguir sobre todo tratar de convencerle de que buscase algo mejor y nuevo no tratar de reconstruir un muro de arena al pie de una orilla azotada por las olas. Así que quedamos para vernos de nuevo. Esta vez en su casa.

El “Sr. F” vivía en una urbanización en una casa escondida en mitad de la montaña. La había alquilado junto con su ex tiempo atrás, después de una de sus reconciliaciones. Los propietarios de la finca, que vivían en el piso de abajo, no hacían muy buenas migas con ellos no porque fuesen gay sino porque hacía tiempo que no pagaban el alquiler. La casa estaba llena de recuerdos y eso que la otra parte de la naranja se había llevado la mitad de las cosas. Era una casa triste, en tono sepia llena de muebles rancios. El “Sr. F” me recibió alegremente. Nos sentamos en el sofá y hablamos largo y tendido. El me dijo que su relación le había dejado mucha huella y que le costaba buscar a alguien que superase todo lo que había vivido. Me costaba imaginarme aquel tiarron temblar de emoción (hasta el extremo de tener que sentarse para no caer) cuando su ex entraba en la oficina para ir a verlo. Como se sentía como el hombre más feliz del mundo cuando lo llevaba en su moto. Como lloraba de pura pasión. Me fascinaba todo eso, he de decirlo. Y también he de reconocer que en el fondo necesitaba sentir lo mismo. Mi imaginaba que debería ser la hostia montada en bicicleta… Lo necesitaba a gritos (curiosamente encontré algo parecido, aunque en menor medida, días más tarde gracias a un la incursión en mi vida de un señor casado del que aprendí muchísimas cosas acerca de sentimientos entre personas del mismo sexo).

Reconozco que uno tiene sus trucos para ser encantador o por lo menos para llamar la atención. Como el “Sr. F” estaba aun empecinado en una relación clon con un clon del amor de su vida opté por ofrecerle mi amistad y ayudarlo en lo que fuera con tal de que fuese feliz (vamos como “Michael London” en la horrenda “Autopista hasta el Cielo”) Saqué la parte esotérica de mi mismo y le hice una lectura de Tarot de la que quedó más que impresionado. “¿A que eso no te hacía tu ex?” Pensé con una sonrisita malévola en mi interior. Al final me quedé una noche en su casa (eso sí cada uno durmiendo en habitaciones separadas) tras una intensa sesión de cartomancia y psiquismo que me dejó agotado (podría haber sido de sexo pero no, que se le va a hacer) A la mañana siguiente me llevó a ver a una amiga que resultaría ser una de las hermanas de su ex. Le eché las cartas. Me presentó a sus vecinos y les hice una predicción de la que salieron impresionados. De momento me había convertido en brujo oficial de la corte. Pero no me importaba. Me estaba encariñando mucho con el "Sr. F". El jarrón seguía llenándose y sin indicios de romperse en pedazos. Por fin, en mucho tiempo me sentí vivo.

(continuará...)

jueves, marzo 06, 2008

Sobre la vida y la muerte.

No es la primera vez que hablo de la muerte en este blog. Como tampoco es la primera vez que hablo de la vida. Pero cuando una persona bastante cercana fallece y cuando se trata de un amigo, en este caso una amiga, es como si se apagase una estrella en el universo. Una pequeña luz pero de un brillo imprescindible. Ayer cuando me bajaba el correo electrónico encontré un mensaje que me dejó por los suelos. El mensaje venía de Fotogramas y me comunicaban lo siguiente: ” Hola Richard. Siento decirte que Consuelo, nuestra recepcionista, murió anoche. Sabía que hablabas bastante con ella y quizá debas saberlo. Estamos desolados. Luisa y Pere.” Hay muertes que no te las esperas. Son como jarros de agua fría lanzados con mala sorna. Sucede que en un principio no acabas de creértelo, como que es una broma de mal gusto o una equivocación. Pero ni se bromea ni se equivoca con la muerte. Una vez me lo hicieron, por error me anunciaron la muerte de mi padre. No veáis lo mal que me sentó. Esta vez iba en serio. Llamé a la redacción. Me comentaron que hacía una semana Consuelo había solicitado la baja, todo debido a una supuesta gripe. Ayer había llamado su hijo para comunicar que había fallecido durante la noche. Las primeras noticias hacían referencia a una leucemia galopante. Aun no me he informado más.

Conocí a Consuelo durante mis idas y venidas a la redacción, bien para buscar material de correo enviado allí por equivocación o porque tenía reunión con Toni, el director. Siempre que salía me quedaba un rato hablando con ella. Con el paso del tiempo nos fuimos contando más y más cosas sobre todo en temas familiares, incluso algunos de los distribuidores de videojuegos habían entablado contacto con ella (ya que se encargaba de los sorteos que yo organizaba para la sección de videojuegos) y tambien habían entablado cierta amistad. Al enterarse de su fallecimiento han quedado tan desolados como yo. Este verano pasado me comenzó a contar la historia de su hermano, enfermo de cáncer terminal. Sobre todo por su lucha por sobrevivir un día más. Yo le contaba mis batallitas con mi (ex) cuñado y su familia. Siempre que hablábamos me preguntaba mucho por mi hermana, ya sea cuando yo lo hacía en persona o por teléfono. Me felicitó con un fuerte abrazo y dos besos el día que le dije que los niños se venían a vivir con nosotros. Siempre me guardaba revistas para que se las llevase a mi hermana al hospital y algún que otro libro para Miguel. “Dile a Miguelillo que es de parte de su amiga Consuelo” Me decía. Últimamente hablábamos mucho de temas de trabajo, algo de familia y sobre todo de cine. Hace menos de un mes me llamó para preguntarme por el titulo de una película donde aparecía la Sophia Loren y Edward James Olmos, nadie en la redacción se acordaba. “Mamma Lucia” Le dije. “Esa, esa es Richard muchas gracias”. La última vez que la vi fue hace quince días. Me dijo que en la redacción estaban de obras y que la habían subido a la tercera planta. Fui a verla. Hablamos bastante. Pero no como otras veces. Había mucho ruido y yo tenía prisa. Me dio montones de revistas para mi hermana, algunos ejemplares de Fotogramas atrasados, que me habían pedido distribuidores, y un bolsito de lana para mi sobrina. “¿Tú crees qué a tu niña que le gustará?” “Si, le va a encantar” le dije. Cosa que así fue. Tenía 45 años y unos hijos que quería a rabiar. Había luchado por sacarlos adelante después de un turbulento divorcio. Estos días atrás antes de la fatídica noticia la había llamado. No me contestaba. Me extrañaba que no me llamase diciéndome: “¿Vas a bajar Richard? que te guardo cosas…” Luisa, secretaria de redacción me habían avisado que estaba enferma. “Una gripe” me dijeron. Antes de ir a Manchaster la llamé pero me extrañó que aun no estuviera trabajando. Al parecer tenía otras cosas que hacer. Asuntos mucho más importantes como despedirse de la vida y abrazar a la muerte.

Te echaré mucho de menos Consuelo.

Tu amigo Richard.

miércoles, marzo 05, 2008

Terror en el vuelo 1076.


¿Recordáis un episodio mítico de “La Dimensión Desconocida” (Twilight Zone) titulado “Pesadilla a 20.000 Pies” (Nightmare at 20,000 Feet, 1963) que fue recreado bastantes años más tarde por George Miller (Mad Max) con John Lightgow en una película basada en dicha serie fantástica? ¿No? Bueno os pongo en antecedentes, en el episodio William Shatner (el famoso Capitán Kirk de la serie Star Trek) era un pasajero de un avión que, tras mirar por la ventanilla en plena tormenta, descubre paseandose por una de las alas a un horrible monstruo jugando a destruir con sorna cada uno de los motores. Pues bien eso no era nada con lo que tuve que vivir anoche mientras volvía de Ámsterdam a bordo del vuelo 1076 dirección a Barcelona. En esta ocasión el monstruo no viajaba en el ala del avión sino que estaba dentro y no era uno, sino muchos y todos tenían cara de chino. Si un día os encontráis en un aeropuerto, azotado por la nieve y se sube una horda de hijos de "Fu Man Chu" haced caso a las sabias palabras de "Gandalf" el Mago de "El Señor de los Anillos"": "Huid Insensatos!". Si para el colmo en lo alto del cielo se producen todo tipo de fenómenos atmosféricos (turbulencias en la mayoría de los casos) la ecuación puede ser doblemente catastrófica.

El avión salió con retraso (tal y como estaba previsto). Hay que decir que estaba hasta los topes. Había personas de todas las razas y edades. Desde pakistaníes con sus trajes típicos hasta mexicanos, pasando por españoles o miembros de otras razas variadas. Vamos la ONU al completo comprimida dentro de un extraño cigarro puro con alas y varios metros de largo por otros de ancho. Me tocó sentarme en el asiento central junto a un español y un chino que por mucho que le insistiera se negaba levantar para dejarme pasar. Bueno es que en hacerse el sordo era todo un maestro. Tras insistirle varias veces más con un “Excuse me, please” se limitó a mirarme, apartar las piernas y permitirme acomodarme (es otro decir) en mi asinto. Imaginaos tratar de pasar mi envergadura por un espacio tan comprimido. Sobre todo entre el asiento de delante y su cara. Al final el “Sr Wu” (a partir de ahora lo llamaré asi) comió “Chop Suey” de culo de Richard. Me senté. Me puse el cinturón y esperé como todo el mundo al despegue. En eso al “Sr Wu” se le ocurre soltar un sonoro estornudo que pudo amortiguar con las dos manos (menos mal, pensaréis) pues no; le puede más la curiosidad que la educación ya que no se le ocurre otra cosa que apartar las manos y mostrar a toda la fila el regalo acuoso, gelatinoso entre verde y transparente que abarcaba toda la palma de sus manos. El tipo se lo mira, me mira y emite un “Eeejj” de asco. Me pregunto si tanto asco le da por qué entonces se mira las manos. No sé, igual esperaba encontrar un premio, un mensaje de esos que hay dentro de una galletita de la suerte o parte de su masa encefálica, ni idea. Bueno, lo peor de todo viene ahora. Como no encuentra un pañuelo no se le ocurre otra cosa que extraer la bolsita papel para los vómitos de su butaca y limpiarse las manos con ella; acto seguido la guarda otra vez en su sitio, me mira fijamente y me dedica una estúpida sonrisa. Yo no sé si vomitar (en mi bolsa, no en la suya que tiene mocos) o pedir que me cambien inmediatamente de sitio. Aunque fuese en el ala haciendo compañía al monstruo que rompe los motores. A todo eso me fijo como al fondo una azafata está tratando de convencer a un par de chinos de que no tiren de la palanca de la salida de emergencia situada en el ala. La pobre operaria (oriental también) estaba un poco exasperada pero guardaba en todo momento la compostura. Muy profesional. Afuera había dejado de nevar pero aun llovía. Antes de despegar, ya en la pista de ascenso y preparados para ello, un azafato llama la atención al “Sr Wu” por tener la bandejita para la comida bajada. Después de esos pequeños incidentes el despegue y ascenso fue bastante normal (bueno eso también suele suceder en las películas) Como dicen los guionistas: "Lo mejor suele suceder a mitad de la trama." El vuelo ha de durar una hora y media, que se la va a hacer. A la media hora nos traen la comida. Cuando voy a hincarle el diente a mi sándwich comienzo a oler algo raro, es un olor intenso, concentrado, pestilente. ¡Joder es un pedo! Y no soy el único que lo ha notado. Mi compañero de ventanilla también. Ambos miramos al "Sr Wu" de reojo. Éste se hace el sueco. Mira al horizonte hasta casi atravesarlo. El olor desaparece. De momento, treinta segundos más tarde aparece otro y le siguen otros rezagados. Como con asco. Todo me sabe a flatulencia. Después de cenar y recoger la bandeja el dios “Eolo”, seguramente compinchado con los orientales, va y se pone a jugar con el avión. Como es habitual, en caso de turbulencia, las luces de abrocharse los cinturones se ponen en marcha y todo hijo de vecino ha de permanecer sentadito en su butaca sin rechistar. Bueno me da que esa norma de aviación no se cumple en china porque de repente a varios de los asiáticos les da por levantarse y pasearse alegremente por el pasillo. Se divierten y sonríen felices. Parece que les molan los zarandeos aéreos aunque a mí me da que ya están más que acostumbrados a todo lo que tenga que ver con las catástrofes, sobre todo con tanta peli de monstruos “Made in China” que pueblan su filmoteca nacional. Se oyen pasos raudos por el pasillo. Las azafatas se han levantado de sus butacas y corren a sentar chinos por un lado y otro del avión. Veo como una de ellas llama la atención a una chica para que ocupe su asiento. Le indica correctamente y por señas que debe ponerse el cinturón. La otra tipa se la mira con cierto desprecio. Es como si no fuese con ella. Después de insistir varias veces y adoptando un aire mucho más severo la pasajera accede a ocupar su butaca. De momento todo vuelve a la normalidad. Pero ésta dura poco. “Eolo” vuelve al ataque y da un “super bufido hiperhuracanado” mandando al avión a dar más tumbos que un borracho en la feria de la cerveza. Traqueteos, ascensiones y bajadas bruscas que ríete tú de las montañas rusas del parque de atracciones. Se escuchan chillidos por parte de los pasajeros y también muchos lloros. En uno de los vapuleos no logro sentir el asiento debajo de mi trasero. El “Sr Wu”, el otro compañero de fila y yo nos agarramos como podemos. Comienzo a marearme (nunca me había pasado en un avión) y mi pulso se acelera. Más baches, esta vez más violentos y más gritos. Todo se enturbia alrededor. Las luces titubean. Miro hacia arriba y espero que en cualquier momento aparezcan las mascarillas de oxigeno. Pero no lo hacen. El motor del avión ruge de lo lindo. Oigo llantos de bebé. Luego todo se calma.

Aparecen los miembros de la tripulación. Preguntan si estamos todos bien. De nuestra fila la que parece más afectada es la señora sentada en asiento central, en el lado izquierdo del aparato y opuesto al nuestro. Es mexicana. Llora desconsolada pero en silencio. Su marido y la pasajera junto a la ventanilla la tratan de tranquilizar. La mujer sujeta con desespero la imagen de un Niño Jesús con los brazos extendidos. Delante de mis ojos aparece una azafata portando varias bolsas para vómito. Llenas. La voz del piloto inunda el lugar. Nos pide disculpas en holandés e inglés. Dice, en tono jocoso, que lo peor ya ha pasado. Se oyen varias risas. La mujer mexicana sigue llorando. Reza. En eso vuelvo a oler a cuesco. Entonces veo como el “Sr. Wu” hace un gesto con las manos como tratando de alejar hacia el pasillo a una fuerza maligna e invisible. Se ríe. Un compatriota suyo, sentado en diagonal con él, sonríe también poniendo cara de asco. El culpable del ataque de pedos por fin se ha delatado.

El avión sigue su rumbo. Faltan 10 minutos para llegar a Barcelona. Estoy cansado. Me duele todo. Creo que he pillado gripe en Manchester. Me duele la cabeza, los iodos y la garganta. ¡Quiero llegar a casa de una puta vez! La señal de permanecer en los asientos sigue encendida menos para los chinos como era de esperar. Varios de ellos se levantan de sus butacas de nuevo campando a sus anchas. Esta vez al fondo del avión, donde la cola. Se oyen protestas de las azafatas. Se oyen risitas burlescas. Menuda pesadilla. El colmo de los colmos es cuando el avión está en pleno aterrizaje. Un chinito calzado de una chaqueta roja se levanta de la butaca y se dirige feliz al baño. Una manada de azafatas aparece desde la cola del avión empujandolo hacia su butaca. La bronca que recibe es descomunal. De repente comienza a sonar una melodía de teléfono móvil. Resulta que la “Sra.Wu”, esposa del lanzapedos está recibiendo una llamada de su prima ”Margarita Chao” de Pekín. Esta vez medio avión se gira en redondo. La tía pasa de todo y tan felíz como una perdíz se dispone a contestar. Cuando ve que las cosas se le van a poner chungas y va a aterrizar antes que el resto de pasajeros emite una risita como de brujita mala y apaga el teléfono. Aterrizamos. Los chinos parecen tener prisa y empujan de lo lindo. El “Sr Wu” abre el porta equipajes y me entrega mi bolsa de viaje y mi bolsa de compras. No por cortesía. Le molestan porque tiene prisa por sacar sus cosas y salir del avión (supongo que para tirarse más pedos). Bajo del aparato. Son las 00:00 horas. Renqueo por la terminal. El pié me duele de lo lindo. Tengo ganas sacar el coche del parquin, llegar a casa, abrazar a Miguel y a los niños, tomarme un ibuprofeno y meterme en la cama. Cosa que hago media hora más tarde.

Frase de la semana:

Pregunta de Laura a Miguel en mitad de la cena.

-¿Miguel hay algún animal que se levante antes de que cante el gallo?
-Si.
-¿Cuál?
-La pobre Paqui. La mujer de la limpieza de mi departamento.

Manchester, England Englaaaaand!!!

Mi abuelo materno (que en paz descanse) siempre decía que volar en avión era todo un misterio. No lo voy a negar. Para una persona de principios del siglo XX oír hablar de aviones y de pasajeros le parecía la cosa más sorprendente del mundo. Todo esto viene a cuento porque estoy sentado en la terminal C13 del aeropuerto de Amsterdam, en un vuelo que me trae para Barcelona desde el aeropuerto de Manchester. ¿Y cómo he llegado a parar aquí? Os preguntaréis más de uno (los que no se lo pregunten o lo sepan no leed o pasad rápido los ojos por las líneas que lo explican) Pues bien. El pasado martes recibí una llamada (no, no era La sargento de Hierro aunque la peñazo ha estado presente en todo momento y a lo largo de este corto viaje con sus puñeteras llamadas “anónimas” y eso que supuestamente había parado durante unos días. Debe ser que me echa de menos. Enemigos como yo debe haber pocos…) La llamada en cuestión venía de Activisión (empresa de videojuegos) y me invitaban con todos los gastos pagados a Manchester para echar un vistazo a uno de los futuros grandes títulos de su compañía “LEGO INDIANA JONES”. Ni basta decirme que no me lo pensé dos veces. Necesitaba un viaje aunque fuese de un par de días y me apetecía ver como se creaba in situ un juego para videoconsola, así que acepté encantado la invitación. Por otro lado no había estado nunca en el norte de Inglaterra y tampoco cerca de la tierra de mis antepasados (en el condado de Shrewshire) a una escasa hora y media de mi destino.

Llegar a Manchester no fue tarea fácil. Por horarios no había forma de llegar en un vuelo directo así que si quería llegar a tiempo tendría que hacer transbordo en Amsterdam tanto en la ida como en la vuelta. En un principio y como llegaba con algo de tiempo mi intención era acercarme a la ciudad de Shrewbury para dar (literal y realmente con los huesos de mis bisabuelos y resto de familia paterna) al final me fue imposible. Al final no había tiempo suficiente y hacía un puto frio que se te quedaban las castañuelas como el troglodita ese que se encontraron en el Himalaya hecho un producto ultra congelado. Porque, si hay algo que defina a Manchester es que hace un puto frio del carajo, de esos que se te mete en lo más profundo de tu esqueleto. Ojo, a su favor he de decir que la ciudad no es nada fea. Hasta tiene su encanto. Eso sí, es todo un paraíso para las compras, bueno si estas forrado de pasta porque la libra esterlina está aun a años luz del euro. A mí con sólo me dio para comprarme dos pastillas de jabón con formas de fruta y un par de bolsas de caramelos para Miguel y los Niños. Por cierto si algún día se os ocurre ir a dicha ciudad os recomiendo que alojéis en el Hotel Renaissance justo en el mismísimo centro y un sitio no muy caro (115 libras) para una habitación con dos camas King Size y una mini suite.

Pues bien como siempre me sucede fui el primero en llegar. Debe ser que volar desde Barcelona (o Amsterdam) me da cierta ventaja que hacerlo desde Madrid u otro lugar de la península ibérica. Desde el aeropuerto tomé el tren hasta Picadilly Manchester (no Circus que eso está en Londres) y a medio camino, inevitable y predeciblemente comenzó a llover. Eso, eso que no falte la lluvia en Inglaterra que si no llueve no está contenta “Su Graciosa Majestad”. Parece mentira que aun, a estas alturas me llegue a sorprender las cosas que pueden llegar a hacer mis propios compatriotas. Sobre todo en cuento tradiciones se trata. Resulta que, casi llegando a la estación, dentro del tren apareció por una de las puertas que comunican los diferentes vagones una señorita con un enorme carro ofreciendo a los pasajeros tés o cafés (aguachirri por su color) y todo tipo de chocolatinas (“Goodies” les llaman ellos en jerga). Como había que pagar y a mí ni el té ni el café me gustan pasé olímpicamente. Llamé a Miguel (mi GPS particular o “Guía Miguelín” como le llaman quienes le conocen) y desde su despacho, Google Earth, me organizó una ruta rápida hacia el hotel por lo que llegué al hotel en un santiamén. En el Hall me recibieron muy amablemente y después del registro me ofrecieron un mini coctel de granadina y una chocolatina cortesía de la casa. Subí a la habitación (por cierto el ascensor con voz femenina habla solo) hasta la décima planta. Desde la habitación 103 podía ver una fantástica vista de la ciudad. Como iba cansado y tenía un poco de hambre bajé a comer algo. El frío me esperaba en la puerta como los ácaros en la moqueta de la habitación. Como quien os escribe es muy chafardero (debe ser por deformación profesional) me dio por callejear reconfirmando que Manchester no es una ciudad tan horrible como me la pintaban. Visité un par de supermercados donde me compre unos bocadillos y un pastelito y regresé a la habitación. Una vez allí me pegue una ducha (me dolían las piernas, la espalda y todos los huesos del cuerpo incluidos los del oído) me tomé un analgésico y me dispuse a comer algo y a trabajar con el ordenador. Entonces caí en la cuenta de que el puto sistema de enchufes del Reino Unido era diferente al del resto de Europa. ¿Por qué mis tocayos hacen todas las cosas del revés? ¿Por qué conducen por el lado contrario? ¿Porqué los enchufes son raros de cojones? ¿Por qué los saleros y los pimenteros van al revés que los nuestros? Si no lo sabías sólo se le puede ocurrir a los ingleses poner la sal en el bote con el agujero único en el centro y la pimienta en el de agujeros múltiples. Un misterio como hubiera dicho mi abuelo.

Al final conseguí conectar el ordenador en el enchufe del cuarto de baño. Eso si el pobre bicho iba como loco cambiando el brillo de la pantalla (ahora tengo corriente, ahora no y así hasta el infinito y más allá) por lo que la batería no conseguía cargarse ni en lo más mínimo. Bueno al menos me daría tiempo a hacer algo con él antes de apagarse definitivamente. Durante ese tiempo recibí las llamadas de Miguel, de los niños y de la insistente y obsesiva “Sargento de Hierro” (cuatro llamadas silenciosas en menos de una hora…) Eran las 20:30 y tenía tiempo hasta las 22:00 para reunirme y cenar algo con Mónica (responsable de prensa de Activisión) y el otro periodista que llegaban desde Madrid. Me tumbé en el sofá de la suite y me puse en el ordenador una película (una cosa horrenda llamada “Los 4 Fantásticos contra Silver Surfer” ) Justo en el momento más entretenido se acabó la batería y me quedé en ascuas (es un decir)

Después de un par de llamadas anónimas más me tumbé en una de las gigantescas camas (me costó decidirme en cuál de ellas) Y me quedé amodorrado, sería una mezcla del analgésico y del cansancio. A las 22:30 me llama Mónica. Ya habían llegado. Quedé con ellos en el Hall en un cuarto de Hora. Me vestí y baje. Después de las presentaciones nos fuimos a cenar a un Restaurante Italiano no muy lejos del Hotel. Como ya había comido algo en por la tarde cené poco (una estupenda lasaña) Charlamos un rato y tratamos de buscar un Pub abierto sin ningún buen resultado. El frío apretaba así que regresamos al hotel. En conserjería pedí si tenían un adaptador para el enchufe ¡y me dieron uno! Por lo menos tenía solventado el tema eléctrico (pero no el tema Wi Fi que no hubo forma a no ser pagando 15 libras por 24 horas) cosa que me negué. Me acosté en la cama y me puse a ver el final de la peli. La bicha esa de color plateado se apiadaba de los humanos y se cargaba al malo de la función. La Jessica Alba se casa al final con el tipo de goma y todos más felices cual manada de perdices Tararín Chimpún... Puse la alarma del móvil en marcha a eso de las 8:00 de la mañana y me quede más sobado que la flauta de Bartolo.

Una cosa rara que tiene Inglaterra y bueno, todos los países nórdicos en general es que a las 5 de la mañana ya es de día y claro sucede que uno se medio despierta y ver luz y se lía más que una persiana. Os aseguro que por un momento me entró la paranoia que había puesto mal la hora en el reloj y que en vez de las 05:30 eran las 9:30 pero no. Allí amanece mucho antes (de la misma forma que oscurece a eso de las 17:00 horas) De nuevo otro misterio como diría mi abuelo. A las 8:30 me llama Miguel. Hablamos un rato. Me meto en la ducha, me visto (antes de esto se me cuela la mujer de la limpieza en la habitación. La pobre sale huyendo rauda con un “Oh, I´m sorry Sir!”) y bajo de nuevo al Hall con la mochila, el enchufe y la tarjeta/llave de la habitación. Como el desayuno no estaba incluido nos fuimos a desayunar a un “Starbucks Café” Tras confesar que no había estado nunca (y sorprender a los allí presentes) desayunamos, yo zumo de naranja recién embotellado y pastelito autóctono. Y nos fuimos de compras (bueno los que podían) En mitad de las compras recibo una llamada curiosa (es la responsable de EAIA que quiere quedar conmigo y los niños el jueves por la tarde para cerrar expediente, como si se hubiera abierto alguna vez) A eso de las 11:00 pillamos un taxi y nos fuimos a nuestra cita en Knutsford un pueblecito muy pintoresco perdido en mitad la campiña. Después de enseñarnos las instalaciones y ver el juego en desarrollo nos invitaron a comer y acto seguido Mónica, el compañero de Madrid, otro periodista Alemán y yo nos fuimos raudos al aeropuerto a bordo de un taxi descomunal conducido por un conductor descomunal que parecía salido de algún episodio de “Little Brittain”.

En el aeropuerto nos separamos todos. A mi me correspondía la terminal 3 y al resto la 2. Pillé los billetes de avión, pasé los controles pertinentes y corrí por el pasillo para llegar a la terminal. antes me paré en una tienda de juguetes y le compré un osito de peluche a mi sobrina que le encantan. El avión de KLM iba a tope de gente. Es algo incomodo y como ya iba cansado (y con un molesto dolor en el pie debido a mi reuma) me entró una modorra y algo de mala leche. Llego a Amsterdam con retraso. Corro de nuevo (como puede) por los pasillos. Compro unos bolígrafos y unos caramelos y una botella de Fanta que me requisa en el control una tipa mustia a modo de esbozo de la actriz americana “Lily Tomlin” (Le miro con mala cara “Tengo mucha sed y me has quitado mi botella tonta” le digo en silencio) Caminata de nuevo y llego a la terminal. Miro por el ventanal que da a la pista. ¡De repente se ha puesto a nevar! ¡Manda huevos! Encima hay retraso de una hora en el vuelo. Llamo a Miguel para comunicárselo. Pillo un asiento y espero. Mucho más tranquilo me doy cuenta que estoy rodeado de chinos. Miro la pantalla. Estoy en la terminal correcta. El avión que voy tomar en menos de una hora va hacia Barcelona y es el mío. Eso sí, va a ir cargado hasta los topes de chinos. Bueno pues vale, un vuelo exótico, pienso. Todavía no me he dado cuenta que en ese momento acabo de iniciar el principio de una casi accidentada aventura...

(Continuará)

sábado, marzo 01, 2008

Sentido del humor.

No es la primera vez, ni será la última, que me han comentado acerca de lo dramático que me pongo a veces en este blog (Bueno también me comentan “A ver si pones más párrafos mamón y no ese mazacote de texto que agota hasta a un ratón de biblioteca”) Quienes me conocen saben que mi carácter está como a mil años luz de lo que realmente aparenta representar en este blog. No es que no sea yo. Todo lo contrario. El Richard de este blog es otro punto de vista de mi propio yo (¡toma castaña!), una parte de mí que me ha tocado trabajar en esta vida supongo con alguna intención determinada. Vete a saber tú, cosas muy raras tiene a veces el Karma.

Vamos a ver, soy muy consciente que la vida se ha de tomar con humor. Eso sí, no reírse de ella, sino con ella. Entre otras cosas ayuda a que ésta no te de palos más fuertes e inesperados. Sin embargo a veces cuando escribo me siento en la obligación de ser dramático. Y es que la situación la pone a huevo. También es cierto que a veces podría enfocarlo desde otro punto de vista pero cuando uno está inmerso dentro de la trama (y hay que reconocer que la mía es de órdago) es muy difícil hacer tripas corazón y no dejarse influenciar por el estado de ánimo. Sé que debería ser menos agresivo con según quien ¿Pero se puede ser menos condescendiente con alguien que ha cometido verdaderas atrocidades con tus seres más queridos? Supongo que sí. Pero sería como beber un vino barato o subirse a una montaña rusa cutre carente de emoción. No sería yo mismo, sino una versión light de un Richard autocensurado por tratar de ser políticamente correcto. Y no soy así. Cada día menos.

Sé que he hecho llorar a mucha gente que ha leído este blog o ha escuchado los acontecimientos de mi boca y en persona. Pero me consta que también hay quien se lo ha pasado muy bien y se ha reído de lo lindo. Ojo, no me refiero a que se haya choteado de lo que nos está sucediendo, sino a que se lo ha pasado en grande con post con algo de menos carga dramática como por ejemplo el titulado: “El Día que Charles Bronson me regaló su Culo”.

viernes, febrero 29, 2008

1436 - 500 = 936

Hoy, por fin, he conseguido liquidar una tercera parte del total de la factura del divorcio de mi hermana. Lo he conseguido cerrando un plan de pensiones que me venía haciendo con el Corte Inglés. No ha sido un tramite inmediato ni sencillo pero al final ha sido más rápido de lo que esperaba. “Lo necesita ella más que yo.” Le he dicho a la agente de seguros cuando me ha dado el talón de 550 euros. La mujer, conocedora de la causa ha asentido con la cabeza con una sonrisa llena de ternura. “ Ya volveré a hacerme otro más adelante”. Le he añadido. “No te preocupes”. Me ha contestado ella. “Aun eres joven”. Entonces yo le he devuelto la sonrisa a ella.

Por cierto, sobre el tema de las llamadas anónimas… No sé si es casualidad o no. Pero desde la advertencia del abogado de mi (ex) cuñado a “La Sargento de Hierro” ya no se han vuelto a producir. Puede, también que al tener el teléfono apagado dos días igual se haya cansado de darle a la tecla de llamar. Mejor lo dejamos en puntos suspensivos.

Querer no es poder.

A veces la casualidad hace que afloren emociones hasta el momento guardadas con llave en lo más profundo de nuestro corazón. La casualidad en este caso ha llegado en forma de redacción para la asignatura de inglés por parte de mi sobrina. No os podéis imaginar el cataclismo que se ha creado en casa al respecto. Supongo y comprendo que en hay temas que mi sobrina desea no tocar. Para ella hay cosas en su vida que son como acercarse en plena tormenta a un poste de alta tensión. La cosa comenzó hace unos días cuando repasando las tareas escolares mi sobrina me comentó, a regañadientes, que tenía que hacer una redacción en inglés sobre su familia. No os creías, a mí también me dio un jamacuco pero traté de quitarle importancia haciendo un chiste (malo) para quitarle importancia: “- Mira - le dije a la niña - Le puedes decir a tu profesora que de tu familia paterna ya han hecho una película así que pilla “La Familia Adams” de la estantería de DVD y se la entregas.” Antes de que me inundéis en vapuleos, tirones de orejas y cosas por el estilo os comentaré que a mi sobrina la sugerencia le hizo mucha gracia. Por lo menos se rió bastante. Podría haber sido peor. Podría haberle sugerido “La Matanza de Texas” o “Posesión Infernal” o “Expediente X”… Bueno, la cosa quedó de momento aparcada. Había tiempo para la entregarla, así que no le dimos más importancia. Pasaron un par de días y llegó el momento de enfrentarse ante el folio en blanco. Entonces sonó la alarma aullando como un lobo en mitad de la noche. Mi sobrina estaba de los nervios. Nos sabía que poner. Yo le sugerí varias cosas. La primera que fuese sincera que hablase de su madre de su enfermedad y de que vivía con su tío… No le desagradó la idea aunque tampoco le entusiasmó en soberana manera y eso que en su caso tanto profesores como alumnos conocen su historia familiar. No hay interrogantes al respecto. Pienso que el principal problema era tener que escribir sobre su familia paterna. ¡Ah! He aquí el quid de la cuestión. Percibí que había un grave conflicto interno sobre que sentía realmente hacia ellos y lo que realmente quería explicar. Le sugerí que lo escribirá en un borrador, en castellano, para luego traducirlo al inglés. Ella se negó. La excusa era que al traducirlo las palabras no tendrían el mismo significado (¿?), yo le insistí que sí. Ella lo volvió a negar. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Lo que no me estaba dando cuenta es que ella no quería hablar de su familia paterna. No quería sincerarse y no encontraba la excusa concreta para justificármelo. Al insistir de nuevo en que fuese lo más sincera posible y lo expresase en un principio en castellano sufrió un ataque de ira. Su rostro se puso rojo bermellón, se levantó repentinamente del sofá y me atacó de forma violenta arrojándome una zapatilla al cuerpo mientras gritaba cosas ininteligibles. Todo duró unos cinco segundos. He de reconocer que me quedé sorprendido. Su hermano también. La traté de calmar. La niña se sentó de nuevo en el sofá llorando. Le comenté que escribiera lo que quisiera, que en el fondo no tenía importancia pero que la sinceridad sería una buena forma de ayudarla a comprender su situación. Se puso a escribir. Al cabo de un rato me entregó la nota. Había bastantes incongruencias. No se lo tuve en cuenta. Al fin y al cabo no era más que un ejercicio escolar y ella no estaba preparada aun para afrontar la realidad.

jueves, febrero 28, 2008

Acidez

Son las 2:32 de la madrugada. Acabo de levantarme de la cama tras un ataque violento de acidez de estómago. Hace tiempo que los suelo padecer y se incrementan con estados de tensión elevada y nerviosismo. Suele subirme como una quemazón horrenda por todo el esófago e incluso se suele colar a través del las vías respiratorias causándome asfixia. A veces me pasa durmiendo lo que es tremendo porque de repente me encuentro en mitad de un sueño en el que me estoy ahogando. Una mierda, el día que fui a comprar estómagos me llevé el de todo a 60 céntimos de euro. Cuando me sucede me levanto corriendo, trato de recuperar la calma mientras no me muero y voy a por litros y litros de agua. También tomo antiácidos. El "Omeprazol" es mi fiel compañero, pero a veces falla. Supongo que debe haber muchos factores como haberme ido a acostar muy temprano, los nervios acumulados o muchas otras cosas más.

Ayer por lo menos estuve tranquilo un buen rato. Con el teléfono móvil desconectado y escribiendo sobre cine en mi otro blog y en éste mismo, yendo a buscar a los niños al cole (no quieren encontrarse con su tía) y viéndome un impresionante documental titulado "Confessions of a Superhero" que os recomiendo desde ya mismo. Más información al respecto en el blog de cine. Por la noche ha sucedido una cosa extraña que me ha puesto la luz de alerta en Defcon 2. Hemos recibido dos llamadas al teléfono fijo ambas muy peculiares. La primera la de un tipo reclamándome dinero de mi padre (que ha fallecido hace cuatro años) El tío aseguraba ser de un gabinete de abogados de esos que suelen cobrarse a morosos y en los que parece ser mi padre tenía una deuda con una compañía telefónica, según él la deuda era astronómica y buscaba desesperadamente a mi padre o a cualquiera de sus parientes para reclamar dinero. El tío no era nada amable y lo que más me ha mosqueado es que dicha llamada se ha producido a eso de las 22:30 fuera del horario comercial. Lo he mandado al peo después de que se pusiera impertinente conmigo. Ignoro si hay una deuda o no, pero no me ha gustado mucho el tono que ha utilizado y la forma de proceder. Despues de eso ha sonado el teléfono y me ha salido un tipo preguntándome por varias “supuestas” amigas suyas. Se oía de fondo un bullicio ensordecedor. Su tono de voz tampoco me ha gustado mucho sobre todo porque olía a cachondeito puro. No se llamadme paranoico pero me ha llegado un tufillo a Sargento de Hierro que echaba para atrás. Luego no me extraña que mi estómago se haya resentido. Veremos que sucede mañana.

miércoles, febrero 27, 2008

Microcuentos Volumen 3

"-¡Por fin libres!- Gritaron los cinco dedos de la mano, todos al unísono, tras salir de la prisión del guante."


"-¿Por qué soy tan negativo? - Preguntó el color negro al resto de tonos cromáticos.

-Tú no eres negativo.- Le contestó el azul marino. - Sólo eres oscuro y profundo."


"-¡Tengo la cabeza en llamas! ¡Tengo la cabeza en llamas!- Exclamó la vela tras ser encendida."


"-¿Por qué no quieres crecer?- le preguntaron sus compañeras.

-Porque si lo hago, como lo estáis haciendo vosotras, me cortaran y luego me cocinaran."


"-¿Tu cómo ves el vaso, medio vacío o medio lleno?- Le preguntó un depresivo a otro.

-Lo veo roto en mil pedazos sobre tu estúpida cara."


"-¿Tu a quién quieres más a papa o a mama?- Le pregunta una abuelita a su nieto

- A ninguno. - Le contesta el niño.

-¿Y eso?

- Pues a Papá no porque se pasó siete de los nueve meses que estuve dentro de mi madre noche y día golpeándome la cara con su jodido pene. Y mamá tampoco porque se pasó todo el puñetero embarazo tratándome de sacar de su barriga con la punta de una percha oxidada."


"Erase un cuento tan pero tan bonito que nunca tenía fin."


©Richard Archer



Oasis

Hoy quiero (pretendo) estar en silencio. He apagado el móvil. Tengo todo el día para mí, bueno por lo menos la mañana y un pedacito de la tarde. Estoy estirado en el sofá, con el ordenador portátil sobre las piernas, escribiendo. Sólo escucho los golpecitos de mis dedos sobre el teclado y el tenue ruido de la calle. Un paraíso.

martes, febrero 26, 2008

Acosando que es gerundio.

Paloma me ha llamado esta tarde. Me ha dicho que ha hablado con el abogado de mi (ex)cuñado y le ha informado del tema de las llamadas anónimas. Él le ha dicho que no se preocupe, que casual y desgraciadamente “La Sargento de Hierro” es cliente suyo y que iba a ponerse en contacto con ella para advertirle que cesase con el acoso. “Menuda familia” le ha comentado Paloma. El pobre hombre le ha contestado, apesadumbrado “Son todos unos cromos”. No sé si le ha llamado aun. Mi teléfono no ha parado de sonar. Bueno ha habido un parón a media tarde pero casualmente a eso de las 17:30, más o menos, ha vuelto a la carga. Supongo que aun así de la advertencia, la tipa, para no levantar sospecha no fuese que se delatara tan fácilmente, ha continuado. Al final he apagado el móvil. Ya he tenido bastante por hoy.

¡Piticlinnnnnng! ¡Piticlinnnnng!

Acabo de llegar de la comisaría. No hay nada que hacer. Si no hay amenaza directa no hay denuncia. Por mucho que sospeche quién es la persona que me está llamando al teléfono. Si no dice ni "Mu" no hay tu tía. He hablado con "Orange" y tampoco pueden hacer nada. Hoy el acoso ha comenzado a las 9:50. Desde ese momento hasta ahora que son las 12:53 (esta última la ha contestado personalmente Paloma) ya llevan 9 llamadas todos en intervalos de 30 minutos aunque hay algunas que sólo llevan 15 ó 20 minutos o menos. Me han sugerido muchas cosas para poner fin al puñetero acoso. Una de ellas (lógica pero absurda es la de cambiarme de número) Para qué si lo va a conseguir igual por vía familiar. No puedo apagar el teléfono por temas familiares y de trabajo así que entre llamada de amigos y otras hierbas aparece la misteriosa llamada enmascarada en “numero oculto”. No suelo perder los nervios fácilmente pero os aseguro que comienzo a estar hasta los mismísimos. Paloma me ha dicho que iba a hablar con el abogado de mi (ex)cuñado. Yo, de momento, me lo estoy tratando de tomar como un ejercicio “Jedi” para controlar la ira.

lunes, febrero 25, 2008

Para qué abriría yo la boca...

Son las 22:47 y ya llevo contabilizadas más de 6 llamada anónimas. Ha comenzado el acoso desde las 18: 37. Parece ser que a la "Sargento de Hierro" no le ha gustado nada que fuese a recoger a los niños al colegio. Por cierto un derecho que ya tengo de por ley y que ella carece. Por cierto he hablado con Paloma sobre el tema. Me ha dado instrucciones precisas de como actuar. Creo que mañana voy a hacer una visita a la comisaría a ver que soluciones me ofrecen. Por otro lado los niños y yo hemos aprovechado el tiempo visitando a su madre (mi hermana) que no se lo esperaba y se ha emocionado mucho al verlos. Tiene las lágrimas a flor de piel y a la de menos rompe a llorar. Imaginaos cuando ve a sus propios hijos. Hemos estado sentados en una banquetas del pasillo hablando hasta que se ha agotado y me ha pedido que la acompañara al pabellón de psiquiatría donde aun permanece internada.

Cosas que se devuelven

Estos días los niños han ido trayendo a casa parte de los recuerdos que mi hermana dejó en casa de mi (ex)cuñado. Son objetos muy diversos, amontonados y revueltos en casa o bolsas de plástico. Algunos de ellos me son desconocidos. Son cosas que mi hermana había adquirido mientras vivía con el padre de sus hijos. Ropa y algún objeto sin valor la mayoría de veces. Pero en otras ocasiones lo que regresa a casa son cosas que para mí son familiares. Estas tiene forma de álbumes (raidos) de fotos, en blanco y negro o en tonos multicolor donde se entremezclan imágenes del pasado. Los niños las miran sin criterio alguno. Les suenan algunos de los personajes que aparecen pero otros le suenan a chino. Yo trato de explicarles quienes son o confirmar que esa señora que aparece en la cama de un hospital tratando de comerse una sopa es su abuela. Me pregunto ¿cómo es que nadie antes se lo había explicado? ¿O tal vez si y lo habían olvidado?, no lo sé… Por si acaso tengo paciencia para refrescarles la memoria foto por foto. Si paciencia a mi no me falta. Últimamente la saco hasta de debajo de las piedras si hace falta. Ayer llegaron más cosas del pasado. Llegó mi sobrino con una bolsa grande lleno de ellas. Había un retrato de mi hermana a los 9 años dibujado por una de mis primas, mas fotografías, esta vez de los 5 primeros meses de vida de mi hermana, un reloj que había dejado de funcionar no se sabe cuándo y lo que más impactó: su traje de novia. Lo tomé en mis manos, en silencio mientras escuchaba a los niños hablar como a kilómetros de donde me encontraba. Estaba impactado. Casi derrotado. El vestido (ya no tan blanco como la primera vez que lo vi) venía revuelto y arrugado. Como tratado con desprecio. Si bien yo trate con respeto quien lo había colocado en la bolsa no lo había hecho. Por un momento me pregunté que había sentido esa persona al colocarlo de aquella forma dentro de la bolsa. No es por el valor económico de la prenda, sino precisamente por su valor sentimental. Revuelto de cualquier forma dentro de una bolsa. Eso era lo único pensamiento que me venía a la cabeza. Sentí pena. Una pena muda, lejana, como el lamento de un bebe abandonado en una montaña y cuyo eco podía escucharse por doquier. Recuerdo con cuanta ilusión eligió mi hermana ese vestido. Mi madre, compartía ese estado de ánimo más por mi hermana que por mi futuro cuñado. Pero que se le iba a hacer, la niña quería casarse por todo lo alto y no iba a escatimar en gastos. El vestido era bonito, elegante a la vez que sencillo. Ahora, mirándolo de nuevo, no más que es un trapo arrugado, inservible y rodeado de un tufillo a rancio mezcla de sal de muchas lágrimas con toques de hiel. Por un momento desee que nadie más que no se lo mereciera se hubiera puesto esa prenda. Me imagine a la novia de mi (ex)cuñado (o a la sargento de hierro o a cualquier otra de las (ex)cuñadas) con él puesto haciendo el tonto por los pasillos de su casa y se me revolvieron las tripas. Igual no, pero conociendo al capullo poco me podía esperar. Sobre todo ahora que piensa rehacer su vida casándose de nuevo. Nada que objetar al respecto. Que rehaga su vida y que aprenda de sus errores. Punto y pelota. Si había alguien que podía hacer uso (aunque sólo fuese a modo de disfraz) de ese vestido era mi sobrina, nadie más. Aunque, mejor dejarlo como está, eso sí bien doblado y planchado (si es posible) y olvidado en un rincón del armario, lejos de la mirada (y recuerdos) de mi hermana.


La Amenaza de la Fantasma.

Debe estar aburrida. Si no no me lo explico. Hay gente que se buscan los problemas ellos solitos. O bien son tontos por naturaleza o masoquistas o una mezcla de ambos. Hace unos post más abajo (concretamente en el que hago un apunte sobre la maldad) volvía a sacar de las ánimas a nuestra archiconocida " Sargento de Hierro". Si todavía no la conocéis os recomiendo que leáis los post correspondientes al mes de Diciembre del 2006 en adelante y descubriréis a todo un personaje (chuzo) pero lamentablemente tan real como la vida misma. Pues bien. Como ya no le queda con quien pelearse (ya ha agotado fuel con el cuñado expresidario) más ha vuelto a pillar la agenda y se ha vuelto a acordar de mí. Bueno no es que se hubiera olvidado (su enorme cabezón cual chupachups de 30€ ó 30 $) simplemente tenía una lista muy grande de gente con la quien pelearse y sembrar odio y hasta que no la ha agotado no ha vuelto a las andadas hacia mi persona. Tiene suerte que no soy de su calaña porque si hubiera sido como ella a esta no le quedaba cara, ni brazos, ni piernas. Es más estaría largo tiempo entretenida buscándolas a lo largo de las cuatro esquinas de nuestro planeta. Desde que su hermano hizo las paces con ella antes de que llegase la Navidad (hasta para eso son previsibles y típicos)ha vuelto a las andadas conmigo llamándome incansablemente al teléfono móvil para después colgar. Valiente actitud infantil de la mamarracha. ¿Os preguntaréis como es que es ella? Pues muy sencillo por los propios niños que han visto con sus propios ojos como lo hacía. Dicen que se reía mucho después de colgar. Cada uno tiene formas de divertirse, mira por dónde. Yo prefiero centrifugarme en una montaña rusa antes de gastar dinero llamando por el móvil sin decir absolutamente nada. He de puntualizar que este tipo de episodios se han producido cada vez que ha habido algún (re)encuentro con mi (ex)cuñado. Ya sea en el juzgado o en alguna que otra (desagradable) ocasión. Automáticamente la llamadita anónima acude en su ayuda. La última, el miércoles, jueves y viernes (después de que fuésemos al juzgado a declarar ante la juez)Tan sólo el viernes me entretuve a contabilizar hasta 15 llamadas en un intervalo de 5 horas. Todo un record. Me han sugerido denunciarla (cosa que ya me planteo), de vengarme de ella con una avalancha de llamadas anónimas llegadas de todas partes del mundo y a cualquier hora (no descarto esa posibilidad) de cambiarme el teléfono (para qué si volverá a conseguirlo y así hasta el infinito y más allá…)No solo mi teléfono móvil sufrió de su enfermiza insistencia. El teléfono de casa fue la primera víctima. Hasta que le coloqué un filtro para bloquear llamadas sin remitente. Gracias a ello la bloqueé y también a los pesados que ofrecen ofertas de Internet, calefacción a gas, electricidad y otras fuentes de energía renovables. ¿Os preguntaréis si me cabreo con las llamaditas anónimas? Pues no. Si algo heredé de mi padre es su flema inglesa. Con no contestar (cosa que le cabrea mucho más) y pulsar la tecla adecuada de silenciar llamada es más que suficiente. A estas alturas de la película y pretenden impresionarme con llamaditas (infantiles) anónimas. Ella, aunque tonta del culo, se ha dado cuenta de ello y ha tirado la toalla (por lo menos de momento) Su estrategia es otra. Este fin de semana han estado los niños con su padre (no veáis las ganas que tenían de irse con semejante energúmeno)Desde que lo van viendo semana si semana no siempre aparece la “Sargento de Hierro” en escena a modo de visita sorpresa a casa de su hermano. Los niños no hablan mucho de ello pero cuando lo hacen se deja entrever que los acosa a preguntas. Por lo que deduzco no consigue mucha información por lo que insiste incansablemente día tras día (No sabe lo que se pierde Mr Bush en contratarla para hacer hablar a los prisioneros de Guantanamo…) de eso sabe un huevo y parte del otro. Si fuese ignorante de la situación, es decir si ella no supiera la realidad de qué o quién es su hermano tendría su justificación. Sería el típico caso de hermana que lucha por la (supuesta) inocencia de su hermano, víctima de la crueldad de una enferma de Parkinson que no le dejaba vivir (bueno está es la moto que nos vendía al principio del culebrón)y que (sorprendentemente)nos hizo creer en varias ocasiones. Pero no. Ella sabía quién era su hermano y lo que hacía. Es más por lo que a mí me consta ella incitaba a su hermano a hacerlo según tengo entendido por los celos que sentía hacia mi hermana desde hacía mucho tiempo. Por qué motivo. Piensa mal y acertarás… A mí, desde un principio, me costó creérmelo pero atando cabos (por lo menso una docena de ellos) uno acaba por darse cuenta de una realidad que ni el propio Pedro Almodovar se atrevería a retratar en una película, a no ser que volviera a sus orígenes cinematográficos. Si lo hace el padre por qué no va hacerlo la hija. Son tal para cual... Pues bien, a lo que iba. Ahora ha abandonado el acoso telefónico para pasar otra táctica. Los niños me comunicaron ayer que este fin de semana no habían visto a su tía, pero si habían hablado con ella. Ésta les había comunicado que tenía mucho interés en hablar con ellos. ¿De qué? No tengo ni idea. Ni ellos mismo lo saben. Les ha preguntado a qué hora salían del colegio (la niña le ha mentido en la hora) y que un día de esta semana iba a esperarles en el bar de la esquina para hablar. No sé si lo va a hacer. Puede que sus intenciones no sean las de incordiar a los niños sino incordiarme a mí. Sabe que los niños me lo iban a decir. Que posiblemente yo me inquietaría. Busca la provocación. Igual espera que yo aparezca por allí para partirle la cara (cosa que no tengo la más mínima intención) y tener una excusa para acusarme de algo. Se piensa el ladrón que todos son de su condición. Yo a todo esto le he preguntado a los niños si querían hablar con ella en privado. Ellos me han dicho que no. Aun se acuerdan muy bien de las amenazas, los pellizcos y los golpes en el pecho con la mano abierta producidos por semejante ser como para confiar de nuevo en ella. Además por convenio no debería jugarse el pellejo, sobre todo el de su hermano (que sabiendo de las intenciones de su hermana no hace nada al respecto). Según lo estipulado, la familia paterna sólo puede ver a los niños si está acompañada del progenitor y en los horarios estipulados ante la juez. Cualquier variación en el tema se debe comunicar (en este caso a mí, tutor de los niños, para que de mi consentimiento y si es necesario estar presente en dicho encuentro). No si al final va a resultar más tonta de lo que parece. O en caso contrario parece que ha vuelto con las pilas bien recargadas. Ya lo iremos descubriendo durante el transcurso del tiempo. De momento está aquí agazapada entre las sombras como un chacal acechando a su presa.

domingo, febrero 24, 2008

Microcuentos Volumen 2

"- Qué forma más original de ver el mundo. Murmuró el ciclista mientras permanecía estirado en el suelo esperando a que alguien lo socorriera."

"Vivieron siempre muy unidos y en perfecta armonía... hasta que el cuchillo los separó en finas lonchas."

"En un arrebato el final mató al principio por mera envidia. Entonces se dio cuenta que su vida no tenía sentido y dejó de existir."

"-¿Qué habrá al otro lado? Preguntó un moco a otro al descubrir la existencia de otro orificio en la nariz."

"No sabía porque la detenían hasta que se puso las gafas y vio sujetaba de la mano a un niño que no era su hijo."

"-Hola me llamo Sístole.

-Pues yo Diástole.

-Encantado de conocerte.

-Lo mismo digo.

-¿Y qué te cuentas?

-Pues estoy siempre que no paro.

-! Qué casualidad, yo también!

-¿Y si nos tomamos unas vacaciones?

-No sería mala idea. Creo que nos lo merecemos.

-¿Pues a qué esperamos?

PIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII..."

©Richard A. Archer

Dani visto por Adam

El pasado viernes fuimos de visita al Casal “La Casa Groga” (Centro Cívico) del barrio porque Dani, amigo de toda la vida, participaba en un concierto de Jazz y Big Band. No soy muy amante de la música Jazz. A no ser que me la pongan de fondo en el interior de un ascensor o bien mientras compro en unos grandes almacenes (jajajaja) Así de ignorante soy, lo reconozco (por lo menos eso intento) Ojo me gusta la música tanto como el cine, pero no me busquéis nunca en un tablao flamenco, en un concierto Metalero o en una sesión de Jazz. Hago excepciones (por los amigos lo que sea) y reconozco que me lo pasé muy bien, sobre todo con la parte final (no seáis mal pensados) que fue en la que participó Dani junto a una docena de músicos (todos ellos novatos) a modo de una orquesta "Big Band". Me llevé a los niños, por lo menos para que se culturizasen un poco y dejasen de apasionarse (de momento están en fase recuperable) con horrores como el "Reggeaton" o el cansino y aburrido arte de los poetas urbanos llamado "Rap". No disfrutaron mucho, lo reconozco. El Jazz no es para mucha gente. Yo mismo me fui a tomar el fresco un buen rato antes de volver a la sala durante la primera parte del mismo. Eva, que venía con nosotros también hizo lo mismo (Amparo se escaqueó y nos dejó abandonados) . Miguel no, él se quedó como buen niño escuchando improvisaciones y otras lindezas sonoras. Cuando le tocó el turno a Dani y su Banda (muy cachonda por cierto) no nos movimos de asiento, a no ser para mover los pies o para ayudar a Adam (mi sobrino) a tomar fotos con la cutre cámara del móvil de Eva. El resultado: aquí lo tenéis. Salen difuminadas, como movidas pero a la fin divertidas. Lo mejor de todo es que al final los niños comenzaron a seguir el ritmo de la música con los pies. Algo es algo. Sin duda el momento que se lleva la plama: la recreación (dos veces fallida pero esforzada) del tema principal de la serie Hawaii Five-O.

Dislexia.

Extraído de una conversación rutinaria con mi sobrina:

-Tito estoy leyendo un libro que es un poco rollo.

-¿Cómo se titula?

- Manolito Pan y Vino.

-¿Manolito Pan y Vino?

- ¡Ay, no! Marcelino Gafotas.

Al final y después de reírme un buen rato aun no logré averiguar qué puñetas estaba leyendo la niña.

La familia y trastos viejos, pocos y lejos...

“Pobre Caroline…” Esta es la frase más recurrente escuchada en labios de muchos miembros de mi familia. Pero sólo se queda en eso, en dos palabras. A veces también aparece otra frase: “A ver si un día de estos vamos a verla…”, una sintaxis un poco más comprometida pero tan estéril en su resultado como tratar de sembrar un campo con kilos y kilos de cal viva. He hablado muchas veces de la familia del capullo pero poco de mi propia familia. Por lo menos la que tengo más cerca y que pertenecen a la rama de mi madre. En primer lugar no tienen ni punto de comparación con la pandilla de mamarrachos y de seres de circo de la (ex) familia política de mi hermana. Tienen sus defectos (y alguna virtud) como todo el mundo, pero nada que ver con el comportamiento animalesco de "El otro lado". De eso no tengo duda. Y no es que porque sean mi familia. Hay cosas que no tienen cajón. Sin embargo en cuestión de desidia no les gana nadie. Excusas todo el mundo sabe poner, desde el típico “No tengo tiempo”, “Estamos muy liados ”, hasta un largo etcétera. Cualquier dribleo es bueno con tal de no acercarse ni un solo momento a ver a mi hermana. No todos se han comportado así, hay excepciones, pero también ha habido quienes se merecen formar parte del museo de los horrores (crueles horrores) El numero uno se lo lleva una de las primas de mi madre, una tipa forrada de pasta hasta que se le salen de las orejas que basa su vida en el odio hacia todo ser viviente (en especial predilección por su hermana y sobrinos) y en coleccionar muebles antiguos. Dicho ser tiene la virtud (o el defecto) de emular al río Guadiana: aparece y desaparece por arte de magia. Cuando hace acto de presencia (cual bruja Maléfica de La Bella Durmiente del Bosque) no es sino para sembrar odio y malestar. Como una especie de “Angela Channing” engaña posee un arte para engañar haciéndote creer que en ese momento está de tu lado y que va a hacer todo lo posible por echarte una mano (una garra llena de pinchos podrida y hedionda diría yo). La última vez que apareció prometió ayudar a mi hermana, personalmente, le dio esperanzas, anhelos iba a hacer todo lo posible por buscarle los mejores médicos para que la sacasen del pozo donde se encuentra atrapada. Al final no hizo nada. Dejó a mi hermana esperando sin ningún atisbo de solución por su parte. Es más, arrepentida de su oferta me llama un día para recriminarme lo mal hermano que yo era ¡porque no hacía nada por mi hermana!… Oír para creer. Me lo estaba diciendo una tiparraca que odiaba a muerte a su propia hermana (enferma) y a la que deseaba la peor de las muertes. Una tipa que nunca tuvo hijos por el simple hecho de que estos no se comieran su fortuna. Que por cierto había amasado gracias al odio, el egoísmo y la codicia. Ni tiempo me dio para decirle que se metiera todo su dinero en el culo. Colgó. Así de fácil. Como una tarántula o escorpión me dejaba a mi todo su veneno y se quitaba el problema de encima. Eso sí, me dijo que todo su dinero y sus casas (la de Paris, Roma, Capri y Barcelona) iría a parar a un convento de Carmelitas y a Greenpeace antes que ir a parar en manos de un médico que pudiera ayudar a mi hermana. Prefería ayudar a las ballenas o a dar dinero a la iglesia (supongo que haciéndolo se pensaba asegurar un lugar de privilegio en el cielo) que ayudar (cuando ya se lo había prometido a la propia enferma). Cierto es que cada uno hace con su dinero lo que le dé la gana, ya sea si se lo ha ganado con el sudor de su frente o con el sudor de su espalda o bien ambicionando y conspirando cual rata de cloaca. Lo que no veo justo es que se juegue dando esperanzas a aquellos que realmente necesitan ayuda para luego dejarlos en la estacada. Eso es crueldad. En el amplio sentido de la palabra. Una actitud tan deleznable como cuando mi (ex)cuñado cuando se regocijaba golpeando e insultando a mi hermana. Pero, a todo esto ¿Qué es peor, prometer ayuda y negársela o no hacer absolutamente nada? Pienso que despreocuparse es tan infame como hacerlo y luego quitar la mano tendida a modo de ayuda. ¿Cómo es posible ser tan ciegos y negar un poco de aliento a una persona que lo necesita? Ni una simple llamada, ni una simple visita, ni una mísera ayuda. Nada. Vacio. Eso es lo que he recibido de mi familia. Luego, claro está, cuando todo termina y el atormentado acaba en un ataúd vienen los lloros “Ay, si lo llego a saber…” o “Podría haberla ayudado más…” Típico. Por lo menos siempre quedan los amigos. Al menos a estos los elijes…

sábado, febrero 23, 2008

Microcuentos Volumen 1

“Recorrió el mundo buscándose a sí mismo sin ningún resultado. Cuando por fin llegó a casa y se asomó al espejo del cuarto de baño descubrió que por fin se había encontrado. “

“Supo que había abandonado por fin la realidad cuando comenzó a soñar.”

“Por fin encontró al hombre de su vida. Justo cuando ambos coches se estrellaban mortalmente en un choque frontal.”

“¿Estará construido mi ataúd? Pensó el hipocondríaco. “

“Cuando vio las barbas de su vecino cortar lo detuvieron por mirón. “

“Un segundo antes de morir achicharrado en la silla eléctrica descubrió que él no era el culpable.”

“Cerró los ojos y sus zapatillas dejaron de hablar.”

“Prometió dejar de beber. Justo cuando ambos coches se estrellaban mortalmente en un choque frontal.”

©Richard Archer