martes, marzo 25, 2008

Microcuentos Volumen 4

"-¿Quién soy yo? ¿Y quién eres tu?
Preguntó una mano a la otra."



"-¿Qué tres deseos quieres que te conceda? Le preguntó el genio nada más salir de la lámpara.
- Sólo quiero uno. Dijo el hombrecillo.
- ¿Uno? - Contestó el genio sorprendido.
- Si, uno.
- ¿Y cuál es ese deseo tan valioso y único?
- Que el mundo se quede tal como ya está."


“Erase que se era un granjero que tenía una cabra que daba la mejor leche del reino. Un buen día la cabra se le puso muy enferma y nadie a leguas a la redonda podía ayudarle. El granjero desesperado se puso a llorar al borde de un pozo.
-¿Por qué lloras buen hombre? - Escucho como le decía una vocecilla desde el fondo del pozo. El granjero se asomó. A lo lejos chapoteando en el agua había un hombrecillo de nariz alargada y orejas puntiagudas.
- ¿Quién eres? ¿Qué haces en el fondo de mi pozo?
- Soy el duende del pozo Si me ayudas a salir de aquí te concederé el deseo que tú quieras.
- ¡Mi cabra! ¡Quiero que cures a mi cabra!
- Eso está hecho. Pero a cambio tendrás que darme algo.
- Pero si ya te lo habré concedido - exclamó el hombre.- ¡Te habré sacado del pozo!
- Si no hay trato despídete de tu cabra.
- No, no quería ofenderte. Te sacaré de aquí y te daré lo que tu quieras pero te lo suplico, cura a mi cabra.
El hombre arrojó una cuerda y sacó al duendecillo del pozo. Éste se acercó y haciendo un par de pases mágicos sanó al animal.
El hombre no salía de su asombro, estaba pletórico de felicidad.
-¡Gracias!¡Un millón de gracias!.- le repetía besándole las manos y los pies.
-Ahora me tienes que conceder un deseo a mí. - Sentenció el hombrecillo.
- Lo que tú quieras. ¡Tus deseos son ordenes!
- Quiero quedarme con tu cabra.
-¿Cómo?
- Ya lo has oído bien quiero quedarme con tu cabra. Si no es así volveré a dejarla como estaba. Tú decides.
- De acuerdo. Llévatela. No la mates.
Y el duendecillo agarró a la cabra y tras un chasquido de dedos ambos desaparecieron y no regresaron jamás.”



©Richard Archer




domingo, marzo 23, 2008

God Bless America Episode 3: ¡Bienvenidos a la tierra de la libertad!

Si se asoman por la derecha podrán ver ustedes el polo norte.

Nunca había estado en los Estados Unidos y nunca había volado en un 747. Pero aquella no era la primera vez que realizaba un vuelo transoceánico. Hace muchos año ya atravesé el Atlántico en dirección a Cuba. Pero esa es otra historia…
Jamás entenderé que, para llegar a Los Ángeles, el avión que tomamos de Londres tuviera que cruzar uno de los bordes de Groenlandia (Polo Norte para los amigos). No es que me molestase, todo lo contrario. La vista de tantos kilómetros de nieve bajo nosotros era aturdidora y espectáculos como ese se suelen ven en muy pocas ocasiones. Mira por donde logré de una tajada tachar un objetivo dentro de mi lista de los deseos ahorrándome de visitar (tampoco tenía intención de ello y menos pasar unos días encerrado dentro de una estación polar) la coronilla del mundo. Supuse que esa ruta era debida al tema de los vientos. No soy un erudito en el tema y ahora no me voy a ponerme a investigar. Viajar en aviones grandes tiene su ventaja. Una de ella es que cada persona tiene una pantalla de LCD incrustada en el asiento delantero que te proporciona horas y horas de diversión. Es inaguantable tener que viajar 11 horas en un avión viendo pasar el culo del resto de pasajeros y personal de vuelo en sus constantes viajes al baño o a servir tentempiés y de eso puedo hablar porque ya lo he vivido. Gracias a las nuevas tecnologías pude verme “Parque Jurasico 2” (por enésima vez), un episodio “The New Adventures of old Christine” que me gustó bastante, otro de "My name is Erl "que ya había visto, una cosa horrible animada en 3D titulada “Bee Movie” y que tuve que apagar a media proyección por peligro de sufrir derrame cerebral y un cuarto de “No Country For Old Men” que me sirvió de perfecto remedio para echar una buena cabezada. Luego, cuando me desperté jugué un rato con el GPS de la pantalla hasta que me cansé y fui a la parte trasera del avión para hablar un rato con mis otros compañeros.
Antes del Polo Norte el avión rozó Islandia (buen Bacalao y tierra de esa artista gritona y malhumorada de nombre impronunciable) y después de visitar la tierra del puto Santa Claus cruzamos la Bahía de Hudson que era en esos momentos una inmensa placa de hielo resquebrajada por todas partes. De Canadá vi poco porque me entretuve a seguir las vicisitudes de una niña (tope “Curly Hair”) que no paraba de vomitar a todo trapo. Muy mona ella. Me divertí un poco con el desespero de sus padres por tratar encontrar más bolsitas para el vómito que su hija no hubiera rellenado. Creo que a mitad de vuelo ya había gastado las de los asientos que la circundaban. Yo por si acaso escondí la mía. He de decir que la pobre hacia unos ruidos espantosos. Parecía como si se hubiese tragado una manada de orcos de las cavernas y éstos luchaban por salir lo antes posible a cachiporrazo limpio. Eran unos sonidos tan guturales que ríete tu de los que emitía Danny, el niño del Resplandor cuando le daba por dar el coñazo con su insoportable y cansino (REDRUM!)


Cuando se acabó el hielo (de la Bahía de Hudson se entiende) llegaron las llanuras de Montana, tan amarillas como despobladas. Vimos también las Montañas Rocosas con más nieve para variar y por último (y ya de noche) Las Vegas y la ciudad de Los Ángeles en forma de millones de lucecitas de colores. En un momento concreto atravesamos como una especie de rio. Yo no soy un erudito en geografía pero que recuerde no pasaba ningún rio atravesando la ciudad. Me acordé de Miguel porque de accidentes geográficos sabe más que nadie y seguro que hubiera sabido decirme qué puñetas era eso. No hizo falta. Lo descubrí poco después cuando vi cientos de luces pasar raudas a través de él. Era una autopista de 14 carriles. Vamos como para ir parado, muy lento, lentísimo, rápido, a la velocidad de la luz y en contra dirección. Mientras tomábamos tierra rellené el papel verde de emigración. Me hizo gracia ver que una de las preguntas del anverso (había otras y más absurdas) era si había participado en la matanza de Judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Marque NO. En esos momentos no estaba yo para realizarme una auto regresión para poder comprobarlo.


El infierno tiene forma de aeropuerto de Los Ángeles.

Es más, es una eterna cola para control de emigración de dicho aeropuerto. Imaginaos la situación. Llega un avión con 400 pasajeros. La mayoría de ellos portando una tarjetita de color verde, previamente rellenada durante el vuelo, donde constan tus datos personales y sobre todo tus intenciones en la tierra de la libertad. Por regla general dicha tarjeta viene acompañada por otra de color blanco donde puedes declarar cuánto dinero llevas o si traes productos químicos nocivos para la salud o si has estado en contacto con carne de animal muerto. La gente se va agolpando en una sala cochambrosa, sin aparente techo. Sólo se muestran kilómetros de cables y tuberías de todos los tamaños y colores, flanqueadas de forma ordenada por una docena de banderas cargadas de barras y estrellas. Abajo, frente a las cintas que transportan las maletas hay unos mostradores con un grupo de señores sentados tras ellos. Las filas de pasajeros se amontonan por grupos. Los que son residentes por un lado, el resto por otro. Hay que serpentear unas cintas de seguridad para llegar a los mostradores. Parte de nuestra expedición entramos por el que está más cerca de la puerta de llegada. Vemos que hay sólo dos personas atendiendo a los nuevos “colonos”. El hombre (al que bautizamos como Frank) tiene un cierto aire al actor Leslie Nilsen, viste con uniforme y tiene la misma o más parsimonia que su compañera, una mujer afroamericana de orondos contornos y una cara de mala leche que no se la quita ni un 4 de Julio con fuegos artificiales incluidos. Como todos somos del club de fans del Señor Murphy nos toca la fila más lenta de todas. Es como si no tuviésemos prisa. Todo se mueve muy lento, como aquellas películas que tratan de mostrar el impacto de una gota sobre la superficie del agua. Delante nuestro hay como cien personas por lo menos. De todas las razas y colores. Cuando queremos recular nos es imposible. Ha llegado otro avión con 400 japoneses que no nos dejan retroceder. Estamos atrapados. Tanto “Frank” como su amiga tampoco tienen prisa. Hablan con cada pasajero que llega a su mostrador, le saca una foto que guarda en un ordenador y le toma las huellas dactilares de ambos índices de cada mano. Acto seguido más cháchara y después varios golpes de tampón para sellar el puñetero pasaporte. En total cinco largos minutos por persona, niños incluidos. Nadie dice nada. Nadie se queja. Más vale no abrir la boca no sea que luego no te dejen entrar. Eso si hay muchas miradas de incredulidad y de vergüenza ajena. Media hora más tarde aun estamos allí esperando. De repente “Frank” se levanta, busca debajo de la mesa y saca una bolsa blanca. Es su cena. Sin preocuparse de nada deja a su compañera sola con toda la faena. La gente no sabe qué hacer. Una pasajera es conducida a un banco para descansar, ha sufrido un amago de desmayo. Otra mujer joven de raza asiática se sienta en el suelo apoyando su espalda sobre una columna y sin abandonar la cola. Está embarazada. A José le suena el teléfono. Son Juan y Manuel (de TVE) ya han salido del control y nos esperan fuera. José les dice que mejor marchen al hotel que hay para largo. La compañera de “Frank” no acelera el ritmo. Sigue sin tener prisa. Un supervisor pasa varias veces, ve la cola y no hace caso. Una hora más tarde reaparece “Frank” ya ha cenado. La cola no se ha movido gran cosa. Han llegado más aviones y aquello parece el día de rebajas a primera hora de la mañana. Comenzamos a sentirnos como borregos. Pero nadie dice nada. Hace calor y tras el cansancio del vuelo uno comienza a marearse. Nos empezamos a preocupar por las maletas. Las cintas son cúmulos de equipaje que rebosan por todos lados. Hay maletas por el suelo, apiladas, volcadas y aplastadas. En eso la amiga de “Frank” se levanta, es ahora su turno de cena. Se escucha un siseo de mala leche en la cola, es general. Ella nos mira a todos y nos enseña la palma de la mano. Su cara es como la de una estatua. No muestra compasión. En silencio comienzo a cagarme en todo el mundo, concretamente en los Estados Unidos de América. Si no fuese porque hay doce horas de vuelo de regreso los dejaba allí plantados. Una hora más tarde aun estamos haciendo la puta cola. A este paso superaremos el tiempo de vuelo. Un nuevo supervisor pasa por delante. Nos mira a todos y acto seguido (supongo que al ver tanta cara de cabreo junta) llama refuerzos. En esto a “Frank” se le ha colgado el ordenador. En un plis plas llega su amiga y dos funcionarios más. “Frank” arregla su ordenador y la cola acelera considerablemente, eso sí no hay ni una disculpa por parte de nadie.
“Frank” me atiende. Se mira mi pasaporte. Me pregunta por qué siendo británico vivo en Barcelona. Como si fuese la cosa más extraña del mundo… En esos momentos podría haberle mandado a la mierda y de rebote al cubo de la basura. Simplemente me limite a decirle que mi padre se había casado con una española y que eran muy felices viviendo en España. Entonces me insinuó socarronamente que mi padre era un calzonazos y que la que mandaba en casa era mi madre… Supongo que eso es lo que piensan los Yankees de los Ingleses. Yo no le contesté. No tenía ganas. Me dolían los pies y quería buscar mi maleta, además ya estaba cansado de ver todo el rato su cara.
Mi maleta apareció comprimida entre varias maletas mayores. Tardé en localizarla. Estaba en el suelo junto a otros miles como ella. Mis compañeros de viaje buscaron y encontraron las suyas. De momento nadie había perdido nada. Pasamos otro control. Esta vez más pequeño y custodiado por el hermano bastardo de Bruce Lee que sufría una suerte de tic nervioso en su ojo izquierdo. Me preguntó a que venía a los EEUU y cuando regresaba a Europa. Le contesté rápido no tenía ganas de hablar con el personal del aeropuerto. Por último un policía orondo me recogió el papel blanco correspondiente a temas de alimentación y cosas declarables.

I don´t fucking love you dude!

Desconfiad de los taxis de Los Ángeles. Hacedme caso, luego no digáis que no os he advertido. Después de soportar la humillación suprema en la cola de emigración, rescatar las maletas y salir del aeropuerto nos tocó pillar un taxi para llegar al Hotel. Mi primera visión de la ciudad es un batiburrillo de rostros en la sala de espera, luego la calle abarrotada de coches. Nos dirigimos hacia una parada de taxis no muy lejos de donde habíamos salido. Allí los había de todos los colores y formas. Predominaban los amarillos, más conocidos como Yellow Cabs y los blancos y azules (si son blancos y negros y llevan dos luces azuele y rojas en el techo no subiros que son coches de policía)encontramos un monovolumen aparcado en espera de clientela. José se acercó a la ventanilla y le comentó al conductor (de origen árabe) hacia dónde íbamos. Sorprendentemente nos dijo que no nos quería llevar. A ver, no íbamos a los bajos fondos precisamente sino a Verberly Hills. El tipo era bastante desagradable y malcarado. Nos apartamos del vehículo en busca de otro taxi de las mismas características (pero con un conductor mucho más amable, debería de haberlo, de eso estaba seguro) en eso aparece un tipo de etnia hispana. Era el encargado de repartir a los pasajeros que llegaban a los taxis allí estacionados. Nos preguntó dónde íbamos y nos sugirió subirnos de nuevo al taxi del tipo borde. Le comentamos que ya lo habíamos intentado y que él se había negado a llevarnos. El chicano dio un respingo que sonó a tono malhumorado. Se acercó al taxi y comenzó a charlear con el taxista. Éste volvió a negarse. El chicano le pidió entonces que abandonara la zona. El otro tipo se negó. Cabreado el chicano abrió la puerta trasera del monovolumen y la cerró de golpe soltándole toda una suerte de improperios. Nosotros contemplamos la escena alucinados. El taxista abandonó el taxi y se encaró con el chicano. Os aseguro que por un momento pensé que aquella disputa acabaría a balazos. El chicano se calentó lo suficiente como para empujar al otro tipo de un barrigazo mientras le soltaba un “I don´t fucking love you dude!” de forma tan brusca como violenta. El taxista se acercó a nosotros. Nos dijo, en una mezcla de inglés y lengua extraña, que como habíamos sido testigos del ataque de semejante energúmeno teníamos que ayudarle. Sacó su teléfono móvil y se dispuso a llamar a la policía. Nosotros nos miramos. Si el tipejo ese pensaba que íbamos a echarle una mano y estar de su lado lo tenía bien claro. Él había empezado a ser grosero con nosotros y con el chicano así que ahora iba a buscar ayuda a “Rita la Cantaora”. Tranquilizamos al chicano que también había sacado su Walkie Takkie y se disponía a buscar refuerzos. También nos llamó a un nuevo taxi. Nos había caído muy simpático el personaje. En cuanto llegó el nuevo monovolumen le dimos propina y nos montamos en él. El tipo que se había negado a llevarnos nos miró de mala gana como si lo estuviéramos dejando de lado. Qué se pensaba ese a estas alturas. No pensábamos ayudarlo. "Fuck you asshole!" Le dijimos con todos la mirada.

Crazy Taxi.

La autopista de Los Ángeles es como un circuito de carreras y los taxistas son los ases del volante. El que nos llevó al hotel era de origen armenio. Bastante agradable (incluso charló un rato con nosotros) conducía como Emerson Fitipaldi, pero cargado de alcohol. Los giros bruscos y los frenazos eran su especialidad. Atravesamos avenidas y bulevares a velocidad del rayo, como esas películas filmadas a cámara rápida. Después de una larga travesía llegamos al hotel. Yo estaba cansado, con ganas de llamar a casa y echarme a dormir. Eran las 23 horas y ya no tenía hambre sólo quería pegarme una ducha y relajarme tumbado en la cama de la habitación.

sábado, marzo 22, 2008

Premonición.

Llevo varias noches con sueños muy intensos. Suelo soñar mucho. Siempre he soñado. Tanto despierto (¡Niiiño deja de mirar a las musarañas!) como dormido. Mi madre también soñaba mucho. Ella misma predijo su muerte en sueños “Richard he soñado que estaba en una reencarnación futura. Me he visto subida sobre un barco de recreo. Navegaba a través de unos canales por una ciudad de edificios muy modernos, futuristas. “me comunicó una semana antes de morir. Ese no fue su única premonición. Hubo más a lo largo de los 27 que la conocí. De todo tipo. Soñar y tener premoniciones en sueños es marca de la familia. Mis sueños son algo diferentes a los de mi madre. He tenido varias premoniciones a través de ellos. La más curiosa la muerte de Lady Di. Estábamos de vacaciones en Canarias, (con el “Sr F.” incluido) una noche soñé que se armaba un gran revuelo, un acontecimiento fuera de serie, semejante a la muerte de John Fritzgerald Kennedy. Había mucha gente llorando, dándose el pésame. Gente que antes incluso se odiaba en mi sueño aparecían dándose la paz. Me desperté con una extraña sensación de pena (mi madre se despertaba sobresaltada) En el desayuno lo comenté a Miguel, Mila (amiga de toda la vida y vidente) y el resto habitantes de la casa. El acontecimiento no fue inmediato. Pasó un mes y medio de por medio.

Siempre me he fiado de los sueños. Supe interpretarlos gracias a mi madre (“Utiliza el sentido común y acertarás”) me aconsejaba. No solía equivocarse. Y yo tampoco. Su método funcionaba a la perfección.

Cuando más mayor me voy haciendo más cosas extrañas suceden en mis sueños. Ahora incluso hablo en ellos. Grito, me enfado me enfrento a miedos y demonios que se esconden tras las neuronas. Soy una especie de versión masculina de Allison Dubois (Patricia Arquette) de la serie Médium, salvo que yo no veo muertos ni resuelvo misterios como ella. Sólo me faltaba eso. Veo cosas, si. Revivo acontecimientos sobre todos ajenos a mí pero relacionados con familiares como la vez que tras presenciar una presencia en la habitación que se sentaba junto a mí sobre la cama de repente me vi de repente como mi abuela materna. Aparecía al fondo de un pasillo que daba a la puerta principal de una casa. Estaba llorando porque un grupo de policías y algunos civiles venían a casa a llevarse a mí abuelo y de paso unos cuantos muebles. Era durante la Guerra Civil Española. No pude ver más porque mis lloriqueos angustiosos despertaron a Miguel que me dio un intenso codazo porque no le dejaba dormir (ciencias contra paraciencias, que se le va a hacer).


Hace dos noches tuve un sueño en el que me enfrentaba a la oscuridad. Mi eterna enemiga. Siempre he tenido miedo a la oscuridad, aunque de un tiempo a esta parte lo he ido superando. No me da miedo la oscuridad en sí. Siempre me ha dado miedo lo que se esconde dentro de ella. Soy un tipo muy imaginativo, de pequeñito me gustaba meterme miedo tratando de imaginar qué clase de bichos y seres sobrenaturales se escondían tras las sombras. Cada vez que se apagaba la luz mi oído multiplicaba la capacidad auditiva para después de trasmitir al cerebro cualquier sonido nocturno para traducirlo en seres espeluznantes. Así conseguí entrar en el tenebroso mundo de los terrores nocturnos. Otros sueños más específicos me ayudaron a potenciar mis temores como ya comente en otro post. Bien, a lo que iba. En el sueño hacia frente a oscuridad. Estaba en casa y la tenía enfrente a mí. Era como esa nube negra y ruidosa que aparece en la serie Perdidos (LOST) pero en pequeñito. Me encontraba en la habitación donde había transcurrido toda mi infancia. La oscuridad estaba en el techo en una de las esquinas de la habitación, donde yo antaño había tenido la cama. Supuse en el sueño que la oscuridad siempre había vivido allí. Nunca me gustó mucho esa habitación. Era la más pequeña y oscura de la casa y siempre había presentido compartía dicha sala con alguien más. En el sueño estaba muy enfadado. Le gritaba a la oscuridad porque ésta estaba asustando a los niños. En concreto a mi sobrino. Curiosamente esa no es su habitación sino la de la niña. La oscuridad bajaba de golpe y trataba de envolverme. Yo no le tenía miedo. En absoluto. Me enfrentaba a ella no me dejaba acosar y la oscuridad perdía fuerza. En el sueño expulsaba a la oscuridad de la casa forzándola a abandonarla por la puerta de salida. Le gritaba, le demostraba que ya no había miedo y pese a que trataba de envolverme ya no lograba los objetivos alcanzados antaño. Recuerdo que durante el sueño yo trataba de gritar entre otras cosas llamar a Miguel hasta creo que conseguía decir algo. Al día siguiente tras despertarme le pregunté a Miguelillo si había dicho cosas mientras dormía. “Si hablaste y gritaste en sueños”, me confirmó con cierta conformidad, “La primera cosa que decías no la entendí porque estaba medio dormido y me acababas de despertar. La otra cosa que gritabas era ¡BASTA YA! o ¡YA ESTA BIEN!” Curioso no recuerdo haber pronunciado esas palabras en concreto dentro de mi sueño.

viernes, marzo 21, 2008

Justos por Pecadores

El texto mostrado a continuación pertenece a una respuesta realizada por mí en le blog Lo que me sale del Bolo perteneciente a Mercedes Milá. El tema era acerca de la prohibición de fumar.

Soy no fumador desde que nací. He probado fumar alguna vez sin ningún resultado. No va conmigo ni me gusta. Nunca. Eso sí, suelo respetar a los que fuman siempre y cuando no se dediquen a lanzarme ráfagas de humo denso a la cara y os aseguro que alguna vez lo he tenido que soportar. Que sí, que me molesta el humo sobre todo si me encuentro en un lugar tan angosto que se me hace imposible respirar. Mi asma y mis ojos me lo recuerdan constantemente. No niego en absoluto que fumar es nocivo para la salud. Tanto para los que lo practican (aunque pienso que cada uno es libre de hacer lo que quiera con sus pulmones mientras, claro está, no perjudiquen a terceros) como para los que no lo practican. Pero pese a ello, a veces, siento cierto malestar cuando a los fumadores de toda la vida se les comienza a tratar como parias. En primer lugar, hemos de pensar que también son personas como nosotros, fuman sí, pero ni asesinan, ni torturan, ni son de sujetos de la peor calaña (bueno habrá algún hijo de su madre que haga eso y sea fumador empedernido, o puede que no…)cuando se ataca a los fumadores siempre me da por pensar qué sucede con otras “drogas” o “hábitos” como es el alcohol, los estupefacientes, la comida basura o las los alimentos bajos en calorías… ¿Por qué no existe hacia ellos el mismo trato o la misma persecución tan drástica y casi despiadada como la que están sufriendo quienes practican el tabaquismo? ¿Cambiarían entonces algunas de las opiniones vertidas contra el tabaquismo?


jueves, marzo 20, 2008

God Bless America! Episode 2 Música para Aeropuertos.

Mi pié derecho

Días después de mi llegada de Manchester estuve a punto de dar al traste con el viaje a Los Ángeles. No es que no quisiera ir. Todo lo contrario. Quien parecía no querer embarcarse en una nueva aventura era mi pié derecho aquejado de un intenso dolor producido por una artritis gotosa. La cúspide del dolor, de máximo exponente de su rebelión fue el domingo 9 a dos días de partir. Me era imposible caminar, ni siquiera de mantener el equilibrio. Pero como uno es cabezón (en todos los sentidos de la palabra) me propuse combatirlo hasta por lo menos lograr alcanzar la estabilidad necesaria para poder soportar un viaje de esas características. No me iba a la vuelta de la esquina, precisamente y necesitaba por lo menos apoyar el pie y dar unos cuentos pasos. Vamos aunque fuese haciendo el pino puente o en silla de ruedas. Al final conseguí do minar el dolor a base de ibuprofeno en cantidades industriales. Es lo único que me funciona cuando, muy de vez en cuando, la artritis gotosa decide hacerme una visita. Sea el pie que sea.

El miércoles día de partida mi pie funcionaba en un 60% de su capacidad. Lo suficiente como para ir renqueando hacia las salas de embarque de El Prat, Heathrow y Los Ángeles Airport (más conocido como LAX). Miguel y yo tomamos un taxi. La señora que lo conducía, muy maja ella, me preguntó que me pasaba. Yo se lo conté, con pelos y señales. He de decir que en ese momento mi pie era un cosquilleo continuo molesto e intermitente por no decir doloroso. A mí me importaba una mierda el resto de mi cuerpo quería ir así que se tendría que aguantar la pataleta. Dejamos a Miguel en la facultad y yo continué hacia el aeropuerto. Durante el trayecto la señora taxista me comentó que ella iba a tener su bautismo de vuelo en julio, en un viaje con su hermana a Finlandia. Me preguntó cosas de aviones (como si yo fuese piloto profesional o ingeniero aeronáutico) yo le dije que no se preocupase que lo único que podía encontrar en el aire eran turbulencias (emití el episodio vivido hacia unos días durante mi regreso de Ámsterdam) No era el mejor momento para comentárselo no fuese que se perdiera las maravillas de los paisajes nórdicos por culpa de un avión lleno de chinos maleducados y el Dios Eolo dando por culo soplando a diestro y siniestro. No.

Cuando llegué a la terminal el pié ya se había rendido. El ibuprofeno había hecho efecto y permanecía dormidito como un recién nacido en el regazo de su madre. Aun cojeaba, pero no con tanta exageración. Ahora era como la versión con más kilos del Doctor House, sin bastón pero con la misma mala baba. ¿Os he dicho alguna vez lo poco que me gusta esa serie?


No me gustan mucho los transbordos. Los encuentro engorrosos. Uno no para de caminar terminal tras terminal, llegar a un control, enseñar el pasaporte, explicarle al funcionario hacia dónde vas, qué vas a hacer, de dónde vienes, volver a pasar el control de maletas de mano, quitarse el cinturón, la chaqueta llena de llaves y monedas, el ordenador portátil fuera de la bolsa, los zapatos (si ahora precisamente me faltaba a mí quitarme el zapato derecho, puta gracia me hacía en esos momentos) Pero no había remedio. No hay vuelos a Los Ángeles desde Barcelona. Muy internacionales muy europeos pero ni siquiera desde Madrid uno puede dar el salto al charco. Había que pasar por Londres.


El vuelo para Heathrow tardó en salir. Un vendaval acompañado de lluvia (huy menuda novedad) azotaba la isla de Su Graciosa Majestad. Llamé a José por el móvil. La expedición de Madrid también tenía retraso. Menos mal que el vuelo para Los Ángeles salía a las 15:30 (hora británica) Teníamos como 3 horas de ventaja aun. No problem! Una hora más tarde partía hacia Gran Bretaña, cuna de mis antepasados.

Heathrow o la pesadilla de Teseo.

El vuelo no fue nada especial. Como viajábamos en Iberia (a través de British Airways) no nos dieron comida gratis. Daba igual ya comería en el siguiente vuelo, o en el aeropuerto si tenía hambre. Mi pié se comportó bien. Había asumido que no lo iba a dejar en casa en remojo cual garbanzo y tendría que venirse con el resto de mi ser. De vez en cuando dolía un poco. Yo sacaba mi ibuprofeno del bolsillo, se lo enseñaba junto con una sonrisita malévola y éste dejaba de patalear (valga la redundancia) Lo tenía dominado.

Nada más llegar a Londres llamé a José, ellos ya habían llegado. Me dijo que se encontraban en un bar de la terminal T1 sentados tomando una cerveza al fondo del establecimiento. Me dijo que como uno de los expedicionarios (Juan Carrillo de TVE) ya me conocía (del viaje a Londres de hace casi un año y que ya narré pero no concluí en este blog) que no habría problema de confusión. Si, no hay nada más ridículo que entrar en un sitio en donde has quedado con otra gente que no conoces y, tras presentarte rápidamente, sentarte en la misma mesa creyendo que los que están allí son tus compañeros de viaje, descubrir, después de una interminable cháchara llena de tonterías tales “Uf, que calor hace aquí, ¿cuánta de gente, no? “ y mil cosas por el estilo que no son quienes tú piensas y peor aun que no hablan tu idioma.

Heathrow es peor que el laberinto “El resplandor” y el de Minotauro juntos. A veces tengo la sensación que si buscas bien en algún rincón del aeropuerto puedes encontrar a Jack Torrance (Jack Nicholson) sentado en el suelo completamente ultracongelado (estalactitas de moco colgando de la nariz incluidas) con la boca abierta de par en par y la mirada locuela perdida en el aire.

Una vez seguidas las indicaciones y pasar los controles (in) pertinentes llego a la terminal T1. Uno porque está ya curtido en viajes, aun y así a veces no paro de sorprenderme cuando ante ti y tras la soledad del largo pasillo que une terminales se aparece ante tus ojos una gran sala llena de tiendas, luces de neón, ruido de interfonos t sobre todo de gente de todas las razas y creencias esparcidas por doquier todos ellos paseando con rumbo fijo, conocido para ellos pero completamente ajeno para ti. De repente y ante tal ensalada de etnias uno tiene la sensación de encontrarse inmerso en una de esas obras de ciencia ficción donde retratan la vida cotidiana de un puerto aeroespacial. “Se ruega a los pasajeros con vuelo a Alfa Centauri acudan a la terminal Pi Erre al cuadrado para el despegue”. Centenares de personas alrededor tuyo pululan incansables; desde ejecutivos trajeados portando maletines o bolsas de hombro con ordenadores portátiles en su interior, familias occidentales de viaje, gente de color vestidos con exóticas túnicas multicolor, pasando por grupos de rabinos con sus trajes y sombrero oscuros esos tirabuzones característicos a ambos lados de las orejas, pakistaníes con proles de hijos y esposas ellas vistiendo velos sobre la cara o tapando su boca y entre medio de todo el cotarro yo, estático, mirando alrededor buscando el bar donde se encuentran el resto de mis compañeros mientras disimulando mi cojera apoyando todo el peso de mi cuerpo sobre la pierna izquierda.


No fue difícil dar con ellos. La ventaja de conocer a Juan era una de las principales bazas para no cometer errores garrafales y estúpidos. Después de las presentaciones de rigor y de la breve charla (sobre eso y aquello) nos fuimos un momento de compras (galletas y chucherías para el viaje) y tras consultar la pantalla de plasma cual era nuestra terminal de embarques no fuimos derechitos a subirnos a nuestro avión.

martes, marzo 18, 2008

Frase de la semana.

- Laura, Adam ¿sois felices en casa del tito?

- Si, mamá. Mucho.

De repente se hace un silencio. Caroline emite un suspiro. No es un suspiro de preocupación sino todo lo contrario.

Caroline a sus hijos nada más conocer el veredicto de la juez.

Cerrando círculos

Círculo uno: Dulce adiós al EAIA.

Hace una semana. Dos días después de volver de Manchester cerré el primer círculo. Fue con el EAIA. La responsable (aquella que tanta cizaña había metido hacia mí) me llamó por teléfono mientras estaba de viaje. Quedé con ella ese mismo jueves día 6 por la tarde. Allí nos presentábamos, los niños y yo dispuestos a dar carpetazo final a un periodo de ineptitud y ayuda innecesaria por su parte. Fueron dos horas y media de charla sin reproches, ni criticas, sólo hubo teatro, mucho teatro. Por ambas partes. Parecíamos todos copias grotescas del “Gato de Chesire” (Alicia en el País de las Maravillas, Lewis Carrol, 1865) Con una sonrisa de lado a lado enseñando dientes (que es lo que más jode) Hablamos todos. De todo. En especial de la convivencia, del colegio, de la relación con el padre (los del EAIA siempre defendiéndolo, buscando excusas absurdas como para tratad de convencer a los niños de que su progenitor era un luchador y que los quería hasta la muerte, aunque en el fondo todos sabíamos que mejor los quería ver muertos…) Hablamos de las tías, de “La sargento de Hierro” de las llamadas anónimas (“Seguro que es porque vuestra tía se preocupa mucho por vosotros y desea con todas sus ganas veros y disfrutar de vuestra compañia...”) Yo no dije nada. Los niños tampoco. No hacía falta. Nadie les convenciera con una mentira del tamaño de 5 montes Everest apilados uno encima de otro. Nos despedimos. Todo muy “Happy de la Life”. Yo, en el fondo sabía porque el EAIA cerraba carpeta. Les había llegado mi denuncia del “Sindic de Greuges” y les corría prisa cerrar expediente a pesar de que les jodía haber perdido por completo todas las batallas y de largo, también, la madre de todas las guerras. Si, les dolía, se podía ver en sus miradas. Había mucho rencor a pesar de no dejar de sonreír como el "Gato de Chesire" en ningún sólo segundo.

Circulo dos: “La Sargento de Hierro”.

Después de la torturadora sesión de llamadas anónimas, después de dos quejas al abogado de mi ex cuñado (ahora, por fin, sin paréntesis entre la palabra ex) cesaron las llamadas. Ella por su cuenta sigue asegurando (inútilmente), jurando por si hijo que es lo más sagrado de su vida que no es ella la autora de las llamadas. Mi ex cuñado también. Pero qué casualidad que un día después de la llamada de atención las llamadas cesaron de golpe. No, si ya lo asegura el dicho popular: “Se pilla antes a un mentiroso (en este caso mentirosa) que a un cojo”.

Circulo tres: Guardia y custodia y divorcio.

Esta mañana me ha llamado Paloma. Me ha dado una buena noticia. Oficialmente Miguel y yo ya somos papás. Por otro lado mi hermana ya es la ex señora de don capullo. La juez ha dado el visto bueno sin necesidad de más pruebas. Ha dado por sentando que donde mejor están los niños es en nuestra casa y no con su progenitor. Por primera vez hoy me he sentido más padre que nunca. Es una sensación extraña muy poderosa y de una enorme responsabilidad. Quien me lo iba a decir a mí. De repente mis sobrinos se han convertido en “hijos” míos de por ley. Muchos recuerdos se me han agolpado en la memoria de repente, en especial el día que nacieron ambos. Yo siempre pensé que mi objetivo en su vida iba a ser la de tío, al que ven de vez en cuando, al que llaman por teléfono al que se acuerda a veces de sus cumpleaños. No la persona que iba a hacerse responsable de sus vidas y de sus estudios, de sus primeros llantos después de los primeros fracasos sentimentales o la persona encargada de pagar sus futuras bodas, carnets de conducir o posibles estudios superiores... Aun puedo ver lo felices que eran mi hermana y mi ex cuñado con ellos. La de planes que tenían en mente. Y yo, mientras tanto, observando su felicidad a cierta distancia. Contentándome con eso. Porque había nacido para ser tío. Esa era mi función. En esos momentos estaba más que conforme con ello. Ya no podía pedir más. Ingenuo de mí...

God Bless America Episode 1. Prologo: Mi aventura americana.

Hay ciudades bonitas, ciudades feas, ciudades grandes, ciudades pequeñas, ciudades ordenadas, ciudades desordenadas, ciudades limpias, ciudades sucias y luego está Los Ángeles. ¿Qué porque lo sé? Porque la tengo frente a mí. Porque la estoy viviendo, sintiendo, oliendo, oyendo y saboreando. Porque la contemplo desde la octava planta, desde una lujosa ventana de una lujosa habitación de un lujoso hotel situado en Berverly Hills. Estoy en la meca del cine, en la ciudad de los sueños, también de las pesadillas, el mismísimo mundo de Oz, un parque de atracciones de dimensiones descomunales y lleno de personajes salidos de una pesadilla. Los Ángeles, una ciudad puzle sin epicentro, sin personalidad única, una gran manta hecha de retales de miles de colores extendida bajo mis pies.



Una oferta irrechazable.


Justo cuando estoy a punto de iniciar mi viaje a Manchester suena el teléfono y me ofrecen la posibilidad de una nueva aventura. Tras el teléfono está José de SEGA. Me pregunta si me interesaría viajar con él y un grupo reducido de periodistas españoles a Estados Unidos, concretamente a la ciudad de Los Ángeles para cubrir un evento relacionado con MARVEL (cuna de los comics de superhéroes como Spiderman, Xmen o Los 4 Fantásticos). De repente se hace un silencio. Yo estoy como perplejo. Vamos no porque se hayan acordado de mí, cosa que agradezco de mil formas diferentes, sino porque de golpe y porrazo tengo la posibilidad de hacer uno de esos grandes viajes que uno siempre tiene en mente, y encima gratis. Yo por supuesto accedo, faltaría más, pero faltaba el visto bueno de Fotogramas. La confirmación me llega en la terminal 44 del aeropuerto del Prat, desde mi teléfono móvil, mientras espero sentado el avión que me lleve hacia Ámsterdam para luego, cual saltimbanqui aéreo, dar un segundo salto hacia el aeropuerto de Manchester. Después del visto bueno aviso a José comunicándole que me uno a la expedición. Tengo menos de una semana para asimilarlo y aun me queda disfrutar de Manchester. Me siento saturado pero a la vez como un niño con zapatos nuevos. Apago el móvil. Entro en el avión. Demasiadas cosas para asimilar en un mismo mes. Pero da igual tengo tiempo. De momento Manchester me está esperando.

lunes, marzo 17, 2008

¿Se puede forzar una amistad?Episodio 3. Ingratitud.

Habíamos superado juntos muchas cosas. De todas las formas y colores. Pero ahí estábamos los dos con la cabeza bien alta y aprendiendo a reírnos de las adversidades. Eso sí su ex aun revoloteaba alrededor cual mosca cojonera. Soy consciente que el “Sr. F” trató de rehacer su vida varias veces. Os lo puedo asegurar. Pero nada. No le interesaban los hombres con cierta cultura, le iban mucho los chulos (pero no los cuerpos danones) sino los chulos en el sentido más “espiritual” de la palabra. Lo macarra le ponía. No sé porque motivo pero por aquel entonces el “Sr. F” se convirtió un una persona de morales o conceptos extraños, siempre muy crítico con los demás y muy poco consigo mismo, sobre todo cuando era él quien se tiraba piedras a su mismo tejado... Una de las cosas que más criticaba, era el por qué había gente que mantenía relaciones con personas ya emparejadas (sean con otros hombres o con otras mujeres) solía repugnarle la idea, sólo aparentemente ya que él mismo, desde que el conocí, había mantenido (breves) relaciones con personas casadas o emparejadas. Otra de las cosas que también criticaba (y que a mi esas alturas me costaba comprender por su propia absurdez) era por qué si conocía a un tipo en una discoteca de ambiente y tras un esporádico revolcón en el cuarto oscuro luego ese mismo tipo (clon de su ex por cierto) era incapaz de salir a charlar con él en un sofá sobre lo bella y dura que era la vida. Si, con el tiempo se volvió un personaje algo huraño y extraño. Yo supuse que como las cosas no le funcionaban bien, que sus ideales estaban hechos trizas y no veía salida razonable a su situación sentimental lo mejor era poder desahogarse criticando la forma de vida de los demás.

Intentó varias veces más volver con su ex. En eso era cabezón hasta el agotamiento. Pero tanto se había quebrado su propio jarrón que ahora ya este no tenía forma ni consistencia alguna. Echaba aguas por todos lados. Lo peor del caso era que su ex lo sabía y disfrutaba jugando con él. En unas cosas era más burro que una alpargata de esparto, en otras (sobre todo en manipular) era todo un erudito. Vamos un premio Nobel.

Los últimos tres meses de nuestra amistad fueron intensos en situaciones y acontecimientos. Por aquel entonces apareció Miguel por mi vida. Aunque mi relación con el “Sr. F” no se vio perturbada sí que se modificó en otros aspectos. Seguíamos siendo amigos pero había algo de distanciamiento. En esos días él se dedicó a buscar (fuese donde fuese) la sombra de ex. Por todos lados. Preguntaba hasta en los sitios más sórdidos, ya fuesen de encuentros fortuitos dentro de un coche o un callejón oscuro o a través de otros sitios de contactos como los que él y yo nos habíamos conocido. No es que él no supiese nada de su “media naranja”. Todo lo contrario. Lo veía muy a menudo. Vivía de nuevo con él. Estaba realmente obsesionado por su vida privada y por las posibles infidelidades. Todo con tal de machacarse y auto convencerse de que aquel hombre le hacía daño. Encontró muchas respuestas. Las que más abundaban eran las que no quería encontrar, pero no las aceptaba y por ello se auto engañaba buscando lo más absurdo y alejado de la realidad fuese. Al final volvieron a cortar. Por enésima vez.

Durante ese nuevo “Status Quo” apareció gente muy interesante en su vida. Gente que, como yo, le ofreció no sólo su amistad sino un claro interés sentimental. La mayoría de ellos tipos con las ideas bien claras, sobre todo en terrenos como la estabilidad y el respeto mutuo. Pero él, a pesar de que se moría de ganas, rechazó todas y cada unas de esas propuestas. Era una especie de alma atormentada. De personaje de folletín de “Pérez Galdós”. Era todo un experto en buscarse excusas con tal de no ser feliz... Como el más ridículos de los cuentos de hadas siempre esperaba que su ex se diese cuanta de sus errores y regresara a él montado sobre un caballo (en este caso una moto ruidosa) blanco entonando una canción de amor para llevárselo donde se ponía el sol. Nunca sucedió. Por lo menos hasta dos o tres años más tarde de haber perdido contacto con él. Eso sí, reintentos de rehacer su relación había habido, pero en la misma medida que de fracasos.

¿Cómo acabó todo? ¿Cómo dejamos de tener contacto? Pues fue durante un viaje a canarias, con Miguel y unos amigos. Él vino invitado por un amigo (un joven doctor muy majo y muy interesante que había conocido tiempo atrás, mucho antes de conocerme a mí y que le ofreció casa y trabajo en la isla a parte de todo su amor incondicional) Cosa, claro está que rechazó al no parecerse en nada a su ex. Durante el viaje sucedieron varios episodios de rebeldía por su parte que acabó por poner en jaque nuestra amistad, una status que definió por aquel entonces como forzado y artificial. Yo no salía de mi asombro. Sobre todo después de lo que habíamos vivido juntos. Me acusó de manipularlo, de forzarle a ser mi amigo, no sólo yo sino todas las personas relacionadas conmigo que él había conocido (y frecuentado) tanto para buscar ayuda, trabajo o diversión. De repente se volvió un ser arrogante, pedante y lastimero. Sentía como víctima. Como manipulado. A pesar de tratar de resolver la situación él se negó. Estaba muy dolido con todos nosotros. Nadie entendía bien lo que le estaba pasando. Igual no podía soportar ver que el resto de personas de su alrededor habían encontrado la felicidad. Una felicidad que él nunca había alcanzado con quien para él era el hombre de su vida. Cuando regresamos a Barcelona la situación ya era grave. Se perdió contacto y las pocas veces que conseguí verlo eran todo reproche y malas caras. Yo no entendía nada. Aunque también estaba algo dolido con él. No entendía porque me acusaba de forzar la amistad. ¿Por qué si no quería ser amigo mío me llamaba cuando se encontraba tan hecho polvo, pidiéndome verme para no estar sólo o para poder hablar? ¿Por qué acepto trabajar conmigo? ¿Por qué acepto hacer suyas mis propias amistades para luego mandarlas al carajo acusándolas de manipuladoras? Al final lo mandé a la mierda. De desagradecidos está el cementerio lleno…

Epilogo:

Tres años más tarde recibí una llamada. Era el “Sr. J” el señor casado con el que tuve una relación de ocho meses mientras conocí al “Sr. F”. Él no lo había conocido personalmente pero sí sabía de su existencia. Solía comentarle nuestra extraña relación entre polvo y polvo mientras permanecíamos tumbados en el sofá cama del apartamento de un amigo. Curiosamente me dijo que le hizo gracia conocerlo. Fue pura casualidad. Ambos se habían citado a través de una página de contactos. También y por otro casual (que aun no logro comprender) aparecí yo de repente en la conversación que ambos mantenían previa a un contacto sexual que no hubo. El “Sr. J” no tenía nada que ver con que el “Sr. F” buscaba. El “Sr. J” me comentó que nuestro “amigo” en común ya no estaba con su ex. Habían cortado por (¿veinteava vez?) y que ahora volvía en busca de una nueva (e improbable) pareja. De mi aparición en su conversación le comentó que estaba muy dolido conmigo. Le insistió mucho que yo le había obligado (forzado) a ser su amigo. El “Sr. J” (ya a sabiendas de la situación y con más conocimiento que Albert Einstein) se apresuró a comentarme que no me preocupase de él. Que yo no tenía la culpa. Que aquel tipo ni buscaba pareja, ni amigos. Su principal objetivo era buscar un imposible y así seguiría el resto de su vida y posiblemente de la siguiente y la otra y la otra hasta la eternidad. Tenía su propia batalla en manos. Una batalla que jamás ganaría y que no sólo le perjudicaría a él, sino a quienes estuviesen a su alrededor. Había hecho muy bien en ser su amigo. Si no lo había aceptado era su problema. Ingratitud, esa era la mejor palabra para definirlo. Perfecta desde la primera a última letra.

sábado, marzo 15, 2008

God Bless America!

No se si ya lo he dicho antes pero mi padre era un tipo muy viajero. Viajaba mucho sobre todo debido a su trabajo como economista (o auditor financiero). Gracias a ello infundo a toda la familia el placer de viajar, el conocer otras culturas en diversos aspectos como la comida, los idiomas o descubrir los rincones más pintorescos de una ciudad o pueblo… Al final de todos los que formábamos ese grupo familiar yo he sido el que más le ha sacado provecho al placer de un buen viaje. ¿Y qué mejor placer de hacerlo si el viaje te sale gratis? Hace unas semanas me encontraba en Manchester, Inglaterra. Los que seguís este blog ya lo habreis leido en este blog, o tal vez no... Ahora, en estos momentos, me encuentro escribieno este post, tumbado (despanzurrado) sobre la cama de otra habitación, de otro hotel, a miles de kilómetros de casa, concretamente en la ciudad de Los Ángeles en California, Estados Unidos. No voy a hablar mucho ahora sobre mi aventura americana, no por que no tenga tiempo, sino porque la puta corriente alterna Yankee hace que mi portátil no funcione como dios manda y me puedo quedar sin batería en cualquier momento o de reoente quemar de un chisporratazo el hotel entero (eso si un terremoto no lo hace antes...) Sólo, como anticipo, os puedo asegurar que los EEUU son como otro sistema solar y los Ángeles es su planeta más lejano. Un lugar lleno de locos y de constrases chocantes donde lo freak puede vestirse de andrajos como de "Pret a Porter". Los Ángeles es, quizás, la ciudad más extraña (o bizarra) que haya visitado jamás. Igual os preguntaréis si me ha gustado... Pues no sé qué decir, es difícil decidir como respuesta un sí o un no. Los Angeles es muy extraña ¿algo decadente? Tal vez. Va venga me voya a mojar. Es muuuuuuy decandete, Muuucho. Hay tantas cosas que decir sobre este rincón de esta galaxia ... Si me permitís, durante estos próximos días os lo iré contando. Yo aun estoy alucinado. Frotandome los ojos. Quízas en eso estriba todo su atractivo. En Los Ángeles hay cosas que me han gustado mucho. Pero también otras que me han gustado poco...
Bueno, la batería de mi portátil a punto de estallar. A parte de todo esto, les estoy robando la señal Wi Fi a un parvulario hebreo situado tras el hotel y debajo de la ventana de mi habitación y como se den cuenta de que soy un mangante de señales inhalambricas para mi uso privado me pueden (volver a) circucidar y esta vez ni por motivos medicos ni siquiera religiosos...

martes, marzo 11, 2008

Laura en la País de las injusticias.

Mi sobrina ha ido una niña con una infancia terriblemente dura. Si, sé que hay otras niñas que, como ella, han sufrido lo mismo o incluso más, no lo voy a negar. En el caso de Laura ha tenido que enfrentarse (y perder parte de su infancia) viendo como su madre se ha iba apagando a pasos agigantados debido a una terrible enfermedad degenerativa y a un padre alcoholizado e incapaz de afrontar sus responsabilidades. Situaciones como estas (y otras semejantes) son cosas que ningún niño debería afrontar en su vida. Son situaciones que dejan mella. Tampoco ayuda si tu entorno (aquel que te puede ofrecer una posible vía de escape o esperanza) es igual de cruel contigo. Ayer, en una conversación fortuita, me lo recordaron.

Mi sobrina y su hermano son niños que siempre han amado ir al colegio. Les han gustado horrores. Nunca he visto a unos niños tan ilusionados por ir a clase como ellos. Incluso lloran cuando se acaban las clases o en tiempo de colonias cuando han de regresar a casa. Sin embargo no siempre han sido bien aceptados entre sus compañeros de clase, sobre todo en el caso de mi sobrina. Cuando vivían en Sant Cugat (un pueblo muy cercano a Barcelona caracterizado por ser uno de los más caros y snobs de Catalunya) mi sobrina sufrió el ostracismo por parte de sus compañeras de clase. Niñas prototipo de pijas y más superficiales que el pellejo de una mierda. La culpa no era de las niñas, sino de las madres. Para ellas mi hermana era la comidilla. Nunca ninguna de ellas se acercó a preguntarle que le sucedía, ni si necesitaba nada, ni una sonrisa sincera, ni siquiera de compasión… Mi hermana era la tipa rara esa que anda mal y que tenía pinta de ser drogadicta o anoréxica. Cuando había cumpleaños de compañeras de clase a mi sobrina nunca le invitaban. Cuando era su cumpleaños y organizaba una fiesta nadie venía. El patio se convirtió para ella en un calvario. Nadie quería jugar con Laura. Se conformaba sentaba en una esquina mirando como jugaban el resto de sus compañeras. Y lloraba, de rabia y de impotencia. Pero aun y así le gustaba ir cada día al cole y tratar de participar en el mayor número de actividades posibles. Aunque ella fuese la única de un mismo grupo.

Por aquel entonces una de las madres de sus compañeras comenzó una campaña para que echasen a mi sobrina del colegio. No era la primera ocasión ni su primera víctima. Ya, tiempo atrás, dicha sujeta organizó una recogida de firmas para expulsar de la escuela a un niño con Síndrome de Down. Un crio que se había adaptado a las clases como cualquier otro. Pero al parecer, para ella y para una cuadrilla de madres que la secundaba aquel no era sitio correcto para un niño de esas características. Al final la presión fue tal que el niño acabó abandonando el colegio. El caso de mi sobrina era otro. Era de clase inferior a ellas, iba con ropa antigua (“piojosa” le dijeron una vez sus compañeras) iba a un centro cívico de niños problemáticos o pobres y según dijeron a mi hermana y (ex) cuñado por que ofrecía “Una mala influencia para sus hijas” debido a su carácter y temperamento exacerbado…

Cuando mi hermana dejó cada tarde de ir a buscar a sus hijos, sobre todo debido a diversas caídas en mitad de la calle, los chismorreos entre el corro de brujas subieron de tono e intensidad sobre todo cuando vieron a otra mujer (la trabajadora social) yendo a recoger a los niños a la puerta de centro. Una tarde mi sobrina entró en casa llorando. Sus compañeras de clase le habían comentado aquello que ya escuchaban días atrás en boca de sus madres. “Mamá en el cole dicen que estas muerta y que papá se ha casado con otra mujer”. Fue una etapa dura para la niña. Encima por aquel entonces mi (ex) cuñado comenzaba a escapársele la mano muy de vez en cuando a cualquier miembro de su familia que se le cruzase por delante. También la presión escolar, incitada por el susodicho grupo de madres fue en aumento. Querían a mis sobrinos fuera de la escuela. La directora, conocedora del grave caso familiar hizo oídos sordos. Puede que por compasión o por miedo a que la cosa se fuera de madre. “Antes de opinar y hacer conjeturas podrían informarse de vuestra situación y si son buenas cristianas como aparentan echaron una mano por lo menos.” le dijo la directora a mi cuñado tras una reunión. “Pero como ves eso no les interesa.” Aun y así mis sobrinos iban felices cada día al colegio. Finalmente abandonaron el colegio. Pero no por la presión de los padres de sus compañeros sino porque la situación en casa había rebasado ciertos límites y mi (ex) cuñado tenía que esconder evidencias de sus arrebatos de furia. Abandonaron Sant Cugat del Valles y se trasladaron a Artesa de Segre un pueblo perdido en mitad de Lleida (y que por cierto hacia un frio del carajo). El día que se despidieron del colegio recibieron cierta frialdad por parte de sus compañeros de clase (y eso que venían conociéndose desde párvulos) a excepción de un niño que (sorprendentemente) lloró su marcha como una magdalena.

Con una nueva vida mi sobrina vio la posibilidad de empezar de nuevo. Por cierto, si me centro más en la niña es porque ella siempre ha tenido mayor problema para entablar amistad. Cosa que no sucede por otro lado con su hermano. Pues bien, la lástima es que en Artesa duraron poco ya que allí la niña pudo hacer nuevos amigos. Pocos, no muchos. Eso si ninguno de ellos tenía la posibilidad de poder ir a su casa a jugar. Mi (ex)cuñado siempre había procurado que nadie entrase en su casa a no ser su familia. Por lo que amiguitos ni en pintura. Sólo primos, tíos y abuelos. Punto y pelota.

De regreso a Barcelona los niños van a parar a otro colegio (el tercero en un solo año) allí llegan a mediados del segundo trimestre. Mi sobrino hace amigos fácilmente. La niña no tanto. Ahora resulta que es la nueva y es la victima de todo tipo de mofas. Para más colmo su aspecto físico no le ayuda. No es que este gruesa, ni lleve aparatos en la boca o lleve gafas de culo de botella, todo lo contrario. La falta de higiene (en esa época aun yo no había entrado en juego y ellos vivían con su abuelo que les cortaba el agua para no gastar entre otras lindezas) y la forma de vestir no es del agrado de sus compañeros. Aun y así la crueldad que encontró en Sant Cugat con los compañeros de toda la vida se encontraba a millones de años luz.

Llegó el final de curso y se celebraba una función para los padres y familia. Los niños actuaban, estaban super nerviosos y muy excitados con su día de función. Nadie fue a verlos.

Ya en aquellos tiempos me dedicaba a hacerme cargo de ellos. Se pasaron gran parte del verano con Miguel y conmigo. Fue al final del estío cuando los escolaricé en el colegio donde mi hermana y yo habíamos estudiado (es un decir) toda la vida. Allí la niña volvió a enfrentarse de nuevo a las injusticias de la vida. El rechazo se hizo mella en ella por un grupo de niñas pijas de su clase. Pero aquello no era inconveniencia para que ella fuese feliz. Le gustaba mucho el colegio, las clases, los profesores, algunos de sus compañeros. Sé que fue un curso duró para ella; a mitad del mismo abandonaron mi casa para regresar a las garras de su padre, sus tías y su abuelo, la recesión se apoderó de ellos. Lo poco que había conseguido corregir de tantos años de carencia se iba de nuevo al garete. La higiene y la ropa raída volvió hacer acto de presencia en sus vidas. Si bien sus compañeros de clase la apoyaron en menor medida (no como lo sucedido en Sant Cugat) no era cien por cien aceptada. No era invitada a cumpleaños, no solían jugaban con ella en el patio y no contaban con ella para según qué actividades. Ojo no todos pero sí una mayoría.

Este año parece haber encontrado el equilibrio. Ha repetido curso, ha encontrado unas compañeras muy solidarias y, como ella, con ganas aun de ser niñas. Sé que existe roce con un pequeño grupo de compañeras (la cuadrilla de pijas de la clase como dice ella) que la sacan de quicio. Pero aguanta como una jabata. Hace poco, hablando con su tutor nos hizo una apreciación muy precisa que me hizo pensar muhco: “Como Laura nunca ha tenido la oportunidad de ser niña, ahora, como ya se ve libre, sin ataduras aprovecha para ser la niña que nunca fue. Dejadla disfrutar de ello el máximo tiempo posible, pienso que se lo merece.” No es que no me hubiera dado cuenta que mi sobrina era muy infantil. Todo en ella es infantil. Mucho. Hasta su cuerpo se resiste en crecer aun ya si de ciertos cambios de cajón que se aprecian en su anatomía, pero está a punto de cumplir los 14 y aun no ha decidido ser mujer. De momento ha decidido mantener la menstruación alejada de ella. Cuanto más lejos mejor. Si, tambien pienso que quiere aprovechar todo el tiempo perdido. ¿Quién, tras saber todo lo que ella ha vivido, se atreve, en esotos momentos en llevarle la contraria? Os aseguro que yo no. ¿Y vosotros?

Ternura

lunes, marzo 10, 2008

¿Se puede forzar una amistad? Episodio 2. Filias, antiguos amores y el triunfo de la voluntad.

Era Julio de 1996 y no era un verano como los últimos 5 veranos. Por lo menos no estaba sólo. Mis sentimientos hacia el “Sr. F” iban en aumento, pese a saber que lo único que le importaba era encontrar la copia más perfecta de su ex. Lo que no acababa de cuadrarme en toda su hitoria era ¿por qué si tanto lo detestaba (porque os aseguro que no le podía perdonar lo que le había hecho, no en esa, sino en todas las otras ocasiones del mundo) aun estaba buscando alguien exactamente como él? No me cabía en la cabeza. Pero bueno el amor a veces siempre se comporta de la forma más extraña. ¿Pero era realmente amor lo que sentía o era dependencia? Eso es algo que nunca supe de su boca, pero tanto yo, como los que le conocimos hemos analizado en alguna ocasión sin sacar una conclusión clara. En el fondo había más…

Soy consciente que nadie se enamora de la misma forma. Es decir cada persona posee una forma concreta o personalizada de enamorarse. Y si se es del club del “Amor a Primera Vista” como por ejemplo el “Sr. F” ya no había nada que hacer. Si, el “Sr. F” era de los que si veía alguien y sentía un repentino flash era señal que aquel era el hombre de su vida. Yo, al principio flipaba, pensaba que esas cosas sólo sucedían en novelitas rosas, de esas virginales y mustias al estilo “Barbara Cartland”, pero no. Son más ciertas como que respiramos para vivir o que si comemos judías nos convertimos en peligrosas maquinas de lanzar pedos. Pude vivir algunos de los cuelgues del “Sr. F” durante el periodo de tiempo que lo conocí. En una ocasión se enamoró locamente de un señor casado que le rozó la mano mientras viajaban en el metro, con él mantuvo relaciones muy apasionadas durante un par de meses; otro flash fue en un cruce de miradas en WC de unos grandes almacenes con un niñato (no os imaginéis a un adonis precisamente) que no acababa de cumplir los 18 años; otro siroco fue con un tiarron de dos metros de largo por otros dos de ancho mientras permanecían sentados dentro de un coche una tarde lluviosa y el arco iris aparecía de repente por el horizonte... En serio, costaba creer que un tipo tan grande y tan varonil llorase como un niño ante semejantes (y amariconados) indicios, pero os aseguro que lo hacía. A ver, no me tachéis ahora de despechado ni resentido. Nada de eso. Pero, si buscas una relación y por lo menos lo intentas o te molestas en hacerlo por lo menos si eres fiel a tus sentimientos no los traiciones por una cabezonería. Hay cosas que se acaban y punto. No puedes pasarte toda tu vida tratando de recomponer una historia que está más muerta que una momia etrusca de cuarta generación. El principal problema del “Sr. F” era era el "quiero pero no puedo". Ninguno de sus futuribles se parecía a su ex por lo que prefería traicionar a sus sentimientos y proseguir con una absurda e inútil búsqueda ¿y quién estaba allí para prestarle el hombro cada vez que se descalabraba?

He de reconocer que me costó desencoñarme del “Sr. F”. Mucho. Que se le iba a hacer, me había enamorado hasta las trancas. Si encima hacia 5 años que no lo hacía imaginaos entonces con cuanta intensidad. Ojo, el “Sr.F” nunca me dio falsas promesas. En eso no era un mal tipo. En absoluto. Su principal problema era su obcecación por tratar de buscar su ideal y eso le hizo perderse muchas y buenas oportunidades (no lo digo exclusivamente por mí, sino por gente que pasó por su vida tiempo después).

¿Igual os preguntáis si alguna vez si encontró al final al amor de su vida? Mi respuesta es sí, lo encontró ¿Y quién pudo hacerle olvidar por completo a su ex? Pues quien si no que su propio ex. Vamos a ver el “Sr. F.” era el típico tío inteligente, versado y con mucha presencia. Un tío con mucha planta y que dominaba varios idiomas pero su ex era todo lo contrario... Tuve la ocasión de conocerle personalmente (porque conocer ya lo conocía de oídas) meses más tarde debido a la desafortunada idea de una amiga común de ambos. Su (desesperado) esfuerzo de volver a reunirlos hizo efecto. Estuve presente en esa ocasión, él me pidió que fuera. Tenía miedo a volver a encoñarse pero en el fondo lo deseaba con toda su alma. Yo por aquel entonces (afortunadamente) ya no estaba encoñado con él. Mi enamoramiento me había durado poco y pude tamizarlo, por fin, en amistad. Además yo ya había tanteado otras relaciones, algunas sexuales, otras sentimentales con otros caballeros y casualmente, por aquel entonces, yo tenía pareja (que gracias al cielo pude quitarme de encima una semana más tarde) En esa época del reencuentro el “Sr. F” y yo trabajábamos en la radio. Él se encargaba de la producción, muy bien por cierto ya que tenía una habilidad innata para seducir al personal (sobre todo al femenino) gracias a ese don le resultaba muy sencillo encontrar clientes. Que pagasen, aunque fuese a tiempo, era otro cantar. Por fin habíamos conseguido consolidar la “amistad” pese a grandes altos y bajos, reproches, lágrimas y una lucha atroz por dominar los sentimientos. Nunca, hasta entonces, me había costado tanto luchar por una amistad. Y creo que él le sucedía lo mismo. Siempre que teníamos algún bajón nos llamábamos, a la hora que fuera, nos veíamos y nos contábamos nuestras penas. A veces yo dormía en su casa (no con él), viajábamos, con amigos, solos u organizábamos cenas y fiestas.

El encuentro con su ex fue tenso. Yo le di fuerzas y hasta lo calmé. Su emoción estaba latente y en cualquier momento podía quebrarse. Fue en casa de una amiga donde le volvió a ver. La cita venía con motivo de planificar un viaje a Madrid. Resulta curioso que ese viaje fuese el fin para mí relación con mi ex y el comienzo de una nueva oportunidad para él. He de decir que su ex era un tipo rudo, joven con modales de tres al cuarto, vamos el típico machote que va de seductor y que en fondo es un tipo mierdas, como demostró más tarde. Tanto tiempo oir hablar de él y ahora me daba cuenta de que era un chulo playas. Vamos un calco a mi (ex)cuñado pero en versión gay.

Por enésima vez volvieron a relacionarse. Eso sí, de forma moderada al principio, luego con intenciones de volver a vivir juntos. Pero duró poco. El ex era de esos que “Yo follo con quien quiero pero tu ni mires de reojo a nadie…” Vamos, un celoso enfermizo. Aquella ya era la sexta ocasión que se rejuntaban. Por suerte la convivencia duró menos de un mes. Yo ya no sabía cómo decirle que dejase a ese sujeto de lado y que se buscase una pareja que le quisiera de verdad. Recuerdo que, de la misma forma él un día me consoló cuando corté con mi ex, propinándome un poderoso e intenso abrazo yo hice lo mismo con él en su enesimo descalabro. Éramos amigos y los amigos están para echarse una mano ¿no?

(continuará…)