domingo, abril 20, 2008

Microcuentos. Volumen 5

"-¿Si?
-¡No!"


"Erase un cuadro tan curioso que era él quien observaba a la gente."


“El centavo se alzó al aire girando sobre sí mismo una docena de veces como a cámara lenta. Los hombres, amordazados en sus sillas, esperaban con terror la decisión del azar. No apartaban los ojos de su trayectoria. La pieza tocó el suelo con un sonido agudo casi inaudible. Lo curioso fue que en vez de decantarse hacia cada una de sus caras la moneda se quedó de pié, sobre su canto. Los hombres no salían de su asombro. La expresión de sus ojos dominaba sus rostros. Sudaban como un par de puercos.

Entonces se oyeron dos disparos.

De nada servía. Hacía tiempo que la decisión ya había sido tomada. “



"Esta es la historia de un huevo que se salvó de ser cocinado lo que maduró y se convirtió en un pollito. El pollito como no destacaba mucho acabó salvándose de morir devorado cada vez que el puto zorro visitaba el gallinero. Creció y se convirtió en pollo. Como era más feo que pifio ninguna gallina lo quería para criar así que el granjero le retorció el cuello, lo desplumó, lo destripó y lo metió en un congelador para comérselo más adelante. Un día que el granjero estaba de viaje un rayo dejó sin electricidad a la granja durante muchos, muchos días por lo que todo lo que estaba congelado acabó pudriéndose y apestando en su interior. "


"Erase un cuento que cuando terminaba comenzaba otra vez."


"Un buen día caperucita salió a llevarle comidita a su abuelita. La pobre que iba tan despistada escribiéndole mensajes sms al leñador no vio el agujero del pozo de la mina abandonada de los siete enanitos parados y se precipitó a su interior partiéndose el cuello y muriéndose en el acto.

La abuelita, al no llegarle la comida se murió de inanición. El lobo aburrido ya que Caperucita no aparecía se marchó a darle la murga a los tres cerditos. Cuando llegó éstos no estaban en sus casas. Los habían desahuciado por culpa de la especulación.

Desesperado decidió adentrase de nuevo en el bosque, pero como el leñador ya no tenía que socorrer a niñas en apuros había talado todos los árboles y en su lugar los hombres del Rey habían construido una moderna autopista de 20 carriles llena de peajes.

Como no sabía bien lo que era decidió cruzarla. No duró más que dos pasos. Una enorme carroza con la extraña forma de calabaza lo atropelló partiéndolo en dos y esparciendo sus rojas y jugosas tripitas a lo largo de la calzada.

El vehículo tras el impacto se salió del peralte precipitándose por un acantilado y matando a todos sus ocupantes bueno y de paso espachurró a una pobre chica que acababa de salir del agua y que no había prestado atención a lo que le venía encima. Ésta no hacía más que mirarse y toquetearse las piernas con asombro y admiración. Era muy felíz porque se las había cambiado a una bruja marina adicta a la cirugía estética a cambio de su hermosa voz.

Lo que no sabía la bruja era que días atrás el médico de Neptuno le había diagnosticado a la ex sirena un mortal cáncer de cuerdas vocales."


©Richard Archer


sábado, abril 19, 2008

Redención. Episodio 5.

14. Soliloquio.

Ahora, con el paso del tiempo, he de confesar que todavía me cuesta sacar conclusiones acerca de la situación que viví. No importa para nada el paso de los años, ni siquiera las experiencias (blandas o duras) que haya vivido. Puede pasar todo el tiempo del mundo y aun y así pensar en ello, en él aun me produce dolor. Me remueve y me deja aturdido. Es un dolor relacionado con el arrepentimiento. Pesa sobre mi espalda igual que una losa de granito de un tamaño inconmensurable. Nos hicimos mucho daño. Un dolor que en el fondo se que se podría haber evitado, sobre todo si hubiésemos puesto un poco más de nuestra parte, por lo menos en lo que a mí respecta. Ya de regreso Maika me dijo que mi compañero y el sacrificio de nuestra relación habían servido para que yo madurara. Era un “algo” necesario. A mí esa explicación me jodía mucho, muchísimo (y aun me sigue jodiendo) Pero realmente me cambió. Pero por qué para que yo pudiera crecer debía producir dolor a otra persona. Me sirvió a mí ¿pero y a él? Sé que no sacó provecho alguno. Era la pieza sacrificable de la jugada. Lo supe a través de una amiga común. Él había puesto mucha ilusión en mí. Era alguien que lo estaba cambiando, convirtiendo en una nueva persona. A raíz de los acontecimientos se volvió una persona aun más cerrada, apagada, azotada por la desconfianza y obsesionada por la monotonía. A él no le valió para mucho, para mí sí. No era justo.

En aquella época yo me parecía mucho al “Sr F.” basaba mis ideales en los cuentos de hadas. Como él, esperaba que mi compañero fuese el príncipe azul montado a caballo que vinera cabalgando raudo y veloz cortando el horizonte. Los cuentos de hadas son una mierda pinchada en un palo. Deberían prohibirlos y castigar con severidad a quienes los crean. Causan confusión y falsas esperanzas a los estúpidos que los leen (y por ende creen en ellos). Las relaciones humanas, sobre todo cuando hay sexo de por medio, ni son tan cándidas ni son tan mágicas. En los cuentos nadie folla, punto. El único acto fuera de lo común son los besos de amor. Una mamarrachada cursi y tan casta como el pedo de un recién nacido. El enamoramiento está muy bien, no lo voy a negar. Pero creo poco en él. La verdadera esencia del amor es un asunto mucho más carnal, mucho más animal. La tontería de flotar en las nubes sólo sucede en los putos cuentos de hadas o incluso en los amores platónicos. Pero ahí estaba yo deseando en ese momento, que todo fuese milimetrado, bonito, ideal, no algo tan rudo y real como él había tratado de demostrarme. Si era o no correcta la forma de presentarlo es algo que ahora no voy a discutir. Sé que también hay otras maneras, mucho más lógicas de comenzar una relación. Su forma era esa porque posiblemente era la única que conocía. Por lo menos hay que reconocer que él era menos idealista que yo y mucho más práctico. En resumen: Hay pajas mentales y pajas reales cada uno se queda con la que más placer le ocasiona.


15. Momentaneo lapsus de razón.

De repente oí un tenue ruido a mi izquierda. Un enorme cangrejo me abordaba de forma inesperada alzando sus pinzas al aire como en tono amenazador. Me pedía por las malas que le permitiese pasar. Si no fuese por ese extraño encontronazo me hubiera quedado allí, sentado, eternamente hasta echar raíces.


16. Como beber de un vaso roto...

A partir de entonces mi reacción hacia él fue mucho más hiriente por no decir agresiva. El mismo día del incidente teníamos planeada una excursión (de las que te proponen los animadores de turno, en resumen un aburrimiento supino) La idea principal era ir a una isla de la bahía a comer pescado. Yo preferí no ir. Quería quedarme con Rosa, Merche y el resto del grupo ya que, a raíz de la excursión nocturna por Santiago de Cuba, habíamos sugerido tomar de nuevo dos taxis y crear un itinerario por la región basándonos en las sugerencias aparecidas en mi guía de viaje. Todo a nuestra cuenta y riesgo sin guías turísticos contratados por el partido. Él no quiso. Aquella mañana le había dado por fumar. Me sorprendió mucho verle fumando. Nunca lo había hecho desde que le conocía. Se encontraba muy nervioso e inquieto. Natural, quien sino después de lo que había sucedido aquella mañana temprano.

Le sugerí de nuevo unirse al grupo y otra vez se negó. Entonces me reprochó que yo, el día anterior, hubiera levantado la mano dentro del autocar apuntándome con él a la excursión a la isla de marras. Parecía que sólo, por ese motivo, tenía que cumplir con mi palabra e ir con él. No me daba cuenta de que se estaba escondiendo de nuevo dentro de la monotonía. Su mejor aliada.

Yo le argumenté que prefería la otra propuesta era mucho más completa y arriesgada. Le insistí de nuevo que se uniera a nosotros y de nuevo se negó. Creo que le podía la vergüenza. Era como si creyese que los demás sabían algo de lo sucedido esa mañana y se lo iban a echar en cara. No insistí más. Él sí, recordándome que me había apuntado a la estúpida excursión. Entonces en primer lugar recordé que una de las premisas comentadas antes del viaje era, que si a uno le apetecía una cosa y al otro no, no estábamos obligados a ir juntos por puro compromiso. Segundo: recordé la mala jugada que me había hecho en el avión, despreocupándose por reservarme un asiento a su lado. Así que gracias a ambas excusas me tomé una especie de revancha.

Al final él se montó en el bus, se esperó a que yo me subiera, cosa que no hice y finalmente se marchó a comer pescado. Ni siquiera me miró a través de la ventanilla. Estaba molesto por lo menos lo parecía. Yo me quedé todo el día con él resto del grupo. Aprovechamos gran parte del día para visitar Santiago de Cuba, una casa museo dedicada a Frank País y otra a José Martí, el monumento al Che. Con la gracia y el salero de Rosa y la ayuda de uno de los taxistas que nos acompañaban (el mismo que la noche anterior nos llevó de paseo por Santiago y los talleres de talla madera) visitamos una casa de bodas, en el antiguo barrio residencial y la casa de la Trova en el centro de la ciudad. Luego nos fuimos a la Sierra Madre donde visitamos la “Gran piedra” (incluso la subimos) nos hicimos unas fotos con unos chicos y chicas de Zimbabue y comimos como reyes en el parador que se encuentra al pié del monumento, acabamos la velada en El Morro concretamente cerca del faro que lo acompaña. Yo, como llevaba mi cámara de video, inmortalicé todos estos momentos. De vez en cuando los veo y me entra una extraña mezcla de añoranza y dolor. He de decir que fue una excursión inolvidable. Lástima que él se la perdiera y no fui el único en lamentarlo de todos los que allí estábamos.

Regresamos al hotel a media tarde. Él hacía rato que ya había llegado. Me esperaba en el hall principal. Me sorprendió que en vez de estar cabreado se alegrase mucho de verme. Mientras nos dirigíamos al Bungalow junto con Satur y Merche nos iba comentando con pelos y señales su “emocionante” experiencia en “Cayo Granma” (para mí la isla del pescado). Seguía fumando. Es más apagaba un cigarro y automáticamente encendía otro. Ya a solas en la habitación no hubo cambio de humor ni nada por el estilo. Es más no se separaba de mí en ningún momento. No hablamos más de lo sucedido por la mañana, me refiero al tema masturbación. Como si no hubiera existido. A pesar de seguir un poco molesto con él. Fui bastante amable y atento. Él también. No parada de parlotear, cosa rara. Cenamos con el resto del grupo y luego tras una charla tras la sobremesa nos fuimos a dormir. No sucedió nada esa noche, sólo dormimos, entre otras cosas porque a las cinco de la mañana partíamos para la zona oeste de la isla.

(Continuará…)


viernes, abril 18, 2008

Redención. Episodio 4.

11. El destino es un animal caprichoso.

Al bajar del avión en el “Aeropuerto Antonio Maceo” me reuní con mi compañero y le comenté mi nuevo hallazgo. Al principio a él no le hizo mucha gracia pero ya de camino al hotel de Santiago de Cuba, en el autocar y tras conocer al resto de compañeros de aventuras en una excursión al Valle de la Prehistoria (un lugar cochambroso dejado de la mano de Dios y sacado de una producción hecha con cuatro duros de Los Picapiedra) acabó por asumirlo. En total el grupo lo formábamos nueve personas. Se encontraban Satur y Mercedes una pareja de Barcelona, mecánico él y policía ella que precisamente ocupaban el Bungalow contiguo al nuestro; Rosa y Merche, que eran las que siempre armaban el cotarro allí donde fuesen; Damián, un taxista de Barcelona tan grandote como bonachón que le gustaba provocar a Rosa en todo momento y que protagonizó varios momentos cómicos durante el viaje y Julia y Goya dos amigas jubiladas que adoptaron el papel de madres de todo el grupo.


12. La esencia de la sospecha.

Esa misma noche después de una cena más larga que un día sin pan les comenté que en mi guía recomendaban mucho visitar los talleres de talla de madera de la zona. Una hora más tarde habíamos pillado dos taxis que nos llevaron donde Cristo perdió la gorra. Allí Damián compró material interesante. Al subirnos en el coche yo me subí en uno ocupado por Rosa, Merche y Julia y Goya. El otro iba el resto incluido mi compañero. En un momento del trayecto su taxi se detiene y hacen subir a dos cubanos que pasaban por allí. Las risas no tardaron en llegar hicieron. En eso Julia comenta: “Anda que como el cubano se siente encima del mariquita…” Se hizo un silencio repentino. De repente oigo como su amiga le comenta: “Calla que está aquí el otro…” Rosa rompió el silencio con una de sus salidas y el asunto se quedó como zanjado. Pero me dejó a mí con la mosca detrás de la oreja. Ellas se habían dado cuenta. Mucho antes que yo. De nuevo apareció en momento la ecuación constante: Si eso era cierto ¿Por qué no daba de una puñetera vez el paso? Lo que me olvidé en preguntar era ¿Cuándo iba yo a dar también ese paso? Pero no quiero adelantar acontecimientos.

13. El amor tiene un millón de formas y cada uno lo ve como mejor le place.

Ya durante nuestra estancia en Santiago de Cuba las cosas comenzaron a torcerse. He de reconocer que gran parte fue por mi culpa. La primera mañana, después de la aventura en taxi, tras despertarme pude contemplar una estampa bastante curiosa. Él se encontraba tumbado sobre su cama. Estaba despierto. La primera cosa que me llamó la atención era que me miraba muy fijamente mientras jadeaba casi en silencio. La segunda cosa que me llamó la atención era que se estaba masturbando. Sólo su respiración entrecortada y el sonido de las olas romper sobre el acantilado donde se encontraba el hotel rompían el silencio de la habitación. En ningún momento se inmutó conmigo, sobre todo al descubrir que yo estaba despierto. Él seguía masturbándose sin apartar la mirada de mí. Esa extraña situación comenzó a cabrearme y a sentirme incomodo. Aun, a estas alturas son cosas que no entiendo por qué. Ahora, en estos momentos no hubiera sucedido lo mismo. De eso estoy muy seguro. Pero en aquellos momentos consiguió sacarme de quicio. Sé que no debería haber actuado así. Pero era un niñato demasiado idealista y muy poco práctico. Pero en aquellos momentos esa no era la mejor forma iniciar un romance que yo quería. No caí en la cuenta de que quizás igual aquella era la única forma. Maldita gilipollez la mía.

Sí lo sé, de nuevo actué de forma incorrecta. Lo más lógico en nuestra situación hubiera sido haberme levantado, haber descubierto las sabanas de su cama, haberme me metido en ella cama y haber rematando la faena con un polvo de órdago, de aquellos que nos hubieran dejado más que satisfechos. Pero no. Simplemente me levanté, malhumorado, me vestí rápidamente y salí al exterior dando un sonoro portazo. Antes de salir él dijo algo que no alcancé a comprender. Su tono era tan brusco como el mío. Insisto, os lo creáis o no ignoro el porqué de tal reacción en mí, si en el fondo estaba pidiendo a gritos iniciar (mantener) una relación sexual con él. Supongo que de nuevo fue culpa de mi propia falta de madurez. Pero como en las películas allí no estaba la voz de Maika advirtiéndome que debía madurar, ser realmente quien era, dejar a un lado al niño y convertirme de repente en un hombre.

Como no lo hice en ese momento fue el propio destino quien se encargó de darme tal zurriagazo. Un golpe certero del que aun me estoy recuperando.

Tras el incidente permanecí un largo rato sentado sobre el muro frente al Bungalow. Tras de mí se precipitaba un acantilado. El mar bramaba con furia golpeando las rocas. Yo me sentía igual, molesto y muy cabreado.

(Continuará…)


Frase de la semana: La Verdad y toda la verdad.

-Oye Richard esto que estas contando por capítulos sobre el viaje a Cuba ¿fue cierto?

-Lamentablemente lo fue.

Flor de té preguntando a Richard sobre la historia que se cuenta en Redención.


jueves, abril 17, 2008

Redención. Episodio 3.

8. Prudencia y silencio.

Durante los días previos al viaje no hubo señales de malestar. Todo lo contrario. Estábamos muy ansiosos y con ganas de partir. En la maleta incluí parte de las predicciones que me había sentenciado Maika aunque sobre ese preciso tema tampoco se volvió a hablar entre nosotros. Como si no existiera.


9. Un buen comienzo.

Los tres días que pasamos en La Habana fueron muy agradables y ya el día que llegamos a la capital cubana él ya pareció dar ciertos indicios de acercamiento. Recuerdo uno de esos momentos el mismo día que llegamos al hotel "Habana Libre". Tras dejar las maletas en la habitación, bajé al hall para llamar a casa y comunicar mi llegada. Al subir a la habitación piqué a la puerta y él me abrió ataviado tan solo por unos calzoncillos. Lucía entre sus piernas una tremenda erección. Me sorprendió que en ningún momento tratase de disimularlo. Parecía esperar de mí como algo concreto. Yo me quedé entre perplejo y porque no fascinado. Pero en vez de actuar de una forma mucho más natural, es decir entrar a saco y acabar la noche tumbados en pelotas sobre una de las camas, disimulé y me metí rápidamente en el baño, me lave los dientes y luego después de tardar un rato salir y meterme raudo en la cama. Cuantas veces me he lamentado de no haber actuado como un adulto en ese momento (y en otros a lo largo del viaje) Cuantas cosas se habrían resuelto con ello, cuantos disgustos nos habríamos librado, cuánto daño ahorrado… Me hubiera gustado estar ahora allí, en ese momento y haberme pateado el culo por demostrar ser un absoluto gilipollas.

Pero curiosamente fui yo quien rompió la barrera de pudor entre nosotros. Hasta ahora nos conocíamos vestidos. Teníamos por delante una larga convivencia juntos así que una de las primeras cosas que hice fue desnudarme delante de él. Aunque no precisamente para practicar sexo, sino para entrar o salir de la ducha. Él también tomó la iniciativa. Por lo menos eso y el tema de la erección era el síntoma de un buen comienzo...

También durante los primeros días en La Habana seguí recordado las palabras de Maika. Sobre todo en lo referente a las supuestas mujeres, familiares, que viajaban juntas. Aquellas que iban a poner en peligro nuestra “extraña” relación. De momento no había señales de ellas. Si cabía la posibilidad de que existía algo de peligro podría ser a través de una compañera (cubana) del instituto Británico. Ella como yo había viajado a La Habana para esas mismas fechas. Días antes de partir me pidió si podía llevarle una bolsa de ropa y algunos enseres de hogar que había preparado para sus familiares. Ella ya llevaba exceso de equipaje. Yo no tuve ningún inconveniente. Me dijo que podríamos quedado en el Hotel para entregarle la bolsa y tomar algo juntos. A él no le apasionó mucho la idea pero tampoco como para poner la situación en Defcon 4. El día antes de que nosotros partiéramos hacia Santiago de Cuba apareció mi amiga con su marido, hijos y algún que otro sobrino. Al final no sucedió nada. Nos vimos brevemente, nos saludamos, hicimos las presentaciones pertinentes y yo le entregué la mercancía. No hubo bronca ni celos ni nada que se le pareciera. De camino al aeropuerto de La Habana iba yo más feliz que unas pascuas. Me reía entre dientes. Maika se había equivocado. No existía tal conflicto. Por qué no me mordería la lengua en ese preciso momento…


10. Quien ríe el último ríe mejor.

Por culpa de aglomeración de pasajeros en el autobús que nos conducía al avión, situado en pista, él tuvo que salir por una puerta y yo por otra. A mí me tocó ascender por cola mientras a él lo hizo por una de las puertas ubicadas en las alas. Antes de ascender quedamos en vernos dentro para así sentarnos juntos. Al final no pudo ser posible. Cuando llegué a él estaba acomodado en una silla de pasillo, a su lado había otras dos personas. “Búscate la vida por detrás” me dijo de una forma que me sonó socarrona. Me molestó un poco su tono de voz tan irónico. No me hizo ninguna gracia que no se dignase en guardarme un asiento. El avión estaba hasta los topes, pero no iba a quedarme sin asiento. Era imposible. Al final pude encontrar una butaca libre. En ese momento no me fijé muy bien quienes se encontraban sentados a mi lado. Tras guardar el equipaje de mano y acomodarme abrí mí guía sobre Cuba y me dispuse a leerla durante el vuelo. “Huy que guía mas chula. Esta es más completa que la nuestra” oigo que me comentan a mi derecha. Aparto la mirada del libro y me fijo en mis acompañantes de asiento. Son dos mujeres, una más joven que la otra. Comencé a hablar con la que tenía más cerca. Se llamaba Rosa, la otra Merche ambas eran de Extremadura y para más INRI ambas eran primas. Estaban viajando en el mismo tour que nosotros. Durante el trayecto hacia el sur de la Isla me comentaron que habían creado un grupillo “mu salao” con otros pasajeros, la mayoría eran de Barcelona “pero buena gente”. Yo le comenté que viajaba con un amigo. Ellas me preguntaron que por qué no me había sentado con él. Le comenté que no había habido forma, pasé de entrar en detalles molestos. Hablamos mucho en el trayecto, hicimos bromas, intercambiamos guías (la suya era ciertamente muy chuchurrida) y al final quedamos para cenar todos juntos esa misma noche. No entiendo aun como no caí en ese momento en que la predicción de Maika había hecho acto de presencia. Si lo hubiera sabido igual las cosas hubieran cambiado mucho. Pero he de confesar que nunca me arrepentí de ello. Gracias a formar parte de ese grupillo aquellas vacaciones fueron una de las experiencias más gratas e intensas de mi vida, y también, como de rebote una de las más dolorosas hasta el momento...

El destino jugaba con ventaja aquel día. No se puede uno reír de él. Os lo aseguro. Las leyes del Karma (causa efecto) son así. Sin darme cuenta aquella unión multitudinaria y fraternal se convirtió, de golpe y porrazo, en la peor maldición del más poderoso de los faraones egipcios. Por lo menos para mi compañero y para mí.

(Continuará…)

miércoles, abril 16, 2008

Gripe.

Al final me ha tocado. Si encima estoy un poco depre estos días por el puto tema económico. Ayer, por ejemplo, me dio por mirar mi cuenta corriente y me dio un espasmo del que aun me estoy recuperando (Por cierto ¿alguien necesita un periodista para escribir lo que sea donde sea? Soy buen mercenario de las palabras y trabajo muy rápido) El virus de la gripe intestinal ha saltado cual piojo de la cabeza de mis sobrinos a la mía propia.

Me duele todo. Tengo sueño y hambre pero no tengo ganas de comer (¿contradictorio no?)Me duele la cabeza, la espalda y todas las articulaciones. Tiemblo a veces, y me riego el estómago con "Frenadoles" y "Ibuproceno" (mi fiel amigo). Me pesa todo. Aun así tengo fuerzas para levantarme cada 8 horas y recordarle a mi sobrina que se tome el antibiótico. Es mi responsabilidad velar por su salud, bueno y también por la mía. Creo que me voy a tumbar un rato en el sofá.

I Love to Dance!

De pequeño me gustaba bailar. Mucho. Tanto que no había canción que se me resistiera. No solía bailar solo, sino que a veces me acompañaba mi hermana o dos amigas Choni y Verónica que vivían en el mismo edificio. Todo comenzó un día que mi madre le dio por enseñarnos a Choni y a mi unos pasos de baile. La música era la versión “disco” del tema principal de “Encuentros en la Tercera Fase” interpretada por MECO. Ensayábamos y ensayábamos hasta que nos salían bien los pasos y la coreografía. Luego lo bailábamos ante amigos, familiares y sobre todo en cumpleaños como los de mi hermana. Después de ese disco llegaron otros tantos. Era precisamente la época de “Fiebre del Sábado Noche” y "Tony Manero".

De todo el bloque era el único niño que le gustaba bailar y no solo eso sino que también me gustaba darle vueltas al "Hula Hop" y otras gilipolladas típicas de la época de los 70. Claro, al principio los otros niños del bloque (y del barrio) se burlaban de un servidor. Bailar era cosa de maricas. Así de tajante y de cartesianos eran los pobres. Para ellos ponerse a mover el esqueleto era como tratar de emular a los bailarines que acompañaban a Rafaella Carrá o al "Ballet Zoom" y esos por supuesto para ellos eran unos mariquitas de muchísimo cuidado. No me preocupaba. Ni un pelo. Me gustaba bailar y cuando ponían un tema en una fiesta en casa de un amigo o nuestra propia casa ahí estaba yo para darme una buena hartada de mover caderas. Y claro al ser el único chico que lo hacía pues alguna chicas me rifaban para bailar. No todas. Nunca he tenido mucha suerte con el sexo femenino. Tampoco me ha importado y eso que aquella época yo era mucho más espigado ja ja ja ja…

Ahora también podría bailar, alguna vez me he puesto en ello pero no soy tan elegante como cuando tenía 10 años.

Qué sucede, que aparece John Travolta bailando en Grease y como es muy machito bailar para seducir a la fémina en cuestión se convierte en todo un estatus de masculinidad para aquellos que veían maricones en vez de bailarines. Pero claro una cosa era bailar y la otra alardear. Había un patrón de movimiento muy común que era moverse bruscamente y de forma chulesca. Las chicas no les gustaba mucho bailar con ellos porque cuando bailaban con un machito de tres al cuarto proliferaban los empujones, codazos, patada, tirones de muñeca y brazo y cientos de pisotones apisonadores. Si es cierto que algunas chicas les gustaba bailar con tipos bruscos como los que aquí narro. Para ellas bailar con ese tipo de energúmenos era como poner en énfasis su (grado de masoquismo) absurda idea de tratar de dominar a la bestia. Y las bestias son bestias toda la vida. No pasa lo mismo con los torpes que se pueden incluso reeducar.

No recuerdo cuando dejé de bailar, es posible que cuando muriese la música disco. En los 80 y 90 aun me acuerdo de haber bailado. Pero no con tanta precisión como antes. Ahora si voy a algún sitio donde suena música y la gente se pone a bailar me muevo pero no hago piruetas ni coreografías milimetradas. Simplemente bailo. Y me sigue gustando...

martes, abril 15, 2008

El amor según Laura.

Hoy a mi sobrina le han enviado un trabajo muy bonito: escribir una carta de amor. El amor cuando tienes 13 años y apenas lo has sentido es algo tan efímero que ni siquiera logra rozar la superficie de la tierra. Es todo inocencia, ensoñación y tan cándido que da verdadera envidia. Envidia sana. El texto que me ha traído (un batiburrillo de frases descolocadas y a veces contradictoras) ha sido tamizado tras escarbar, poner orden y sacar a relucir su verdadera esencia. El resultado es el mismo que ella estaba buscando. No está acostumbrada ni le gusta escribir pero sé que si se esfuerza un puede lograr llegar a expresarse bien ante un folio en blanco. El texto lo demuestra. La pobre aun se hace líos ortográficos mezclando palabras en catalán con castellano. Las hermana convirtiendo sus textos en una especie de coalición lingüística algo que cuesta difícil cual es la naturaleza del idioma en el que está realmente expresándose.

Hemos analizado juntos, sentados en el sofá, con el ordenador sobre mis piernas. También lo hemos reestructurado juntos, un trabajo muy bonito e intenso, sanador, para ambos. Aun recuerdo que hace justo año atrás ella me odiaba a muerte y no me quería ni ver. Curiosa paradoja. Ahora estábamos sentados hablando de amor. Amor puro, ensoñador pero definitivamente amor, con cada una de sus letras.

He aquí el resultado:

El amor es el mayor puente entre dos personas. Cuando te envuelva nunca te esfuerces por explicar lo que sientas, has de vivirlo intensamente y guardar tus emociones dentro de un baúl repleto de esperanzas.

Si crees que puedes formar parte de un mundo donde el amor siempre triunfa, entonces serás muy feliz y por eso te amaré para siempre.


lunes, abril 14, 2008

God Bless America Episode 7: Regreso a Mordor, donde se extienden las sombras.

El día que los Simbiontes invadieron la tierra.

Por regla general cuando en España, concretamente en Barcelona, tratas de parar un autobús en marcha para subirte lo que puedes conseguir es, o bien que no te hagan ni puto caso, o bien que se te rían en tu cara o que acabéis conductor y tú insultándoos inteligiblemente tras el cristal de la puerta de acceso sin conseguir subir. En Los Ángeles, vamos concretamente en Santa Mónica, puedes permitirte el lujo de detener un autobús que ya haya partido de su parada con un gran porcentaje de éxito. Es más, incluso puede que entables una conversación breve pero divertida con el conductor. Por lo menos eso es lo que nos sucedió a nosotros.

Nuestro objetivo tras el paseo por el muelle era regresar pronto al hotel ya que Kerrie, nuestra querida "Kerrie" (más tarde conocida como “La Loca o "Bob Esponja”) había reservado mesa en uno de los restaurantes más típicos de la ciudad. Pues bien ¿y qué otra cosa se puede hacer en un autobús al que ya te has leído todos los carteles curiosos o no hay señales frutas creando figuras humanas o payasos malignos amenazándote en ingles a través de un televisor? Pues hablar. ¿Y a quienes se les daba muy bien soltar soberanas chorradas con los temas más frikis de la actualidad? Pues a los mismísimos Hobbits. He de decir que esta vez se habló poco de sexo. Al parecer se estaban reservando para Kerrie, su última esperanza de conseguir mojar el churro antes de regresar a casa con sus respectivas parientas. No, no se habló de follar. En ningún momento. Todo un milagro. ¿Y qué otro tema podría acaparar el interés de mentes tan retorcidas y calenturientas como las de nuestros diminutos compañeros? Pues muy sencillo: los Comics. Gracias a Dios no tuvimos que soportar conversaciones sesudas sobre horripilosos comics japoneses, esos con personajes cuya anatomía es más que imposible sobre todo con unos ojos en cuyas cuencas podrían beber una veintena de elefantes sedientos. Ya que estábamos en los Estados Unidos que mejor que hablar de superhéroes, pero no de Batman ni de Superman ni Linterna Verde o La Mujer Maravilla. No, nada que tenga que ver con la “DC Comics” o la “Dark Horse Comics”, sino de MARVEL, concretamente de Spiderman y todos sus amigos.

En los tres cuartos de hora aproximados que estuvimos encerrados en el transporte público aprendí de la vida y milagros de toda la familia y mitología del hombre araña como para escribir diez libros de diez mil páginas cada uno (no os preocupéis que no tengo intenciones de torturaros con eso, ya me tenéis que sufrir en otras cosas…) Imaginaos la escena José, Juan, Manolo y yo sentados en silencio escuchando como los “Hobbits” todos alucinados discutian sin parar sobre parvadas varias acerca de Simbiontes (unos seres en forma de moco que asimilan e invaden a los habitantes de la tierra contaminado todo por doquier, como si nos hiciera falta ayuda para llenar de caca el planeta). También hablaron muy seriamente de guerras civiles entre superhéroes, pactos con demonios para que la humanidad olvide quien es realmente Spiderman (por qué a Peter Parker le ha dado por enseñar el careto ante las cámaras poniendo en peligro su vida privada) pero a cambio ha hecho que su amada Mary Jane se olvide de él…

Lo más gracioso de la conversación era el tono en como lo explicaban. Sonaba como si estuvieran hablando de su familia. Discutían todo con una pasión fuera de este mundo. Lo más vergonzoso de todo era que con su tono elevado de voz habían conseguido llamar la atención de una parte de los pasajeros que nos acompañaban. Éstos les escuchaban tratando de contener la risa. Los más destacados eran un matrimonio regordete de origen hispano, que reían entre dientes y de vez en cuando se miraban entre ellos y se decían cosas al oído como “¿De qué carajo están hablando estos?” Y no precisamente por problemas con el idioma ya que hablaban castellano, sino porque el tono tan bizarra de la conversación. Por lo menos ese día a uno de los “Hobbits” (y con el que casualmente menos congeniaba) no le dio por volver a ponerse la camiseta de Spiderman que ya había lucido en las oficinas de la MARVEL el día anterior. Hubiera sido la monda.

Cuando nos bajamos del transporte público me dio por girarme un instante para descubrir, tras las ventanas del vehículo, varias docenas de ojos nos miraban descaradamente. También me pareció escuchar más de una risotada y os aseguro que esta vez no era el payaso de la televisión…


Who can you call? Blockbusterrrrrrrr!

Antes de volver a la habitación del hotel, a descansar, a ducharme, a tumbarme un poco en la cama y ver un poco la televisión decidí que tenía que visitar la tienda Blockbuster cercana al hotel y que podía ver a través de mi ventana. El mal gusto de las compras frustradas me pesaba en la boca como si hubiera comido un caramelo dulce y este se hubiese transformado en una masa blanda, pegajosa y de sabor amargo. Dejé a mis compañeros en el Hall del Hotel y me dirigí al establecimiento. Ya era de noche.

Cruzar la calle ya se transformó en una especie de pesadilla, no por el tráfico, precisamente poco denso, sino por tener que ver a la silenciosa colección de zombis paseándose por la acera arrastrando bolsas o carritos de supermercados. Los eternos Homeless, el definitivo sello de identidad de la caótica ciudad de Los Ángeles. He de apuntar que por lo menos estos eran inofensivos. Iban a su bola, algunos discutían con enemigos invisibles que parecían atormentarlos incansablemente, otros dormían en el suelo, casi había que saltar por encima de ellos, otros se sentaban en la acera o en un pequeño muro junto a un pequeño jardín mustio tan mustio como ellos mismos.

Entré en el “Blockbuster” y me dirigí hacia el cajón de novedades. Había ofertas de 2x 20 dólares y 2x 14. Pillé varios títulos. “Los Supersalidos” (Manolo me la había recomendado mientras bajábamos aquella tarde hacia el hotel), “Lio Embarazoso”, “Halloween”, “Hairsprair”, “Resident Evil 3”,” Idiocracy” (esta ya la habíamos visto y nos había gustado mucho) y War of Dragons (lo que tiene tener niños en casa). Por lo menos había comprado algo ¿Satisfecho con la compra? Pues sí, que os voy a decir. No al cien por cien pero por lo menos “Blockbuster” me había quitado por unos instantes el mal sabor de boca.

¡Huid del “Saddle Ranch” insensatos!

Tengo una manía. Bueno, muchas, pero ésta viene a huevo con lo que ahora voy a explicar. Veréis si un día me atienden mal en un sitio, son bordes conmigo, o me niegan la entrada nunca más vuelvo a pisar ese lugar. No hay vuelta atrás. Ya me ha pasado en Barcelona con locales como “La Tierra” o “Rosebud” donde no pienso poner nunca más el pié en mi vida. Si regreso a Los Ángeles ya tengo un punto negro apuntado en mi lista y ese se llama “Saddle Ranch” situado en el 8371 W de Sunset Boulevard, el supuesto restaurante que nuestra querida Kerrie reservó mesa.

Antes de dirigirnos a él todos nos citamos en el bar del Hotel. Allí nos encontramos con el resto de periodistas y representantes de prensa de SEGA en Europa. Unos nos sentamos frente a la barra otros se acomodaron en el sofá. Los “Hobbits” cuchicheaban guarradas entre ellos sobre todo cuando apareció “Kerrie” por la sala. Planes, miles de planes, de cómo asaltarla, seducirla y llevársela al catre, todo acompañado de chuzas más refritas que el aceite de un churrero. Pero he aquí que la cosa cambió de tercio en cuanto apareció el Don Juan australiano ataviado como si fuese una versión “Dragg Queen” de Al Capone (gorra de mafioso, blusa negra de rejilla casi transparente, pantalones negros, guantes blancos, zapatos de charol ). No se cayeron los vasos de las manos porque sabían que costaban una pasta pero si hubiera sido posible lo hubieran hecho encantados “Mr. Didgeridoo” era toda una locaza. Menaba las manos en el aire y se exhibía (junto a una compañera suya vestida de Femme Fatal) alegremente como una oronda divona de cabaret. Claro, aquello molestó a mis compañeros como si les hubieran dado 20 patadas en las pelotas, salvo que en vez de ser sus pelotas era más su orgullo. Yo me reía para mis adentros y poco me faltó de silbar al australiano y dedicarle un brindis con mi super vaso de “Sprite” relleno de hielo. Con Juan y Manolo hubo cachondeito sobre todo porque veíamos a los “Hobbits” cagándose en los muertos de “Mr. Didgeridoo”. Un gay, bueno en este caso un “chicha o limoná” se había llevado al huerto a una mujer (Velma) delante de sus morros. Y ahora coqueteaba con ¡”Kerrie”! Por suerte para ellos los australianos se iban a otro lado, a una “Party Gay” en algún lugar de la ciudad. Eso hizo bajarles los humos a mis compañeros pero la herida a su machismo hispano ya estaba hecha.

Al final sólo los españoles, “Jurgen” y “Karl” ambos dos periodistas alemanes y “Kerrie” fuimos a la cena concertada. Esta vez tomamos un taxi. José nos comentó que ya había estado en el local. Un sitio “supuestamente” divertido muy típico donde podías bailar “Country”, subir a un toro mecánico o escuchar música en directo mientras comes toneladas de comida excesivamente especiada.

Cuando llegamos al local descubrimos que el lugar parecía haber salido de un parque de atracciones temático. Era como una granja del “Far West”, toda de madera y con muñequitos vestidos de vaqueros asomados a las ventanas. Había aglomeración hasta la nausea. Como siempre tuvimos que esperar nuestro turno para sentarnos y poder cenar. Y esperamos, esperamos, esperamos y esperamos… Y mientras tanto bebíamos, bebíamos, bebíamos, bebíamos y bebíamos… Los “Hobbits” estaban alucinando y sacando humo con el público femenino. Hasta yo alucinaba y eso que no bebía alcohol. Había tanta silicona por metro cuadrado que hubiera llenado la “Presa de Hubert” hasta rebosar. Había también operaciones de culos, liposucciones y narices (todas iguales) y tiente rubio en el pelo que aquello parecía una fábrica de “Barbies SuperStar”. Lo más alarmante era que la edad media del local no superaba los ¡25 años! En eso nos preparan la mesa. Después de una hora y media esperando. Una mesa doble para los 10 que habíamos acudido al local… Bueno eso es un decir. En eso entran cuatro niñatas muy pedorras salidas de una serie del “Canal Disney” tipo “High School Musical” o “Hanna Montana” todas super rubias y super esqueléticas y super fashion. Sin pensárselo dos veces se sientan en nuestra mesa y sin que tengan que pedir nada les traen todo tipo de manjares.

En eso “Kerrie” se percata de ello. Sin soltar su jarra de “Mother Fucker” (un líquido azul lleno de toda clase de alcohol y mierdangas) se dirige hacia el mostrador. Se oyen varios “Ruuuubishh” (Basura) y otros insultos intraducibles a lo lejos, por encima de la música, del griterío y del ruidoso mecanismo del toro mecánico. La inglesa vuelve hacia nosotros, medio despeinada, acalorada, arremangada e indignada. Tiene dos noticias: una buena y una mala. La buena es que aquella era nuestra mesa. La mala es que le han dicho como al no ser “populares” como las niñatas que se han apoderado de ella pues que tendremos que esperar por lo menos ¡UNA HORA MÁS¡ Nosotros miramos a las tipejas. “¿Populares?” Nos preguntamos. “¿Y quién puñeta son esas? No nos suenan de nada. Ni haciendo un desmesurado esfuerzo. En eso “Jurgen” el periodista “calvorota” alemán comienza a sentirse mal. Muy mal. Está tan borracho que hasta se duerme de pie y tiene muchas ganas de vomitar. Casi propongo el sentarlo en la mesa junto con las niñatas para que les amenice (y ahuyente) con un vertiginoso repertorio de vómitos de todos los colores, pero de repente me doy cuenta de que lo más seguro que ellas al final le hubieran ganado con clara ventaja.

Decidimos marcharnos. Salimos a la calle para buscar un taxi. Afuera nos aborda un “segurata” con una ridícula cresta mohicana. Nos pregunta si estamos esperando a alguien. Le decimos que no que nos marchamos pero que estamos buscando un taxi. Entonces el tipo nos pide que abandonemos la acera “Están ustedes molestando” Nos dice en castellano. Manolo se mosquea. Juan y él le explican la historia de la larga espera por una mesa que al final no hemos podido ocupar porque unas niñatas que han llegado mucho más tarde nos la han quitado. El guardia le dice que eso no tiene nada que ver con él y nos pide de nuevo que despejemos la acera. Le comentan que esa parte de la acera es publica él nos dice que entorpecemos el paso. Aquello tiene gracia ya que estamos a cinco metros de la puerta de entrada de ese puto antro. Manolo le replica de nuevo “La acera es publica” entonces el tipo amenaza con llamar a la policía. Toma su “Walkie” y comienza a pedir refuerzos. En eso “Kerrie”, que no se ha enterado de nada de lo que sucede atrás (menos mal) consigue detener dos taxis y salimos huyendo del lugar.


Fresas con mostaza

Llegamos al hotel. Jurgen es acompañado por Kerrie a su habitación. Parece un globo relleno de vomito que va a estallar en cualquier momento. La esperamos un momento y tras bajar nos fuimos caminando hacia el “Jerry's Famous Deli” un restaurante cerca del hotel al que ya visitaron mis compañeros el día anterior para desayunar.

La diferencia de este establecimiento con el otro local era abismal. No es que éste fuese un antro. Todo lo contrario. Nada más atravesar la puerta apareció ante nosotros un enorme aparador repleto de gigantescas y deliciosas tartas de todo tipo de sabores y de colores. El local era amplio, techo alto y muy semejante a los grandes locales de comidas de la década de los 50. Todo era típicamente americano, pero no tan garrulo como el horrendo “Saddle Ranch”. Había mesas y sillas por todas partes, también rincones para tortolitos con sofás tapizados de eskay acompañados de mesas grandes y redondas todas ellas con sus servilleteros, saleros y pimenteros de tamaño desmesurado. También había mesas frente a los grandes ventanales que daban directamente a calle, todos ellos decorados con el logotipo del local en color rojo escarlata. Afuera también algún que otro adorno de neón. Las paredes estaban vestidas con diminutos mosaicos azulados en dos tonos y cubiertas por espectaculares posters de grandes musicales de todos los tiempos, tanto del mundo del cine como del teatro.


Nos sentamos en el centro de la sala después de contemplar los aparadores de comida donde, a parte de las tratas predominaban platos de la cocina griega. Casi todo con posibilidad para llevar. Enseguida llegó un camarero. Iba típicamente vestido como los camareros de las películas de los 60. Pantalones negros, faldón y camisa blancos; gorra, igualmente blanca, corta, tipo cresta. El chico nos pasó unos menús, grandes (todo era grande) interminables. Había platos griegos y americanos. Nos decantamos por los últimos. Teníamos tanta hambre que pedimos de todo. Alitas de pollo (ultrapicantes), barritas de queso parmesano fritas, nachos, guacamole y hamburguesas de todo tipo con toda clase de aderezos.

La que más destacaba era la de José. En su plato había de todo pero en vez de patatas fritas había macedonia de frutas. Tan sugerente menú le inspiró para hacer un experimento. Mezclar fresas con mostaza. Nadie quiso probar. Sólo él. El resultado no fue nada satisfactorio. Repugnante.


Ruuuubishhhhhhhhh!!!

Me gustan las sobremesas. Sobre todo si has comido muy bien y te apetece reposar un rato y compartir un momento con tus compañeros de mesa. Los Hobbits estaba entre medio dormidos y cabreados. Kerrie se había sentado lo más lejos de ellos y compartía proximidad con Karl el otro periodista alemán. La conversación con ambos la llevamos el resto de componentes, Juan, Manolo, José y un servidor. En inglés.

Cuanto más hablábamos con Kerrie mejor nos caía. La chica había bebido lo suyo (una barbaridad) pero no se notaba apenas que estuviera borracha. Era como una versión "totaly british" de "Marion Ravenwood" (Karen Allen) la pareja de "Indiana Jones" (Harrison Ford) durante el metraje de “En Busca del Arca Perdida”. Alegre sí pero no como una cuba. Hay que decir que en esos momentos la chica era más basta que unas bragas de esparto pero pudimos mantener una conversación amena y muy divertida. En un momento de la velada se emperró en que le enseñásemos insultar en castellano. Y ahí estábamos los cuatro soltando barbaridades y tratando de traducírselas y ella de pronunciarlas. Juan se emperró que en que ella, nativa de Londres, dijese algo ¡en escocés! Kerrie se lo mira y le dice algo así como “¡Pero qué mierda quieres tu que diga yo en escocés si soy británica!” El otro le insiste. Yo le digo que no lo haga que es como pedirle a un andaluz que hable vasco o catalán. En eso Kerrie se suelta la melena y dice una palabra extraña con un extraño acento donde predominan las erre sonora (consonante casi imposible de pronunciar por un inglés).

En ello hablamos de ciudades que conocemos. Ella detesta Barcelona “Cierran muy pronto los locales y no hay apenas marcha como en Madrid” Me dice en inglés. Todas las frases las termina con la palabra “Rubish” (basura). Aun así la chica es un encanto. Le pregunto si solo le gusta viajar para visitar los bares y el ambientillo nocturno. Me dice que no, bueno en un 80% si. Le hablo del “Modernismo” en Barcelona. Ella sólo conoce “La Sagrada Familia” y el “Parque Güell”, no tiene ni pajorera idea de los que es “La Pedrera” me pregunta mil veces lo que significa y como se traduce semejante palabra (yo no encuentro explicación) Me pide disculpas por llamarme varias veces Robert en vez de Richard. Le quito importancia. Le comento que yo tengo descendencia inglesa. Que mi padre era de Portsmouth y mi abuela de Londres. Le digo entonces que soy británico. Ella me dice que no. Insiste que soy inglés. Me lo machaca tanto que al final le doy la razón. Para que discutirle. De vez en cuando ella y el alemán sueltan entre frase y frase “La Puedrueerrrrra” Les ha hecho gracia el nombre del edificio. Les digo que ahora si visitan un día a Barcelona tendrán un motivo para echarle un vistazo. Los “Hobbits” están a mi lado callados, medio dormidos. El restaurante está a punto de cerrar. Regresamos al Hotel.

En el Hall José y yo nos despedimos del resto del grupo. Tenemos sueño. Juan y Manolo se van con Kerrie al bar. Los “Hobbits” también. Han recuperado por completo la lucidez. Sobre todo al ver que “Kerrie” quiere más juerga en el bar del hotel. Parece que se frotan las manos. Piensan que van a triunfar. Que equivocados están. "Kerrie" parece que ya tiene candidato y no habla precisamente castellano.

¿Cuándo os casáis?

Esa es una frase que llevamos escuchando Miguel y yo desde mucho. Sobre todo desde que se valió en matrimonio entre personas del mismo sexo. Ganas hay, os lo aseguro. Por ambas partes y más aun después de llevar 11 años juntos. Pero de momento hemos tenido que postergar el evento hasta que la situación económica en casa se vaya resolviendo. Por ejemplo aun he de acabar de pagar el divorcio de mi hermana (quedan en estos momentos 936 euros pendientes y mi sueldo como “Freelance” es de ir a mear y no echar gota en algunas, muchas ocasiones) Gracias a Miguel nos mantenemos a flote. La familia suele hacer odios sordos, por lo menos una gran parte de ella. Por otro lado suerte que Paloma, la abogada de mi hermana, es muy paciente, comprensiva y no nos mete muchas prisas. Por otro lado tenemos a los dos niños en casa que desde que han llegado han incrementado los gastos hasta límites insospechados. Dichos gastos van desde comprar muebles para la habitación, hasta pagar material escolar (batas, chándales, libretas y libros ya que su padre se había negado a desembolsar ni un duro por ellos) a todo esto suma comida y gastos extra de manutención (su padre nos pasa sólo 200 euros mensuales por los dos niños que comen como limas). Por lo menos en lo que respecta a la ropa tenemos mucha suerte. Al menos la niña ya que gracias a los amigos y algún familiar les van llegado ropa nueva o prendas apenas sin usar. Toneladas de ellas. Mi sobrino tiene menos suerte pero poco a poco lo vamos resolviendo.

Si, ya sé que hoy en día casarse no cuesta nada si quieres. Ojo que tampoco estamos deseando hacer una boda por todo lo alto con trajes caros, comilona y cualquier cosa típica que se le parezca. No nos llega para eso y lo vemos innecesario. Hemos decidido que si llega ese momento podemos hacer algo mucho más campechano. María, la madre de Sonia, una amiga de Miguel de toda la vida, nos ha invitado a utilizar su jardín para celebrar el evento. Hemos pensado en hacer una ceremonia intima, en la que todo el mundo participe por ejemplo llevando algo de comer tal como sucede en las "Potsluck" o fiestas caseras americanas.

Pero el principal problema que tenemos ahora y que por ello hemos aparcado un poco el tema de la boda (para resolver otras preferencias) es por culpa de un puñetero papel que he de solicitar en el consulado Británico y que el Gobierno Civil Español me piden para tirar adelante con la ceremonia. Es un papel que ha de ir traducido y que previamente debe colgarse de un panel en el mismo consulado durante 21 días, a la espera que alguien, durante esos días lo reclame debido a la supuesta existencia de otro matrimonio (cosa prácticamente imposible) que impida llevar a cabo el casamiento. Pues bien el puto papel cuesta 217 euros. No 60 ó 90 ni 25. Nada más y nada menos que 217 euros. Vamos ni que estuviese escrito en tinta de oro o adornado con piedras preciosas. A veces me resulta curioso que un simple papel pese tanto como una enorme piedra en el camino. De momento y a nuestro pesar el bodorrio puede esperar.