miércoles, junio 11, 2008

¿Sueñan los niños androides con juguetes eléctricos?

Vivimos en un mundo mecanizado. Lleno de obstáculos de diferentes tamaños y formas. Es un mundo competitivo donde ser el mejor, el que más produce impera sobre todas las cosas. Es obvio que los padres modernos, actuales y actualizados, previendo lo que le va a caer encima a sus niños deseen prepararlos o prevenirlos ante los avatares de la sociedad actual. Invitar a nuestros retoños a ser productivos, competitivos y poco ociosos son unas de sus metas. Pero hay extremos y extremos... Desde hace un tiempo voy observando uno de estos ejemplos en un par de compañeros de mi sobrina. Se trata de dos críos niña y niño que tienen todo el tiempo del mundo hipotecado en todo tipo de actividades extraescolares. Si hoy es Lunes toca inglés, si es jueves toca judo, el viernes no puedo jugar (como la canción de los payasos de la tele) porque tengo gimnasia natural y el miércoles tengo taller de alfarería. Sólo me queda el martes libre pero estamos tan agotados que no podemos ni mover los párpados. Mi sobrina me asegura que son niños muy risueños y divertidos. Yo veo todo lo contrario. Son dos niños abducidos por los ultracuerpos, carentes de expresión alguna, casi sin emociones como si estuvieran concentrados las 24 horas del día.

Sí, por supuesto está bien preparar a nuestros hijos para el futuro pero sigo insistiendo que hay extremos. No niego que me gustaría que mis sobrinos salieran por lo menos un 10 % de estudiosos que esos dos pequeños androides. Que fuesen ordenados, pulcros, obedientes, aplicados y sobresalientes. Pero que quieres que te diga. Tan perfectos aburren.

Eso me trae recuerdos de mi infancia… Desafortunadamente para mi madre ni yo ni mi hermana éramos tampoco androides. Yo odiaba las actividades extraescolares por mucho que mi progenitora se empeñase en apuntarme a todo tipo de cursillos horrendos. Mi hermana hacía Ballet, música e inglés (al final ni bailó, ni tocó el piano, ni consiguió hablar la lengua de sus antepasados en su vida), yo hice natación y Tae Kwon Do. Al tema natación le dedicaré un post exclusivo (mi terror al agua merece tener protagonismo propio en este blog) Ir a clases de artes marciales coreanas también me producían pesadillas. Eso de gritar “KIAAAAAAAAAA” moviendo los puños no iba conmigo. Mi sentido del ridículo no me lo permitía. A parte, siempre he sido bastante pacífico, mi madre lo sabía por eso quería (o suponía) que con artes marciales despertase la mala bestia que supuestamente dormía en mi interior. Pues no, lo de dar patadas y puñetazos, reinsisto, como que no iba conmigo. Supe que no había nacido para este deporte después de recibir en el patio del colegio una paliza descomunal por parte de un compañero (bastante odioso) que me dejó tendido en el suelo, sin aire y tosiendo dificultosamente por el suelo de terrazo. Recuerdo ver, entre lagrimones, a medio patio observando un tremendo pollo verdoso surgido de mi garganta a un palmo de mis piernas. También miré al gargajo y luego los miré a todos ellos. Algunos me observaban con asco unos pocos con compasión. Recuerdo que, mientras mi compañero me apaleaba, entre puñetazo, patada, escupitajo y bofetada, mientras permanecía aplastado contra el suelo, yo no hacía más que concentrarme en los “sabios” consejos de mi profesor de Tae Kwon Do (tal y como hacía Luke Skywalker cuando escuchaba los consejos del Maestro Yoda mientras hacía cabriolas por los lodazales de Dagobah). Luke perdió la mano derecha, yo la dignidad. Resulta curioso que ese día uno de los que acudieron a mi rescate fuese uno de mis peores (habituales) agresores del patio, uno compañero de clase que luego se hizo muy famoso cantando en un grupo infantil multicolor y que perdió un brazo en un accidente años más tarde.

No, yo no servía para niño androide. No era funcional. Claro si me hubieran escuchado, si en vez de obligarme a ahogarme en la piscina del club de tenis o hacer de Bruce Lee me hubiesen brindado la oportunidad de emular a Botticelli o Modgliani otro gallo hubiera cantado. Bueno también me apuntaron a música, más acorde con mis gustos, pero nunca me dejaron tocar el piano. La borde y repipi de la profesora (una francesa que hacía acopio con avaricia de la fama de pedantes y chauvinistas de sus compatriotas) nos sentó a mi hermana y a mí en un pupitre, en una esquina de la clase, para rellenar un horrendo cuadernillo de pentagramas a base de puntitos negros ascendentes y descendentes. Mientras, el resto de la clase, situados en círculo alrededor del piano, entonaban “LAAAAAAAAA, REEEEEEEE, MIIIIIII, DOOOO, DOOOO, REEEEEEE” cada vez que “Madame Repipi” pulsaba una tecla para que el piano escupiese una nota. Recuerdo mirarlos a todos de reojo. Como los odiaba…

No se vuestras madres pero la mía era de las que te remarcaban con lava incandescente las virtudes de tus amigos o del resto de los compañeros de clase. En mi barrio pululaba la madre de un amigo (luego se convirtió en un imbécil monumental) que cada vez que veía a mi madre le taladraba la cabeza con lo maravilloso que era su Jordi. Vamos que el niño era Pitagorín III reencarnado. “Que notas más brillantes me ha sacado mi Jordi. Es un niño tan bueno mi Jordi, tan ordenado mi Jordi, tan aplicado mi Jordi, tan estudioso mi Jordi. Mi Jordi no caga mierda sino ramos de flores (con cesta de mimbre incluida); los pedos de mi Jordi huelen a Channel Nº 5, mi Jordi mea ambrosía, mi Jordi suda néctar de los Dioses, mi Jordi vomita Delicatessens …” Así suma y sigue hasta agotar el puto baúl de los elogios habidos y por haber. Claro mi madre tenía muy poco que presumir de mí, salvo que era rubito, con ojos azules, delgadito (si una vez pertenecí al grupo de los niños escuálidos y con pies planos) y para de contar. Ni estudiaba, ni sacaba buenas notas, ni me gustaba el deporte (huy, el tal Jordi era un virtuoso del futbol, el balónmano, la natación y si se preciaba del paracaidismo y el tiro con arco, bueno el capullo se apunto al final a Tae Kwon Do para joderme la marrana…) eso sí yo era también muy ordenado y muy cuidadoso con mis cosas (el TOC se encargó de ello), era impecable y nunca me manchaba. Pero a difereicnia de él, en vez de estudiar leía cómics, escribía, dibujaba, me gustaba mucho el cine, bailar, cantar y padecía (a parte del mencionado TOC) de terrores nocturnos. Recuerdo un día que mi madre vino al colegio a buscarme para ir al psicólogo, entró en la clase y de la misma forma que el profesor explicaba la clase de ciencias y les comentó a todos mis compañeros que el pirado de su hijo tenía miedo a la oscuridad, a dormir solo, que dormía con la luz encendida y a llorar por culpa de las pesadillas sobre monstruos que poblaban mi imaginación... Eso se llama terapia agresiva y lo demás son leches. Claro luego no me extrañaba que mis compañeros se riesen de mí y me pateasen el culo en la hora del patio…


Cuando mi madre me decía lo bueno que era el cacho cafre del tal Jordi (hay que reconocer que era listo pero no inteligente) yo le decía que por qué no lo adoptaba a él y a mí me tiraba al cubo de la basura... Creo que alguna vez estuvo a punto de hacerlo. Lo digo por las miradas inquisitivas que me propinaba. Reconozco que me hubiera gustado ser un niño estudioso y aplicado, eso me llegó más tarde y me lamenté de no haberlo puesto en practica en mi vida escolar. Pero al final recuperé todo el tiempo perdido en menos de un año. Merito tiene. Ser aplicado tiene sus ventajas, no lo niego, sobre todo para el mundo cotidiano tan agresivo como rasparse la piel con papel de lija del 10. Pero no cambio para nada esos momentos perdidos escuchando música, viendo mucho cine, leyendo libros ,comics de superhéroes, 1984, Creepy o Comix Internacional; pintando cuadros hasta altas horas de la madrugada, escribiendo en mi Olivetti a doble espacio historias que ya se han perdido con el paso de los tiempos y bailando hasta que me dolían los pies. No niego que si hubiese estudiado más, a tiempo hubiera sido el hijo perfecto. La némesis del imbécil de Jordi y del mundo de fantasía de su odiosa madre, que por cierto aun se pasea por la calle.

martes, junio 10, 2008

Microcuentos: Mundo Zombi.

“Por fin volvió a casa. Después de tener que abandonar su coche; de huir desesperadamente por la autopista; de aplastar la cabeza a unos cuantos zombis, sólo con ayuda de una llave inglesa; de esconderse entre las sombras cuando las calles se infestaron de ellos. Por fin volvió a casa...
Se sentó lentamente en el sofá y se sumió en un profundo sueño. Por la mañana se despertó con muchísima hambre. Se levantó torpemente y se unió al resto de muertos vivientes en busca de cualquier superviviente al que hincarle el diente.”

“Eran sus hijos, aunque estuviesen muertos y estuvieran atados con cadenas. Eran sus hijos y los pobres tenían hambre. Si su marido no se hubiera empeñado en rematarlos ahora estaría disfrutando con ella de su presencia. Pero entonces ellos seguirían teniendo muchísima más hambre...”

“Pulsó el botón insistentemente. "¿Por qué en las putas películas siempre funcionan a tiempo las puertas automáticas?" La cabina del ascensor se llenó de zombis. “

“Huía tan despavorido del acoso de una veintena de muertos vivientes que no se dío cuenta que se había escondido en la jaula de los leones.”

“Ella no era uno de ellos, todavía. Se había encerrado en casa, bloqueando todas las puertas y ventanas. Se había cortado un brazo. Sangraba mucho. Tenía mucha hambre. Tanta previsión pero se había olvidado de llenar la despensa de comida.”

“Aun lo amaba, como el primer día, pese que le estaba devorando dolorosamente las entrañas.”

“Tenía que sacar al perro a pasear. No se le iba a dejar la casa llena de meados y aquella apestosa mierda de chucho. Lo pillaron nada más salir por la puerta. Al perro se lo comieron un poco más tarde.”

“Abrió la gabardina mostrando su miembro viril a la multitud. Aun le quedaban residuos de lo que había sido antes de haber muerto y resucitado.”

“Se escuchó un ruido como un objeto de vidrio que se rompía. Los dos miraron el suelo en silencio. Luego se miraron entre ellos: "¡Te dije que no jugases con las muestras de virus!"

Para Soydemar. Que se que le gustan mucho las pelis de zombis.

@Richard Archer

De su puño y letra.

-¿Qué haces mamá?

-Escribir una carta.

-¿A quién?

-A una vieja amiga

-¿Y por qué le escribes? ¿Por qué no la llamas?

-Porque me apetece. Lo necesito. Y no la llamo porque es más bonito escribirle de tu puño y letra, como se hacía antaño. Además si la telefoneo seguro que no la encontraría.

-¿Por qué?

-Porque ya lo he intentado unas cuantas veces y no ha habido forma.

-¿Y qué le cuentas?

-Muchas cosas. Hace tiempo que no hablo con ella y la he de poner al día.

-¿Me conoce?

-Sí. Desde muy pequeña.

-¿Y cómo se llama?

-Como yo.

-¡Anda que casualidad!

-¿Desde cuándo la conoces?

- Desde hace mucho tiempo crecimos juntas.

- Pues nunca había oído hablar de ella.

- Seguro que sí lo que no te habrás dado cuenta. Ahora ve a merendar y déjame terminar la carta.

La niña se fue corriendo a la cocina. Ella Sonrió. Por un momento se percató de lo inocente que eran a veces los niños. Cómo no consiguen asociar según que ideas.

Aquella misma tarde bajó al buzón muy cerca de su casa. Aun estaba allí, paciente, amarillo, orondo, con sus dos bocas abiertas esperando engullir cartas. Le sorprendió que aun conservase su imponente figura. Ya apenas escribía nadie. Todo era a base de correo electrónico o llamadas telefónicas. Comenzó a llover. El aire se impregno de olor a hierba y tierra mojada. Cerró por un instante los ojos y se dejó llevar. Luego abrió el paraguas y caminó hacia casa escuchando el repiqueteo de sus propios zapatos.

Dos días más tarde recibió su carta. Se entusiasmó mucho cuando la vio, con sus matasellos estampado en negro sobre el blanco inmaculado del sobre. Se sentó en la mesa de la cocina. Con un café con leche recién acabado de preparar. Echó un par de cucharadas de azúcar en el interior de la taza y removió el contenido lentamente sin dejar de mirar el sobre aun sin abrir. Lo abrió un par de minutos más tarde y lo leyó a pequeños sorbos, como los que propinaba al café con leche escondido dentro de la taza. Sonrió en varias ocasiones mientras leía su carta. En la calle la lluvia no cesaba de caer. Miró el reloj. Pronto vendría la niña del colegio. Guardó la carta dentro del sobre y éste lo introdujo con delicadeza en un cajón lleno de álbumes fotográficos. Sonó el timbre de la puerta. El cajón contempló en silencio como ella desaparecía de escena, abría la puerta de casa y entre un griterío infantil se escucharon un par de sonoros besos llenos de ternura y amor.

Decicado a Velvetina. Gran amante de la escritura intimista. Gracias por hacer que dicho arte no se pierda nunca.

©Richard Archer

domingo, junio 08, 2008

Enamorada de la luz.

"¿De dónde vendrá esa luz tan bonita? ¿Qué habrá allá fuera?" Se cuestionó la pequeña estrella. Sacudió ligeramente los diminutos fragmentos de arena de sus patas y comenzó a deslizarse bajo el agua como si fuera una grácil bailarina. Se acercó a una rocas donde habitaban un grupo de anémonas, les preguntó de forma cordial pero no supieron responderle. Las gambas y el pez trompeta la ignoraron. Un caracol de mar se escondió de forma súbita dentro de su caparazón gritándole desde su interior que no le molestase más y que dejase de insistirle.

La estrella no comprendía tanto desdén. Tampoco entendía porque aquellos seres no sentían la misma admiración y curiosidad por aquella luz brillante como la sentía ella. Volvió a mirarla. Era preciosa, sobre todo porque fragmentos de ella ondulaban por entre las aguas decorándolo todo con fragmentos de lucecitas brillantes a forma de pequeñas estrías. "El lugar de donde viene esa luz debe ser maravilloso, y el ser que emita esa luz debe ser el ser más bello del mundo" pensó medio obnubilada.

Se acercó arrastrándose hacia el arrecife. Esperaba tener más suerte en sus indagaciones con los vecinos que lo poblaban. Ya no quería saber nada más de los antipáticos habitantes de las rocas. Debajo de un coral con forma de cerebro se encontró con una vieja sepia que dormía plácidamente. Esta tras escuchar la pregunta le arrojó un chorro de tinta y huyó lejos echando pestes. La estrella no se inmutó. Siguió en su empeño. Quería saber, lo necesitaba. Cada vez que miraba arriba se sentía embriagada por el dueño de aquella luz. No obtuvo éxito ni con los peces globo ni tampoco con las tintoreras. Un pez extraño, grande de tonos dorados le dijo que huyera de aquella luz, que aquello no era bueno y mucho menos lo que había fuera. Pero tampoco le supo decir exactamente lo que era. "Debes hacer caso a la sardina" le dijo entonces una voz. La estrella dejó de mirar a la luz durante unos instantes. Un cangrejo de enormes pinzas se acercó a ella. "¿Por qué dices eso?" le preguntó la estrella. "Porque eso que tu deseas. Esa luz que tanto te atrae sólo puede traerte mucho dolor y muerte". La estrella se rió. Aquello era imposible. Como un ser tan luminoso y tan cálido como aquel, como algo tan llena de luz podría hacerle daño. "Tu ríete pero son muchos son los que han quedado prendados de su belleza y tras ir en su busca no han regresado jamás." "Eso no me importa. No creo en lo que me dices.” Espetó la estrella. “Tengo muchas ganas de saber quién es, cómo es, qué lo hace tan brillante y tan bello. "Nunca lo he visto” le contestó el cangrejo, "Las veces que he salido a la superficie nunca lo he visto. Yo sólo conozco la noche y a una luz menos brillante llamada Luna que la ilumina. Así que no te puedo decir cómo es su aspecto. Pero te aseguro que para ti no es nada bueno." La estrella volvió a reír. Aquel cangrejo era muy divertido y tremendista. No era para tomárselo en serio. "Dime, ¿cómo puedo hacer para salir afuera? ¿Es aquello tan bello como dices?" "Si, es muy bonito" contestó el cangrejo mientras hundía una de sus pinzas en la arena. "Es mucho más grande que lo que nos rodea, pero es tan incluso más peligroso que el mundo que tu y yo conocemos..." "Eso no me importa… Dime, ¿qué camino debo tomar para llegar a él?" interrumpió la estrella. "Sólo tienes que seguir la corriente del norte hasta que notes que el agua se agote y cada vez más te cueste más caminar. Pero te ad..." No tuvo tiempo de terminar la frase. La estrella ya había desaparecido. "Que Neptuno se apiade de tu alma mi pequeña estrella..." sentenció tristemente el cangrejo.

Se arrastró sin dejar de mirar en todo momento la luz, sentía que amaba aquel ser como nunca jamás había amado a nadie en este mundo. Sabía que aquello no iba a ser malo para ella. Era imposible. Sabía que podía ser feliz a su lado y ambos disfrutar el uno de la otra. Lo presentía.

A medida que la densidad del agua se iba haciendo cada vez menor los seres que la poblaban iban desapareciendo. No obstante recibió varias advertencias más mientras se dirigía decidida a la superficie, una de ellas de una almeja, la otra de un minúscilo caballito de mar.

Salió a la superficie con la ayuda de una ola. La arrastró a la orilla con fuerza, depositándola con algo de malicia a varios metros de la orilla. El viento comenzó a arrojarle granitos calientes de arena. Pero aquello no le importó. En absoluto. Simplemente se quedó tendida sobre la arena como embelesada mirando con desmesurado amor aquella esfera luminosa e inmensa que flotaba en el cielo. Pasó un tiempo. La estrella sintió como el calor abrasaba cada una de sus patitas. Para ella era él, su amado, que la estaba abrazando. Era feliz muy feliz y deseó que esa eterna felicidad nunca desapareciera.

Se quedó expuesta a la intemperie hasta bien entrada la tarde. Entonces vio como su amado comenzó a alejarse hasta perderse tras el horizonte, ignorándola. Trató de moverse para seguirle pero no podía. Su cuerpo se estaba poniendo muy rígido y apenas podía sentirlo. Intentó acercarse a la orilla, una, dos hasta tres docenas de veces, pero le fue imposible. Por primera vez sintió miedo y por primera vez sintió dolor. Llamó desesperadamente a su amado pero éste continuó ignorándola. Es más desapareció lentamente bajo las aguas sin importarle para nada las suplicas de su amada. Le invadió la tristeza. Trató de llorar pero no pudo. Se sentía cada vez más débil. De repente recordó todas y una de las advertencias que había escuchado de los habitantes del mar antes de salir del agua. El miedo hizo acto de presencia en ella.

Llegó la noche y con ella el frio. El cielo se oscureció y se lleno de diminutos puntos luminosos. La estrella lo contempló admirada por primera y última vez. Pese a su miedo y debilidad no dejaba de sorprenderse ante tanta belleza.

El viento la cubría de arena. A la estrella le costaba respirar. Intentó moverse de nuevo pero ya le fue imposible. Su cuerpo no respondía. Estaba seco. "Te lo advertí" escuchó. Era el cangrejo de grandes pinzas que se acercaba desde la orilla lentamente hacia ella. El crustáceo la miró con compasión. "¿Por qué?" suspiró ella. "¿Por qué… me ha… ignorado?" Pero no obtuvo respuesta. Cuando él fue a contestarle la estrella ya había emitió su último aliento de vida.

El cangrejo la contempló hasta que tras una nube apareció la Luna. El satélite vio el cadáver de la estrella tendido sobre la playa. En su mirada se podía vislumbrar un tono de compasión. "Lo ha vuelto a hacer, ¿no?" Le preguntó al cangrejo. "Me temo que sí" contestó este apesadumbrado. "No le eches la culpa. Él ni siquiera tiene consciencia de las diminutas formas de vida que pueblan este planeta. Es tan inmenso, tan omnipresente que incluso muchas veces dudo que hasta aprecie mi propia presencia. Ella no es la única… ni será su última amada. Mañana otra estrella se rendirá ante su magnificencia y tras su muerte, por la noche, en el cielo aparecerá una nueva y tintineante presencia. Una diminuta luz que nos hará recordar que un día un corazón amó tanto que se llenó de una poderosa luz intensa." Y añadió: "Es posible que un día el cielo se llene de tanta luz que él descubra a todos aquellos que una vez lo amaron."

Dedicado a Begus con mucho cariño. Espero que nunca te conviertas en una estrella de mar sin conciencia.

©Richard Archer

Por encima de las tinieblas.

Desenterró el cofre tal y como le habían dicho, sólo con ayuda de sus manos. Estas le dolían horrores. Su dedos apenas tenían ni piel ni uñas debido al esfuerzo. Había recorrido medio mundo hasta encontrar el lugar exacto donde se encontraba. Sin apenas comida y agua. Estaba exhausta pero el esfuerzo había merecido la pena.
El cofre era sencillo, de madrea tallada con unas pocas incrustaciones de metal. Su aspecto era lo que menos importaba. El cielo bramó sobre su cabeza, lanzando dolorosas ráfagas de lluvia y fuerte viento. Tenía muy poco tiempo. El mundo se había envuelto en un gigantesco huracán y ahora ella era la única que tenía la clave para poder detener aquel apocalipsis. Con los dedos ensangrentados alcanzó el cierre del pequeño cofre. De su bolsillo extrajo una antigua llave de tonos herrumbrosos. Era más vieja que la propia tierra. Introdujo la llave en el orificio y comenzó a girarla. Al principio le costó mucho, además la oscuridad no le permitía ver bien lo que estaba haciendo. Varios relámpagos quebraron el cielo, iluminándolo durante unos segundos, los suficientes como para que verificase que la cerradura estaba cediendo. Los pelos de su nuca se erizaron por la electricidad estática que reinaba en el ambiente. Al cuarto o quinto giro la caja se abrió.

Los habitantes de la tierra que aun quedaba con vida se asomaron lentamente de sus cobijos. Todos de todas partes vieron la intensa luz borrar la negra oscuridad del horizonte. Era una luz cegadora, como el diminuto rayo de sol al principio de tonos amarillos para luego tornarse de una tonalidad rosada. Respiraron tranquilos. Se abrazaron los unos con los otros. El amor volvía a reinar por la tierra impregnando con ello a todos los que la habitaban

Dedicado a TESORETE. Nunca olvides que si quieres tu puedes ser la luz que traiga amor la mundo.

©Richard Archer

Patchwork

Cuadrado de tela de tonos rosa con verde esperanza:

Ayer celebramos cumpleaños de Laura. Fue su primera fiesta en casa y en una casa y la pobre se hacía un lio con como servir la mesa, como recibir a sus invitadas y como no preguntarles cada dos por tres hasta cuando se iban a quedar, que por cierto entre los gatitos, la comida y que se tragaron media temporada de “El Internado” al final se les hizo las mil. Se fueron todas encantadas de la vida. Recibió muchos regalos (cosas de maquillaje, una camiseta muy chula, peluches y varias cositas más. Nuri (Flor de Té) nos ayudó con la merienda, es curioso que este cumpleaños le ha cundido a la niña más de lo que se esperaba. Lleva dos semanas celebrándolo. La semana pasada con los amigos de sus padres adoptivos (le llovieron muchos regalos) el sábado y el domingo con sus madre y el resto de amigos que faltaba por legar. Esta semana el fin de semana con sus compañeras y amigas de clase. Todo un éxito.

Cuadrado de tela de tonos negros intenso con marrón lodo:

Pocos se han acordado de felicitarla. Gente de mala calaña. Uno de ellos su padre. El resto de “olvidadizos” los hemos puesto en el mismo saco donde se encuentra su progenitor. Desafortunadamente el mundo está lleno de seres tan infames como él… Pero como no nos hacen falta y tampoco esperamos nada bueno de ellos (porque entre otras cosas de ellos nada bueno se puede sacar) pues para que preocuparse… Es como tratar de pedir peras al olmo.

Cuadrado de tela de tonos marrones atigrados:

Hoy tenemos nueva inquilina en casa. Hemos subido los cuatro esta mañana a buscarla al refugio. Habríamos sido más ya que la mitad de los invitados de ayer se habrían montado en el coche con nosotros a escoger “hermano” (en este caso “hermana”) para las bolas de pelo de la casa. Se llama “Lia” una gatita atigrada preciosa que está en fase de observación. Hemos de vigilarla una semana a ver si lleva o no algún virus de esos que, como le sucedió a “Ñasis” se la lleve al cielo de los gatos. El domingo que viene la llevo a recibir su primera vacuna.

Cuadrado de tela de tonos violeta y azul cielo:

El cumpleaños de mi hermana fue un éxito. Se lo pasó muy bien en casa con los niños y con amigos, algunos no los conocía. Cantó al Singstar como pudo y conoció a los gatitos. Es cierto eso que dicen que los animales son una buena terapia para las personas mayores o enfermas. Lo pudimos comprobar in situ.

Cuadrado de tela Amarillo con bordes rojos:

El jueves, mientras Laura estaba de convivencias, Miguel, Juanjo y yo nos llevamos a Adam al cine. Era la primera vez que iba con mi sobrino al cine. Elegimos “Indiana Jones y el misterio de la calavera de cristal” y también elegimos un cine como dios manda, el cine Urgel, uno de los pocos cines a la antigua que quedan en Barcelona. Disfrutamos mucho todos. Adam se puso las botas de palomitas y Fanta. Antes de entra le conté muchas anécdotas del cine, de cuando las salas se llenaban de gente los fines de semana, de las colas y de cuantas películas había visto en ese lugar tan emblemático para cualquier buen cinéfilo.

Cuadrado de tela de color azul marino con rojo lava:

El viernes recogí a Laura de su aventura por tierras de la Garrotxa y el Ampordà. Vino muy contenta (y preguntando constantemente por los gatitos) Se alegró mucho de ver a Glondris ya recuperado (y con una panza considerable de lo que le gusta tragar) Nos enseño una foto de un tiburón peregrino que vieron cerca de las Illas Medas. El bicho (inofensivo porque prefiere el plancton a los turistas) media tres metros.

Cuadrado de tela blanco nuclear con rosa:

El miércoles empadroné a los niños y a su madre en casa. La persona que los empadronó me dijo que no hacía falta que fuese mi hermana (después de leer la sentencia de la juez y ver la palabra Parkinson y maltrato en el informe de la juez) Que no se quejen tanto de los funcionarios que en el fondo lo hay con buen corazón.

viernes, junio 06, 2008

Sabiduría eterna.

Se sentó bajo el gran roble. Con el libro en la mano. Sus manos arrugadas por los años acariciaron la cubierta. Aquel era un buen momento, el mejor del día. Paseó sus ojos por las líneas escritas mientras su mente convertía las palabras en ideas. Disfrutaba cada una de sus páginas como quien saborea una buena taza de café o de chocolate fundido. Si, aquel era un gran libro. Pero no era el único... Entonces su rostro se contrajo en una leve mueca. Un cumulo de lágrimas se asomaron por la comisura de sus parpados.

- ¿Por qué lloras?- Escuchó de repente, a su espalda. La voz que sonaba era potente, ronca pero sabia.

- ¿Quién ha dicho eso? - Preguntó levantándose con fuerza mientras agarraba el libro con fuerza entre sus manos.

- Soy yo el viejo y gran roble de la colina. Sé muy quien eres. Vienes a leer bajo mi copa tres veces por semana, a la misma hora y desde que tenías menos altura que la de un simple arbusto.

- Si... es eso cierto. ¿Realmente me estás hablando?- Preguntó con perplejidad.

- ¿Y tú qué crees? ¿Acaso no me estas escuchando?

Dudó. ¿Acaso no lo habrías hecho tú de estar en su situación? Sin soltar el libro comenzó a dar una vuelta alrededor del roble. Allí no había nadie, ningún niño del pueblo haciendo la típica broma para luego burlarse tras el sermón del domingo. Allí sólo se encontraba el césped, el viento que lo agitaba y alguna que otra mariposa agitando de manera torpe sus coloridas alas.

- Ja, ja, ja, ja... Es lógico que dudes. Según la lógica humana los árboles no podemos hablar. No te lo tengo en cuenta. Pero dime, ¿por qué lloras?

- Lloro por impotencia. Porque soy consciente de que cada día que pasa estoy envejeciendo y cada vez veo mucho menos y por ende no soy consciente que no voy a poder leer todos los libros que hubiera deseado. Hay tanto que leer y tan poco tiempo para ello...

Se hizo un silencio. El roble hizo susurrar con parsimonia su verde pelambrera como un perro al que han mojado y se sacude el agua de su pelaje.

- ¿Me estás diciendo que desearías tener todo el tiempo del mundo para leer todos y cada uno de los libros de este mundo?

- Si. Para mí seria uno de mis grandes sueños.

- ¡Hmmm!- musitó el roble. - Es un sueño muy bonito. Por cierto ¿sabes cuanta gente como tú se sienta sobre mis raíces para leer?

- No.

- Desde que puedo dar sombra y sosiego han sido muchísimos los seres humanos que se han dado cobijo bajo mis ramas para embarcarse en miles de historias, de todos los estilos, de todos los géneros. Son y han sido seres humanos de diversa edades, condiciones sociales e incluso ideales. ¿Sabes que bajo mi presencia he visto nacer a una docena de escritores, algunos poetas y un par o tres de ensayistas? Pero ellos no son los únicos. El viento y la lluvia me traen historias de sitios remotos, me las susurran con delicadeza aunque a veces me las han bramado con férrea fiereza. Los insectos que recorren mi corteza también me cuentan divertidos cuentos y los pájaros que se posan en mis ramas no cesan de contar historias sin cesar. Me gusta mucho cuando al atardecer los gorriones le cuentan cuentos a sus hijos mientras velan por ellos dentro de sus nidos. Son pequeños cuentos llenos de ternura y de mucha inocencia. Comprendo muy bien tu tristeza. Los humanos tenéis una vida demasiado corta como para acumular la suficiente información que enriquezca su alma. Y no todos vosotros aprovecháis ese poco de tiempo para llenarlo de experiencias, buenas o malas, útiles o desechables... Poca gente es consciente de ello como tú. Valoráis el tiempo y como nosotros los arboles hacemos con el agua aprovecháis hasta la última gota de sabiduría para saciar vuestra sed de conocimiento. Sois seres excepcionales. Creo que puedo hacer algo por ti...

- ¿Por mi?

-Sí. Puedo darte la oportunidad de poder ver y sentir lo mismo que yo siento, escuchar millones de historias, leerlas tras el hombro de quien se apoya sobre la corteza, escuchar al viento, al agua, a los insectos y a los pájaros... ¿Te gustaría experimentar todo eso?

- Si, si por favor dime qué debo hacer para conseguirlo.

- Te ofrezco formar parte de mí. Vivir en armonía conmigo, compartir juntos nuestros conocimientos mientras te protejo del inevitable paso del tiempo.

- ¿Qué debo hacer?

- Simplemente debes abrazarme... Abrazarme y dejarte llevar.

- ¿Sólo eso?

- Sólo eso.

- Entonces acepto.

- Entonces debes descalzarte, situarte frente a mí cerrar los ojos y rodearme con tus brazos. Yo haré el resto.

Se descalzó. Depositó el libro junto a los zapatos. Se situó frente al árbol. Respiró profundamente, dos o tres veces y abrazó la dura piel del roble.

Todo fue muy rápido, extraño pero en absoluto desagradable. Nada angustiante. Lo primero que sintió fue como sus manos se endurecían y se fusionaban a la perfección con la corteza. De repente una nueva sangre, ligeramente amarilla y viscosa comenzó a recorrer por sus venas. En unos segundos el resto de su cuerpo siguió a sus manos y un minuto más tarde comenzó a sentir la brisa del aire sobre la copa, el tintineante agitar de las hojas, la fuerza de las ramas y las diminutas formas de vida que poblaban su nuevo cuerpo. No sentía miedo alguno, todo lo contrario. Aquello no se trataba de nada desagradable. Todo lo contrario. Comenzó a asimilar millones de historias, a empaparse de ellas a disfrutar cada segundo con cada una de ellas. Pero eso era el principio. Millones de historias llegaron, algunas ya las conocía, otras eran completamente nuevas. Todas eran enriquecedoras y disfrutaba con cada una de ellas. Se sentía feliz. Muy feliz. Por la noche la luna les contaba cuentos para dormirse y el sol les despertaba con buenas nuevas de cualquier parte del mundo mientras los días se convirtieron en años y estos pasaban y se convirtieron en siglos.

Dedicado a Mercedes Milá. Una gran lectora y una gran amante de la naturaleza.

©Richard Archer

jueves, junio 05, 2008

Un ejemplo a tener muy en cuenta.

Aquí os presento a un luchador nato. Tiene apenas dos meses de vida y ha vivido una infancia repleta de calamidades por lo que respecta con su salud. Llegó a casa de pura chiripa. Había cupo para dos gatos y él hizo meritos para ser el tercero, que no estaba planeado. Ya vino tocado, con una cojera leve debido a un golpe o por una patada o una caída poco antes de llegar al refugio. Llegó a nosotros con mucha vitalidad y esta, al paso de los días se fue apangando, vio morir a Ñasis, su compañero de jaula y que había sido elegido como él (y la terremoto de color negro Ñiñi) a que formase parte de nuestras vidas. Hace un par de días no hubiéramos dado un duro por él. Estaba tan flaco que casi se trasparentaba. No comía, no bebía, parecía que el mismo virus que se había llevado la vida de su “hermano” estaba haciendo mella en él. A base de luchar, obligándolo a comer, a que recupere el apetito (ha puesto mucho de su parte el pobre) administrándole antibiótico a base de untarle el cuerpo de mantequilla, por lo que se ha ganado el sobre nombre de “Glondis Mantequilla” (por el olor que desprende su pelaje a tal producto lácteo). Hemos batallado juntos, hemos hecho un pacto los dos, vamos luchar juntos, voy a dar todo por sacarlo a flote, se lo merece. De momento se está consiguiendo, por lo menos se nota el esfuerzo. Aun estamos en ello. Poco a poco. Ya he logrado que consiga comer y beber por sí solo, ahora salta y juega un poco con la otra loca de la casa (Laura es la primera) bautizada como “Ñiñi Carbonilla” debido al intenso color negro de su pelaje. El pobre se siente tan vinculado a mí que no me deja a sol y asombra. Se me sube y duerme encima mío, me sigue a todas partes, se ha convertido en una especia de prolongación mía. Está agradecido. Se nota en su mirada, en esos ojillos miel aun debiluchos. Si todo va bien este fin de semana iremos a por el tercero en discordia. Parece mentira pero notamos la ausencia de otro gato en casa y eso que Ñasis no llegó a estar una semana con nosotros.

Desde aquí me gustaría que el ejemplo que Glondris nos está dando sirviera para haceros ver y de paso reflexionar hasta qué punto el ser más diminuto e insignificante, el que aparenta tener menos experiencia, lucha a brazo partido por su vida. Glondris es todo un ejemplo no solo para sus congéneres, sino para aquellos seres, supuestamente racionales, que la vida les da la oportunidad de sobrevivir (con o sin ayuda médica) y prefieren que los demás sientan pena y compasión de ellos, incluso responsables de su destino, dejandose morir lentamente debido a su estupidez, su egoismo, su inmadurez, su falta de responsabilidad y su poco aprecio a la vida.

miércoles, junio 04, 2008

¿Hasta cuánto valoras tu vida?

Y no me refiero a ponerle precio ni mucho menos. Me refiero a cuanto valoras tu existencia y de paso la de los que te rodean. Viniendo un poco al cuento respecto al post anterior sobre los terroristas del SIDA entiendo que la vida de cada uno es algo incalculable. Puede no valer nada o puede ser una joya valiosísima.

Mi padre, después de sufrir una trombosis mesentérica que casi lo le lleva al otro mundo nos dijo en una ocasión, mientras se recuperaba lentamente en el hospital: “Sabes, he perdido el respeto al cuerpo. Esto (refiriéndose a su carcasa) es sólo una maquina. Anoche me di cuenta después de comer un guisante...” “¿Un guisante?” le preguntó mi madre. “Si. Comí guisantes en la cena y al cabo de unos minutos los vi salir por esta bolsa donde se asoma un trozo de mi tripa, o lo que queda de ella (le quitaron 6 metros de intestino). El cuerpo es sólo una máquina…” Mi madre sonrió, como el resto de los allí presentes. “…pero lo que más valoro y respeto es mi vida.” Dijo cerrando la frase y dejando un leve silencio de esos que hielan la sangre de aquellos que lo presencian.

No hace falta que fuese precisamente mi padre quien dijera esas palabras para que yo tomase nota de todo el poderoso significado que aquella frase escondía. Podría haberla dicho otra persona, en cualquier otro momento, cerca o lejos de mí, a gritos o con un leve susurro. Hay cosas que se quedan impresas en la mente como si hubieran escritas con un hierro candente.

Ahora que veo a mi hermana con su cuerpo estropeado, rodeada de gente con la misma situación que ella me acuerdo mucho de esa frase. Si es cierto que muchos de ellos se han acostumbrado a vivir atrapados en carcasas estropeadas, rotas o maltrechas y que se aferran a la vida con tanto desespero como si ésta se tratase del mayor y más valioso de los tesoros del universo. Que lo es, por lo menos por lo que a muchos respecta. Pero seguro que si les preguntases muchos de ellos darían lo que fuera por tener un cuerpo con el que caminar, respirar, poder tener una vida normal y tranquila... Muchos saben que eso es solo una fantasía, algo que pertenece al mundo de los deseos, los deseos imposibles...

Como le sucedía a mi padre todos ellos luchan por su vida olvidándose ya de su caparazón porque saben que éste ya no es lo que era o siempre está tan mal que lo único que sirve es como de ancla que lo aferra a esta existencia; y no es que hayan dejado de lado la idea de poder contar con una salud de hierro en cualquier momento, simplemente centran toda su energía en mantener el alma viva, aunque a veces les cueste horrores.

Pero en esta vida hay de todo, como decía mi madre y de la misma forma que hay personas desean vivir hay otras que anhelan a gritos que les llegue la muerte. La mayoría se quejan por puro vicio, en serio. Otros, egoístas e insensatos hasta la médula, juegan a dañarse o restarle importancia a lo que los demás aprecian, riéndose incluso en sus propias caras.

Lo peor que encuentro del caso se lo llevan aquellos que son conscientes de sus actos. Los que juegan a la ruleta rusa como ya comenté en el post anterior. Aquellos que poseyendo un cuerpo que otros anhelarían lo estropean con avaricia y desdén tratar con ello de acelerar el proceso de la muerte. Son aberraciones de la naturaleza, seres inmundos que no valoran ni respetan su propia vida ni se dan cuenta de la gente que día a día desearía un simple segundo de salud y bienestar. Sólo un simple segundo.

Ya sé que de valores hay como los culos: todos tenemos uno y ninguno es igual a otro। Si es de juzgado de guardia quejarse sin motivo o desear su propia muerte en vano cuando se disfruta de una salud a prueba de bombas. Eso es contra natura, una aberración sobre todo cuando hay personas que darían lo que fuera por poder caminar o respirar o hacer millones de cosas grandes, pequeñas o absurdas con un cuerpo donde depositar la vida.

Dedicado a Sue, mavi972, ardilla, Caroline, lavidanosespera, Barry Gon y todos aquellos que luchan por tener un día un cuerpo perfecto que haga justicia a sus maravillosas ganas de vivir.

Kamikazes

Según la wikipedia:

"Los kamikaze eran pilotos que realizaban misiones suicidas, es decir, sin la esperanza de salvar la vida durante la misión. Utilizaban sus aviones a modo de proyectil para causar el mayor daño posible al enemigo. Estos pilotos surgieron en el ejército japonés durante la Segunda Guerra Mundial para atacar los buques estadounidenses que estaban fondeados en aguas del Pacífico Sur.(…) En total 34 barcos fueron hundidos y 288 dañados por los pilotos kamikaze (que contaban unos 4.000 entre los Servicios Aéreos Naval y del Ejército). Aunque los resultados de este tipo de ataques eran más simbólicos que prácticos, el efecto psicológico en los soldados aliados era profundo. Los kamikaze se presentaban como voluntarios para realizar dichas misiones, ya que era una manera más que honorable de morir.”

“…ya que era una manera más que honorable de morir.”

“…de morir.”

“…de morir.”

Ser Kamikaze ya no es patria potestad de el imperio nipón. Muchas otras culturas han adoptado dicha filosofía como medio para alcanzar determinado objetivos, impactar a la sociedad gracias a la difusión en cualquiera de los medios de comunicación. Kamikazes hay de muchos colores y formas. Algunos actúan en grupo otro lo hacen en solitario y cada cual con su doctrina y su modus operandi. Sí, los hay ruidosos y los hay silenciosos. En ambos casos actúan bajo absurdos criterios y todos y cada uno de ellos a años luz de cualquier pensamiento racional o cabal.

Quiero alejarme un momento de aquellos que se sacrifican por un ideal político porque entre otras cosas ya sabéis que la política me la trae floja. Eso no quiere decir que no me impacte cualquier ataque terrorista repartido a lo largo y ancho de nuestro planeta. Me gustaría centra este post (al fin y al cabo yo lo modero y escribo lo que me viene en gana) acerca de los Kamikazes anónimos, aquellos sin ideales políticos o intereses llamémosle de cualquier tipo y que, como a sus hermanos de filosofía, no sólo les importa una mierda su integridad física (ya que se toman su vida como si fuese un trozo de mierda pisada en el suelo) sino que les importa muchísimo menos la vida de los demás.

Kamikazes anónimos o solitarios hay muchos y a cada cual más cabrón. Muchos ya conoceréis casos de tipos que les gusta lanzar piedras desde los pasos a nivel a los parabrisas de los coches que cruzan la autopista, o los que les gusta circular en dirección contraria por la misma. Caso como estos hay muchos pero son contados comparados con los que juegan a ser Kamikazes con el tema del sexo, no sólo poniendo en peligro sus vidas (bueno al fin y al cabo ya he comentado arriba que su existencia les parece una basura) sino contagiando con todo tipo de enfermedades sexuales a terceros sin estar avisados de antemano de posibles riesgos para su salud. Existe una pequeña vertiente de Kamikazes en los que padecen VHI, porque ojo, no todos son iguales, gente sensata con SIDA también la hay. No es cuestión ahora de generalizar. Apartando a esos hay personas idiotas, insensatas (los peores son los que van de sensatos y luego son insensatos os lo aseguro) y verdaderos CABRONES sí, con letras mayúsculas de esas son visibles desde cualquier estación espacial como la gran muralla china o las pirámides de Egipto, que disfrutan o se regodean (o ambas cosas) contagiando enfermedades venéreas a los demás. Es más, muchos de ellos, a modo de cadena de favores, impulsados por su odio o ira se dedican a contagiar a otros incautos, ya sean kamikazes, jugadores de ruleta rusa, o amantes de deportes sexuales de riesgo como si con ello pudieran satisfacer su sed de venganza. “El SIDA es cosa de los 80 o los 90” “Yo con condón no follo” “¿SIDA? Pero si yo estoy por encima del SIDA” Estupideces como estas he oído de boca de numerosa gente, kamikazes en potencia, que deberían estar aislados, penados y encerrados bajo jaula (y de paso tirar la llave de la celda a un pozo sin fondo).

Sí señores, ………………… (poner calificativo a vuestra elección) haberlos haylos. Y más de los que podéis imaginar. Accidentes suceden casa día, condones que se rompen, heridas invisibles, relaciones supuestamente estables donde uno de los conyugues ha contraído la enfermedad después de un despiste (o no), pero también hay quien se lo busca y parece que tiene suerte pillando setas envenenadas. Joder, no sólo las encuentra sino que es tan lerdo que se las come.

Hay gente que aprende de los errores cometidos y rectifica. Demuestra sabiduría. Hay quien no y reincide o, como he dicho más arriba, pasa de todo y sigue como si no hubiera pasado nada. “¿Tu avisas a la gente con la que te relacionas que eres VIH?” “No, para qué si es sólo un polvo rápido y no voy a verle nunca más.” “¿Tomas precauciones aunque tengas el SIDA?” “¿Precauciones? ¡Pero si ya estoy infectado!” “¿Sabes que si tu cepa entra en contacto con otra cepa puede ser fulminante?” “Si, pero me da igual.” “¿Si tu pareja ocasional sabe que tienes el SIDA y te dice que no quiere tomar precauciones que haces?””Si no quiere condón no lo discuto follamos igual, él mismo.” Frases como estas y otras perlas más son muy comunes entre Kamikazes como estos (aunque podéis substituir Kamikaze por otra palabra, la misma que habéis utilizado en los puntos suspensivos u otra a vuestro gusto)

No me sirven excusas de que hay falta de información o que llegué tarde a casa y me perdí el anuncio de “Póntelo Pónselo”. Campañas e información hay a raudales. Otra cosa es que vengas de una aldea aislada en el Congo o en un lugar remoto del Kilimanjaro. Personalmente pienso que a este tipo acto terrorista deberían estar penado con prisión incondicional, es un acto que atenta contra la vida de los demás, sobre todo de aquellos que de forma inocente (pongamos una especie de interrogante tras inocente) se convierten en víctimas de estos desalmados. Hay quien aboga con gracia y sorna un dicho que dice más o menos así: “Prefiero tener el Sida a tenerla pansida.” Hay cosas con las que no se juega y mucho menos con la salud de otros sobre todo habiendo conocimiento de causa por la parte afectada.

martes, junio 03, 2008

In memorian: Ñasis (24 Abril 2008 – 3 Junio 2008)

Pequeño trozo de vida. Esta mañana ha decidido dejarnos después de estar unos días algo pachuchillo. Era el más pequeño de los tres. Una bola de pelo completamente naranja y con mucha personalidad. Su diminuta vida se ha apagado, como cuando a una vela se le sopla y aun le quedaba un poco de lumbre y ésta se vaapagando lentamente.
Esta mañana Miguel me ha llamado. Yo he acudido corriendo. Cuando he salido de la habitaciçon sostenía al gatito en su mano. El animal estaba agonizando. Lo he tomado en mis manos y le he soplado un poco. Ha hecho como un pequeño amago de recobrar el aliento, ha tratado de maullar un poco pero se ha vuelto de nuevo a hundir. Apenas se movía y le costaba horrores respirar.

Ñasis cabía en la palma de la mano y era todo un encanto. Una preciosidad de gato (porque al final era gato) A Nuria (Flor de Te) ya le había robado el corazón, como al resto de numerosos amigos y familiares que pasaron por casa este fin de semana para conocerlos. Ñasis ha dejado de respirar justo cuando Miguel se lo estaba pasando a Laura que lloraba sin cesár. Lo que son las cosas, justo ha tenido que ser en un día tan especial como el de su cumpleaños “Un cumpleaños que nunca pienso olvidar” Me ha dicho en un mar de lagrimas. Yo estaba llamando a Roger, el amigo veterinario, para ver que se podía hacer mientras ha sucedido. Miguel ha tomado el gato de los brazos de la niña y me lo ha traído. El bichillo se había hecho caca encima y parecía como extrañamente dormido. Pero no. Ya estaba muerto.

Adam me ha ayudado a meter a Ñasis en la caja. Lloraba mucho, como su hermana, pero ha querido echarme una mano. He metido al gatito en una bolsa del super y ésta la he metido en una caja. Laura no quería verla. Lloraba y lloraba sin parar.

Cuando me lo llevé, hace casi una semana, ya me comentó el veterinario que aun estaba en observación debido a un golpe recibido en el hocico, pero como prácticamente parecía recuperado pude traermelo a casa y llevarlo el día 5 para el tema de las vacunas, junto a Glondris y Ñiñi. Precisamente Glondris está algo chafado desde el sábado, no come mucho, no juega y se pasa todo el día durmiendo, solo bebe y hace pis y esta algo escuálido. Como Ñasis tampoco estaba vacunado.

He hablado con Laura y Adam del tema. Como hice hace una semana atrás con el tema Chuskete. Les he dicho que a Ñasis por lo menos le hemos dado una semana de auténtica felicidad en un hogar y que no ha muerto ni en la calle ni en una jaula de una refugio de animales. Es un animalito que se lleva un gran amor y a su vez un pequeño trozo de vida que nos ha dado la posibilidad de darle todo el amor que necesitaba. Después de eso se han sentido mucho más reconfortados. Aunque la pena la llevaban en el cuerpo.

Cuando los niños se han ido al colegio, Miguel y yo nos hemos ido a comprar una gatera para transportar a los otros dos gatos al veterinario y ver que podía haber sucedido. Así he hecho. El veterinario me ha comentado que Ñasis ha muerto posiblemente de un trastorno vírico muy frecuente en gatitos que nacen en la intemperie. Me ha mandado antibiótico para Glondris. Se lo he acabado de dar como él me ha indicado, machacado y dentro de una bola de mantequilla. El resto que no se ha comido se lo he untado bien en la pata así cuando se lave entrará lo que falta. También he de forzarle a darle de comer un poco. De momento se deja.

Ha vacunado a ambos (a Ñiñi por segunda vez) y a Glondris por primera. Me ha insistido que le forcemos a comer, sino se nos muere. Ya no cojea tanto y ni hace cacas con sangre como cuando me lo llevé del refugio. Ñiñi está como siempre, loca perdida, juega y ataca las manos sin parar, quizás no está tan afectada
porque estaba vacunada de antemano. El veterinario le ha puesto la segunda tanda de vacunas y ya hasta que no los esterilicen no les pondremos la vacuna de la Leucemia.

Me han dicho que puedo llevarme otro gato. Ya de antemano en casa habíamos decidido que sí. He ido a ver unos cuantos (aunque hasta dentro de una semana no podré llevármelo a casa por precaución) habçia verdaderas joyas en bruto. Hemos decidido que sea Laura quien lo escoja. Casualmente ella, como el resto de habitantes de casa, quiere que sea un gato anaranjado. Es posible que se llame Ñasis también o Ñasis II. O tal vez no...

Voy a seguir adelante con los planes de cumpleaños de Laura y esta tarde me los llevo a merendar a l´Illa y al Decathlon a comprarle un bañador a la niña que mañana se nos va de convivencias.

¡Felicidades Laura!

No sé si lo sabías pero eres mi ojito derecho, supongo que cuando leas esto lo descubrirás. Te quiero muchísimo. Eres lo mejor de mi vida. Son 14 años recién cumplidos y cada día estas más y más guapa. Déjame decirte una cosa: la lucha ha merecido la pena. Por ti, por tu madre y por tu hermano volvería a repetirla más de un millón de veces si hiciera falta.

lunes, junio 02, 2008

¡TOC! ¡TOC!


Hola me llamo Richard Archer y padezco TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo). Siempre se dice que todos tenemos algo que esconder de nuestra vida. De cara a los demás pretendemos ser perfectos en todo como seres sin mácula, ciudadanos ejemplares carentes de cualquier tara que nos haga alejarnos de lo normal.

Nunca he hablado de mi trastorno con nadie. Ni siquiera con Miguel. Quizás él y muchos de mis viejos y nuevos amigos se enteren por primera vez que lo padezco leyendo precisamente este post. La vergüenza es uno de los “accesorios” que suele acompañar en gran parte de quienes lo padecemos. Por ejemplo, según diversos estudios sobre psicología los enfermos de TOC, por regla general no solemos acudir al psicólogo hasta bastantes años después de haber eclosionado el problema.

Según la wikipedia:

“El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) es un trastorno perteneciente al grupo de los desórdenes de ansiedad (como la agorafobia, la fobia social, etc). Otra cosa totalmente distinta son las enfermedades mentales (esquizofrenia, paranoias, psicopatologías, etc.) Considerado hasta hace algunos años como una enfermedad psiquiátrica rara que no respondía al tratamiento, actualmente es reconocido como un problema común que afecta al 2% de la población, es decir, a más de 100 millones de personas en el mundo.

El descubrimiento de que algunos fármacos son eficaces en el tratamiento del TOC ha cambiado el punto de vista que se tenía de esta enfermedad. Hoy no sólo existen terapias eficaces sino que también hay una gran actividad investigadora sobre las causas que producen esta enfermedad y una búsqueda de nuevos tratamientos.

Una persona con TOC se da cuenta de que tiene un problema. Normalmente, sus familiares y amigos también se dan cuenta. Los pacientes suelen sentirse culpables de su conducta anormal y sus familiares pueden enfadarse con ellos porque no son capaces de controlar sus compulsiones. Otras veces, en su deseo de ayudarles, pueden aparentar que los síntomas no existen, justificarlos o, incluso, colaborar en sus rituales (acción que se considera contraproducente).

Los síntomas y la importancia que implica el TOC pueden presentarse a cualquier edad a partir de los 6 años y pueden producir una importante discapacidad: la OMS lo incluye entre las 20 primeras enfermedades discapacitantes con una prevalencia del 0,8% en los adultos y del 0,25% en infantes y adolescentes, y entre las 5 enfermedades psiquiátricas más discapacitantes. Todas las personas que padecen TOC no son enfermos mentales per sé, y deben ser tratados con la mayor ética profesional.

Estudios demuestran que gran parte de los sufridores de TOC presentan una inteligencia por encima de la media, puesto que la propia naturaleza de la enfermedad precisa de patrones mentales complicados.”

Para más información: http://es.wikipedia.org/wiki/Desorden_obsesivo-compulsivo

Si he decidido hablar de mi trastorno (y el de millones de personas en todo el mundo) es por varias razones. Una de ellas porque ya estoy un poco cansado de padecerlo, otra porque este blog, a modo de psicólogo personal, me está permitiendo enfrentarme a él, encerrarlo en una especie de cárcel de palabras con la esperanza de que no vuelva a salir más. Me he propuesto darle cara y ojos, de esta forma su esencia pierde fuerza. Es así como se vencen la mayoría de los miedos.

Precisamente otros de los factores por los cuales he decido dar la cara es que el pasado viernes descubrí que no estaba sólo (sabía que no era así pero ignoraba que una persona muy cercana de mi círculo de amistades también lo padecía.) El viernes mientras estaba en el patio del colegio donde mis sobrinos actuaban en el denominado “Día de la Familía” descubrí que Nuria (Flor de te) también padecía TOC. Fue tras escuchar una estrofa de un tema musical que se repetía varias veces. “¡Huy, es un tema TOC!” Le dije así medio en broma. “¡Si TOC TOC!” me contestó. Entonces aprovechando la familiaridad y tras haberle pintado una cara de guasa al tema le comentó: “¿Sabes que padezco TOC?” No hubo ni silencios colectivos, ni dejó de sonar la música, ni la gente allí congregada enfocaron su mirada en nosotros. Todo lo contrario. La música seguía sonando, los allí presentes algunos bailaban, otros escuchaban y otros como nosotros hablábamos. “¡Yo también! Llevo medicándome desde hace mucho tiempo y me voy medicando… ¿Pensaba que los sabías?” Me contestó Nuria. Hablamos del desorden de forma abierta, sin ocultar nada, es más acabamos haciendo bromas sobre el tema, aunque en teoría no debe ser un trastorno que pueda ocasionar guasa…

Mis padres conocían mi trastorno y lo sufrieron desde que yo era muy jovencito, me acuerdo muy bien cuando por ejemplo me obsesioné de forma exagerada por la limpieza. A los 6 o 7 años solía lavarme las manos con 30 o 50 veces al día. Con agua y jabón, mucho jabón. Repetía ese proceso cada vez que tocaba algo que para mí parecía sucio. Tenía verdadero terror a los microbios y sobre todo al cáncer. Hubo una época que fui muy hipocondríaco, tenía verdadero pavor a las enfermedades. Pensaba que el cáncer podía pillarse al comerse una de esas motas negras que aparecían sobre el puré, o sobre la carne, o entre las migas de pan o cualquier alimento... Así que ya os podéis imaginarme en semejante situación, sentado en la mesa del comedor perdiendo el tiempo apartando motitas negras de todos los alimentos que reposaban sobre mi plato con la punta del cuchillo o del comedor.

Cuando superé lo de la comida pasé a que podía pillar enfermedades al tocar un objeto o dar un beso o rozar a una persona que lo padecía. En mi bloque había un niño que sufrió cáncer de riñón (y lo superó) Me acuerdo que cuando lo veía llegar a su casa, calvo después de sufrir una sesión de quimioterapia, mi cuerpo se estremecía tan sólo pensar qué me podría pasar si aquel pobre niño inocente me tocaba. Recuerdo un día jugando en la calle a hacer una obra de teatro (me gustaba mucho organizar obras de teatro con mis vecinos) que el pobre crio, animado por el jolgorio que se organizaba, se presentó a participar. En un momento determinado y a modo de broma pilló una cesta, de esas fabricadas de mimbre y que mi madre utilizaba para presentar el pan o la fruta y se la puso sobre su cabeza, calva como una bola de billar, a modo de sombrero. Aquel día aquella cesta se convirtió en un arma de destrucción masiva para mí, llegando incluso un día a tomarla con un plástico y tirarla a la basura.

También por aquel entonces sentía terror por mojarme los ojos al lavarme el pelo y que esa agua llevase jabón. Sufría tormentosas pesadillas acerca de lo que podía sucederles a mis ojos si el jabón entraba en contacto con ellos. Uno de mis miedos era que se me borrase el iris y la pupila, vamos que se diluyeran como si estuvieran pintados sobre la cornea con temperas de colores del todo a 1 euro. El simple hecho de verme en el espejo con uno de mis ojos en blanco me producía una sensación indescriptible. Lo mismo sucedía con el estrabismo. Otro de mis vecinos lo padecía, un día a mi hermana y a mí se nos ocurrió preguntarle cómo era que se había vuelto bizco. El crio nos explicó que una buena mañana se había despertado y como por obra y gracia de vete a saber qué santo tenía el ojo así, torcido hacia el lagrimar como si estuviese mirando con detenimiento y minuciosidad un grano en la punta de la nariz. Así pues cada mañana ya me podíais ver saltando de la cama y corriendo al espejo del baño para ver si cualquiera de mis dos ojos seguían alienados correctamente sobre mi cara. Mi fase hipocondríaca llegó a su fin un día, yo contaba con unos 17 o 18 años cuando durante un ataque de ansiedad me dio por pensar que estaba enfermo de Leucemia. Fueron unos tres meses de tormento con el tema y una etapa muy dura. Lo pasé muy mal. Realmente me sentía enfermo y con la sensación de que en cualquier momento mi cuerpo acabaría por declararle la guerra a mi propia vida. Un análisis de sangre recetado por una vecina, psicóloga de profesión, disipó todas mis dudas. Desde entonces no he vuelto a obsesionarme más con las enfermedades. Ahora las he de enfrentar, pero de otra forma…

Mi infancia no fue como la de otros niños. Por aquel entonces no era muy normal llevar al niño al psicólogo. Por lo menos en España. Mis padres sí, era muy modernos y creían en la medicina preventiva. A mi hermana y a mí nos llevaron al psicólogo desde muy pequeños. En el caso de mi hermana debido a un tema de autoestima y en el mío debido a terrores nocturnos. No os podéis imaginar la de cuentos de terror que mi mente podía tejer en la oscuridad en una sola noche. Seguro que hubieran hecho palidecer de envidia al mismísimo Stephen King. Este tema ya lo comenté en este blog hace ya mucho tiempo.

Por aquel entonces el tema TOC era poco tratado o por lo menos apenas se conocía. Nunca me trataron al respecto. Creo que ya lo conté en otro momento pero mi terapia contra el miedo a la oscuridad consistía en tumbarme en una camilla, con las luces apagadas y una almohada sobre la cara. La prueba consistía en ver si yo me quitaba la almohada de mi rostro o no. Pasaba una larga hora así, sin hacer ni decir apenas nada. Alguna vez me preguntaban que sentía (no recuerdo mis repuestas pero ahora hubiera contestado que me sentía como un idiota o como una de las victimas de Alien el 8º Pasajero) Claro, he de decir que el sentimiento del ridículo lo tenía latente (que no lo expresase era otra cosa) Al final me quitaba la almohada, aburrido y avergonzado (entre otras cosas porque siempre dudaba que el psicólogo se encontraba a mi lado y se había ido a la sala de al lado a fumar un cigarrillo o a tomar un café), cuando descubría que no era así la bronca que me llevaba era más que morrocotuda. Al final, después de más de tres años de terapia no se solucionó nada. Nunca consiguieron averiguar porque mi mente se divertía atormentándome contándome historias de monstruos invisibles y seres sobrenaturales que poblaban los rincones de mi habitación. Bueno, lo mejor de todo ello es que no me atiborraron de pastillas... Mis terrores nocturnos finalizaron cuando cumplí 22 años, una noche me di cuenta que ya tocaba los cojones tener que dormir todos putos días con la luz encendida. Recuerdo que ese día simplemente me levante de la cama y apagué el interruptor y me dormí. Ya no volví tener problemas con la oscuridad nunca.

Me acuerdo de mi etapa TOC de tocar cosas hasta sentirme un gilipollas. Debería tener 14 o 15 años. Cerraba las puertas y armarios 4 o 6 veces a la vez, centrar tenedores y cuchillos sobre la mesa, ordenar libros por tamaño, perfectamente alienados y un sin fin de parvadas más que ahora me resultan ridículas que por aquel entonces se convirtieron en un suplicio, sobre todo porque tenía que hacerlo sin que mis padres se diesen cuenta no fuesen a pensar que estaba loco o que necesitaba de nuevo asistencia psicológica. Mi hermana era la única que se daba cuenta de mis extrañas manías y solía burlarse de mí imitando mis tics de forma estúpida. Aquello me hacía sentir muy mal. No quería hacerlo pero no podía evitarlo. Eran rituales y si no los cumplía me sentía mal o inseguro. También tuve un leve episodio de TOC verbal. Solía repetir palabras o sonidos para evitar que me sucediesen desgracias. La frase ¿Y si? Me ha perseguido toda mi vida. Aun hace acto de presencia, pero procuro mantenerla a raya. He luchado contra el TOC en varios de sus aspectos, lo conozco muy bien y sé que quien lo padece sufre mucho.

Nuria me habló de medicación. Dice que le ayuda a controlar las obsesiones. Yo nunca me he medicado. Lo lucho con otras armas. Ya no lo padezco con tanta intensidad. Es como si con el tiempo fuese perdiendo fuelle. O porque tanto tiempo viviendo con él me ha permitirlo conocerlo y aprender a controlarlo.

Si es cierto que suelo sufrir alguna pequeña recaída de vez en cuando. Físicamente no apenas se nota (no cierro puertas compulsivamente, ni cuento las monedas de mi bolsillo, ni compruebo si el gas está encendido cuando estoy a punto de llegar a mi destino. También he aprendido a transmutarlo. De darle la vuelta y que en vez de atormentarme y esclavizarme se convierta en mí mejor aliado y juntos podamos conseguir muchos logros positivos. Puedo focalizar esa obsesión en un objetivo y volcarla en una actividad como escribir, pintar (en su tiempo), viajar y moverme (al evitar quedarme en casa atormentado por mis tics y mis miedos) y conocer gente. Curiosamnete el TOC ha sido uno de mis mayores aliados dentro de la lucha de la custodia de mis sobrinos y sobre todo en conseguir liberar a mi hermana de su tormentoso pasado. No todo es desagradable dentro del transtorno. En mi caso, en el fondo hasta he de darle las gracias.

Decidado a Nuri y aquellos que como nosotros tienen que convivir con el TOC.