Hacía tiempo que quería escribir. Es decir, hacerlo siendo yo mismo, sin estar pendiente de una fecha de entrega o a cambio de un talón. Creo que ya va siendo hora de armarme de valor, de entrar en el caserón, de abrir ventanas y puertas y permitir que la luz invada su interior. Necesito dar forma a los fantasmas, atraparlos, enfrentarme a ellos y asumir que, en el fondo, también forman parte de mi vida.
martes, noviembre 27, 2007
Frase de la semana
" Si"
"¿Y pasado?"
"Si"
"¿Y el otro?"
"Te llamaré todos los días que tu me pidas y los que no también."
Laura a su tío Richard.
¿Qué es un beso?
viernes, noviembre 23, 2007
Papel mojado.
¿Dónde está el EAIA? Nadie lo sabe. Paloma no tiene noticia de ellos y eso que ha insistido en llamarles y ellos le dijeron que el lunes se pondrían en contacto con ella. Ni el colegio sabe tampoco nada y creo que ha insistido más que Paloma ni yo sé tampoco nada. Llevamos esperando días, muchos días. Lo que provoca que nos hagamos unas pequeñas y simples reflexiones: ¿Son realmente eficientes este tipo de estamentos?¿Realmente hemos tenido la mala suerte de haber caído en manos de uno de los peores equipos de toda Barcelona? ¿Es posible trabajar tan mal? ¿Cómo se puede hacer una valoración sobre un caso tan grave y complejo como el que estamos viviendo sin contrastar opiniones entre todas las partes implicadas, sobre todo cuando hay mucho de qué hablar y resolver? ¿Estamos en España a un nivel Europeo en cuanto ayuda social? Personalmente pienso que (y por la experiencia en el caso) el EAIA es un estamento inútil, por lo menos en estos lares. No niego que trabajen, aunque a su manera y de forma nada eficiente. Por acabo de entender como un grupo de personas, entre las que supuestamente se encuentran trabajadores sociales, pedagogos y psicólogos (he dicho psicólogos) sea tan nulo que ninguno de ello pueda aportar ni una pizca de solución o ver correctamente la verdad. Sobre todo cuando es my sencillo ver qué clase de personaje es el padre de estos niños. Lo que también encuentro vergonzoso es que no tengan en consideración a la madre de los pequeños por el simple hecho de ser una enferma de Parkinson en estado avanzado. NI avisos, ni charla, ni ayudas ni siquiera una simple palabra de aliento que le ayude a conciliar el sueño y saber que sus hijos están en buenas manos. Lo más curioso es que desde el momento que este grupo de ayuda al menor entró en nuestras vidas se nos prometió tenernos en aviso constante de cualquier novedad o de realizar continuas charlas y reuniones sobre posibles cambios en el día a día de estos dos inocentes. Una autentica vergüenza.
jueves, noviembre 22, 2007
Extraños aliados…
martes, noviembre 20, 2007
Hace ya 32 años…

lunes, noviembre 19, 2007
Sonata de Otoño en D Menor.
Hace muchos días que no escribo nada. No es por falta de ganas ni porque no haya pasado nada. Todo lo contrario. Para estas fechas suelo estar muy ocupado en los especiales de navidad de la revista FOTOGRAMAS. Por un lado ese trabajo me consume mucho tiempo pero por otro me compensa económicamente muy bien y uno no rechaza un pescado de tal calibre por otros menesteres. No están las cosas como para rechazar semejante bocado. Me he permitido el lujo de dedicarle el título de un post al mundo de la música clásica (que tanto le gustaba a mi padre) no precisamente para hablar de de música, sino de crear una sinfonía con todos los acontecimientos buenos y malos que se han sucedido estas dos últimas semanas y que en muchos aspectos marcarán un antes y un después en mi vida y en la de quienes me rodean.
Si más no recuerdo la situación con mis sobrinos se había quedado un poco desalentada en el último post. Bien, la cosa ha evolucionado en cuestión de días de forma exacerbada, pero no os podéis imaginar cuanto. Vayamos por partes porque no quiero desvelar nada tan pronto. Hay post para rato y las buenas historias (y soy de los que piensan que tanto si son reales o como si no) han de saberse dosificar para crear algo de expectación. A partir del día que los niños vinieron a casa rebotados con su padre y su actitud hacia sus visitas a mi casa las cosas han mejorado mucho entre ellos y yo, sobre todo con las relaciones con mi sobrina. Desde ese día hablo cada noche por teléfono con ellos, antes de que su padre llegue a casa, sin que él lo sepa, porque ellos quieren y me han pedido que sea así. Supongo que en el fondo se están sintiendo bastante desamparados y necesitan a donde agarrarse después del naufragio en el que se está convirtiendo sus vidas. En cada llamada que hago me estoy dando cuenta de que algo extraño estaba sucediendo a su alrededor, y no me refiero a los maltratos tanto físicos ni verbales que los hay y siguen su pauta, sino en que algo o alguien esta como forzando los acontecimientos para que esos niños salgan de esa casa. Por otro lado su padre está cavilando algo y con el tiempo no he tardado mucho en averiguar qué es, para nuestra sorpresa, y con qué pretensiones.
Sonata número 1 “BORDERLINE”.
Un par de días antes de la llegada del puente de Todos los Santos me reuní con Paloma para comentar el tema de la petición de divorcio por mutuo acuerdo al que habíamos llegado con la otra parte implicada en el asunto. La reunión más que nada era informativa y mucho más centrada en el comentario que le hizo el abogado de él a paloma respecto a su cliente. Parece ser que en una llamada a su despacho el abogado le preguntó a Paloma si conocía a su cliente. Ella le dijo que no. Él le dijo que en cierta forma la envidiaba. Paloma, algo perpleja le dijo porqué. El hombre le contestó algo más o menos así: Mi cliente es un “Borderline” (en castellano aquel que roza la estupidez supina absoluta) peor claro, no se lo iba a decir a él porque entre otras cosas no quería perder un cliente. Le dijo que hiciéramos lo posible para quitarle los niños ya que veía muy claro que esos niños tenían que ir a vivir con su tío, el cual estaba siendo como un grano en el culo a su cliente porque no le dejaba pasar ni una… Le sugirió a Paloma (que no salía de su asombro) que buscásemos todos los testigos posibles para certificar que este tipejo no estaba preparado para tener la guardia y custodia de sus hijos. En la conversación el abogado de él se enteró de dos cosas que mi cuñado le había ocultado. La primera que tenía novia. La segunda que bebía (para su abogado él era ex alcohólico). Para guinda final el letrado le comentó a Paloma que mi cuñado era la única persona que se había encontrado en si vida que se jactaba de ser un guarro. Al parecer el hombre le había llamado la atención un par de veces por el intenso olor corporal que desprendía su cuerpo así como del aspecto sucio de su vestimenta.
Sonata número 2: Allegro por La Mancha.
A todo esto y sin todavía adelantar acontecimientos. Este puente de Todos los Santos bajamos una pequeña parte de quienes viajamos a Normandía a Albacete, concretamente a Pozohondo pueblo de donde es la madre de Miguel y en donde tiene una casa impresionante para pasar unos días de relax. Bajamos Miguel, Dani, la “Cuñá”, el hermano de Miguel, el hermano de la “cuñá”, su pareja, Lola una hurón muy dócil que se convirtió en el centro de atención de todo el mundo y un servidor. He de decir que el viaje fue un auténtico oasis, sobre todo porque tras varios días de estrés con el tema trabajo un poco de aire de La Mancha era todo un regalo del cielo. Eso sí, comimos como bestias, todo muy barato. Probamos platos típicos de la zona como el gazpacho manchego (nada que ver con el andaluz ni en cuanto aspecto ni en cuanto a sabor), mollejas, cabrito, higadillos de pollo, Ajo Matadero, queso manchego, cordero, embutido y un largo etcétera de productos autóctonos. Las excursiones eran una alegría para la vista sobre todo el nacimiento del Río Mundo (allí llamado Los Chorros) el mirador hacia el pueblo de Ayna, espectacular y varios paisajes más que pasaron ante nuestros ojos al ritmos de swing debido a la música que sonaba en el reproductor de MP3 que llevaba Dani. Porque Albacete suena a Swing os lo aseguro y además es un sonido que le pega muy bien. Lo mejor de la velada en Pozohondo fue la visita al cementerio en mitad de la noche. Si, como oís, y creo que sólo eso sucede en los pueblos, no todos pero en ese en concreto puedes visitar a los difuntos hasta pasada la medianoche. Ojo, no es un acontecimiento terrorífico desagradable, todo lo contrario. La gente del lugar ya se encarga de que no sea así. Lo cierto es que la visita nocturna al camposanto fue una experiencia increíblemente bella. Imaginaos un cementerio en las afueras de un pueblo, en mitad del campo, rodeado de un muro blanco y envuelto en un silencioso manto de estrellas. Al entrar por la puerta principal la vista se congratulaba de un espectáculo de coronas y ramos de flores aromáticas y albedos producidos por cientos de velas encendidas y pequeñas bombillas alimentadas por baterías de automóvil. El silencio y la armonía de las luces tintineando al unísono creaba una atmosfera mágica sin igual. Cada nicho, era como una casa, iluminada, habitada por un antiguo habitante del pueblo. Todas ellas estaban pulcramente engalanadas de mármol negro y decoradas con la foto en blanco y negro de su habitante o habitantes que las ocupaban. He de decir que el paseo no lo hicimos solos. Otros habitantes del pueblo habían acudido a velar a sus muertos en el más absoluto de los silencios. Uno de ellos nos llamó mucho la atención. Os cuento. En la misma entrada del cementerio había un panteón muy iluminado y en su interior se encontraba un hombre que fumaba incesantemente mientras que en silencio contemplaba la imagen de un niño de unos cinco o seis años adjunta a un nicho repleto de flores. El aspecto del hombre era triste a la par de silencioso. No era para menos. Nos enteramos que el hijo había muerto un par de años atrás debido a la coz de un caballo en una de las ferias que se sucedían alrededor. En varios momentos de la velada algunos habitantes del pueblo se acercaron a él y le dieron el pésame. Era extraño ya que a veces daba la sensación de que el hombre velaba al niño de la misma manera que un padre vela a su hijo cuando éste le pide que no se fuese de su lado antes de dormirse no sea que los monstruos de debajo de la cama tirasen de él para llevárselo a devorar a cualquier rincón de los infiernos. La sensación era que no se iba a ir de ahí hasta que el niño no se hubiera dormido. Si, extraño y triste y a la vez tierno. Lo más curioso es que cuando nos íbamos el hombre decidió marcharse también. Pero cada vez que intentaba cerrar la puerta del mausoleo no podía, desde la distancia daba la perturbadora sensación de que el niño no quería que su padre se fuera y tiraba de la manecilla de la puerta con sus manos invisibles para que su padre estuviera un rato más con él. Nos marchamos del cementerio con aquella perturbadora sensación para adéntranos en la noche en el “otro” silencio que reinaba en el “otro” pueblo.
Sonata número 3: Danza eslava con elefante en patines dentro de una tienda de jarrones de cristal.
La semana siguiente a la visita a Pozohondo fue como tomar carrerilla en una pendiente muy exagerada. El primer acontecimiento extraordinario de aquella semana es una llamada de Paloma a primera hora de la mañana. Me pide que baje corriendo a su casa que tiene que comunicarme algo muy importante. Yo, recién salido de la ducha, me seco, me visto y bajo corriendo al piso de abajo donde ella tiene el despacho. Me hace sentarme sin decirme nada de momento. Se sienta ella y me comenta: No te lo vas a creer. ¡Pero tu cuñado te concede la guardia y custodia de tus sobrinos! Yo tardo en reaccionar. En serio pienso que estoy soñando. Le pregunto cómo es posible eso. Ella me dice que él ha hablado con los niños y que estos que quieren ir a vivir con nosotros, que él no quiere gastos y que me cede la guardia y custodia de los niños a cambio de hacernos cargo de los gastos de estos. Eso sí, él asegura (y dudo que lo cumpla) que nos concederá doscientos míseros euros por los dos niños al mes. Paloma me pregunta varias veces que como me siento. Yo aun no salgo del asombro. Por un lado mi mente es un batiburrillo de sensaciones y emociones, todas condensadas y en estado de ebullición pero sin que ninguna de ellas destaque sobre las demás. Siento pena por los niños, por como su padre se desentiende de ellos y los abandona sin luchar por ello. Siento un peso de la responsabilidad sobre mis espaldas encorvándome hasta límites insospechados, siento una especie de alegría porque lo que parecía prácticamente imposible se puede hacer realidad. Cree en los milagros me repite mi mente sin parar, es como el sonido de la percusión entre esa cacofonía de emociones que me envuelven en ese momento. Siento alivio porque por fin los niños salen de la garra de su padre de una forma nada violenta. Siento tristeza por ver como una familia se rompe por culpa de una enfermedad y de una falta de entendimiento de la misma. También siento como una nueva oportunidad se acerca a la vida de todos los involucrados en esta tragicomedia y como los cambios se avecinan como olas de Tsunamis a nuestras vidas. Lo curioso de todo es que estos sentimientos están todos dentro de mi cabeza. Por la reacción de Paloma mi rostro no muestra absolutamente nada. Ella lo comprende. Demasiado bonito y demasiado intenso a la vez. Añade que el padre de los niños quiere irse de Barcelona y que ellos no quieren abandonar ni su colegio ni sus amigos ni a su Tito. Más adelante está excusa, va cobrando otro sentido, con mucho más peso y mayor fuerza que lo que aparenta en un principio. Abandono el despacho de Paloma con la responsabilidad de haber asumido que si me quedo los niños. La primera cosa que he de hacer es comunicárselo a Miguel que aun está en casa. Pienso en como lo hacen en las películas, si eso de “Cariñooooo, siéntate un momento que tengo una notica que comentarte…” Pienso que es la mejor forma. Entro en casa y comienzo a darme cuenta de que mi cuerpo reacciona ya ante la noticia. Entro en el salón y como si ya me hubiese escuchado los pensamientos desde la escalera Miguel me espera sentado en el sofá. Me pregunta que sucede. Yo No contesto hasta unos segundos más tarde. Tengo la mano derecha adherida a la boca como cuando evitas que se escape el vómito antes de llegar al lavabo. Cinco segundos más tarde despego las manos y le digo “Somos papás.” No hubo lloros, ni gritos, ni huidas despavoridas dejando la silueta en la puerta o pared como en los dibujos animados. La reacción de Miguel es la misma que la mía, aunque algo mas cerebral. El siguiente comentario que aparece en acción es “Ahora ya no tenemos excusa para no casarnos.” Le explico lo que me ha contado Paloma. También hacemos suposiciones de lo que puede haber sucedido. Después de eso nos vamos a la calle. Llevo a Miguel al trabajo y yo me dirijo a la redacción de Fotogramas para entregar las últimas fotografías y secciones del especial sobre videojuegos. Nada más llegar a la redacción se lo comunico a Consuelo, la recepcionista que abandona su puesto y me da un par de besos. Subo a la redacción y le comento a Toni (director de la revista) lo sucedido. Me felicita. En la reunión que tengo con él en los despachos de debajo de vez en cuando me llegan oleadas de emociones, leves pero si para olvidarme por un segundo de la monotonía. Lo curioso es que esas oleadas llegan con impurezas del tipo: Menudo follón te has metido “Richie” (que es así como me llamo yo a mí mismo cuando me encuentro apesadumbrado o terriblemente emocionado). Me marcho de Fotogramas para ir a ver a mi hermana y acabar de comunicarle la noticia, ya que antes de irme a la calle con Miguel la llamo para darle unas pinceladas. Llego al hospital y se lo comunico a las enfermeras de mañana. Se ponen muy contentas. Llego a la habitación y se lo vuelvo a comentar a mi hermana. Mi hermana se alegra mucho. Pero no deja de sentirse triste y preocupada. Triste por la actitud del padre en tirar de aquella forma la toalla ante sus hijos, que por otro lado es un alivio para nosotros, y preocupada porque la situación con el estrés y los nervios puede convertirse en un polvorín y creáis que iba muy desencaminada, pero no adelanto acontecimientos…
Después de ir a ver a mi hermana voy al colegio. Hablo con Silvia, la directora de la situación y ella me felicita muy emocionada. Le comento el tema de pagos de colegio, gastos etc, etc… Aquí empieza a asomarse la realidad y comienzo a comprender los motivos del capullo por querer soltar a los niños de sus garras. Entre otras cosas descubro: No paga colegio desde Septiembre, no ha pagado los libros de los niños, no ha aparecido por el centro desde el curso anterior, no firma las notas ni las excursiones de sus hijos (lo ha de hacer la directora), no se ha preocupado de solicitar ayudas ni becas de comedor para los niños (el colegio ha tenido que mover todos los papeles, yo entregué uno de ellos para las ayudas de comedor), los niños van vestidos de verano, van sucios al cole, no están rindiendo nada, se meten en muchos problemas debido a tensiones y situaciones de angustia… Luego descubro que va diciendo por ahí que tiene que pagar quinientos euros de colegio de los niños y que no tiene dinero para sobrevivir. Descubro que el colegio no es tan caro como lo pinta, ha de pagar solo ciento cuatro euros por los dos niños. Hay varias quejas de profesores sobre el estado de los niños y avisos para que Silvia lo comunique al EAIA (que por cierto ni se asoma por ningún lado y lo único que consigue es entorpecer aun más las cosas como ya leeréis más adelante) Todo estos datos no son más que la punta del iceberg de lo que se avecina a lo largo de los días. Me encuentro con mi sobrino. Lo abrazo y le digo (ya que días atrás me comunicó por teléfono una sorpresa muy grata que me haría muy feliz) que sus sorpresa me ha gustado. Mucho. Me da una docena de abrazos más y varios besos y se marcha feliz hacia su clase.
Sonata número 4: Adagio para dos infantes.
A lo largo de los días han seguido sucediendo cosas. Aceleradas la mayoría de ellas. Reuniones en el despacho de Paloma sobre el tema de los cambios en los acuerdos del divorcio de mi hermana (sobre todo en el tema de las visitas del padre a los niños ya que estas se producirían a la inversa de cómo habíamos estipulado, sobre todo al cambiar el rol de la guardia y custodia) pero también por las llamadas a casa de los niños donde uno descubre valiosos secretos que aun encumbraban más la patética imagen de mi cuñado. Los niños iban convencidos que su padre pagaba el colegio. Cosa que se desmintió ante la directora del colegio hace unos días cuando los niños tras una dramática llamada de socorro me comunicaron que querían hablar de los maltratos con alguien… Pero vayamos por partes. Me enteré que su padre no quería vivir más en Barcelona. Quería irse a un pueblo o según lo que me dijeron los niños a vivir a Rusia, Francia o Inglaterra (si, se admiten risas enlatadas). Les había dicho a los niños que él vendría a verlos muy de vez en cuando y que los llamaría cuando se le ocurriese. Pero a su casa nueva no irían ya que no quería que se les pasase información privilegiada al malvado de su tío. Nos enteramos que iría a vivir con su novia y los hijos de ella (un chico de quince años y una niña de trece, la misma edad que mi sobrina) Mi sobrina comentó que su padre quería que ella compartiera habitación con la otra niña y ella se negó. A partir de allí la relación de mi sobrina con su padre empezó a resquebrajarse permitiendo que toda la ira y la rabia contenida y sobre todo la mierda acumulada de todos estos meses saliesen escupida a la superficie cual agua sulfurosa del interior de un geiser en ebullición. Desde entonces las peleas con la niña fueron en aumento con las consecuentes amenazas, gritos, golpes e improperios por parte de su padre. El los amenazó con llevárselos consigo y con que nunca más vería a su tío ni a su madre. Los niños cuando les llamaba entre lágrimas me comentaban las mil y una perrerías que les decía o hacía su padre. Aun no tenían teléfono ya que él no lo había pagado y también para evitar que los niños me llamasen a mí para comentar todo lo que sucedía en casa. Los encerraba en casa los sábados para que no se escapasen a mi casa o salieran a la calle a jugar. Le comentaron a mi hermana por teléfono y a mi mucho mas tarde que su padre no sabía que entre semana, cuando salían del cole se iban al parque de debajo de su casa a jugar con otros niños una media hora, le decían al padre que estaban en la biblioteca del cole haciendo deberes. Como ya he comentado más arriba tampoco él sabía que yo me comunicaba con los niños. Por fin había sabido diferenciar lo que era bueno y correcto para ellos y lo que era malo (o quien era malo) en sus vidas. Supongo que os preguntaréis que ha sido de sus tías (sobre todo de La Sargento de Hierro) Pues bien, al parecer ya no se habla con su hermano. Al parecer tuvieron una violenta pelea verbal (y vía SMS) con insultos y vejaciones de todos los tamaños y colores, creemos debido a la relación que tiene mi cuñado con su novia ecuatoriana (hay que comentar que La Sargento es bastante racista, de ahí se entendería su alejamiento en toda esta historia) El problema (aunque toco madera) es que apareciese con motivo de las fiestas navideñas. Eso es uno de los inconveniente que tiene la navidad que acerca a las familias por muy deteriorada que esté su relación. De ahí nuestra prisa para que él firmase los papeles y los niños viniesen a casa nuestra a vivir lo antes posible. Descubrimos que la novia de mi cuñado vive en un piso patera con varias familias más (por lo que entendemos que él quiere irse a vivir con toda esta gente así se libra de pagar el alquiler él solo. Que él solo se relaciona con alguna de sus hermanas, que el abuelo del los niños está desaparecido, que a mi cuñado le han cortado el suministro del agua en una ocasión. Que ha machacado a los niños con echarlos de casa y en el último momento cuando los niños estaban con el petate hecho él se ha puesto de rodillas ante ellos llorando que no lo dejasen. Que a mi sobrino un día que iba a venirse a mi casa, harto de los maltratos de su padre le obligó a quitarse los zapatos para que viniese a mi casa descalzo…
También estos días han pasado otras cosas. Miguel ha salido del armario en el trabajo y en su casa, ante sus padres. La situación que estamos viviendo así lo ha permitido. Mireya, una de sus compañeras de trabajo es concejal en Gelida, donde viven los padres de Miguel y éste le ha pedido que nos case. Ella se ha ofrecido encantadísima. Le ha hecho muchísima ilusión. Así que en tres meses, más o menos nos casamos. Estamos preparando cosas al respecto. Tenemos el lugar y también, gracias a María, madre de Sonia, un sitio esplendido para celebrar el convite. Estamos pensado la lista de invitados y esas cosas. Los niños están muy contentos con eso de ir a su primera boda. Lo mismo que todos los amigos y conocidos que nos rodean. En casa de Miguel aun están asimilando la noticia. Miguel se lo dijo a sus padres de forma indirecta. Estábamos comiendo este fin de semana y en eso que su madre llama al hermano menor de Miguel por teléfono (que vive en Granada) para saber cómo estaba. Miguel se pone a hablar con él y le pregunta si en primavera estaría de vuelta en Barcelona. El hermano le pregunta el porqué y Miguel le suelta que porque se casa conmigo. La madre, tíos y padre allí reunidos no salen de su asombro. No solo se enteran que su hijo es gay, sino que además se casa y de golpe se lleva en el mismo lote a dos niños. La situación es de lo más Felliniana. Eso sí, no hubo malos rollos. Es más, su madre le confiesa a Miguel ¡que nunca se había dado cuenta de nada!
El viernes, antes de que sucediera todo lo que he contado en el párrafo de arriba. Fui con mi hermana al colegio a ayudar a mis sobrinos a confesar todos los maltratos que había sufrido tanto ellos como mi hermana en manos de su padre. Todo sucedió el jueves por la tarde. Llamé a mis sobrinos. Estaban muy tristes. Al parecer los ineptos del EAIA habían hablado con mi cuñado y convencido para que no me entregase a los niños y que se los llevase él a donde coño se fuera. Si, lo que oís. Es más la Asistente Social o educadora del EAIA les dijo a los niños que ellos no podían opinar sobre el respecto y que tenían que hace los que su padre les dijera. No incluyo en este texto signos de admiración en primer lugar porque no los necesitan. La noticia en sí misma ya tiene peso suficiente como para hacer a quién lo lea ponerse los pelos de punta. Hacía días que tenía ganas de llamar al EAIA para mandarlo a la mierda. Entre otras cosas porque ni nosotros (mi hermana y yo) ni el colegio teníamos noticias de ellos desde el pasado mes de Julio cuando forzamos la reunión con el padre sobre el tema del viaje a Normandía. Desde entonces ni llamadas para hablar de cómo había ido el viaje ni reuniones con la madre de los niños para mantenerla informada de la situación en casa del padre. Es más un detalle, el día de la reunión del viaje no contaron con mi hermana para una reunión charla que tuvieron con el padre de los niños a puerta cerrada sobre temas de la educación y cuidado de ellos. Una vergüenza. Así que cuando colgué el teléfono a mis sobrinos (los pobre llorando porque su padre les había prohibido venir a verme más después del sabio consejo del EAIA) Llamé a Montse Taboada, responsable del caso y con un morro más grande que el mismísimo Himalaya. A este personaje no le hace nada de gracia hablar conmigo. Entre otras cosas porque conmigo no le sirve hablarme como si fuese un retrasado de la talla de mi cuñado. Por casualidades de la vida la encontré al otro lado del teléfono. La primera cosa que hago es recriminarle sobre la falta de información que tenemos el resto de la familia sobre el avance de estos dos niños. La tipa (con todo el morro del mundo) me dice. “Huy pues pensaba llamarte por teléfono mañana” (siempre me lo dice cuando la he llamado tras una larga temporada sin saber de ellos) Le comento la situación del cambio de domicilio de los niños y la tipa va y me insinúa que yo he forzado a mi cuñado a renunciar a sus hijos… Yo flipo en colores. Le comento que ha sido mi cuñado quien a ha renunciado a los niños y la tipa no se lo cree. Al parecer él le has vendido la moto que yo le he presionado a hacerlo y que ahora está desesperado porque su cuñado le arranca a sus hijos de sus brazos. Le comento mientras me muerdo la lengua que los niños habían avisado a Maite (la trabajadora social que tan buenos consejos había dado a mi cuñado) del maltrato sufrido por su padre los últimos días. La respuesta es que no cree a los niños. Me comienzo a cabrear como un mono. Ella me dice (tratando de esquivar mis pelotazos) que ahora no puede hablar conmigo y que me llamará la día siguiente para concretar día y hora para una reunión con Miguel y conmigo sobre el bienestar de los niños… Por supuesto la llamada no llegó a producirse y a día de hoy aun la espero. Llamo a Paloma y se cabrea tanto o incluso más que yo sobre el tema. Sobre todo porque ese misma tarde había entregado los papeles al abogado de mi cuñado con el tema divorcio y guardia y custodia de los niños. Llamó a los niños. Llorando me dicen que haga algo, que les ayude que no saben qué hacer que tienen mucho miedo a su padre. Mi sobrino me comenta que su hermana se enfrentó el día anterior a su padre ya que este les prohibía venir más a mi casa y no verme más. La niña dijo que ella se escaparía, él le contestó que llamaría a la policía, ella le dijo que si llamaba a la policía les contaría todos los maltratos que le hizo a su madre en Sant Cugat y en Artesa de Segre y las palizas que les propinó a su hermano y a ella, aparte de los insultos. El se cabrea como una bestia y le dice a gritos que la policía no le va a creer porque es menor y que él nunca los ha maltratado y que está harto que se le acuse de maltratador. La llama mentirosa (habitual en él) y ella le recrimina que no es mentirosa porque ha visto todos esos episodios. Ignoro si tras esta pelea hubo maltrato pero si se que al capullo lo dejó KO y hecho polvo. Ahora sus hijos eran dos traidores y no los quería, pero por otro lado no los dejaría escapar tan fácilmente. Escucho lo que me cuenta mi sobrino alucinado y a la vez asustado. Les pido que no provoquen a su padre, me dicen que no hace falta provocarlo él ya se encarga de encenderse solo y más después de una copa tras otra. Mi sobrino me cuenta que él comentó al EAIA que yo había dejado abandonados a los niños en Barcelona cuando nos fuimos a Albacete (cuando yo había insistido hasta la saciedad para que vinieran) y que no hago más que hacerles regalos para ganarme su cariño. Le digo a los niños que deben hablarlo con alguien que no sea el EAIA y les sugiero a Silvia Llucià, directora del colegio. Acceden porque dicen están hartos ya de la situación y quieren vivir tranquilos y en paz con nosotros. Al día siguiente mi hermana y yo nos reunimos con ellos en el despacho y Silvia les pregunta si quieren hablar de algo. Esta vez no hay represión y ambos comienzan a relatar todo lo que han vivido durante estos dos últimos años en su carne. Mencionan los insultos, los golpes, como su padre les arroja cosas al cuerpo, como sus tías, sobre todo La Sargento les golpeaba para no dejarle huella cuando había algo que a podía perjudicar a su hermano. Como su padre pegaba su madre y la insultaba y que ellos habían presenciado llorando en una esquina de la habitación. Como su padre le propinó una descomunal paliza a su hermano cuando se dejó las llaves en casa en Artesa de Segre (y que ya ye comentado en algún otro post del este blog) El niño confirmó, esta vez sin tapujos, como su padre amenazó a él a su madre y a su hermana con matarlos con un hacha que blandía en su mano mientras ellos lo miraban aterrorizados. De cómo su padre y su tío amenazaban o planeaban como matarme delante de ellos. De que cuando la novia de mi cuñado va a su casa el reacciona muy amablemente con los niños y cuando ella desaparece por la puerta él se vuelve una bestia sin compasión. Silvia escucha a los niños y toma nota. Les pide que se marchen un momento y les cita a las 16 horas para hablar un poco más del tema. A solas con ella nos comenta que la situación es muy grave y que es necesario hablar con el EAIA (a pesar de que sean tan inútiles) para que conozcan del tema. Por un lado celebra que los niños estén diciendo la verdad y salga toda la mierda a la luz. Por otro no deja (como nosotros) de sentirse horrorizada por los acontecimientos. Pero sobre todo por la falta de apoyo y de contrastar diversas opiniones del EAIA.
viernes, noviembre 16, 2007
martes, noviembre 13, 2007
martes, octubre 30, 2007
Se acabó la calma
lunes, octubre 22, 2007
miércoles, octubre 17, 2007
Días extraños
Una vez mi sobrina cruzó la puerta le pregunté por su hermano. Me dijo que estaba en el rellano y que no se atrevía a entrar. Me asomé y allí estaba. Todo rechoncho y con cara de malas pulgas. Era mezcla de rabia y de vergüenza. Como sabía que iba a venir le preparé una pequeña venganza. Al entra en casa le dije que estaba cabreado con él y que por pasarse de listo se iba a quedar sin jugar al FIFA 08 que me había llegado un par de días atrás. Su semblante se frunció aun mucho más. Sabía que la había cagado por todos lados. Se dio cuenta que el único lugar donde podía jugar a las videoconsolas era en casa de su tío. Su padre y el tío (el gilipollas ex carcelario que nos amenazo de muerte a Miguel y a mi ) habían tratado de arreglarle la PlayStation que le regaló mi padre al niño (ya que a este se le cayó al suelo) y como van de eruditos en electrónica de consumo se acabaron de cargar el aparatejo. Así que el niño se dio cuenta en ese momento que de poco le servían los juegos de Play 2 que tenía en casa si en el fondo donde podía jugar era en la mía. Tararí que te vi… Entonces mas avergonzado aun se sentó en una silla frente a la mesa del comedor. Metió la cabeza entre los brazos y tierra trágame. La niña me había contado que su hermano se había puesto de parte de su padre y en contra mía porque no quería vender los juegos , como yo le presionaba y su padre lo defendía pues se arrió al árbol que más sobra da. Un árbol completamente equivocado como pude observar en su semblante. La niña me enseñó el teléfono roto. La pantalla estaba destrozada con saña. Tenía varias resquebrajaduras por todos lados. Era como si hubiesen saltado encima y luego lo hubiesen arrojado como cien veces desde el Empire State Buliding con muchísima mala leche. Mi sobrina se sentó en el sofá, me pilló el portátil y se conectó al Messenger y a esa cosa terrible que es el Habbo. Como vio que su hermano había metido la gamba y no reaccionaba trató de apaciguar los ánimos y le pidió que se sentase junto a ella. Sus ojos estaban brillantes, a rebosar de lágrimas. La pobre es muy sensible. Cuando le hablamos de Isaac y le entregamos una foto que nos dio Sonia para ella casi se puso a llorar (“Mi nene forever” le llama. Ha puesto la foto en la carpeta del colegio con esa frase y anda orgullosa mostrándosela a todo el mundo) Me dijo que no le gustaba ver a la gente triste. Que en el cole si había un niño llorando ella se ponía a llorar también. Me recordó mucho a su madre. Ella también hacia lo mismo a su edad ganándose el apelativo entre las niñas (y algunas de sus madre repipis) de la calle como “La Llorona”. Insistió a su hermano en que le pidiese perdón, le diese un beso y que hiciese lo mismo conmigo. Le costó varias intentonas. El niño murmuró que igual yo no quería. Aparte la cara y reí en silencio. Abrazó a su hermana y luego se paró frente a mí, sin mirarme a los ojos. Yo le dije que viniese y nos fundimos en un abrazo. Él rompió a llorar y le explique cuál era el cometido de mi sugerencia sobre el tema venta de juegos compra de móvil. Lo entendió. Por lo menos eso me pareció de buenas a primeras.
Vimos Las Vacaciones de Mr Bean y después de la película (y de unas cuantas risas) nos fuimos a ver su madre. Yo aun ando un poco mosca con ella. Aun hay algún episodio de robo de pastillas pero no en el nivel de hace unos días atrás. No tenía intención de traerla a casa, después de los que sucedió la última vez… No sé era una mezcla de desconfianza y vaguería. Últimamente ando un poco apático y me molesto por cualquier cosa. Llegamos al hospital y los niños la abrazaron y la besaron. He de decir que me costó un poco convencer a mi sobrina para que fuese a ver a su madre. Es muy triste pero me he dado cuenta que la ven ya más como una enferma que como la persona responsable de haberles traído al mundo. Una persona que lucho mucho por ser madre y que ahora, en las circunstancias en las que se encuentra no puede disfrutar de ello. Mi hermana se alegró mucho de verlos. Se levantó de su butaca y se fue directa al armario. De él sacó una bolsa de papel azul con asas con una flor amarilla a modo de margarita pintada. Metió la mano dentro y extrajo una muñeca de trapo muy divertida, rubia y con dos coletas que portaba un vestido tipo peto con un bolso rojo cruzado en sus hombros. Mi hermana se aceró a mi sobrina y se la ofreció. La niña la aceptó alegremente con una sonrisa. En eso mi hermana apretó el bolso de la muñeca y suena una canción. Mis sobrinos se partieron de risa. Mi hermana también y yo con ellos. Mi hermana, sentada en su butaca trató de bailar al ritmo de la muñeca. Mi sobrina le acompañó. Me sentí feliz y a la vez mal. Me di cuenta que estaba siendo duro con ella. Que la mierda de la pereza que sentía por llevarla a mi casa y traerla al hospital me la podría haber metido en el culo. Por una vez en mucho tiempo vi comunicación de madre e hijos entre ellos. Y yo preocupándome por mi pereza. En esos instante me sentí un egoísta y un tío mierda, lo reconozco. La niña le preguntó a su madre de dónde había sacado la muñeca. Mi hermana con gestos le dijo que en el bingo del hospital que se celebra cada viernes y que no es la primera vez que había ganado algo. Se ve que es el terror de los cartones. A parte de la muñeca había ganado unas zapatillas naranjas y un colgante. Le enseñó a sus hijos alunas manualidades que había hecho. Una de ella un sol amarillo chillón con un rostro simpático adornando el centro. Le llegó la comida. Hablamos un rato con ella y con su nueva compañera de habitación. Mi hermana me dijo que María aun seguía viniéndola a ver y que Rosario su madre estaba estable en la planta de abajo. Esa misma mañana había bajado con Rosa (su compañera) y su hermana a dar un paseo por el jardín. Había tenido el día completo. Llegamos a casa y comimos con Miguel lomo adobado y pizza casera que había hecho el día anterior. La jornada trascurrió sin problemas. Los niños jugaron con la wii, Miguel preparó las clases del lunes y luego se entretuvo leyendo un rato. Yo me eché una siesta en la cama junto a él. A las 19 horas el capullo picó al interfono y los niños bajaron. Se despidieron con un beso. Se lo había pasado muy bien esa tarde. Una tarde atípica dentro de una semana llena de días extraños.
martes, octubre 09, 2007
Lo que va quedando tras la niebla.
El pasado jueves por la tarde llovió a cantaros en Barcelona. Yo estaba en casa y me preocupé por mis sobrinos. Era la hora de salir de clase y no sabía si tendrían paraguas o si alguien los iría a buscar. Mi hermana también me llamó preocupada, pensaba lo mismos que yo. Claro, aquí se me presentó un dilema. Podría ir a ver si los niños estaban bien , recogerlos en el colegio y llevarlos a casa ¿pero qué pasaba con la actitud de mi cuñado? Para él no importa que haga bien a los niños siempre estas haciéndole mal y perjudicándole. Así que preferí esperar y llamarles a casa. No contestaron la primera vez. Miré el reloj. Era demasiado pronto aun. Llamé al teléfono móvil de mi sobrina y no contestó. Esperé siempre pensando en bajar a la calle e ir a buscarlos. Al cabo de un rato suena el teléfono. Es mi sobrina. Está llorando. No es que su hubiesen mojado ni nada por el estilo sólo que se había peleado con su hermano y éste, en un ataque de ira, había pateado la mochila de su hermana donde ella tenía el teléfono móvil y le había reventado la pantalla. Hablé con el niño y le pregunté porque lo había hecho. El me dijo que no sabía que estaba el teléfono allí. Yo le insistí que no importaba el teléfono, solo por qué tenía que ser tan violento con su hermana. Le pedí que no se peleasen más (eso de tratar de inculcarles el amor fraternal es una de mis principales metas en estos momentos) que protegiese a su hermana y que se quisieren mucho , que hasta el momento era lo único que tenia y debían quererse. Ignoro si mis palabras tuvieron resultados, da igual yo pienso insistir hasta que me quede ronco. Tanto mi hermana y yo siempre hemos sido educados en el muto respeto. No quiere decir que hayamos discutido en más de una ocasión o que hayamos llegado a las manos (pocas veces pero con la intervención de mi madre que para separarnos sabía montárselo muy bien). No sé, noto que estos niños no se quieren. Hay una rivalidad mucho más fuerte que la de los simples celos. Eso ya lo he venido explicando a lo largo de este blog. Ambos son supervivientes, pero no son supervivientes cooperativos, es decir en momentos de trifulca aquí quien no corre vuela y si tu recibes antes que yo y con ello se cansan de hincharte bofetadas mejor que mejor. Por supuesto quien siempre ha ganado es la niña aunque también ha sufrido alguna que otra. Recuerdo una vez que me llamó aterrorizada porque casi la atropellan al cruzar una calle cuando vivían en Artesa de Segre y me pidió que fuese a socorrerla porque temía una paliza de su padre de las que hacen historia. Le dije que era prudente que su padre no se enterase de ello si tenía miedo. Ella me dijo que una señora, la había visto y le había llamado la atención. Resultaba ser que dicha a señora mi cuñado le estaba barnizando los muebles de la tienda. Por su puesto el padre se enteró de lo sucedido. Ignoro las consecuencias porque por aquel entonces mi hermana estaba a punto de llegar al hospital reventada a palizas de ese desgraciado. Sobre el tema del teléfono móvil… Le comenté a la niña que trataría de arreglar el asunto. Aun no sé cómo pero haré lo posible por arreglarlo. Me jode tener que comprarle otro teléfono. No por el tema dinero sino porque de esta forma se que no respetaran lo que es suyo (mientras tenga al tito que me lo arregla yo venga a romperlo) Tengo un plan, sobre todo para que el niño aprenda a valorar lo que no es suyo. Le voy a pedir que elija varios juegos suyos de la PlayStation y los venda, con ese dinero le ha de comprar a su hermana un teléfono móvil. Creo que es lo mejor que se puede hacer.
Cambiando un poco de tema. Se por las enfermeras (aunque sólo la de las mañanas) que mi hermana ya no roba pastillas. Creo que ha pillado la indirecta. No obstante yo no bajo la guardia. También ha de aprender a valorar las cosas. El Lunes me la lleve a buscar los DNI de los niños que estaban criando polvo en un cajón de la comisaría. Por lo que respecta a mi cuñado se por los niños que él se negaba a ir a buscar los documentos, eso sí, ir a pasear con la novia y agasajar a sus hijos con ropita sí. Pero preocuparse por la documentación “nasty de plasty” Se que los niños ya se están dando cuanta de cosas. Por lo menos me consta que la niña ya sabe diferenciar quien es el bueno y quiénes son los malos. Por este punto me alegro que la niebla se le disipase de los ojos y pudiera reflexionar y darse cuenta de algunas realidades. Una de las cosas que hemos logrado es que los niños puedan llamarme por teléfono cuando quieran (esté su padre o no). En algo he de aplaudir la incorporación de ese nuevo personaje en su vidas es que es la novia de mi cuñado. Por un lado mantiene a las ratas de sus hermanas a raya y por otro tranquiliza a la bestia permitiendo que los niños se acerquen más a nosotros. Otro punto a favor fue el viaje a Normandía. No fue un viaje de puro placer. Fue una buena terapia familiar.
miércoles, octubre 03, 2007
Truenos lejanos.
Misterio resuelto.
lunes, octubre 01, 2007
Crueldad inocente.
sábado, septiembre 29, 2007
Pequeños pasos... Grandes logros
El miércoles fui al colegio de los niños: Ya no es una visita furtiva como las de antes. Ahora si voy es porque he de levarles algo (en este caso una videoconsola que se le estropeó a mi sobrina)y que esperaba como agua de mayo. Cuando llegué me encontré de bruces con Silvia la directora. Me dijo alegremente que quería hablar conmigo. Nos fuimos la despacho y me preguntó cómo había ido todo. Yo le conté todos los detalles sobresalientes del verano, en especial el viaje que más que viaje se había convertido en una terapia familiar bastante satisfactoria sobre todo con mi sobrina. Le comenté como iba evolucionando la enfermedad de mi hermana (porque en ese sentido quien evoluciona es la enfermedad y no ella) y el tema de las pastillas. Respecto a los niños me comentó que mis sobrina había encajado muy bien en el nuevo grupo de compañeros de clase (ha tenido que repetir curso, y no se lo reprocho por motivos y situaciones que ya todos sabéis) Como ella son más niños, mucho más inocentes y hacen mucha piña entre ellos cosa que me alegró mucho. Le comenté a Silvia que con los críos hablo casi cada día. Que me llaman ellos, estando su padre de por medio. Al parecer con la llegada de la novia de mi cuñado la situación se ha suavizado por momentos. Pero sólo de momento. Después de tantos planchazos no me fío nada y en cualquier momento puede estallar el polvorín de nuevo. Ya sé que no es una novedad pero hace unos días mi sobrino me comentó que su padre y sus tías se habían vuelto a pelear. Supongo que él debe estar mucho más centrado en su nueva relación y ésta debe poner una serie de condiciones y una debe ser que las hermanitas cuanto más lejos mejor. La Sargento de Hierro sobre todo. Sé que una de las peleas ha sido con ella. Anda medio desquiciada con vete tú a saber y como dicen por estos lares “no rondina” (no funciona como debe ser)… También ah vuelto la otra tía. La que vivía y compartía ( y que ahora lo vuelve a hacer) muchas otras cosas con su padrastro (el abuelo de mis sobrinos). Se ve que ha venido guerrera, aparte de que ha pulido el dinero que le dieron por la venta de la casa de su madre en el Bingo (perdonadme este apunte pero personalmente encuentro estúpido que si te dan, por ejemplo, doce mil euros te los pulas enteritos por conseguir un permio mucho menor marcando equis en un cartón con numeritos) supongo que la ludopatía debe funcionar con esta absurda lógica. Vamos que están ocupados y entretenidos como niños recién llegados a una ludoteca. Yo estoy pensando que mi bajón viene debido a que no llevo el ritmo de tensión que llevaba antes. La adrenalina se debe aburrir de ir por mis venas sin motivo aparente de ello que esté tan apático. Me hace falta marcha. Es posible. Pero no necesito la que tenía hace varios meses atrás, ¡por Dios! Quiero otro tipo de estrés, por lo menos uno más productivo. Lo del divorcio está un poco abandonado. Es una de las cosas que he de pillar por los cuernos (¡joder! menuda alegoría me ha salido) y ponerlo en marcha. Supongo que os preguntaréis si he ido a ver a mi hermana… Pie si, fui el jueves por la tarde y estuve un rato con ella pero antes estuve un rato tomando un café con María. Hablamos de cómo estaba la situación. Me comentó que los enfermeros, como si se tratase de domadores de fieras del circo van tratando de domesticar la adicción de mi hermana. Entretenidos están un buen rato, entre que la vigilan, la persiguen por los pasillos y las broncas que le meten cuando la encuentran con la mano dentro del cajoncito de medicamentos. María estaba un poco preocupada porque hacía unos días atrás una enfermera le llamó la atención por dejar a mi hermana como un trapo después del episodio de las pastillas en mi casa. Estaba preocupada por si hacía mal riñendo a mi hermana. Yo le dije que no se preocupase que viniendo de ella no me molestaba. María se ha convertido en alguien muy importante en la vida de mi hermana. Por lo menos cumple el cometido de “madre adoptiva” y eso es bueno, pienso yo. Sé que mi madre habría actuado de la misma forma que ella, e incluso con mucha menos permisividad. Un día me gustaría explicar en un post sobre los extraños lazos emotivos y solidarios que se producen en los hospitales. Cuando llegábamos de la cafetería nos encontramos a mi hermana en el pasillo. María le dio un bocadillo (que le hace ella den casa y que mi hermana agradece mucho) y yo le entregué la compra que le había hecho y que me había encargado ella por teléfono. Hablamos poco. Lo reconozco. Aun me dura el enfado. Bueno, más que enfado frustración. Le comenté que los niños vendrían este domingo a casa y que se los llevaría a ver. De momento no quiero que venga a casa, después de lo que hizo y en muestra de mi enfado. Debe aprender a respetar, lo siento pero pienso que es así. Aunque a veces también pienso que me equivoco... La situación vivida días a tras me ha dado por analizar cosas respecto a ella y a mi cuñado. Durante algunos instantes me he convertido en el “Abogado del Diablo” y he puesto en la balanza todos y cada uno de las situaciones que ellos han vivido o me consta que han vivido durante los diez años que la enfermedad entró como una okupa en sus vidas. He de reconocer que la adicción a las pastillas saca que quicio a cualquiera. Es una bestia indomable, o perversa, astuta y muy feroz. Una bestia que se esconde con un traje de excusas y misericordia pero a la que menos te esperas te ataca con la misma fiereza que un guepardo a su presa. Tratas de buscar culpables y, tirando del ovillo ves que tanto mi cuñado como mi hermana no son tan responsables como parece. Hace poco un comentario, en este blog, de una persona que padece la misma enfermedad que mi hermana y que por ende conoce muy bien su situación me hizo mucho pensar en la situación que estamos viviendo. En el comentario me decía, más o menos, que los médicos desconocen bastante la situación de los enfermos (jóvenes) de Parkinson. A mí también me ha dado esa sensación. Los suelen tratar como ancianos y por ello también les proporcionan la misma medicación que a los ancianos. Y no es lo mismo el metabolismo de una señora de 80 años que el de una persona de 43. Ambas tienen muchísimas diferencias sobre todo en lo referente a la vitalidad. Por lo que he leído (y comentado el mismo neurólogo de mi hermana) es que las pastillas que ella toma producen dependencia en enfermos jóvenes, incluso hay casos en los que los enfermos han cometido suicidio… Y si lo saben o por lo menos lo sospechan ¿por qué no lo remedian? Sé que las pastilla también producen trastornos obsesivos compulsivos. He llegado a leer que hasta producen casos de ludopatía que no es más que un comportamiento obsesivo compulsivo. Ahí explicaría las reacciones de mi hermana. Pero de momento ese trastorno no se remienda ni por parte del centro médico ni por parte de su neurólogo (que por cierto la ve de uvas a peras por no decir que ya casi nunca). A lo que iba… Comprendo que la situación que ha vivido mi cuñado con una persona con semejante cuadro saque a uno de quicio. Conmigo consiguió desquiciarme en menos de diez minutos, aunque yo no utilicé las manos ni los puños para remediarlo. Imaginaos por un momento una convivencia de casi 24 horas con una persona en estas condiciones… ¿Qué mi cuñado no es la mejor persona para afrontar esta situación? No lo niego. Nadie en su sano juicio es capaz, por mucha paciencia que se tenga, de convivir con un problema de semejante envergadura. Pero de no soportarlo a tener que llevarlo al extremo absoluto del salvajismo por ahí no paso. Es una situación demasiado grande para alguien tan escaso en recursos. No justifico con ello su actitud, es más la condeno y batallaré por que pague por lo que ha hecho y sobre todo por lo que ha hecho a la memoria y las vivencias de esos dos niños. Soy magnánimo pero no gilipollas.
Mi último paso de gigante para mí. Es conseguir nadar hacia atrás. Os recuerdo mi terrible fobia con agua. Si para mi conseguir meterme en el agua y nadar normalmente ha sido todo un logro imaginaos lo que puede ser dejar que el cuerpo flote cual nenúfar sobre un estanque. Llevaba intentando hacer mucho tiempo atrás. El pasado jueves, después de resolver asuntos pendientes con mi hermana nos fuimos Miguel Eva y yo a la piscina (un Spa municipal donde somos socios y hay piscinas de agua de mar con chorritos de todas clases) En un momento dado me dio por intentarlo. Hacía días que la frasecita: “Si no lo afrontas tu no lo hará nadie por ti” (variante de “Si no aportas una solución entonces forma parte del problema”…) me venía rondando la cabeza como una cascabel dentro de la coraza de hiero que lo envuelve y hace tintinear. Así que me dejé llevar. Si hubo momentos de miedo. Pero como sucede en las películas una vocecilla (creo que la mía o de mi ángel custodio) me decía que no temiera y que fuese dejándome llevar. Así lo hice y acabe panza arriba sobre la superficie del agua. Incluso le di unas cuantas brazadas y hasta le pille gusto y todo. Parecerá una tontería pero ese pequeño logro ha sido muy positivo en mi estado de ánimo. Aunque aún le queda para recuperarse un poco más.
miércoles, septiembre 19, 2007
Dios aprieta pero a veces ahoga.
Llevo un par de días enfadado. Conmigo y con mi hermana. No sé, estoy pasando una etapa “Chuskys” (como dice una buena amiga mía). Estoy cansado, me aburro fácilmente, tengo mucho sueño, estoy todo el día con el Ventolin en la mano y la apatía se me ha pegado a la chepa como una mochila chunga que quiere irse continuamente de excursión. Debe ser algo cíclico porque siempre me sucede para estas fechas. Tengo una especial animadversión a los últimos cuatro meses del año, bueno, no es del todo cierto. Me gusta bastante el mes de Diciembre. Septiembre, octubre y noviembre no. Lo siento para quienes adoren esos meses en especial. Por un lado me obligo a ponerme las pilas casi a diario. Si yo no lo hago no lo hace nadie. Tengo momentos en los que me reactivo y no paro y otros que me amodorro y me doy como asquito de mí mismo. Hay momentos en los que me convirtiendo en el rey de los gandules. Por eso me cabreo conmigo mismo. Ya se me pasará. Con mi hermana es diferente. El cabreo es visceral. Ya sé que no debería cabrearme pero no soy el único que lo está con ella. Tiene a todas las enfermeras y enfermeros revolucionados, y no sólo eso, María también está muy cabreada con ella. Lleva desde que nos fuimos a Francia robando pastillas como una posesa. Aunque os parezca imposible es más rápida que el correcaminos. Se cuela por donde haga falta para echar mano de los medicamentos de los carritos (incluso roba llaves para abrir las puertas donde los encierran) El problema es que roba todo tipo de medicamentos suyos o de otros pacientes. Los suyos se los toma desordenadamente causándole todo tipo de problemas digestivos y físicos: Babea, tiembla mucho más, el iris desaparece sorprendentemente de sus ojos y vomita un liquido acuoso entre blanco y amarillo de lo más desagradable. Las pastillas de los otros pacientes las tira a la papelera de su habitación. Eso si, después de abrirlos y jugar con ellos durante un buen rato manoseándolos hasta que casi se deshacen (no como los M&M). Cuando la pillan con las manos en la masa las broncas son morrocotudas, incluso la han llegado a atar en numerosas ocasiones. Roba cuchillos de la bandeja de la comida y se entretiene lo que haga falta por desatarse, rasca que te rasca, los puntos débiles de sus ataduras convertida en una versión desquiciada de Harry Houdini. En uno de los hospitales que estuvo con anterioridad llegó a tratar de destornillar una puerta con un cuchillo romo. La puerta daba a una habitación donde las enfermeras guardaban los medicamentos. También robaba los imanes que la liberaban de las correas que la aprisionaban en la silla de su habitación. Un día la encerraron en el pabellón psiquiátrico y se peleó con un par de Yonkis por conseguir una silla para de esta forma tener controlado el mostrador donde la enfermera guardaba la llave del botiquín de los medicamentos. Este episodio me lo comentó mi prima un mañana que fue a verla. La pobre salió con los pelos de punta que ríete tu de Elsa Lanchester en “La Novia de Frankestein”. Es tal su obsesión por las putas pastillas que, a veces, cuando le hablas, parece que no existas e incluso notas como te traspasa con su mirada absorta. No pueden (o quieren) cambiarle la medicación. Una medicación que, de boca de su neurólogo, causa un número elevado de adictos en población con Parkinson juvenil. Sin embargo no hacen nada para evitarlo. Salvo embolsarse dinero porque los medicamentos para este tipo de enfermedad cuestan muchísima pasta. Hace cuestión de meses que le da por apoderarse de una silla de ruedas. Ella puede andar (ya os digo si corre que se las pelas cuando se trata de pillar pastillas) a veces camina peor. No necesita silla de ruedas. Lo que hace es sentarse en ella en un cruce de pasillos para controlar a los enfermeros y los carritos de los medicamentos.
El domingo vino a casa. También lo hicieron los niños y Esther, que desde el viaje no los había visto y tenía muchas ganas. Cuando llegué al hospital con mi sobrino (mi sobrina no quiso ir a verla porque cuando está así pasa de ella y su hermano) no encontré a mi hermana en la habitación. La señora que comparte habitación con ella (ya que a Rosario, la madre de María la han cambiado de planta) me dijo muy estresada que mi hermana rondaba por los pasillos. Me lo dijo en un tono exasperante. Al parecer le había dado la mañana. Cuando mi sobrino y yo salimos al pasillo la vimos a lo lejos. Nos acercamos a ella. el niño le dio un fuerte abrazo. En eso aparecen las enfermeras. Dos de ellas (precisamente las que tienen más paciencia que un santo) me comentaron que estaban en un tris de no dejarla salir. Al parecer les había dado la mañana y la anterior y la otra y la de más allá. Me dieron tres sobrecitos con la medicación. Uno para las 13 horas, otro para las 16 horas y otro para las 19 horas. Mi hermana miró los sobrecitos como cuando a una mosca le ponen una luz azul fluorescente muy intensa y atractiva. Me guardé los sobres y nos fuimos para el coche. Durante el camino no hubo problemas. Escuchamos música (a mi sobrino le gusta mucho "Mika" y "Paul Hartnoll" y me pidió que se los pusiera) Yo también le puse "Shiny Toy Guns" que le gustó mucho (y de paso aprovecho para recomendar muy mucho a este grupo) Llegamos a casa y yo saqué la medicación para ponerla en una balda del mueble del comedor (gran error mío) A las 12:45 se puso a pedirme la medicación de la una. Insistente, como un disco rayado que alguien se olvida de desbloquear. Le digo que se espere. Parece hacerme caso pero cada vez que se acerca la hora ella se pone mucho más puñetitas. A las 13 le doy la medicación y se calma. Me pide ver una película. Ella me pide y yo le pongo la nueva versión de "Poseidón" (ya que como a mí nos gusta mucho y nos recuerda mucho nuestra infancia cinéfila) A ella parece gustarle. Eso sí, en ningún momento desde que ha llegado le pregunta a sus hijos como les ha ido el colegio. Yo le tengo que insistir que lo haga. Los niños se lo explican y ella como que no les hace mucho caso. Los niños se dan cuenta de que les ignora y dejan de contarles cosas. Yo voy a hacer la comida. Cuando acabo llega Esther y nos sentamos a la mesa. Mi hermana comienza a comerse el puré de patatas que le he hecho atragantándose en varias ocasiones. En un momento se levanta y se dirige al baño. Veo que tarda un poco. Sale sin tirar de la cadena. Yo voy a tirar pero me doy cuenta de que no ha hecho nada. Me empiezo a mosquear. Observo que mientras come tiene la lengua teñida de amarillo (una de las pastillas por las que ella siente devoción tiene la particularidad de teñir la lengua de ese color) y siempre que se ha dopado de forma extra (su record ha llegado a ser de 400 pastillas de más en un mes) la lengua parecía la piel del culo de "Bart Simpson". Sin mirarle a los ojos le pregunto si se ha tomado una pastilla de más. Ella me jura y perjura que no. Yo no le creo. Pasamos la tarde y a eso de las 15:30 se me pone de píe y se planta delante del mueble como si fuese un perrito que espera su galletita de compensación. Yo la miro de reojo. Ella también. No dice nada. Espera paciente a que yo le pregunte. Eso me escama. Le pregunto qué es lo que quiere. Ella me pide las pastillas. Yo le digo que se espere. Ella no quiere. Los niños observan la escena en silencio. Esther y Miguel también. A eso de las 16 me dirijo al mueble. Ella no se ha movido de su sitio. Su postura me recuerda años atrás, antes de conocer al capullo, cuando ella ponía música en el salón de casa. Tenía la puñetera manía de colocarse frente al tocadiscos con la mano apoyada en una de las baldas mientras bailando ligeramente respirando de forma muy nerviosa. Una de sus manías que más me sacaba de quicio (y a mi madre también) era no dejar terminar una canción. Siempre se comía un bloque de versos de los últimos minutos del disco. Odiaba cuando hacía eso. Ahora no había tocadiscos. Y el vinilo ya no tenía forma de vinilo sino de pastilla. Y, sorpresa la mía tampoco había dejado terminar la canción (en este caso el tratamiento) Cuando voy a echar mano de los sobres de las pastillas veo que me falta el correspondiente a las 19 horas. Fijaos si soy ingenuo que en un principio pienso que igual se ha caído del mueble con el viento. Mi sobrino me ayuda a buscarlo. No aparece por ningún lado. Miro en la mesa. A todo eso me voy diciendo que los sobres, los tres los había puesto juntos en la balda del mueble. No s, igual mi mente me ha jugado una mala pasada. De repente me acuerdo de la lengua amarilla. Le pregunto si ha pispado el sobre en un descuido mío. Ella me lo niega. Me pongo nervioso y vuelvo a buscar. Hasta voy al baño a ver si lo he dejado allí (o tal vez ella) Pero no aparece. Le vuelvo a insistir. Ella me lo niega de nuevo, un pelo ofendida. Yo me siento mal. ¿Y si me estoy equivocando y la estoy acusando delante de sus hijos de un descuido mío? Pero la lengua amarilla no se aparta de mi mente. Es más, me parece como si estuviese burlándose de mí. Le vuelvo a preguntar esta vez mosqueado. Ella me jura y me perjura incluso por que se muera alguno de sus hijos que no tiene ni se ha tomado las pastillas de las 19, eso sí me pide insistentemente las pastillas de las 16. Yo me niego a dársela hasta que no aparezca el dichoso sobre. Ella me ruega que se las de. Como si le fuese con ello la vida. Entonces hago una cosa. Le agarro el bolso y se lo registro. Ella mira mientras piensa “Frioo, friooo…” Yo rebusco en los bolsillos del bolso. Pero nada. Entonces la registro a ella. meto la mano en el bolsillo izquierdo del pantalón. De momento no encuentro nada. En cuanto voy a hacer lo mismo en el bolsillo derecho ella mete la mano rauda y trata de agarrar algo de su interior. Le pido que lo suelte y meto la mano. Noto un papel arrugado con algo semiduro dentro. Lo saco y es el sobre de las 19 horas. La primera cosa que oigo es a mis sobrinos exclamar: “Titoooo ¡Ha jurado porque nos muramos que no lo tenía!” Yo me cabreo. No como se habría cabreado mi cuñado pero sin recurrir a las manos. Nadie en la sala habla. Sólo yo. Me jode que haya jurado en vano sobre sus hijos para cubrir su adicción a las pastillas. Me imagino a los niños llegando a casa y contándole lo sucedido a mi cuñado. Me jode tener que darle en estos momentos la razón a él (sin justificar el uso de la violencia) Me jode que haya abusado de mi confianza. Me joden muchísimas cosas erróneas y jodidamente jodidas en ese momento… Ella mete la mano en el otro bolsillo y nerviosamente me da otra pastilla que tenía escondida. Nota que estoy furioso y no le conviene estar a malas conmigo. Me pide la pastilla de las 16. Dudo en dársela sobre todo por la reacción que pueda ocasionarle tras haberse tomado otra de un turno que no le correspondía. No sé qué hacer. Me ha bloqueado por completo. Al final se la doy. Se la toma y se sienta en el sofá. Como si nada me pide que le ponga otra película. Los niños eligen "Scary Movie 4". Se lo pasan en grande. Ella sentada a su lado sin abrazarlos ni compartiendo nada con ellos. Los niños (sobre todo Adam) se abraza a Esther de lo feliz que está de poder compartir la película con ella. No con su madre. Parece enfadado con ella o por lo menos ofuscado. Cuando acaba la película el niño se levanta , se acerca a su madre y le dice: “Mamá prométeme que no vas a hacer más lo de las pastillas” Ella le dice que no se lo promete, sino que se los jura, levantando las palmas de las manos tal y como me había hecho unas horas atrás. El niño le abraza. Ella también. Tiembla mucho. La sobredosis de pastillas le está haciendo efecto. Parece una bandera hondando ante un huracán. Yo le miro a los ojos y veo que está engañando a su hijo. Es la misma mirada que ha hecho siempre que ha jurado no robar más pastillas a mi prima, a las enfermeras, a los médicos, a la asistentas sociales, al psicólogo, a mi cuñado, a toda su familia, a mí y al Santo Cristo del Amor Hermoso. Mi sobrino era ahora uno más en la lista de engañados. Y eso me cabrea. Les pongo a los niños otra película “Scary Movie 2”. Se ríen como locos. Mi sobrina llama a su padre para quedarse más tiempo. Hablo con el capullo. Me dice que no hay problema. Se lo están pasando bomba (parece que lo de su madre lo tienen asumido o lo dejan por imposible) A las 19 Horas mi hermana se pone en pié. Quiere irse. El problema es que al haberse tomado las pastillas que no le correspondían no tiene dosis y no quiere quedarse en mi casa. Lo peor del todo es que comienza a joder la marrana a los niños para que se marchen a su casa. Miguel, Esther y yo la miramos perplejos. Yo me planto y me niego. Le digo que no tiene ningún derecho a echar a los niños de mi casa. Ella insiste que quiere ir al hospital y que vamos a llevar a los niños a su casa. Yo le digo que no. Los niños dicen que no. Quieren quedarse en casa más tiempo, esta vez jugando a juegos de cartas y de tablero. Ella insiste. Yo la mando a cagar. Le digo a los niños que se pueden quedar en casa si lo desean. Ellos me miran aliviados. Entonces ella me dice que si se quedan los niños yo me quedo y entonces no la llevo al hospital para que pueda tomarse sus putas pastillas (que debería haberse tomado correctamente) Me cabreo como un mono y la pongo de vuelta y media. Los niños me miran. Yo les miro. Parecen que están volviendo a ver una escena del pasado cuando su padre discutía con su madre y después de los gritos llovían bofetadas hasta que sonaban las campanadas de Año Nuevo. Para no joderles la tarde a los niños me llevo a mi hermana, aun emperrada por echar a los niños de mi casa. Eso si antes de irse me pide que le entregue latas de paté y unos trozos del pastel que ha traído Esther para poder tomárselos de resopón esa misma noche . En el rellano de la escalera la pongo a caldo verbalmente. No se da cuenta que le está dando la razón a él. Subimos al coche. No le dirijo la palabra. Llegamos al hospital. La acompaño a la habitación. Le dejo las bolsas con su ropa limpia que me ha dado Miguel de la colada del día anterior y el paté y los trozos de pastel y me voy. Antes de cruzar la puerta me llama y regreso. Me dice: “Acuérdate de pedirle a la enfermera la pastilla”. Me doy media vuelta cabreado. Ni un “Perdona, ni un lo siento, ni un adiós hasta la semana que viene…” Sólo le interesan la mierda de las pastillas. Me voy a ver a María que está con su madre y su hija en la planta de abajo. Le comento la situación. Ella me da malas noticias. El enfermero que cuida a mi hermana le ha comentado que la asistenta social y la dirección del hospital planean echarla ( ya con esta sería la tercera vez en dos años) Hablamos un poco del tema. También lo hacemos de otras cosas, aunque todo se centra en lo sucedido los últimos meses. En un momento me tranquiliza y me calma los nervios. Después de la charla me marcho a casa. Recojo a mis sobrinos y los llevo a su casa. No comentan nada de los sucedido creo que se lo han pasado tan bien que su madre no es más que una sombra, una imágen vaga detrás del divertimento de la velada. A partir de esa noche llevo durmiendo fatal. Muy mal.
Esta tarde me ha llamado María. Ha ido a ver a mi hermana y la ha puesto de vuelta y media. Se ha quedado a gusto con ella. Yo le he dado la razón y las gracias. Al parecer el lunes y el martes ha vuelto a rondar los carritos y las habitaciones de los medicamentos. Yo de momento me niego a ir a verla. Debe aprender a respetar y no a que le den todo hecho y que se le perdone por todo lo que hace mal. Tiene Parkinson, no Alzheimer. La cabeza le funciona de maravilla, por lo menos eso dice el informe psicológico. Me ha llamado estos días. Soy parco en palabras con ella y no me apetece hablarle mucho. Me llama para pedirme que le traiga cosas del supermercado. De momento no tengo intenciones de darle lo que me pida. Estoy cabreado y estoy en mi derecho. Por muy enferma o adicta que esté ella. Lo siento.

