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viernes, septiembre 29, 2006

El perro cojo

Hoy al ir a buscar a mi sobrina al colegio ha salido llorando. Yo pensando que había armado una le pregunto qué había pasado. El profesor se acerca y dice que niñas como ella hay pocas que tiene un corazon de oro y muy grande. Yo pregunto de nuevo y me dice que lloraba por un poema de Alberti que le han leido en clase. El poema es éste:

La pata coja colgando, como una inútil piltrafa, pasó el perro por mi lado.
Un perro de pobre casta, uno de esos, callejero, pobre de sangre y de estampa, nacen en cualquier rincón de perras tristes y flacas, destinados a comer basura de plaza en plaza.
Si pequeños por el qué, fino y ágil de la infancia, baloncitos de peluche, tibios borlones de lana los miman, los acurrucan, los sacan al sol, les cantan ... de mayores, por el qué conque se les fue la gracia, los dejan a su ventura, mendigos de casa en casa, sus hambres por los rincones y su sed sobre las charcas...
¡Y que tristes ojos tienen! , ¡Qué recóndita mirada!, como si en ella pusieran su dolor a media asta ... y se mueren, de tristeza, a la sombra de una tapia si es que un lazo no les da una muerte anticipada.
Yo lo llamo: - ven, no te hago nada - todo hociquito curioso, toda sed, hambre, nostalgia. Un perro si se le llama, huele la voz esperando, pan, caricias o pedradas, no en vano lleva marcado un mal recuerdo en su pata.
Lo vuelvo a llamar ... , dócil a medias, avanza, moviendo el rabo con miedo y atrás las orejas gachas ... Chasco los dedos le digo - ven aquí, no te hago nada ,vamos , vamos, ven aquí - ... y ¡adiós a la desconfianza!, que ya se tiende a mis pies, a tiernos aullidos habla, ladra , para hablar más fuerte, salta, gira, gira, salta, lloran, ríen, ríen lloran, lengua, orejas, ojos, patas y el rabo es un incansable abanico de palabras ... Es su alegría tan grande que estoy seguro que canta
Alguien le ha dicho - ven aquí, no te hago nada. Y le nacen de alegría aullidos como palabras. Sólo su patita coja, no puede decirme nada - ¿ que piedra te dejó cojo?, si, si ¡malhaya, malhaya! ... el perro me entiende, sabe que estoy maldiciendo la pedrada, esa pedrada dura que le destrozó la pata y con el rabo me está agradeciendo la lástima.
- Pero tú no te preocupes , ya no te faltará nada, yo también soy callejero, bien que de distintas plazas y a patita coja y triste, voy de jornada en jornada, las piedras que me tiraron, me dejaron coja el alma entre basuras de tierra tengo mi pan y mi almohada ... Vamos pues perrito mío, vamos ¡anda que te anda!, con nuestra cojera a cuestas con nuestra tristeza en andas; yo por mis calles oscuras, tú por tus calles calladas, tú la pedrada en el cuerpo, yo la pedrada, en el alma ... y cuando mueras amigo, yo te enterraré en mi casa, bajo un letrero que diga: - aquí yace, un amigo de mi infancia - Y en el cielo de los perros, pan tierno y carne mechada, te regalará San Roque, una muleta de plata - ...
Compañero, si los hay, amigo, dónde los haya, mi perro y yo por la vida, pan pobre, rica compaña.
Era joven y era viejo, por más que yo lo cuidaba, el tiempo malo pasado lo dejó medio sin alma, fueron muchas hambres juntas, mucho peso para sus tres patas.
Y una mañana, en el huerto, debajo de mi ventana, lo encontré, tendido, frío, como una piedra mojada ... Como un duro musgo, el pelo con el rocío brillaba. Ya estaba mi pobre perro muerto de las cuatro patas. Hacia el cielo de los perros, se fue, anda que te anda, las orejas de relente y el hociquito de escarcha ...
Portero y dueño del cielo, San Roque en la puerta estaba, ortopédico de mimos, cirujano de palabras, bien surtido de recambios con que curar viejas taras: - Para ti tu rabo de oro, para ti un ojo de ámbar, tú tus orejas de nieve, tú, tus colmillos de escarcha, tú ... - y mi perro le reía - , tú, ... ¡tu muleta de plata! ...
Ahora ya sé, por que está la noche agujereada, ¿estrellas? , ¿luceros? ¡ No ! es mi perro que cuando anda, con la muleta va haciendo, agujeritos de plata ...

Aislamiento

Hoy he ido a visitar a mi hermana. Nada ha cambiado. El "Parkinson" sigue ahí, dominando su existencia. Sin tregua. Haciéndola zarandearse como si viviera constantemente en un terremoto de 8 grados en la escala "Ritcher".
Pero eso no es lo peor...
Está consumida, ya no es lo que es, está a años luz de quien era. Hace tiempo que dejó de ser una persona normal y corriente.
Pero eso no es lo peor...
Siempre le había gustado much
o bailar. Ahora lo hace forzadamente, como si participase en un maratón y se hubiese obcecado por ganar el primer premio. Pierde kilos a velocidad del rayo y ha de consumir mucho azúcar, su cuerpo se lo pide a gritos.
Pero eso no es lo peor...
Las pastillas se han convertido en su máxima obsesión. Son su dios y su demonio. Por ellas podría hacer cualquier cosa. Es más, ya lo ha hecho. Pisotea su dignidad con tal de echarse una a la boca. El pro
blema es que no puede vivir sin ellas en ninguno de los sentidos. Las necesita y las ansía. Está encadenada a ellas y nadie hace nada por buscar una solución.
Pero eso no es lo peor...
Yo soy una presencia en su vida, alguien que sólo le aporta bollería industrial y azúcar. Alguien que va a visitarla y con quien no puede comunicarse porque no hay comprensión. El "Parkinson" no le deja hablar, solo murmurar. Las pastillas no le dejan ser ella, me miente y me oculta cosas con tal de tener su dosis extra, una dosis que roba ante la impasible mirada de quienes la cuidan y le prometen una poco creíble estabilidad. ¿Ayuda? nula, solo atiborrarla de pastillas que no sirven para nada, pero si para llenar los bolsillos de ajenos y prepotentes que no hacen absolutamente nada por una persona de 42 años encerrada en un tormento constante. No le dan una oportunidad, que la hay, para ser ella y disfrutar
de la vida. A veces pienso que mi hermana se fue, a dónde lo dejo a la imaginación de cada uno. Lo que hay aquí es solo una carcasa, un saco de nervios y temblores incontrolados, por eso no puede hablar por que ella no está, por eso no me puede ayudar cuando a veces más lo necesito (quien tiene hermanos sabe a que me refiero). Ella es mi único enlace con mis primeros años de vida. Quien ha compartido unos padres, una vivencias, los mejores y peores momentos de mi vida. Y no está. No está.
Pero eso no es lo peor...
Sus hijos, la vida que ella había soñado, están al otro extremo de un puente. Un puente roto, destrozado por el mismo terremoto que la domina y azotado por vientos huracanados que nunca desaparecen ni van a desaparecer. Eso nos han dicho. Pese a estar aun aquí, presente ella no va a volver. No va a poder disfrutar de la infancia ni adolescencia de sus hijos. Yo si, y pienso que no debería ser así. No es justo. Ella es su madre, tiene todo el derecho del mundo a poder disfrutar de ellos. Yo debería estar en segundo plano en sus vidas, una rama del árbol, no todo el tronco. Ella deseaba más que nadie a esos niños y no puede ni comunicarse con ellos. Ni un simple consejo de madre. Ni un simple aliento en sus momentos más dificiles. Nada. Nada...
Pero eso no es lo peor...

jueves, septiembre 14, 2006

Mi portátil está en coma...

Hace unos días que no me quiere arrancar como Dios manda.
Siempre me sale la misma pantalla: "Inicio a prueba de errores" Por muchas opciones que pulse siempre me va a parar al mismo sitio.
He rezado a "San Judas Tadeo" (patrón de los imposibles) a ver si me hace un milagro y lo "sana" sin tener que acudir a los servicios técnicos de "HP". Suerte que en casa tengo más ordenadores. Pero no son portátiles. Todo comenzó cuando me instalé una suite de "NOKIA" para mi "7710". Cuando apagué el ordenador me salió un mensaje en pantalla azul que no me dejó leer. Luego al arrancarlo me comenzó a dar problemas. En una de las intentonas me sugirió que había instalado "Hardware" o "Software" conflictivo y por eso se habia colgado. No me apetece reinstalar o borrar todo lo que hay (entre otras cosas el catálogo actualizado de las 1127 películas en DVD de mi colección. No se que hacer... ¿Alguna sugerencia?

miércoles, septiembre 13, 2006

Regresión

Ayer fue un día extraño, uno de esos en los que se mueven millones de cosas ahí donde quiera que se escondan las emociones. Mis sobrinos comenzaron el nuevo curso escolar y lo hicieron en el mismo colegio donde mi hermana y yo cursamos primaria y EGB. Vamos, el viejo colegio de toda la vida. Ese lugar al que siempre guardas en tus recuerdos y del que ya he comentado algunas cosas en este "Blog". El viernes fui a inscribirlos. Resultó que Laura (mi sobrina) no tenía forma humana de conseguir plaza donde había elegido mi cuñado, un colegio (para mi) horrendo donde el "cholismo" se imponía ante todas las cosas. Al final, aliviado decidí llevarla al colegio de mi infancia, muy cerca de casa. Cuando entré estaba todo igual. Nada había cambiado desde cuando lo dejé en 1982. Parecía que no había pasado el tiempo. Eché un vistazo al vestíbulo. Sólo había un cambio, el director del centro ya no existía, había fallecido en 1997. Su lugar lo ocupaba su hija, que curiosamente había sido compañera de curso de mi hermana. En cuanto me vio me reconoció. Comenté la situación de la niña y me dijo que no había problema para matricularla, es más podía incluso matricular a mi sobrino si quería todo al haber sido mi hermana y yo ex alumnos.
Nos enseñó el colegio. Me hizo mucha ilusión aun así de no me hacerme casi falta. Conocía cada rincón, cada puerta… A cada paso que daba miles de imágenes se me agolpaban en la mente… Ahí estaba yo mi primer día de clase, agarrado a la mano de mi madre y a punto de echar cubos de lágrimas. También estaban las escaleras de acceso a las clases, donde bajaba raudo cuando éstas acababan, bien para ir al patio o bien para irme a casa. Vi el despacho de dirección, tal y como yo lo recordaba… Cuando llegué al patio incluso me pareció escuchar el sonido de las voces de todos mis compañeros y amigos. Cualquier lado en el que mirase ahí estaba yo con la bata azul a rayas. Incluso les enseñé mis sobrinos mi clase de párvulos… Me sentía como sumergido en una película de "Frank Capra".
Salimos al patio. Quizás el sitio que más transformaciones había sufrido. Pero aun y así mantenía su esencia. Aun vi la barandilla donde jugábamos a las películas, los patios pequeños donde nos escondíamos para no hacer gimnasia, los vestuarios, los baños, todo, absolutamente todo aun estaba allí. Mis sobrinos se entusiasmaron tanto con lo que vieron que incluso "Adam" me pidió que lo borrásemos de su colegio actual y lo matriculáramos donde había estudiado su madre y su tito. Y así lo hicimos.
Ayer fue su primer día. Yo pasé mala noche, pensando en como le iba a ir el nuevo curso. Parecía como si fuera a ser yo quien iba a comenzar las clases en vez de ellos. Los llevé andando desde casa. Mostrándoles el camino más rápido. No era mi ruta habitual pero si una de las que yo tomaba cuando se me hacía tarde llegar a clase. La llamaba "El Atajo". Los acompañé al patio y dejé a mi sobrino en la biblioteca con los otros alumnos de quinto de primaria. Precisamente en el edificio donde cursé primero y segundo de EGB. A mi sobrina fui a verla después, estaba esperando que la llevasen a comedor donde se encontraban los otros alumnos de ESO. Por un momento he sentido que mis sobrinos no eran ellos sino mi hermana y yo, y yo mismo era mis padres en el primer día de curso. La historia se repetía como treinta y seis años más tarde. Cuando fui a buscarlos por la mañana reconozco que iba un poco preocupado. No sabía si se habían integrado, si lo habían pasado bien o si les gustaba nada su nueva escuela. Me acordaba mucho de mis propias experiencias. Cuando salió mi sobrino, estaba sonriente y con muchas ganas de contarme cosas. "Aun era pronto para hacer amigos, pero ya se había puesto en ello". Me comentó. Estaba sentado junto a él esperando a mi sobrina cuando oí a alguien que me llamaba. De repente vi a una mujer que me sonaba mucho su cara. Me levanté, me acerqué y ella me preguntó: "¿No te acuerdas de mí?, fui tu profesora de primero..." Yo me quedé de piedra flipando pepinillos como dirigibles. ¡Mi profesora de primero de básica y treinta y seis años más tarde aun está en activo! Resulta también iba a ser una de las profesoras de mi sobrino. Pero ahí no acabó todo. Me llevó al otro lado de la sala, se acercó otra señora y le dijo: "¿Sabes quién es esté señor?" La otra mujer me miró y le dijo: "La verdad es que me suena pero de hace muchísimo tiempo..." Y entonces ella le dijo mi apellido. (Nos conocían y nos trataban por él como norma general) La mujer como que se alegra de verme. ¡Era mi profesora de párvulos quien me enseñó a la forma de las vocales y algunos números! Aquello, por un momento parecía un episodio de "Twilight Zone". Uno de esos en los que el tiempo sufría un extraño pliegue y personajes del pasado se mezclaban con los del futuro y todos juntos daban un triple salto mortal sin red. Reconozco que durante el día me costó mucho asimilar que mis profesoras de mi infancia, lejanas ya en la memoria, aun estuvieran en activo. También vi a más profesores. Uno de ellos mi profesor de historia y dibujo de sexto, séptimo y octavo. Otra de las profesoras de mi sobrino iba a ser la primera profesora que tubo mi hermana en ese colegio, cuando comenzó primero de básica. También vi a niños las típicas batas escolares, las mismas que utilicé yo, y ha sido muy emotivo…

Por cierto anoche en Barcelona, después de mucho tiempo, llovió de forma torrencial. Lo mismo que sucedió en el fondo de mi corazón.

sábado, septiembre 09, 2006

¡Canas!

Hace unos días me corte el pelo con la maquinilla eléctrica. Mientras retiraba los mechones de la cabeza contemplé sorprendido la cantidad de canas que había allí reunidas, todas junta, como mirándome maliciosamente y diciendo: ¡Hoooolaaaaaaaaaa buenassssss! ¿Qué no te estas dando cuenta de que te estas haciendo viejooooo?" No salía de mi asombro. Ahí estaban todos esos pelos blancos entre mis dedos. Veamos, sabía que tenía canas, suelo verla cuando me contemplo en el espejo y eso a pesar de que mi pelo es rubio (pero no de bote) por lo que se me camuflan bastante. A ver, un momentito, no os penséis ahora que me ha entrado la melopera de que me estoy haciendo viejo así como de repente... Se que tengo casi cuarenta años y que mi cuerpo está entrando (eso si, sin pedirme permiso) en la etapa denominada segunda edad, vamos cuando la madurez precede a la chochez... Es curioso, pero aun y así yo me siento joven. En primer lugar hago cosas que mis padres no hacían a mi edad (y eso que mis padres eran bastante modernos y adelantados a su época). Pero yo no me imagino a mi padre, jugando a videojuegos, navegar por “Internet” en busca de ficheros para descargar, ser friky de "Star Wars" o del DVD o incluso vestir como yo visto. Vamos llevando una vida como la mía mucho más desenfadada. Él a los cuarenta ya tenía una familia más que creada (¿cuantos de nosotros a los cuarenta la tenemos?), con un trabajo fijo en una multinacional con pretensiones de llegar a manager de la misma (no comment) y una actitud hacia la vida que quizás veo ahora mismo mucho más reflejada en personas de cincuenta años.
Sino fijaos... Hoy en día a una persona de veinte años la vemos como a un un niño. En la época de mis padres con veinte años ya se formaba una familia y se comenzaba a tener trabajo. A los veinticinco años ya se era padre de, por lo menos, un churumbel y a los treinta ya, en algunos casos, se tenía familia numerosa. Mis padres, por ejemplo, se casaron a los veintiocho y ya los veían como demasiado viejos. Hoy en día es más común tener hijos a partir de los treinta o incluso a los cuarenta o tener pareja estable a los treinta y casarse a los treinta y seis que en se época. Antes una persona de sesenta años era un viejo, ahora se le ve como una persona de cincuenta. Los de ochenta tienen el aspecto que tenían los de sesenta treinta años atrás.
Algo está pasando...
Supongo que la calidad de vida que llevamos es mucho mejor que la de nuestros padres o abuelos, los valores también cambian y con ellos las actitudes (como la estúpida costumbre de vestirse de negro para la eternidad en muchas mujeres al llegar a los cuarenta) Eso sí, las cremas regeneradoras, el “Botox” o la cirugía estética también hacen maravillas.
Pero hay cosas que no cambian… las canas. Son puntuales como el conejo blanco (valga la redundancia) de "Alicia en el País de las Maravillas". Pueden esconderse, pero siempre vuelven a salir. Son implacables. Pero da igual, al final acabas acostumbrandote a ellas. Incluso las ves atractivas (dicen las malas lenguas que son signo de sabiduría...) A partir de ahora cuando las veo asomar en el espejo, me miro fijamente a los ojos y me digo en voz alta: "Tengo canas por que mi cuerpo envejece, pero mi alma sigue siendo joven."

viernes, septiembre 08, 2006

El pensamiento de la semana.

"Hay millones de granos de arena en un desierto.
Hay una pregunta en cada grano de arena.
Hay un desierto lleno de preguntas que buscan contestación."

©Richard. A. Archer

martes, septiembre 05, 2006

"Hoy he aprendido una palabra nueva..."

Como decía el personaje de "Jim" (Christian Bale) en "El Imperio del Sol". Bueno, en mi caso lo que he aprendido éste verano es a ampliar su definición.
¿Y cuál es la palabra? Pues bien, la palabreja en cuestión es "Tolerancia" (por cierto, prima hermana de convivencia, clemencia y respeto). Todo lo nuevo que he asimilado sobre este término es que la tolerancia es tan, o incluso, más maleable que un moco blando.
A ver, uno puede ser tolerante por conv
icción, sobre todo si aplicas alguno (o todos) de sus otros complementos (mencionados un poco más arriba), pero claro para funcionar se ha de hacer como la magia. Se ha de creer en ella. Sino, ni con agua caliente sale. Pero hete ahí que también se puede ser tolerante por conveniencia. "Yo te tolero porque me interesa tolerarte, cuando me canse de ti, no me aportes nada o ya haya conseguido lo que quiero, entonces ya no te soportaré ergo no te toleraré. Es más hago que te ignoro y te desprecio."
Claro, luego sucede que quienes suelen aplicar dicha regla se quedan más solos que la una, incluso por aquellos que una vez le apreciaron o los apoyaron. Y es que, a veces hay que pensar un poco y reconocer que, no siempre se cae bien a todo el mundo. Hay personajillos que no son la alegría de la huerta, el centro del universo o el ombligo del mundo. Los hay que por su caracter de borde se quedan más encasillado que la chica del logotipo de "Columbia Pictures". Es entonces cuando, sintiéndose solo/a y completamente desplazado/a llega la etapa de semtirse un animalito herido/a, desconcertado/a, o puede que incluso de manipulado/a (siempre, habrá en el mundo algún capullo/a que puede llegar a pagar los platos sucios de tu despotismo y encima sin enterarse) también los hay que llegan a rebajarse (olvidando que en un pasado sabíais que os despreciaba) con tal de que cuenten con ellos/as en los cotarros, viajes y fiestas. Vamos, como si nunca hubiese ocurrido nada. Hay gente que sabe hacer muy bien de alfombra. Pero alfombra "Külpeskopenhar" para puerta de "IKEA". Son todo unos/as expertos/as. Los hay que hacen cualquier cosa con tal de que tú les vuelvas a tolerar y, con ello, conseguir (si es posible) aportar nuevos (o antiguos) amigos a su anodina y solitaria vida.