lunes, noviembre 19, 2007

Sonata de Otoño en D Menor.

INTRO:

Hace muchos días que no escribo nada. No es por falta de ganas ni porque no haya pasado nada. Todo lo contrario. Para estas fechas suelo estar muy ocupado en los especiales de navidad de la revista FOTOGRAMAS. Por un lado ese trabajo me consume mucho tiempo pero por otro me compensa económicamente muy bien y uno no rechaza un pescado de tal calibre por otros menesteres. No están las cosas como para rechazar semejante bocado. Me he permitido el lujo de dedicarle el título de un post al mundo de la música clásica (que tanto le gustaba a mi padre) no precisamente para hablar de de música, sino de crear una sinfonía con todos los acontecimientos buenos y malos que se han sucedido estas dos últimas semanas y que en muchos aspectos marcarán un antes y un después en mi vida y en la de quienes me rodean.

Si más no recuerdo la situación con mis sobrinos se había quedado un poco desalentada en el último post. Bien, la cosa ha evolucionado en cuestión de días de forma exacerbada, pero no os podéis imaginar cuanto. Vayamos por partes porque no quiero desvelar nada tan pronto. Hay post para rato y las buenas historias (y soy de los que piensan que tanto si son reales o como si no) han de saberse dosificar para crear algo de expectación. A partir del día que los niños vinieron a casa rebotados con su padre y su actitud hacia sus visitas a mi casa las cosas han mejorado mucho entre ellos y yo, sobre todo con las relaciones con mi sobrina. Desde ese día hablo cada noche por teléfono con ellos, antes de que su padre llegue a casa, sin que él lo sepa, porque ellos quieren y me han pedido que sea así. Supongo que en el fondo se están sintiendo bastante desamparados y necesitan a donde agarrarse después del naufragio en el que se está convirtiendo sus vidas. En cada llamada que hago me estoy dando cuenta de que algo extraño estaba sucediendo a su alrededor, y no me refiero a los maltratos tanto físicos ni verbales que los hay y siguen su pauta, sino en que algo o alguien esta como forzando los acontecimientos para que esos niños salgan de esa casa. Por otro lado su padre está cavilando algo y con el tiempo no he tardado mucho en averiguar qué es, para nuestra sorpresa, y con qué pretensiones.

Sonata número 1 “BORDERLINE”.

Un par de días antes de la llegada del puente de Todos los Santos me reuní con Paloma para comentar el tema de la petición de divorcio por mutuo acuerdo al que habíamos llegado con la otra parte implicada en el asunto. La reunión más que nada era informativa y mucho más centrada en el comentario que le hizo el abogado de él a paloma respecto a su cliente. Parece ser que en una llamada a su despacho el abogado le preguntó a Paloma si conocía a su cliente. Ella le dijo que no. Él le dijo que en cierta forma la envidiaba. Paloma, algo perpleja le dijo porqué. El hombre le contestó algo más o menos así: Mi cliente es un “Borderline” (en castellano aquel que roza la estupidez supina absoluta) peor claro, no se lo iba a decir a él porque entre otras cosas no quería perder un cliente. Le dijo que hiciéramos lo posible para quitarle los niños ya que veía muy claro que esos niños tenían que ir a vivir con su tío, el cual estaba siendo como un grano en el culo a su cliente porque no le dejaba pasar ni una… Le sugirió a Paloma (que no salía de su asombro) que buscásemos todos los testigos posibles para certificar que este tipejo no estaba preparado para tener la guardia y custodia de sus hijos. En la conversación el abogado de él se enteró de dos cosas que mi cuñado le había ocultado. La primera que tenía novia. La segunda que bebía (para su abogado él era ex alcohólico). Para guinda final el letrado le comentó a Paloma que mi cuñado era la única persona que se había encontrado en si vida que se jactaba de ser un guarro. Al parecer el hombre le había llamado la atención un par de veces por el intenso olor corporal que desprendía su cuerpo así como del aspecto sucio de su vestimenta.

Sonata número 2: Allegro por La Mancha.

A todo esto y sin todavía adelantar acontecimientos. Este puente de Todos los Santos bajamos una pequeña parte de quienes viajamos a Normandía a Albacete, concretamente a Pozohondo pueblo de donde es la madre de Miguel y en donde tiene una casa impresionante para pasar unos días de relax. Bajamos Miguel, Dani, la “Cuñá”, el hermano de Miguel, el hermano de la “cuñá”, su pareja, Lola una hurón muy dócil que se convirtió en el centro de atención de todo el mundo y un servidor. He de decir que el viaje fue un auténtico oasis, sobre todo porque tras varios días de estrés con el tema trabajo un poco de aire de La Mancha era todo un regalo del cielo. Eso sí, comimos como bestias, todo muy barato. Probamos platos típicos de la zona como el gazpacho manchego (nada que ver con el andaluz ni en cuanto aspecto ni en cuanto a sabor), mollejas, cabrito, higadillos de pollo, Ajo Matadero, queso manchego, cordero, embutido y un largo etcétera de productos autóctonos. Las excursiones eran una alegría para la vista sobre todo el nacimiento del Río Mundo (allí llamado Los Chorros) el mirador hacia el pueblo de Ayna, espectacular y varios paisajes más que pasaron ante nuestros ojos al ritmos de swing debido a la música que sonaba en el reproductor de MP3 que llevaba Dani. Porque Albacete suena a Swing os lo aseguro y además es un sonido que le pega muy bien. Lo mejor de la velada en Pozohondo fue la visita al cementerio en mitad de la noche. Si, como oís, y creo que sólo eso sucede en los pueblos, no todos pero en ese en concreto puedes visitar a los difuntos hasta pasada la medianoche. Ojo, no es un acontecimiento terrorífico desagradable, todo lo contrario. La gente del lugar ya se encarga de que no sea así. Lo cierto es que la visita nocturna al camposanto fue una experiencia increíblemente bella. Imaginaos un cementerio en las afueras de un pueblo, en mitad del campo, rodeado de un muro blanco y envuelto en un silencioso manto de estrellas. Al entrar por la puerta principal la vista se congratulaba de un espectáculo de coronas y ramos de flores aromáticas y albedos producidos por cientos de velas encendidas y pequeñas bombillas alimentadas por baterías de automóvil. El silencio y la armonía de las luces tintineando al unísono creaba una atmosfera mágica sin igual. Cada nicho, era como una casa, iluminada, habitada por un antiguo habitante del pueblo. Todas ellas estaban pulcramente engalanadas de mármol negro y decoradas con la foto en blanco y negro de su habitante o habitantes que las ocupaban. He de decir que el paseo no lo hicimos solos. Otros habitantes del pueblo habían acudido a velar a sus muertos en el más absoluto de los silencios. Uno de ellos nos llamó mucho la atención. Os cuento. En la misma entrada del cementerio había un panteón muy iluminado y en su interior se encontraba un hombre que fumaba incesantemente mientras que en silencio contemplaba la imagen de un niño de unos cinco o seis años adjunta a un nicho repleto de flores. El aspecto del hombre era triste a la par de silencioso. No era para menos. Nos enteramos que el hijo había muerto un par de años atrás debido a la coz de un caballo en una de las ferias que se sucedían alrededor. En varios momentos de la velada algunos habitantes del pueblo se acercaron a él y le dieron el pésame. Era extraño ya que a veces daba la sensación de que el hombre velaba al niño de la misma manera que un padre vela a su hijo cuando éste le pide que no se fuese de su lado antes de dormirse no sea que los monstruos de debajo de la cama tirasen de él para llevárselo a devorar a cualquier rincón de los infiernos. La sensación era que no se iba a ir de ahí hasta que el niño no se hubiera dormido. Si, extraño y triste y a la vez tierno. Lo más curioso es que cuando nos íbamos el hombre decidió marcharse también. Pero cada vez que intentaba cerrar la puerta del mausoleo no podía, desde la distancia daba la perturbadora sensación de que el niño no quería que su padre se fuera y tiraba de la manecilla de la puerta con sus manos invisibles para que su padre estuviera un rato más con él. Nos marchamos del cementerio con aquella perturbadora sensación para adéntranos en la noche en el “otro” silencio que reinaba en el “otro” pueblo.

Sonata número 3: Danza eslava con elefante en patines dentro de una tienda de jarrones de cristal.

La semana siguiente a la visita a Pozohondo fue como tomar carrerilla en una pendiente muy exagerada. El primer acontecimiento extraordinario de aquella semana es una llamada de Paloma a primera hora de la mañana. Me pide que baje corriendo a su casa que tiene que comunicarme algo muy importante. Yo, recién salido de la ducha, me seco, me visto y bajo corriendo al piso de abajo donde ella tiene el despacho. Me hace sentarme sin decirme nada de momento. Se sienta ella y me comenta: No te lo vas a creer. ¡Pero tu cuñado te concede la guardia y custodia de tus sobrinos! Yo tardo en reaccionar. En serio pienso que estoy soñando. Le pregunto cómo es posible eso. Ella me dice que él ha hablado con los niños y que estos que quieren ir a vivir con nosotros, que él no quiere gastos y que me cede la guardia y custodia de los niños a cambio de hacernos cargo de los gastos de estos. Eso sí, él asegura (y dudo que lo cumpla) que nos concederá doscientos míseros euros por los dos niños al mes. Paloma me pregunta varias veces que como me siento. Yo aun no salgo del asombro. Por un lado mi mente es un batiburrillo de sensaciones y emociones, todas condensadas y en estado de ebullición pero sin que ninguna de ellas destaque sobre las demás. Siento pena por los niños, por como su padre se desentiende de ellos y los abandona sin luchar por ello. Siento un peso de la responsabilidad sobre mis espaldas encorvándome hasta límites insospechados, siento una especie de alegría porque lo que parecía prácticamente imposible se puede hacer realidad. Cree en los milagros me repite mi mente sin parar, es como el sonido de la percusión entre esa cacofonía de emociones que me envuelven en ese momento. Siento alivio porque por fin los niños salen de la garra de su padre de una forma nada violenta. Siento tristeza por ver como una familia se rompe por culpa de una enfermedad y de una falta de entendimiento de la misma. También siento como una nueva oportunidad se acerca a la vida de todos los involucrados en esta tragicomedia y como los cambios se avecinan como olas de Tsunamis a nuestras vidas. Lo curioso de todo es que estos sentimientos están todos dentro de mi cabeza. Por la reacción de Paloma mi rostro no muestra absolutamente nada. Ella lo comprende. Demasiado bonito y demasiado intenso a la vez. Añade que el padre de los niños quiere irse de Barcelona y que ellos no quieren abandonar ni su colegio ni sus amigos ni a su Tito. Más adelante está excusa, va cobrando otro sentido, con mucho más peso y mayor fuerza que lo que aparenta en un principio. Abandono el despacho de Paloma con la responsabilidad de haber asumido que si me quedo los niños. La primera cosa que he de hacer es comunicárselo a Miguel que aun está en casa. Pienso en como lo hacen en las películas, si eso de “Cariñooooo, siéntate un momento que tengo una notica que comentarte…” Pienso que es la mejor forma. Entro en casa y comienzo a darme cuenta de que mi cuerpo reacciona ya ante la noticia. Entro en el salón y como si ya me hubiese escuchado los pensamientos desde la escalera Miguel me espera sentado en el sofá. Me pregunta que sucede. Yo No contesto hasta unos segundos más tarde. Tengo la mano derecha adherida a la boca como cuando evitas que se escape el vómito antes de llegar al lavabo. Cinco segundos más tarde despego las manos y le digo “Somos papás.” No hubo lloros, ni gritos, ni huidas despavoridas dejando la silueta en la puerta o pared como en los dibujos animados. La reacción de Miguel es la misma que la mía, aunque algo mas cerebral. El siguiente comentario que aparece en acción es “Ahora ya no tenemos excusa para no casarnos.” Le explico lo que me ha contado Paloma. También hacemos suposiciones de lo que puede haber sucedido. Después de eso nos vamos a la calle. Llevo a Miguel al trabajo y yo me dirijo a la redacción de Fotogramas para entregar las últimas fotografías y secciones del especial sobre videojuegos. Nada más llegar a la redacción se lo comunico a Consuelo, la recepcionista que abandona su puesto y me da un par de besos. Subo a la redacción y le comento a Toni (director de la revista) lo sucedido. Me felicita. En la reunión que tengo con él en los despachos de debajo de vez en cuando me llegan oleadas de emociones, leves pero si para olvidarme por un segundo de la monotonía. Lo curioso es que esas oleadas llegan con impurezas del tipo: Menudo follón te has metido “Richie” (que es así como me llamo yo a mí mismo cuando me encuentro apesadumbrado o terriblemente emocionado). Me marcho de Fotogramas para ir a ver a mi hermana y acabar de comunicarle la noticia, ya que antes de irme a la calle con Miguel la llamo para darle unas pinceladas. Llego al hospital y se lo comunico a las enfermeras de mañana. Se ponen muy contentas. Llego a la habitación y se lo vuelvo a comentar a mi hermana. Mi hermana se alegra mucho. Pero no deja de sentirse triste y preocupada. Triste por la actitud del padre en tirar de aquella forma la toalla ante sus hijos, que por otro lado es un alivio para nosotros, y preocupada porque la situación con el estrés y los nervios puede convertirse en un polvorín y creáis que iba muy desencaminada, pero no adelanto acontecimientos…

Después de ir a ver a mi hermana voy al colegio. Hablo con Silvia, la directora de la situación y ella me felicita muy emocionada. Le comento el tema de pagos de colegio, gastos etc, etc… Aquí empieza a asomarse la realidad y comienzo a comprender los motivos del capullo por querer soltar a los niños de sus garras. Entre otras cosas descubro: No paga colegio desde Septiembre, no ha pagado los libros de los niños, no ha aparecido por el centro desde el curso anterior, no firma las notas ni las excursiones de sus hijos (lo ha de hacer la directora), no se ha preocupado de solicitar ayudas ni becas de comedor para los niños (el colegio ha tenido que mover todos los papeles, yo entregué uno de ellos para las ayudas de comedor), los niños van vestidos de verano, van sucios al cole, no están rindiendo nada, se meten en muchos problemas debido a tensiones y situaciones de angustia… Luego descubro que va diciendo por ahí que tiene que pagar quinientos euros de colegio de los niños y que no tiene dinero para sobrevivir. Descubro que el colegio no es tan caro como lo pinta, ha de pagar solo ciento cuatro euros por los dos niños. Hay varias quejas de profesores sobre el estado de los niños y avisos para que Silvia lo comunique al EAIA (que por cierto ni se asoma por ningún lado y lo único que consigue es entorpecer aun más las cosas como ya leeréis más adelante) Todo estos datos no son más que la punta del iceberg de lo que se avecina a lo largo de los días. Me encuentro con mi sobrino. Lo abrazo y le digo (ya que días atrás me comunicó por teléfono una sorpresa muy grata que me haría muy feliz) que sus sorpresa me ha gustado. Mucho. Me da una docena de abrazos más y varios besos y se marcha feliz hacia su clase.

Sonata número 4: Adagio para dos infantes.

A lo largo de los días han seguido sucediendo cosas. Aceleradas la mayoría de ellas. Reuniones en el despacho de Paloma sobre el tema de los cambios en los acuerdos del divorcio de mi hermana (sobre todo en el tema de las visitas del padre a los niños ya que estas se producirían a la inversa de cómo habíamos estipulado, sobre todo al cambiar el rol de la guardia y custodia) pero también por las llamadas a casa de los niños donde uno descubre valiosos secretos que aun encumbraban más la patética imagen de mi cuñado. Los niños iban convencidos que su padre pagaba el colegio. Cosa que se desmintió ante la directora del colegio hace unos días cuando los niños tras una dramática llamada de socorro me comunicaron que querían hablar de los maltratos con alguien… Pero vayamos por partes. Me enteré que su padre no quería vivir más en Barcelona. Quería irse a un pueblo o según lo que me dijeron los niños a vivir a Rusia, Francia o Inglaterra (si, se admiten risas enlatadas). Les había dicho a los niños que él vendría a verlos muy de vez en cuando y que los llamaría cuando se le ocurriese. Pero a su casa nueva no irían ya que no quería que se les pasase información privilegiada al malvado de su tío. Nos enteramos que iría a vivir con su novia y los hijos de ella (un chico de quince años y una niña de trece, la misma edad que mi sobrina) Mi sobrina comentó que su padre quería que ella compartiera habitación con la otra niña y ella se negó. A partir de allí la relación de mi sobrina con su padre empezó a resquebrajarse permitiendo que toda la ira y la rabia contenida y sobre todo la mierda acumulada de todos estos meses saliesen escupida a la superficie cual agua sulfurosa del interior de un geiser en ebullición. Desde entonces las peleas con la niña fueron en aumento con las consecuentes amenazas, gritos, golpes e improperios por parte de su padre. El los amenazó con llevárselos consigo y con que nunca más vería a su tío ni a su madre. Los niños cuando les llamaba entre lágrimas me comentaban las mil y una perrerías que les decía o hacía su padre. Aun no tenían teléfono ya que él no lo había pagado y también para evitar que los niños me llamasen a mí para comentar todo lo que sucedía en casa. Los encerraba en casa los sábados para que no se escapasen a mi casa o salieran a la calle a jugar. Le comentaron a mi hermana por teléfono y a mi mucho mas tarde que su padre no sabía que entre semana, cuando salían del cole se iban al parque de debajo de su casa a jugar con otros niños una media hora, le decían al padre que estaban en la biblioteca del cole haciendo deberes. Como ya he comentado más arriba tampoco él sabía que yo me comunicaba con los niños. Por fin había sabido diferenciar lo que era bueno y correcto para ellos y lo que era malo (o quien era malo) en sus vidas. Supongo que os preguntaréis que ha sido de sus tías (sobre todo de La Sargento de Hierro) Pues bien, al parecer ya no se habla con su hermano. Al parecer tuvieron una violenta pelea verbal (y vía SMS) con insultos y vejaciones de todos los tamaños y colores, creemos debido a la relación que tiene mi cuñado con su novia ecuatoriana (hay que comentar que La Sargento es bastante racista, de ahí se entendería su alejamiento en toda esta historia) El problema (aunque toco madera) es que apareciese con motivo de las fiestas navideñas. Eso es uno de los inconveniente que tiene la navidad que acerca a las familias por muy deteriorada que esté su relación. De ahí nuestra prisa para que él firmase los papeles y los niños viniesen a casa nuestra a vivir lo antes posible. Descubrimos que la novia de mi cuñado vive en un piso patera con varias familias más (por lo que entendemos que él quiere irse a vivir con toda esta gente así se libra de pagar el alquiler él solo. Que él solo se relaciona con alguna de sus hermanas, que el abuelo del los niños está desaparecido, que a mi cuñado le han cortado el suministro del agua en una ocasión. Que ha machacado a los niños con echarlos de casa y en el último momento cuando los niños estaban con el petate hecho él se ha puesto de rodillas ante ellos llorando que no lo dejasen. Que a mi sobrino un día que iba a venirse a mi casa, harto de los maltratos de su padre le obligó a quitarse los zapatos para que viniese a mi casa descalzo…

También estos días han pasado otras cosas. Miguel ha salido del armario en el trabajo y en su casa, ante sus padres. La situación que estamos viviendo así lo ha permitido. Mireya, una de sus compañeras de trabajo es concejal en Gelida, donde viven los padres de Miguel y éste le ha pedido que nos case. Ella se ha ofrecido encantadísima. Le ha hecho muchísima ilusión. Así que en tres meses, más o menos nos casamos. Estamos preparando cosas al respecto. Tenemos el lugar y también, gracias a María, madre de Sonia, un sitio esplendido para celebrar el convite. Estamos pensado la lista de invitados y esas cosas. Los niños están muy contentos con eso de ir a su primera boda. Lo mismo que todos los amigos y conocidos que nos rodean. En casa de Miguel aun están asimilando la noticia. Miguel se lo dijo a sus padres de forma indirecta. Estábamos comiendo este fin de semana y en eso que su madre llama al hermano menor de Miguel por teléfono (que vive en Granada) para saber cómo estaba. Miguel se pone a hablar con él y le pregunta si en primavera estaría de vuelta en Barcelona. El hermano le pregunta el porqué y Miguel le suelta que porque se casa conmigo. La madre, tíos y padre allí reunidos no salen de su asombro. No solo se enteran que su hijo es gay, sino que además se casa y de golpe se lleva en el mismo lote a dos niños. La situación es de lo más Felliniana. Eso sí, no hubo malos rollos. Es más, su madre le confiesa a Miguel ¡que nunca se había dado cuenta de nada!

El viernes, antes de que sucediera todo lo que he contado en el párrafo de arriba. Fui con mi hermana al colegio a ayudar a mis sobrinos a confesar todos los maltratos que había sufrido tanto ellos como mi hermana en manos de su padre. Todo sucedió el jueves por la tarde. Llamé a mis sobrinos. Estaban muy tristes. Al parecer los ineptos del EAIA habían hablado con mi cuñado y convencido para que no me entregase a los niños y que se los llevase él a donde coño se fuera. Si, lo que oís. Es más la Asistente Social o educadora del EAIA les dijo a los niños que ellos no podían opinar sobre el respecto y que tenían que hace los que su padre les dijera. No incluyo en este texto signos de admiración en primer lugar porque no los necesitan. La noticia en sí misma ya tiene peso suficiente como para hacer a quién lo lea ponerse los pelos de punta. Hacía días que tenía ganas de llamar al EAIA para mandarlo a la mierda. Entre otras cosas porque ni nosotros (mi hermana y yo) ni el colegio teníamos noticias de ellos desde el pasado mes de Julio cuando forzamos la reunión con el padre sobre el tema del viaje a Normandía. Desde entonces ni llamadas para hablar de cómo había ido el viaje ni reuniones con la madre de los niños para mantenerla informada de la situación en casa del padre. Es más un detalle, el día de la reunión del viaje no contaron con mi hermana para una reunión charla que tuvieron con el padre de los niños a puerta cerrada sobre temas de la educación y cuidado de ellos. Una vergüenza. Así que cuando colgué el teléfono a mis sobrinos (los pobre llorando porque su padre les había prohibido venir a verme más después del sabio consejo del EAIA) Llamé a Montse Taboada, responsable del caso y con un morro más grande que el mismísimo Himalaya. A este personaje no le hace nada de gracia hablar conmigo. Entre otras cosas porque conmigo no le sirve hablarme como si fuese un retrasado de la talla de mi cuñado. Por casualidades de la vida la encontré al otro lado del teléfono. La primera cosa que hago es recriminarle sobre la falta de información que tenemos el resto de la familia sobre el avance de estos dos niños. La tipa (con todo el morro del mundo) me dice. “Huy pues pensaba llamarte por teléfono mañana” (siempre me lo dice cuando la he llamado tras una larga temporada sin saber de ellos) Le comento la situación del cambio de domicilio de los niños y la tipa va y me insinúa que yo he forzado a mi cuñado a renunciar a sus hijos… Yo flipo en colores. Le comento que ha sido mi cuñado quien a ha renunciado a los niños y la tipa no se lo cree. Al parecer él le has vendido la moto que yo le he presionado a hacerlo y que ahora está desesperado porque su cuñado le arranca a sus hijos de sus brazos. Le comento mientras me muerdo la lengua que los niños habían avisado a Maite (la trabajadora social que tan buenos consejos había dado a mi cuñado) del maltrato sufrido por su padre los últimos días. La respuesta es que no cree a los niños. Me comienzo a cabrear como un mono. Ella me dice (tratando de esquivar mis pelotazos) que ahora no puede hablar conmigo y que me llamará la día siguiente para concretar día y hora para una reunión con Miguel y conmigo sobre el bienestar de los niños… Por supuesto la llamada no llegó a producirse y a día de hoy aun la espero. Llamo a Paloma y se cabrea tanto o incluso más que yo sobre el tema. Sobre todo porque ese misma tarde había entregado los papeles al abogado de mi cuñado con el tema divorcio y guardia y custodia de los niños. Llamó a los niños. Llorando me dicen que haga algo, que les ayude que no saben qué hacer que tienen mucho miedo a su padre. Mi sobrino me comenta que su hermana se enfrentó el día anterior a su padre ya que este les prohibía venir más a mi casa y no verme más. La niña dijo que ella se escaparía, él le contestó que llamaría a la policía, ella le dijo que si llamaba a la policía les contaría todos los maltratos que le hizo a su madre en Sant Cugat y en Artesa de Segre y las palizas que les propinó a su hermano y a ella, aparte de los insultos. El se cabrea como una bestia y le dice a gritos que la policía no le va a creer porque es menor y que él nunca los ha maltratado y que está harto que se le acuse de maltratador. La llama mentirosa (habitual en él) y ella le recrimina que no es mentirosa porque ha visto todos esos episodios. Ignoro si tras esta pelea hubo maltrato pero si se que al capullo lo dejó KO y hecho polvo. Ahora sus hijos eran dos traidores y no los quería, pero por otro lado no los dejaría escapar tan fácilmente. Escucho lo que me cuenta mi sobrino alucinado y a la vez asustado. Les pido que no provoquen a su padre, me dicen que no hace falta provocarlo él ya se encarga de encenderse solo y más después de una copa tras otra. Mi sobrino me cuenta que él comentó al EAIA que yo había dejado abandonados a los niños en Barcelona cuando nos fuimos a Albacete (cuando yo había insistido hasta la saciedad para que vinieran) y que no hago más que hacerles regalos para ganarme su cariño. Le digo a los niños que deben hablarlo con alguien que no sea el EAIA y les sugiero a Silvia Llucià, directora del colegio. Acceden porque dicen están hartos ya de la situación y quieren vivir tranquilos y en paz con nosotros. Al día siguiente mi hermana y yo nos reunimos con ellos en el despacho y Silvia les pregunta si quieren hablar de algo. Esta vez no hay represión y ambos comienzan a relatar todo lo que han vivido durante estos dos últimos años en su carne. Mencionan los insultos, los golpes, como su padre les arroja cosas al cuerpo, como sus tías, sobre todo La Sargento les golpeaba para no dejarle huella cuando había algo que a podía perjudicar a su hermano. Como su padre pegaba su madre y la insultaba y que ellos habían presenciado llorando en una esquina de la habitación. Como su padre le propinó una descomunal paliza a su hermano cuando se dejó las llaves en casa en Artesa de Segre (y que ya ye comentado en algún otro post del este blog) El niño confirmó, esta vez sin tapujos, como su padre amenazó a él a su madre y a su hermana con matarlos con un hacha que blandía en su mano mientras ellos lo miraban aterrorizados. De cómo su padre y su tío amenazaban o planeaban como matarme delante de ellos. De que cuando la novia de mi cuñado va a su casa el reacciona muy amablemente con los niños y cuando ella desaparece por la puerta él se vuelve una bestia sin compasión. Silvia escucha a los niños y toma nota. Les pide que se marchen un momento y les cita a las 16 horas para hablar un poco más del tema. A solas con ella nos comenta que la situación es muy grave y que es necesario hablar con el EAIA (a pesar de que sean tan inútiles) para que conozcan del tema. Por un lado celebra que los niños estén diciendo la verdad y salga toda la mierda a la luz. Por otro no deja (como nosotros) de sentirse horrorizada por los acontecimientos. Pero sobre todo por la falta de apoyo y de contrastar diversas opiniones del EAIA.

2 comentarios:

David dijo...

Richal, te lo digo en serio no te has planteado contar esto a alguna radio o television?, lo digo por la EAIA,por su incompetencia porque asi logran todo lo contrario de lo que supuestamente son, que por enesima vez ya te dije que por ese camino no ibas bien,pero no me hiciste caso siendo lo que soy y trabajando tanto en estos temas.Que me gusta soltartelo...

qigonjinn dijo...

felicidades fosquitin, felicidades uisemito

millones de besos