martes, agosto 26, 2008

Erase una vez en La Mancha. Episodio 4

Martes 04 de Agosto de 2008:
8.Aventuras por La Mancha. Albacete: Los Invasores.

Nuestra primera excursión no fue a visitar iglesias ni monumentos, ni lugares pintorescos (aunque pintoresco sí era nuestro destino, para qué comentarlo). Que mejor empezar nuestra ruta manchega visitando Albacete (la Manhattan de La Mancha) Pero no os penséis que íbamos a ver la ciudad y admirar sus calles y sus parques, que va. En todo caso lo que íbamos a admirar eran tenderetes de mercadillo, el mayor mercadillo de ropa, aparte de animales y alimentos que he visto en mi vida. Más de 600 puestos callejeros (y alguno que otro ilegal) para deleitar a los amantes de las gangas.

No sé porqué motivo los llaman "Los Invasores" pero sí es cierto que todo el recinto ferial donde están ubicados se encuentra invadido. Tratar de ir en un grupo homogéneo en estas circunstancias es una locura así que decidimos crear dos grupos. Uno grande formado por: José, Sonia, Isaac, Adam, Miguel y yo, y otro más pequeño formado por David, Alexa “La Cuña” y Laura. Mi sobrina estaba con ganas locas de comprarse cosas y se le notaba bastante nerviosa así que en manos de una experta mercadillera como “La Cuñá” iba a conseguir aquello que realmente buscaba. Menos mal que seguimos el consejo de la novia del primo de Miguel y David y presentarnos en el lugar temprano. No porque nos fuese a arrebatar las compras los madrugadores, sino porque aguantar el sol de agosto en plena cabezota podría ser una experiencia mortificante y peligrosa.

Pateamos el mercadillo, vimos de todo y compramos lo que más necesitábamos en esos momentos: Calzoncillos. Para todos los miembros masculinos de la casa. Laura se compró bragas y sostenes de esos de tres a cinco euros, como nos sucedió a nosotros con los gallumbos.

También compramos comida. Aceitunas, berenjenas de Almagro, fruta y alguna porquería más que nos apetecía. Esperamos a los otros miembros de la expedición en un bar cerca de los coches, al amparo del aire acondicionado y refrescándonos con varios tipos de bebidas.

Había planes muy sencillos para ese día. Una vez saqueado el mercado nos dirigiríamos a Pozohondo y visitaríamos la piscina municipal. Un buen chapuzón, comer algo en el bar de la piscina y luego en casa a pegarnos una buena siesta.

Bueno, cosa que hicimos pero a medias…

9. Prohibido Bañarse.

Pues nada que íbamos todos la mar de animados para meternos en la piscina y darnos un buen remojón y de repente nos encontramos que sólo podemos meternos en la piscina infantil, una cosa redonda, ancha, de aguas cálidas y sospechosamente turbias y con solo cincuenta centímetros de profundidad. Vamos, para intentar suicidarse tirándose de cabeza.

En este estupendo video que aquí dejo os lo explico:

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Pues sí, resulta ser que la depuradora de la piscina grande se había roto. Una lástima porque nada más ver aquellas aguas a uno le daban unas ganas locas de echarse una ducha y meterse de lo lindo en ella pero no. Había un mensaje muy claro impidiendo que accediésemos ni siquiera a mojarnos los pinreles.

Nos tumbamos un rato en el césped bajo unos árboles y nos remojamos, como pudimos, en la balsa para niños. Qué se le iba a hacer... Como teníamos hambre nos dirigimos al bar donde preguntamos si tenían comida para nosotros. Nos dijeron que la había. Nos sirvieron caracoles, carne mechada con tomate (de nuevo), calamares a la romana, patatas bravas, jamón y queso de la zona, sepia (que nunca vimos), queso frito y algún otro manjar que se nos sugirió, bebimos mucho y todo nos costó la friolera de ¡seis euros por persona! (bebidas incluidas)

Después de comer nos fuimos a casa. Allí nos pegamos un buen remojón en el patio a base de “manguerazos” (de esos que te hacen temblar las nalgas) luego tocó o siesta o ver una peli. Por la tarde noche recibimos la visita "obligada" de Carmiña y fuimos todos a dar una vuelta por el pueblo antes de cenar, salir al fresco, cantar un poco e irnos a dormir con el sonido de los ventiladores del parque eólico de fondo.

10.Miércoles 05 de Agosto de 2008. Voy camino a Lietor…

Quien diga que La Mancha (concretamente Albacete) es aburrida es que no la conoce. Por supuesto que no tiene el carisma de otras comunidades o provincias del sur o del norte, pero encanto tenerlo lo tiene. Sólo hace falta tener un buen guía y tirar millas. Miguel es mejor que un GPS, mejor aun que una guía de esas ilustrada. Cada vez que viajamos nos hace descubrir mil y una sorpresas visuales de aquellas que incluso no están en guías de papel o virtuales para ello se ha ganado con méritos propios el sobrenombre de guía Miguelín. Para los que somos un poco ineptos en geografía su sabiduría es de gran ayuda ya que expande nuestro campos de comprensión orográfica hasta límites insospechados.

Nuestro primer objetivo del tercer día de estancia era visitar Lietor, uno de los pueblos más emblemáticos de la zona por diversos motivos que ya iré anunciando a lo largo de este post (y que podréis contemplar en varios videos y fotografías) Para llegar al pueblo hay que bajar por una carretera llena de sinuosas curvas. Me gusta utilizar el significado de sinuoso, sobre todo para utilizarlo antes de la palabra curva. No sé, gilipoyadas semánticas mias... Bueno y es que en rectas lo que se dicen rectas no existen. Para los que se marean en marcha (Laura es una gran experta en ello, bueno a mi me sucede si no voy tras el volante) hay unos impresionantes miradores que dan a los precipicios y que dejan ver parte del caudal del río Mundo. Nosotros paramos en uno de ellos. Hay más pero este ofrecía unas vistas impresionantes.

Como somos muy ecológicos no llevamos los tres coches, así que “La Cuñá”, David, Miguel y yo ocupamos un coche (el de “La Cuñá”) y Sonia, José, Laura, Adam e Isaac ocuparon el otro vehículo. Uno de nuestros objetivos principales era ver momias, en serio, momias reales como la vida misma. Éstas habitan el subsuelo de un exconvento carmelita a la entrada del pueblo. Nosotros las vimos el año pasado, creo que lo narré en este blog, sino os lo explico y si no os doy de nuevo el muermo. Son momias de monjas y curas todas ellas metidas en urnas esculpidas en la pared y cubiertas por un cristal. Son interesantes, sobre todo si el cura te explica quienes eran y como acabaron en ese lugar. Esta vez en vez de momias vimos a un perro subido a un burro. En serio. El cura estaba de vacaciones y no había forma de poder verlas así que al aparcar apareció frente a nosotros un borrico cargado hasta los topes con un perrucho encima. Para muestra un botón…

Algo es algo. Caminamos un poco hasta llegar a la plaza principal llena de edificios curiosos y con un promedio de cien viejos por metro cuadrado. Todos serios, todos sentado viendo gente pasar. No eran momias pero casi. Así que nos quedamos satisfechos. Recuerdo que una de las veces que visitamos Lietor años atrás llevamos a Eva con nosotros. La pobre tenia cientos de miradas posadas sobre su orondo cuerpo. Era como moscas o marquitas de esas laser de armas de precisión pero en rústico. Fuimos a la fuente del pueblo a beber. Es tradición hacerlo y como nosotros somos muy tradicionales cumplimos con el cometido. La fuente debe estar hermanada con la de Canaletas en Barcelona o con la Fontana De Trevi en Roma porque si bebes de ella vuelves. Nosotros ya lo hemos hecho cuatro veces…

Allí filmamos este fantástico video:

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Y aparte nos hicimos muchas fotos. En una de ellas, Sonia y yo estamos juntos porque tenemos otra igual de hace ya tres años y queríamos ver lo viejos que estábamos ahora. No tengo la foto que nos hicimos pero si la nueva. Estamos más viejunos pero por lo menos sonreímos (no como los vecinos de de la plaza principal de Lietor) Con José, amigo nuestro, marido de Sonia y padre de su hijo, nos dio por hablar en maño todo el rato. Y no paramos en todo el viaje. El motivo: Hace un par de años José trabajó durante unos meses en Zaragoza y de tanto tratar con maños al final se le quedó adherido su deje. Bueno dicen que todo lo bueno se pega ¿no maño?

También hablamos del Wi Fi porque la primera vez que visitamos Lietor se nos ocurrió que no estaría mal tener una casita allí para jubilarse, siempre y cuando tuviese Wi Fi. En este video podéis ver como hablamos del tema:

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Nuestro segundo objetivo era visitar la Ermita de Belén. Un lugar de obligada parada que se encuentra en lo alto del pueblo, para ello hay que meterse en sus calles y descubrir cosas interesantes como la venta ambulante de fruta y otro tipo de viandas.

Para entrar en la citada ermita tuvimos que pedir que alguien cercano a la misma nos la abriese. Es normal que los vecinos tengan las llaves del lugar por lo que hay que preguntar y buscar al señor o señora de la llave. Para muestra este video donde Miguel busca pistas.

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No voy a escribir nada sobre la iglesia salvo que es un lugar impresionante, sobre todo porque toda ella está cubierta de frescos. Prefiero que lo veáis en estos videos (luego no os quejéis que no pongo más material audiovisual)

Aquí tenéis uno…

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Aquí otro…

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Otro más…

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Y otro de propina...

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Una vez visitada bajamos a la plaza principal y compramos fruta, “Paraguayos”, sí, eso que parece la mezcla de un melocotón y una ciruela. Adam los llama "Paraguayanos"... En este video nos lo cuenta con un poco más de detalle.

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Hay que decir que estaban todos muy buenos. Os reiréis pero yo nunca los había probado. Es que soy muy poco “fructífago”…

Tomamos cervecitas y refrescos en el bar de la plaza, acompañados en todo momento de moscas y avispas, muy monas y muy cabronas todas ellas. Después nos fuimos derechitos a callejear y a descubrir cosas muy curiosas de las extrañas costumbres de los habitantes como veréis en este exclusivo video:

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"La Cuñá", despues de unas cuantas pesquisas consigue darnos la respuesta al enígma de las botellas...

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Además vimos más cosas como los miradores del pueblo donde pudimos contemplar más vistas del río Mundo. Allí Isaac aprovechó el "aupamiento" de su santa madre para incrementar el caudal con un colorido pis.

Acabamos la excursión en “El mirador de Royo Odrea” cerca de Ayna, famosa porque hace 20 años atrás José Luis Cuerda filmó parte de la estupenda película “Amanece que no es Poco” la otra parte la filmó en Lietor. En este video Adam trata de mostrar lo que se puede ver desde el mirador ¿Lo conseguira?

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Antes de volver a casa de la suegra comimos opíparamente en un restaurante de “Las Peñas de San Pedro”. Después de eso nos estaba esperando la piscina de Pozohondo. En el caso de que se hubiera arreglado la depuradora.

Sobre la foto superior: El señor de rojo a la derecha no pertencía a nuestro grupo turístico. Era oriundo de allí y posó con nosotros de manera espontánea y por todo el morro. Falta en la foto "La Cuñá" que era quien la hacía.

(continuará)


viernes, agosto 22, 2008

Erase una vez en La Mancha. Episodio 3

6.Lunes 04 de Agosto de 2008.Tradiciones, costumbres y lazos familiares.

Un pueblo sin tradiciones no es un pueblo. Los que vivimos en la ciudad no sabemos apreciar lo que significa una tradición. Algunas de ellas las mantenemos, pero las hemos convertido en algo comercial, artificial o anecdótico. Los pueblos las mantienen y las valoran aunque también se están viendo obligados y sin saber por qué a extinguirlas de sus costumbres, toda una lástima. Cuando uno viaja a un pueblo, como era en nuestro caso, no deja de sorprenderse de ver cosas que en una ciudad jamás vería. Me refiero a una ciudad grande, cosmopolita y europeísta como el caso de Barcelona. Claro está que los ritmos de vida entre ambas van en diferente camino. El estrés existe pero es de diferente calibre.

Otro punto curioso de tener en cuenta es el de los lazos familiares. En los pueblos pequeños los lazos familiares están muy bien apretados (a veces demasiado bien apretados) eso no significa que todo el mundo se quiera, debería ser así pero ya nadie se los cree, las familias (como resulta en mi caso son simples comparsas de una ópera monumental) están como a millones de años luz de mi entorno.

En los pueblos, hay cierto respeto, pese a que siempre se critica si el primo fulanito es tal o si la tía menganita es lo más peor del mundo mundial. Es muy normal nombrar a alguien y añadir algo significativo de su vida. “El tío pepe, ese que le daba a la botella y tenía muy mala vida”, “La prima Gertrudis que su marido le puso los cuernos con una negra y porque era tuerta”, “La prima Anastasia que es soltera pero tiene una hija rusa adoptada”… Claro uno se encuentra de repente ante un resto arqueológico importante ya que ve, en su propia piel, como posiblemente surgieron los apellidos que tanta personalidad nos aportan.

7.El otro Pozohondo

Otro dato importante es el de los cementerios. En el caso de Pozohondo su cementerio es una prolongación del pueblo, es como otro barrio (valga la redundancia) donde habitan los antepasados, aquellos que forjaron lo que es ahora Pozohondo y donde se les venera con esmero. Pero ojo, también donde compiten los habitantes del la “zona viva” por demostrar cuanto se les quiere o de cuanto disponen para demostrar quererlos. Os explico, cuando uno entra en el cementerio de Pozohondo ve numerosos detalles que llaman la atención. No es que el cementerio sea una maravilla arquitectónica, nada de eso, es un cementerio normal y corriente pero con algunos rasgos significativos (si, peculiares pero nada más) pero si encima vas acompañado de familiares o habitantes fortuitos de la zona puede convertirse en una experiencia inolvidable. Eso es lo bueno, si vas solo no ves más que nichos con mármoles cuidados a cada cual mas fastuoso y cada uno de ellos adornado con la foto correspondiente a su dueño; es como si fuese un álbum de cromos macabro o algo irreal y cotidiano surgido de la imaginación de Jorge Luis Borges, Miguel Angel Asturias o Gabriel García Marquez. Allí están todos o casi todos los que una vez vivieron o nacieron en ese pueblo (o alguno de los alrededores) y todos como ya he dicho anteriormente apilados en nichos con una foto en color o blanco y negro indicado a quien contiene en su interior. Lo bueno de los paseos familiares es que te cuenten quien es tal o cual de la foto o que descubras que un veinte o treinta por ciento de enterrados son antepasados tuyos. Insisto, detalle que no descubrirías nunca si lo visitas solo.

En nuestro caso fuimos con Carmiña y “El Bizcocho” tíos de Miguel y David. Carmiña es precisamente uno de los grandes pilares de la vida cotidiana del pueblo (y una valiosa fuente de conocimiento sobre todos si quieres saber detalles sobre cada uno de los rincones y habitantes de Pozohondo) Carmiña es mujer dicharachera (realmente ella no es natural de allí sino de Galicia), es regordeta, bajita, con el pelo corto y rubia y con un chorro de voz que más quisiera Montserrat Caballé presumir en toda su carrera artística. Estés donde estés siempre la oyes. Es como si la tuvieses a tu lado. Imaginaos eso después de habernos levantado de buena mañana y hacernos una de sus visitas cordiales. También es un culo inquieto ya que siempre acabas encontrándotela en cualquier rincón del pueblo. Pero es muy afable y en el fondo es un personaje que se hace querer. Mis sobrinos la adoraron desde el principio ya que fue muy tierna con ellos.

Realmente fue de gran ayuda a nuestra excursión por el cementerio, aparte de los apuntes que nos podía dar el tío de Miguel y David ella siempre aportaba más datos de interés. No servía eso de murió joven, tenía que contarte como murió y que hacía o que defecto o virtud tenía el muerto antes de morirse. Al tour se nos unió otro habitante del pueblo “Este está para allá” nos comentó Carmiña, que no hacía más que lamentarse con la cabeza cada vez que pasábamos por delante de algún nicho de alguien que había conocido en vida. En algunos casos hablaba “No somos nadie” , “Que lastima” y frases por el estilo. Otras casi rompía a llorar como sucedió ante el panteón de un niño fallecido con 4 años por culpa de una coz de un caballo. Mis sobrinos alucinaban pepinillos con todo aquello, sobre todo con la cantidad de nombres extraños, típicos de la zona, que había inscritos en las tumbas. “Mira tito esta señora se llamaba Eustaquia, anda ese señor se llamaba Prudencio y fíjate en esa señora se llamaba Transfiguración” Yo le dije: “ Te apuesto a que la llamaban las Transfi” y con el debido respeto nos reímos un poco.

Nos marchamos del cementerio cargados de historias. Con cientos de detalles revoloteándonos por la cabeza. Parecíamos a los molinos del parque eólico que se asentaban sobre nuestras miradas en lo altos de varias lomas, todos enfilados como extraños mirones de un mundo singular.

8.Paloma al fresco

Dejadme que vuelva al tema de las tradiciones. Una de las más saludable y contagiosas de la zona es lo que se dice “Sentarse al fresco”. Allí todo el mundo lo hace. Cuando el sol se ha puesto y oscurece la familia saca las sillas a la calle o bien se sienta en el portal de casa y crean una especie de corro para hablar de sus cosas (o de las demás) Es curioso como lo que aquí guardamos con tanto recelo allí se escampa a los cuatro vientos. A veces se juntan familias de casas cercanas, pero la mayoría de veces son miembros de la misma familia los que se asoman a hablar al pie de la acera. Nosotros nos sumamos aquella noche a el corrillo creado frente a la casa de la Carmiña y “El bizcocho”. Nos acompañaban sus hijos, varios vecinos y una bandada de ruidosos vencejos (ellos los llaman “Aviones”). Siempre me ha gustado el ruido que emiten dichos pájaros, para mí es sinónimo de verano. Sonia (gran conocedora del mundo animal alado) nos comentó varios e interesantes detalles sobre ellos, por lo menos averigüé porque emigran al sur al acabar el verano y que no tiene que ver con el frio precisamente, o porqué se les confunde casi siempre con las oscuras golondrinas…) Todo el mundo se os estaba pasando muy bien sentados hablando. Incluido Isaac y mis sobrinos que seguían alucinando pepinillos, esta vez del tamaño de dirigibles. En eso que recuerdo una tradición que me comentó Miguel tiempo atrás que se hacía mucho en esos momentos (y no es la de contar cuentos de terror, ni tocar la guitarra o tostar caramelos blandos a la luz de una hoguera. Comento: “Carmiña ¿Todavía se prepara Paloma en el pueblo?” La mujer me contesta que en algunos sitios pero cada vez mucho menos. En eso en un arranque de amabilidad nos pregunta “¿Queréis que haga Paloma? Al principio le comentamos que no se molestase pero tanto insistió la mujer y con tanta ilusión que le animamos a que preparara un poco para que pudiésemos probarla.

Y muchos os preguntaréis… ¿Qué es la Paloma? Pues muy sencillo, se trata de una bebida típica de verano que se solía tomar entre vecinos las noches que apretaba el calor sentados al pie de sus casas. La bebida permitía desinhibir la lengua de los que la probaban y de esta forma soltar más de lo que uno quería.

¿En qué consiste? Pues en una especie de coctel de limón, azúcar, hielo, agua y cazalla. Todo al gusto del consumidor. Si hay mas cazalla más se va uno de la lengua y más detalles sobre su vida suelta a los que están a su alrededor. Carmiña entró en su casa a prepararla con la ayuda de Miguel y bajo la atenta mirada de Adam. Al cabo de un par o tres de minutos salieron al exterior con un barreño lleno de un liquido amarillo parecido al jabón que se usa para lavar los platos. Miguel trajo unos cuantos vasos de plástico y Carmiña, armada de un cucharón comenzó a servir a todos los que estábamos alrededor. No suelo beber alcohol, lo único que pruebo es la cerveza y alguna vez vino o cava pero he de reconocer que la Paloma entraba con una facilidad fuera de límites. Carmiña la preparó suave y estaba realmente muy buena. El problema es que bebías y no controlabas la cantidad de cazalla que entraba en tu sangre y cuando ya llevabamos dos vasos comenzamos a sufrir sus efectos embriagadores. Carmiña se puso a servir Paloma a todo el que se le cruzase por el camino, luego echo a cantar “Ondiñas Veñen” o “Asturias patria querida”, Adam que había bebido un “culín” de vaso le entro un extraño mareo (la “Cuñá” se lo llevó a pasear) y acabó haciendo la croqueta en el suelo de la calle. El resto estábamos más alegres que unas castañuelas. En eso mi estómago me empieza a alertar de que me estoy sobrepasando con mi cuota de alcohol y paro de beber.

Una hora más tarde volvíamos todos a casa. Aquella primera noche no cené, tenía mis tripas muy ocupadas con asimilar los nuevos alimentos recibidos aquella mañana. Había comido y bebido para varios días.

(continuará)

jueves, agosto 14, 2008

Erase una vez en La Mancha. Episodio 2

2.Lunes 04 de Agosto de 2008. Paisaje rural

Hay pueblos que no son nada del otro mundo, no tienen interés histórico, ni nada que se le parezca, sólo casas blancas, nuevas (algunas pocas viejas) una fuente llena de avispas y un sol que convierte aquello en lo que toca en un pollo asado dentro de un autentico horno Tandori. Esa podría ser la definición de Pozohondo. Lo que digo, sobre el pueblo nada que destacar, es feo y aburrido para la vista, pero con saña. Pero bueno, eso pasa también con algunas personas... Todo es equitativo. Al igual que sus símiles humanos el encanto de Pozohondo no reside en lo que se ve, sino en quienes lo viven. Me aclaro un poco más por si no lo habéis pillado: el pueblo se encuentra a 34 kilómetros de Albacete (también conocida como La Manhattan de La Mancha) es uno de los grandes pueblos de la zona pero carece de centro histórico o cultural y pese a un simple molino de viento perdido en lo alto de una loma no tiene nada más que destacar salvo parte de sus 1.840 habitantes. Si sois verdaderos admiradores de Twin Peaks allí disfrutaréis de lo lindo. Hay personajes para todos los gustos. Pero claro, en verano no están todos pero los que se quedan dan mucho juego. Entre todos ellos forman una especie de coral digna de una la citada obra de David Lynch o de una película Luis García Berlanga o incluso un engendro creado entre ambos dos…

3."Muchísmo" bonito, "muchísmo" bueno.

Una de sus grandes virtudes de Pozohondo es como se come. Sobre todo en todo lo referente a las tapas, un apunte: si vais allí pedid Sepia a la Plancha (a veces la sirven, si se acuerdan de que la han anotado o si se lo repites hasta que se te pone la lengua como el bíceps de un culturista) si lo conseguís merece mucho la pena. En todo caso hay tapas para todos los paladares y por supuesto con un alto contenido en ajo, pimentón y mucho colesterol, pero bueno como hace mucho sol y sudas como un sarraceno no hay peligro de obturación arterial así que no hay problema en comer torreznos, cortezas y panceta. Tan panchos como anchos… Lo más curioso es que cada año hay un plato estrella, uno de esos que se te impregna en el paladar y que estas deseando volver a tastar en cuanto detienes el coche y pisas el asfalto del pueblo, pero por motivos desconocidos (o de mala saña del destino) ese año precisamente lo que impera en el menú es otro manjar de diferentes características pero que aun así te hace añorar con un poco de rabia al plato estrella del año anterior. Cinco veces he visitado Pozohondo y las cinco veces hay un plato diferente que destaca en los demás. Eso está bien, pero no cuando el del año anterior te había dejado un recuerdo inolvidable. Hace tres años eran las mollejas y la sangre con cebolla. Una delicia. El año siguiente el plato estrella era, había cordero hasta para parar un tren (supongo que ese año los borregos iban mas salidos que la punta de una plancha y no perdieron el tiempo sólo comiendo pastos…), el año pasado eran los rabos de cerdo fritos (semejantes a dedos humanos de niño, sin uñas) el Ajomatadero y queso manchego frito con mermelada de fresa. Este año era la carne mechada con tomate. Ibas donde ibas te ofrecían carne mechada de cerdo con tomate. Muy buena por cierto pero cansina cuando ya llevas seis platos comiendo lo mismo.

4.La increible "Mujer Cigarro"

Cuando llegamos a Pozohondo comimos la citada carne mechada, dos raciones, mojando pan de pueblo en la salsa, también queso y jamón, calamares y patatas bravas. Lo hicimos en el bar de la plaza del pueblo donde trabaja la novia de uno de los primos hermanos de Miguel y David. Los “cuñaos” ya habían comido pero nos acompañaron. Teníamos un hambre que nos comíamos hasta las servilletas untadas en kétchup si hacía falta. Laura y Adam disfrutaron como locos con el tapeo. Bueno no sólo ellos. Todos los que estábamos alrededor de la mesa en esos momentos. Allí tuvimos un primer encuentro con uno de los personajes fijos del esta historia y que causó verdaderas pesadillas a pobre Adam. Se trataba de una mujer. No muy vieja, de pelo corto, oscuro y rizado y con unos ojos pequeñitos debido al grueso cristal de sus gafas de pasta negra. Era la loca del pueblo. La mujer trató de entrar en el bar y la “pariente” política de Miguel y David salió a espantarla a grito “pelao”. Desapareció de nuestra vista pero pasados unos minutos no tardó en volver a aparecer. Esta vez se quedó tras la puerta, asomada a los cristales, escudriñando con conciencia su interior. Se quedaba allí unos minutos y luego si veía que la controlaban se marchaba. Luego volvía. Descubrimos que su principal afán, su máxima premisa era conseguir cigarrillos de los allí presentes. Para alcanzar su objetivo, en el caso que lograse colar en el establecimiento sin ser vista, era convertirse en una auténtica mosca cojonera. Se ponía al lado de uno de los habitantes de la barra y lo acosaba mil y un millón de veces en peticiones “cigarriles” hasta dejarlo exhausto. Al final los pitillos caían con tal de no tener que soportarla. Adam miraba a la mujer con recelo. Le daba miedo. Mucho. Sobre todo por su mirada tan desquiciada. Temía que se le acercase. A partir de entonces, cuando la veía aparecer por la calle corría lo más lejos posible con tal de que ésta no se le arrimase. Con el tiempo y junto a un amiguito que se hizo en el pueblo acabaron bautizándola con los sobrenombres de “La Ambulante" o Mujer Cigarro”.

5. Ya en Ca´ La Josefa, Alias “La Demonia”

Hablando de sobrenombres. No hay pueblos en que cada uno de sus habitantes posea uno o más motes. Pozohondo no podía ser menos. Los hay para todos los gustos. Por ejemplo el tío de Miguel es conocido como "El Bizcocho" no por su afición por comer estos dulces, sino precisamente porque tiene un ojo mirando a Albacete y otro mirando a Murcia. A otro de los parientes de Miguel y David lo llaman "El Moro", el año pasado descubrimos porque... Al parecer de pequeño jugaba en la calle en pelota picada y con el pelo rapado al cero, su aspecto de rostro afilado y muy moreno le daba un aire como musulmán así que le fue adjudicado ese curioso sobrenombre. Por cierto a la madre de Miguel se le conoce en el pueblo como "La Demonia", entre otras cosas debido a su terrible carácter, empuje y determinación que haría palidecer de envidia a la mismísima Agustina de Aragón...

Pensaba explicaros en un parrafo como es la casa, pero he pensado que mejor os dejo una crónica filmada por el propio Adam sobre su opinión acerca de cada una de las estancias de la vivienda, incluida la calle donde está ubicada. Apunto que dicho video se filmó al día siguiente de llegar pero he creído conveniente mostrarlo ahora para que la narración tenga un poco más de coherencia. Mucha atención a la banda sonora de fondo interpretada por Miguel, su hermano y “La Cuñá” y la sensación generalizada de locura a lo "Vive como Quieras" de Frank Capra que reinaba en la vivienda. También se anticipan comentarios sobre el paseo por el cementerio y los nombres inscritos en las lápidas (ya lo narraré en el próximo post) y unos muy divertidos comentarios de Adam sobre el impoluto suelo del pasillo, su “afición” por la ducha diaria (jua jua jua) y el cariño que siente hacia el pequeño Isaac. Que lo disfrutéis.


(continuará)

martes, agosto 12, 2008

Erase una vez en La Mancha. Episodio 1

Prólogo: El placer de viajar

Un día de viaje es como cortar un pedazo de tarta que forma parte de un gran pastel. Al meterte ese pequeño pedazo de vivencia en la boca puedes llegar a saborearlo de manera orgásmica o incluso a detestarlo. Ya lo dicen, hay sabores para todos los gustos (valga la redundancia) y hay viajes que cuando los digieres te elevan hasta el séptimo cielo. Durante estos siete días de estancia en La Mancha he llegado a una conclusión, amparado por la opinión de Mercedes (Gipsy para los que la conocen con ese Nick en otros lares) y que compartió días de convivencia con nosotros. Dicha conclusión podría definirse con una frase: “No importa donde viajas sino con quien lo haces”. Cuanto de cierto hay en todo ello. Yo añadiría:"Tampoco importa el número de viajeros que te acompañen, pueden ser unos pocos o muchos, si la compañía es grata y hay “feeling” nada más importa."

Para muestra un botón...

1. Lunes 04 de Agosto de 2008.
Cosas de las que se suelen hablar en un coche camino a Albacete (por lo menos en nuestro caso)

No hay dinero para ir muy lejos este año. Conclusión, mejor bajemos al pueblo concretamente a Pozohondo, Albacete (el pueblo de los suegros) para pasar unos días con casa gratis y comida buena, bonita y barata. Además los niños nunca han visto como se vive allí y sobre todo las sorpresas que pueden guardar la vida diaria de una ciudad rural de otra comunidad autónoma así que mejor que juntar a mas viajeros y presentarnos en un plis plas (5 horas de coche) en el pueblo para una semana de vacaciones inolvidables. Con nosotros cuatro se unieron Alexa “La Cuña” y David, hermano de Miguel, Sonia, José y el pequeño Isaac (todos ellos ya viajeros habituales de nuestro círculo de amigos) quienes también nos acompañaron, un año atrás a Normandía, también se une a nosotros Mercedes (también nos acompañó a Normandía junto a María su hija) pero sólo ella ya que María se queda con su abuela (y novio) y por un par de noches. En el tintero se quedan varios candidatos más que por razones diversas al final no pueden venir. No hay problema, hay más viajes en mente y muchas ganas de viajar juntos.

No menosprecio en absoluto viajar dentro de nuestro país (en mi caso al 50%); la distancia no marca nunca un viaje. Ya lo he dicho, más o menos en el prologo de esta crónica. Aunque reconozco que me gusta más o disfruto en demasía cuando la distancia es considerable y se visitan países con otras lenguas o formas culturas diferentes. Este año ha tocado turismo económico y no me arrepiento del resultado final.

Pues bien el Lunes 4 nos levantamos a eso de las 6 de la mañana para salir temprano de Barcelona y no encontrarnos caravana. Habíamos quedado con José, Sonia e Isaac en la gasolinera cerca de casa para llenar depósito y acabar de llenar los neumáticos de aire (los míos estaban más flácidos que el culo de Liz Taylor) Teníamos pensado parar en un par de ocasiones ya que el pequeño Isaac tenía que hacer aguas mayores y menores y reclamar su dosis diaria de comida. Es lo que tiene viajar con niños.

En nuestro caso los nuestros meaban y cagaban (en este caso no) cuando les apetecía y se podían comer el bocata chorizo y mortadela (que llevábamos ya preparados y en la mochila de Miguel) en cualquier parte del camino y sin tener que bajarse del coche. Aun así parábamos para refrescarnos y que la circulación de las piernas no creasen hermosos y mortíferos coágulos. Tanto Laura como Adam a veces escuchaban música como se ponían a dormir o a mirar por la ventana ese paisaje tan desconocido para ella como situado al sur de Catalunya; a veces (muchas) hacían preguntas, sobre el pueblo, la casa y lo que podíamos encontrar allí. A veces preguntaban qué tipo de recuerdos podían comprar en los mercadillos o tiendas de suvenires de Albacete capital. Y claro, que puedes hacer en Albacete (aparte de cagar y marcharte como dice más o menos el dicho) pues comprar navajas. Pero no las de comer, sino las de cortar y pinchar. Es curioso que el tema navaja apareciese justo cuando atravesábamos la Comunidad Valenciana, más concretamente a la altura de la población de Alcasser y, como una cosa lleva a otra por arte de Virli-virloque surgió el tema del terrible caso de las niñas brutalmente asesinadas. En otros ocasiones tema tan escobrosos y dolorosos como este aparecen y se van, pero en este caso no, aquello era como un horrendo pedo que surge de culo anónimo y que se queda impregnado en el ambiente invadiéndolo todo con su mal olor. Así pues, una pregunta se sucedió a otra y acabamos relatando el caso, por lo menos lo que uno conoce de él sin dejar en un momento de estremecerse. Si, por supuesto podíamos haber cantado, jugado a las adivinanzas, crear cuentos o no decir ni mu pero no, dale un tema escabroso a un par de niños curiosos y te lo restregaran por la cara como si fuese una divertida tarta de acido arrojada por un macabro payaso con muy mala saña.

Cuando se agotó el tema Alcasser se habló de otros caso (Madeleine) incluida, que si el Niño Pintor, que si Yeremi, que si el tipo de la Katana, que si el tío de Valencia que cortó en cachitos a su mujer en la bañera, que si el crimen de los Marqueses de Urquijo; nada, que el coche se convirtió en una auténtica enciclopedia del crimen (horrendo) nacional con ruedas y con motor a Diesel. Suerte que paramos a descansar y el tema se disipó del interior del coche con la misma facilidad con la que apareció.

Cuando entramos en la comunidad de Castilla-La Mancha comenzó la tanda de preguntas típicas: “¿Falta mucho para llegar?”, “¿Cuánto queda para Pozohondo?”,“¡Tengo más hambre!”, ¡Tengo sed!”, etc, etc… Así unos 90 kilómetros.

Al final llegamos a Pozohondo a las 4 de la tarde. Allí nos esperaba Alexa y David para saborear nuestras primeras tapas.

(continuará)

¡HEEEEE VUEEEEELTOOOOOOO!

Con muchas cosas que contar y con las pilas bien recargadas. Hay nuevos videos, fotos de viaje y cuentos inspirados en los personajes y paisajes de La Mancha. Ahora voy a disfrutar un poco de mis gatos y de la viandas exportadas de esos lares. Pronto más...

domingo, agosto 03, 2008

Vacaciones

¡Tiembla La Mancha!

sábado, agosto 02, 2008

El Sótano del terror Vol. 2

Llegan las vacaciones y con ello os dejo otra nueva entrega de los cuentos de terror. Son tres relatos con un eje en común: El Caos, en tres encarnaciones distintas entre sí pero con una misma esencia. Advierto que hay una de estas historias que puede herir la sensibilidad de quien la esté leyendo. Pero en cuento la leáis os daréis cuenta, desde el punto de vista en el que está escrito (muy poco usual pero muy interesante en el mundo de la literatura) que es más real que la vida misma.

A partir de aquí cuento cosas de los relatos así que mejor leer esta parte después de haberlos leído.

En el primer cuento Arcangel me apetecía mucho tocar el tema de los ángeles y de sobre todo lo que sentían (en el caso de que existan y sientan algo) sobre los hombres. El mito del ángel caído es apasionante y enfocarlo a modo de fábula moderna, apocaliptica me atraía mucho. Este cuento es otra larva literaria. Era en un principio algo más grande de lo que aquí se muestra. Bien esto que leéis puede servir de prólogo a algo mucho más interesante de cara a un futuro (si Dios quiere…)

El segundo cuento Descanse en paz es una idea fugaz, básica, de humor negro y fantasmagórico. Tiene algo de Poe o de Lovecraft, como una pizca de sal. Como a nuestro amigo Pedro Pablo, me encantan esos cuentos donde se te da una idea básica(bien sea el inicio o el nudo o el desenlace) y tú te haces el resto. Son los mejores, pero los más difíciles de escribir, os lo aseguro.

El ultimo relato Pollo con Verduras ha sido toda una experiencia escribirlo, en todos los sentidos. Es curioso porque ha sido un parto muy fácil. Lo he escrito en un par de horas, incluso menos, esta misma mañana, recién me he levantado. La idea ha pasado por mi cabeza y la he capturado al instante. e ganas de que le diesen forma. Confieso que poner un relato como este desde el punto de vista de una segunda persona era algo que me atraía mucho desde hace tiempo y este cuento se prestaba mucho a ello. Sobre todo por todo el peso que conlleva. Pienso repetir este estilo porque creo que le da las historias un bello y extraño halo de misterio y un tono muy poco usual, como ya he comentado arriba. Lo que cuenta Pollo con Verduras es un terror cotidiano, nada de ello irreal ni sobrenatural, es TERROR, en mayúsculas, en letras gigantescas y con monstruos de carne y hueso. Quiero apuntar que es un relato que no he hecho para divertirme ni para nada que no sea el concienciar de que la violencia entre humanos existe y que puede estar escondida en cualquier rincón de nuestra vida.


Estos cuentos se los dedico con cariño a Salegna, Mercedes (mi sevillana) y Alexandra "La Cuñá". Son vuestros aunque den miedo.


Arcangel

Se arrancó las alas el mismo. También hizo lo mismo con sus ojos. Era necesario para su propósito. No sangraba. Aun. No sentía dolor, sólo odio y mucha, mucha envidia. Él siempre había sido el favorito y su creador lo estaba ignorando desde que creó a esos diminutos animalitos que tanto le fascinaban. Desde que habían hecho acto de presencia se habían convertido en un incordio. Los veía como miserables insectos pululando, ensuciando con sus sucios excrementos la superficie de la tierra. Verlos moverse de aquí para allá derrochando sus miserables vidas en absurdos dilemas morales y éticos, dilemas que luego jamás aplicaban le producían desprecio a grados inconmensurables. Infinitos. Que seres más cretinos. Sólo cuando necesitaban ayuda rogaban a su creador. Y que hacía éste. Nada salvo sentirse misericordioso con ellos otorgándoles fe y esperanza. Solo eso. Nada más.

Ahora más que nunca deseaba su destrucción, exterminarlos, borrarlos de la faz de aquel insignificante planeta. Eran como una plaga, un cáncer que ponía en peligro el equilibrio del delicado estado de salud del universo.

Descendió, como un meteoro. A medida que caía su ser se volvía más tangible, más pequeño, más aparentemente indefenso. Más humano…

Aterrizó sobre el duro asfalto del callejón, con un sonido seco, en cuclillas de forma torpe. Sus pies dejaron una especie de nube de polvo entre sucia y densa. Fue al tocar la superficie de la tierra cuando comenzó a sentir dolor. Su rostro, pálido si apenas rasgos se contrajo en una especie de duro rictus. Sintió como las heridas de su espalda comenzaron a sangrar. Pero él sabía perfectamente que no tenía ni una gota de sangre en su cuerpo. Era imposible sangrar. Sus ojos comenzaron a escupir una especie de lagrima color escarlata. Pasó sus dedos por los parpados. Estaba ciego pero podía percibir perfectamente lo que había a su alrededor. En sus dedos había algo húmedo. Era como sangre. Olía como sangre. Qué curioso.

El maldito dolor…

Pese a sentir dolor y a la sensación de desangrarse aun denotaba que conservaba su inmortalidad. Ese don no lo había perdido. Nunca lo iba a perder. Era innato.

Si no hubiera sido por los humanos todo aquello jamás habría ocurrido. Si, la culpa la tenían los humanos, e iba a acabar con ellos uno por uno; desde el más grande hasta el más insignificante…

Lo mejor de todo era que tenía todo el tiempo del mundo para poder disfrutar de su ansiada venganza.

Descanse en paz

Abrió los ojos debido al sonido de las sirenas. Sonaban tan cercanas... Igual había sucedido algo en la calle. Qué más da no pensaba moverse de la cama. Tenía mucho sueño y no le apetecía nada perder el tiempo levantándose para fisgonear por la ventana. Además ya había encontrado la postura perfecta, aquella en la que si te movías un simple milímetro perdía toda posibilidad de sentir placer y que, por mucho que lo intentases, ya jamás iba a ser lo mismo. Volvió a dormirse mientras en la lejanía oía las voces de varios vecinos hablar y como se entre aquel barullo se cerraban las puertas de un par o tres de camiones.

Lo primero que hicieron los bomberos tras derribar la puerta fue llevarse la mano a la nariz. El olor en el piso era insoportable. Los vecinos que se agolpaban tras la puerta se echaron rápidamente hacia atrás. Un par de ellos vomitaron en el rellano, el resto salió huyendo escalera abajo.

Entraron en la habitación. Lo encontraron acostado sobre la cama, perfectamente tapado pero en avanzado estado de descomposición. Al parecer, a simple vista llevaba un par de semanas muerto. No había signos de violencia, todo aparentaba a que aquel hombre había fallecido de forma natural. Lo más curioso fue que su rostro cadavérico aun mostraba una placida sonrisa de satisfacción.


Pollo con verduras

Bajas a la calle. Aun no ha amanecido y hace mucho frio. Son las 6,30 de la madrugada. Piensas: "Que suerte tienen algunos que aun están en la cama".

Te acercas al parking. Abres el bolso y sacas las llaves del coche de su interior. Abres la puerta de acceso al recinto y dejas que se cierre sola a tu espalda. Desciendes por la rampa. Bostezas. Estas tan cansada que no te das cuenta de que alguien te ha seguido. Te agarra por el cuello. Las llaves se te caen de la mano. También el bolso. Tiemblas de miedo. Tratas de gritar pero antes de que lo hagas te ha amenazado con matarte si emites un sólo grito. Tiene una navaja. La notas en uno de tus costados. Te obliga a avanzar. Es muy hombre muy fuerte y notas el intenso calor de su respiración en tu nuca. También le huele el aliento a tabaco y café. Avanzáis hasta un rincón oscuro. Allí te arroja al suelo y te golpea con uno de sus pies. Notas que lo hace con saña. Oyes un crujido en tu pecho y sientes un dolor muy agudo. Te das cuenta que te ha roto una costilla. Estas tan aterrada que no sabes siquiera cómo reaccionar. Te acuerdas de tu marido y tus hijos, durmiendo aun en la cama; de tu padre y de tu madre , de tu familia y de tus amigos, no todos, sólo de algunos de ellos. También piensas en la bronca que te va a meter tu jefe cuando llegues hoy tarde al trabajo y de que tienes que pasar por la droguería a comprar limpiador para el Parquet ya que había que repasar los brillos. Pensabas hacerlo esa misma tarde, después de comer un plato de pollo con verdura que sobró de anoche y te salió muy delicioso…

Notas que se lanza contra ti. No puedes ver el rostro por culpa de la oscuridad y del miedo que sientes. Tratas de golpearlo pero él se enfada más, te susurra algo desagradable al oído y notas varios dolores punzante y algo caliente que se escapa de tu cuerpo a la altura del estómago. Sientes miedo. Mucho. Lloras. Por una extraña razón sigues acordándote del Parket y del pollo con verduras y también del fragmento de una canción que se repite en tu cabeza como un disco rayado. “¿Quién la canta?” Te preguntas una y otra vez en esos instantes.

Notas que te quita el abrigo con violencia. Ese abrigo que te compraste hará un año un día que ibas con tus hijos a comprarles calcetines y zapatillas de deportes. Ese abrigo que te encandiló nada más verlo y que tantas veces te has puesto para ir a visitar a la familia o para irte con las amigas a merendar alguna tarde libre. Ese abrigo que hace unas horas atrás descansaba en el perchero con otros abrigos más tuyos o del resto de tu familia.

Te arranca la blusa y el sujetador. Notas sus manos sobre tus pechos. Los aprieta y los estira con deseo pero con muy poca delicadeza, sus manos son grandes y fuertes. Las tiene frías y muy ásperas. Comienza a besarte. No puedes quitarte de la cabeza el olor de su aliento, ni tampoco esa canción que tanto se repite y cada vez con el volumen más alto. Te muerde uno de los pechos y el dolor es insoportable. Notas fluir sangre. Lo oyes gemir y reírse al mismo tiempo. Piensa que te gusta. Te abofetea y te insulta. Hay un momento como varios segundos que no hace nada. Simplemente te mira como si estuviera satisfecho. Pero no es así. Quiere más ya que arremete contra ti de nuevo. Notas sus muslos apretados junto a tus caderas. Esta sentado encima de tuyo. Se acerca y te vuelve a besar. Te dice algo al oído. Suena como algo bonito. Es extraño. Entonces vuelve a ponerse violento y notas varios pinchazos más en los hombros, brazos, cuello y pecho. Ahora la sangre sale a borbotones. Lloras y tratas de gritar de nuevo. Pero no tienes fuerza, además él te tapa la boca y te llama “¡Puta! ¡Zorra! ¡Golfa!" y varios insultos más que no logras a entender ya que mientras lo dice te golpea la cabeza con fuerza sobre el asfalto del aparcamiento.

Estas medio inconsciente. Te sientes muy débil y todo te da vueltas. Todo es turbio a tu alrededor y tienes mucho frio. Lo sientes como si te vinera desde dentro de los huesos. Sientes un gran peso encima y como alguien empuja y gime al mismo tiempo. Notas una presión en la pelvis es una extraña sensación de que hay algo dentro tuyo que te produce placer y dolor al mismo tiempo. Dura poco. Luego notas algo cálido, pegajoso, ajeno a ti, que se escurre por el vientre. Luego la sombra oscura que te aprisiona desaparece. Rápidamente, como si se la hubiese llevado el viento.

Sientes muchísimo frio. Tu nariz percibe olores cercanos, a sudor, a sangre y a semen derramado. Te sientes sucia y quieres levantarte, volver a casa, darte una ducha y volver a la cama, al amparo de los brazos de tu marido. Pero no puedes moverte. Siquiera pestañear. Las lagrimas resbalan sobre tus ojos entornados, las notas deslizarse por las mejillas. Sientes que el mundo se va haciendo pequeñito, como si lo mirases desde el lado anverso de unos prismáticos y alejándose, como si fuese una piedra arrojada en pozo oscuro e infinito. Lo último que piensas en los últimos instantes que te quedan aun de vida es en quién cantaba esa canción y en lo bueno estaba el pollo con verduras que sobró anoche…


© Richard Archer - 2008 (Todos los derechos reservados)