sábado, diciembre 29, 2007

¿Casa u Hogar?

Nunca ha sido partidario de la compra de una vivienda. Entre otras cosas por el precio excesivo de esta y porque mi economía no está a la altura de las circunstancias, es el precio que debo pagar por haber elegido una profesión liberal como la mía. No soy una estrella mediática (y Dios me libre de llegar a ser una de ellas), simplemente escribo (a veces mejor que otras) y cuando no he dedicado mi tiempo, y me lo han permitido, a la radio o la televisión. En estos momentos me considero un mercenario de las palabras. Si me pagan bien, escribo y cuando no intento desahogarme o compartir experiencias con mucha más gente a través de este blog (bueno todo gracias a la agradable presión por parte de algunos de vosotros que me invitáis a continuar con las aventuras de mi vida y la de los míos. Volviendo al tema inicial. Permitidme lanzar una pregunta al aire y os ruego tomaros vuestro tiempo para contestarla, si es que así lo deseáis. ¿Una casa es un hogar o simplemente cuatro paredes llenas de muebles y olor a fritanga? Personalmente y gracias al paso de los tiempos y a mi poco espíritu nómada, mi casa (aunque sea de alquiler) siempre ha sido un hogar. Mi padre siempre decía que había casas u hogares tristes (grises, sin alma) y casas u hogares con vida y es cada día pienso que es más cierto. Hay casas que entras y no te dicen nada. No es que estén mal arregladas ni con dos dedos de mierda o perfectamente amuebladas. Parecen dormidas, como apagadas como cintas de cassette (¿alguien se acuerda ya que era eso?) vírgenes que por mucho que le pases un cabezal no emiten nada. No es necesario que la persona o personas que la habiten hayan vivido muchos o pocos años en ella, simplemente no interactúan con el entorno y este no se impregna de su esencia. Están más limpias que una patena. Son como las muestras de salones y dormitorios del IKEA, muy bonitos, prácticos, pero no dejan de tener esa apariencia de ser una simple muestra para que cientos de visitantes la visiten. Por otro lado hay casas que contienen tanta energía impregnada de sus habitantes, tanta historia empapelada en sus paredes que son como auténticos discos duros guardando información. Una de las cosas que me enseñó mi padre es a mantener el calor de hogar, a que la llama y la energía que desprendía una casa no se perdiera. Siempre he procurado hacerlo bien, no por obligación, sino porque valoro mi casa de forma diferente a cómo valoran otras personas la suya. Supongo que gran parte de “culpa” de ello es por haber vivido 37 años en la misma casa. No es toda una vida pero si el suficiente tiempo posible como para haber visto y vivido grandes y pequeños momentos en sus paredes. A veces, miro cualquier rincón de mi casa y puedo deslumbrar que mueble o vivencia se encontraba anteriormente allí. Viajo en el tiempo y donde ahora hay una estantería llena de películas me veo jugando con 9 años con mis Madelmans escaladores tratando de superar con esmero un armario ropero que llegaba hasta el techo. Es cierto que la casa cambia con el paso del tiempo. Muebles nuevos suplen a muebles antiguos, los que quedan son como testimonios de otras épocas, te cuentan historias, los nuevos comienzan a impregnarse de uno mismo a medida que los utilizamos. Si, una casa contiene mucha información. También seres vivos, ya sea de dos o cuatro patas, con aletas o con alas. Nuestra casa es a veces protagonista como nosotros mismos de nuestra vida. En la mía ha habido mucho habitantes, algunos se han ido para siempre, otros regresan momentáneamente, algunos llegan de nuevo para habitarla, para mantenerla viva y aportar nuevas experiencias o vivencias a cada rincón de ella. Desde ayer mi casa acoge a dos nuevos habitantes. Los miro muchas veces y veo en ellos calcos exquisitamente perfectos del pasado en forma de mi hermana y yo mismo, aunque con nuevas inquietudes y experiencias. Por un lado estoy un poco asustado con todo lo que a Miguel y a mí se nos avecina, supongo que con el tiempo nos iremos acostumbrando a esta nueva “paternidad”. Por otro lado estoy contento. Hacía tiempo que la casa estaba tan llena y pletórica de energía. Se ha abierto una nueva etapa. Cada vez lo tengo más claro. Yo no vivo en una casa, vivo en un hogar.

4 comentarios:

Barry Gon dijo...

lo mismo me equivoco, pero el hogar, desde tiempos inmemoriales, ha sido ese punto de la casa donde se reunian sus habitantes, la chimenea, el fogon...
luego inventaron la calefaccion central, la tele, los videojuegos y el ordenador y con ellos aparecieron mas puntos de reunion, algunos individuales, o sea, que de reunirte, como no sea con los acaros del polvo de tu cojin favorito, no se con que...

posiblemente suene repipi, pero acaba de escaparseme un suspiro como el que emite un cachorrito que lleva tiempo ansiando que lo cojan en brazos, uno de esos suspiros de "por fin" y que dure lo que dure

por cierto, si tuvieras alguna de esas etapas existenciales en que no se te ocurre que poner en el plato, tengo una receta propia para aderezar carne de hamburguesas que se te rizan los pelillos del bigote

besos, papis

SisterBoy dijo...

Sí estoy de acuerdo. Por alguna razón (mejor dicho por multiples razones) cuando entras en alguna casa que no es la tuya recibes buenas o malas vibraciones y no tiene nada que ver con lo que se haya pagado por ella. Es como decirte a ti mismo "aqui podria vivir" o por el contrario "aqui no podria vivir"

Djabliyo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Djabliyo dijo...

Puedes comprar o alquilar una casa, pero el hogar, no; éste lo hacen las personas que en ella viven.

¡¡Felicidades, que ya era hora!!