lunes, febrero 23, 2009

¡La he liado parda!

Aunque tarde lo prometido es deuda...

Días atrás había comentado que hablaría sobre las extrañas circunstancias en las que se encuentra mi sobrino Adam, harto conocido (y admirado) en este blog. He de comentar que pese a lo cómico de algunas de las situaciones en las que nos encontramos en estos momentos con dicho personaje; también he de puntualizar que su forma de actuar (errónea en el 99%) también nos resulta preocupante. Es cierto que no nos extrañaba e absoluto que, tarde o temprano, el niño nos diese muestras preocupantes de comportamiento errático. Vamos a ver, el crío es humano no un estúpido robot como los que aparecen en Inteligencia Artificial de Steven Spielberg y es bien lógico percatarse que en cualquier momento de su ahora apacible vida los demonios que le atormentaron en el pasado pasen a pedirle cuentas.

La adolescencia esa fase de nuestra vida tan singular. Como un parque de atracciones sin colas y repleto de montañas rusas vertiginosas, peligrosas y llenas de emoción... El año pasado Adam aun era un niño. Se notaba porque, aparte de seguir siendo pequeño en tamaño (eso sí no en lo ancho) se podía manejar con bastante facilidad, mira por donde como uno de los estúpidos robots de Spielberg (bueno y Kubrick) Le decías: “Adam haz esto” y el niño obediente hasta la médula lo hacía, con ternura, inocencia y mucho afán de superación. Bueno, he de decir que ya había ciertas señales, signos de que algo no iba bien, tampoco me iban a traer al niño inmaculado, con el disco duro recién formateado. Dichos signos se encontraban en como tenía ordenada la habitación. A veces os aseguro que era para fotografiarla y ponerla en una exposición sobre los barrios más pobres de Bangladesh. Aquello no era desorden, era el caos en su más pura esencia. Sí, ya se que no todos los niños son ordenados (como los que aparecen en las series españolas de Emilio Aragon que hasta los objetos opacos sacan a relucir brillo) Los niños (y las niñas) en cierta edad se vuelven un poco vagos y un poco desordenados, supongo que es debido a que las neuronas de su cerebro están preparando la revolución y no están por sandeces de poner las cosas bien en su sitio. He de decir que en mi caso el desorden fue muchísimo menos pronunciado (gracias al TOC y sus condicionantes que me hacían tenerlo todo bien en su sitio y clasificado por formas, densidades y mas mandangas...)lo mío era desorden, pero un desorden organizado.

En el caso de Adam el paisaje de su habitación era como si los americanos (tan preocupados por la paz y las armas de destrucción masiva) hubiesen vuelto a lanzar una bomba nuclear, pero en vez de Hiroshima o Nagasaki fuera en el ala este de mi casa, concretamente en el centro de la habitación del niño. El paisaje era desolador. Lleno de escombros en forma de papeles, envoltorios de caramelos, magdalenas y porquerías que se puedan recubrir con celofán o variados; ropa limpia o sucia o medio limpia o medio sucia; juguetes parapeteados alrededor del colchón y objetos inanimados y sin definición alguna. Claro, uno entraba en la escena desoladora que era esa habitación (entre otras cosas porque mi despacho, donde escribo se encuentra allí) y se me caía el alma a los pies. Os aseguro que las broncas que le caían eran monumentales, al principio un tanto educativas tipo buen rollo, pero al ver que estas no daban resultado la cosa iba “in crescendo” exactamente igual y en sentido proporcional a la acumulación de mugre y la dejadez del lugar. Claro, uno cuando ve que por mucho que grita o dialoga la cosa sigue igual (ojo que el niño recogía, pero al día siguiente habían vuelto a bombardear de nuevo la habitación) ya no sabe que artimañas más utilizar por lo que recurre a ese terrible (pero bendito) aliado llamado castigo.

Castigar si, perfecto pero cómo...

No es fácil castigar, os lo aseguro. Uno se acuerda de los castigos que nuestros padres nos imponían en la infancia, que por cierto en mi caso eran más bien escasos, o de los que padres o familiares imponían a nuestros semejantes. Teníamos una vecina muy amiga de mi madre y muy pija la pobre que castigaba a sus hijos sin postre si se portaban mal. Una vez mi madre lo intentó con mi hermana y conmigo... nos importó un puto carajo ya que pasábamos de comer postre como de comer mierda... Otros vecinos castigaban a sus hijos en cuartos oscuros, sin ir a misa (pues vaya chorrada de castigo) sin ver la tele, sin comer caramelos, sin bajar a jugar a la calle y un millón y medio de variantes adaptadas a cualquier edad o ideología.

Ya os digo. Pese alguna ocasión tanto mi hermana como yo habíamos conocido los castigos y penalizaciones. Un día nos castigaron sin cine (sesión doble con El cielo puede esperar y El coloso en Llamas) porque a mi hermana y a una amiga les dio por saquear un estante de muñecas cutrongas de un supermercado situado a pocos metros de la frontera entre España y Francia... Aun no entiendo porque tuve yo que pagar por sus fechorías.

En el caso de Adam los castigos abarcan un abanico mucho más amplio de posibilidades. Claro no es lo mismo su época repleta de todo tipo de ociosidad que la nuestra donde los videojuegos o el DVD eran inventos del futuro desconocidos para nuestro vocabulario. Pero sucede una cosa, hay que tener en cuenta con la eliminación de privilegios, ya que acaba resultado que el castigador (que raro suena eso) acaba quedándose sin recursos. Ademas hay que tener en cuenta que un castigo tiene también su valor mercantil. Nos es lo mismo castigar sin videojuegos por una “falta” leve que por una mucho más aparatosa. Si es cierto que el objeto o privilegio en cuestión puede no variar, y si modificar el tiempo de carencia de uso de dicho privilegio. Es jodido, os lo aseguro. Hay que calibrar y no pasarse de la raya ya que por un lado para el educador es un buen elemento persuasivo y alejarlo demasiado de las posibilidades del niño lo convierte en algo inútil, algo que ya no merece la pena luchar.

Después de esta clase orientativa, que muchos d ellos que ya sois padres sabéis de antemano vamos a pasar a la realidad, a la madre del cordero; a en que grado de barbaridad puede llegar la mente de un niño con tal de armar una que ríete tu del poder destructivo de las termitas...

Como Jekyll y Hide...

Adam ha cambiado. Ahora es un niño extraño, con ciertas (buenas) habilidades que utiliza mal, una de ellas la capacidad por actuar, de desdoblarse y de ser otro personaje. Este don le ha valido muy buenas notas en teatro, pero sobre todo la admiración de gran parte del colegio y sobre todo de su profesora de artes escénicas que está con el niño igual que si hubiese encontrado uno de los tesoros más valiosos de Ali Baba... No queda bien decirlo pero aunque suene pedante he de asegurar que el niño tiene madera de actor, y de los buenos. Lo pudimos comprobar en una función del colegio que acabó aclamado por el publico que le brindaron cientos de miles de aplausos y vitoreos. Es más, la directora del centro escolar, que no saía de su asombro, le obligó a salir el ultimo a saludar para de esta forma llevarse la mejor parte de las ovaciones (luego le obligó a adelantarse a sus compañeros de reparto para dedicarle en exclusiva una admirable parrafada acerca de su capacidad y calidad interpretativa)

No voy a negar que me sentí muy admirado por su habilidad. Es más, me sentí igualmente contento de ver como el niño había encontrado una de sus vocaciones. Porque veréis, dibujar no se le da nada bien y la música (las clases de flauta) no acaban de hacerle mucha gracia (le gusta más escucharla y jugar con ella tocando la guitarra con Rock Band) Pero lo que está relacionado con el teatro y la farándula le apasiona.

El problema es que como sabe que es una herramienta que sabe manejar muy bien se piensa que puede utilizarla para salir airoso de sus perrerías y claro de la misma forma que un cuchillo puede cortar un filete también puede matar a una vaca (o a una persona)

¿A qué viene esto? Os preguntaréis... pues muy sencillo. A que Adam hizo uso indebido de sus habilidad para una maldad. Una maldad no de las terribles, sino de las que desde una perspectiva dan hasta gracia pero de las que luego uno acaba dándose cuenta de que si no se toman medidas pueden llevarle por muy mal camino.

Memento...

Memento es el titulo de una película que nunca he acabado de ver (ya que me produce somnolencia y desaparezco del plano terrenal para enfrentarme a otros retos más oníricos) La trama va de un tío que se tatúa frases en el cuerpo (y también se apunta cosas en Post Its) porque sufre de una extraña amnesia que le hace tener menos memoria que un puto pez. No puedo hablar mucho de la peli porque desconozco lo que sucede en la mitad de la misma (ya que me encuentro roncando) también me sucede con Casablanca pero eso no viene al cuento...

Bueno, a lo que iba... Resulta que un día mi sobrina me comenta que su hermano se ha pasado veinte pueblos con ella. No es inusual que lo haga ya que las peleas, insultos y los puñetazos y derivados entre ellos son pan nuestro de cada día... Una especie de versión 2.0 de la relación entre sus progenitores. Lo que había sucedió era que aquella mañana la niña fue a la cantina del colegio para comprarse un bocadillo y cuando fue a pagar le avisaron que había pendientes más bocadillos en su cuenta. La niña se extrañó. Pero fue rápidamente aclarada de que los ágapes no eran de ella sino de su hermano. Esa misma mañana Miguel le había dado a Laura veinte euros para que la cría se comprase unos elementos que le faltaban para su clase de electrónica, así que decidió pagar las deudas de su hermano y luego rendir cuentas con Miguel en el momento de que éste le diese la paga semanal (cinco euros) Claro la pobre a veces es demasiado ingenua. Sobre todo cuando se olvida de lo patrañero que puede llegar a ser su hermano. Pues bien, la encargada de la cantina le pasa la cuenta y Laura pensando que sólo tendría que pagar unos cuatro euros se queda de piedra cuando ve que la cuenta de su hermano asciende a ¡catorce! Ella paga, cabreada como una mona y sin dinero para comprarse su bocadillo ya que el resto lo necesita para los elementos de su clase. En el patio busca a su hermano y le canta las cuarenta. Adam, en vez de agradecérselo se burla de ella en su cara y la llama “Pringada”. Eso sí, el tío se esta jalando uno de los putos bocadillos que acaba de pagar ella...

Cuando llegan a casa la niña está llorando. El cabrito del niño la ha estado incordiando todo el camino por ser tan prima y pagarle los desayunos; ah, eso sí, antes de entrar en casa le amenaza con pegarle si me dice algo (a que cojones me suena eso...) Afortunadamente la niña no se deja intimidar, aparte de que cómo iba a rendir cuentas con Miguel si lo ocultaba... Tarde o temprano se pillaría al culpable. He de decir que mi cabreo fue monumental, es más el niño trató de chotearse también de mí cosa que evite con una buena dosis de mala leche. Mientras comíamos esa misma mañana me fije que el niño tenia algo escrito en la palma de la mano. No era la primera vez que lo veía. Sobre su piel, en bolígrafo de color azul, negro, verde y rojo he visto todo tipo de dibujitos que van desde penes, mujeres desnudas, frases soeces y una cruz esvástica tachada con una cruz... Mi sobrina se percata de lo que estoy viendo y le dice a su hermano que me lo enseñe. El niño no quiere, la insulta (le llama puta) a lo que yo le meto una colleja y le obligo a ver de que se trata. Me dice que son apuntes, yo le pregunto que si no tiene papel para apuntar cosas, él me conesta que en ese momento no. Claro, uno que no es tonto se da cuanta de que esos apuntes (como los del protagonista de Memento) tienen otra finalidad que la de adornar o servir de nota aclaratoria en caso de emergencia. Los textos hablan de dioses griegos y romanos y abarcan desde la punta de los dedos hasta la parte anversa del codo. Laura me dice que su hermano tiene esa tarde examen de sociales, precisamente de mitología griega y romana. El niño lo niega. Después de varios improperios por mi parte (he de añadir que siempre fui muy mal estudiante pero os aseguro que nunca hice chuletas) mandé al niño al baño a borrarse las puñeteras “ayudas”. También le advertí que al día siguiente iría al colegio a avisarles de que cada vez que hiciese un examen lo revisasen de arriba a abajo. La cara de mala hostia del niño era de película de terror.

He de decir que esos hechos no fueron el principio de todo, ya tiempo atrás Adam venía haciendo verdaderas barbaridades, una de ellas tenía como protagonistas a los pobres gatos. Pero dejadme que acabe de contar esta batallita, que tiene miga la cosa.

Aquella misma noche después de cenar y hacerlos pasar por la ducha (y llevarse Adam la pertinente bronca de Miguel, que le castigó sin paga) Laura me dijo que en clase de repaso, donde se quedan tras acabar las clases de la tarde, Adam se había pasado todo el rato dando por saco con el teléfonito movil que le había regalado su padre (y que sorpendentemente aun había perdido pero que luego me enteré que se lo había requisado el subdirector del colegio por 15 dias...) y que al día siguiente tenía un examen muy importante de matemáticas del cual no había estudiado una puta mierda. El niño se cabreó de nuevo alegando que si había estudiado. Yo lo de si lo había o no estudiado lo dejé en suspenso...

A la mañana siguiente, después de hacer una gestiones me acerqué al colegio para advertirle de las patrañas de mi sobrino. Me recibió la directora y le cometé lo de las chuletas (ella me enseñó el examen del niño que había suspendido con un 2 pelado ya que el profesor les había puesto imágenes de estatuas de dioses en vez de texto) y también le comenté lo sucedido con la cantina. Ella me confirmó que ya pondría cartas en el asunto y que evitaría que Adam copiase en clase o que endiñase más bocadillos a cuanta de su hermana.

Pues bien, llego a casa, escribo un poco y de repente me suena el teléfono. Es la directora. Esta afectada. Me tranquiliza (sin saber yo lo que sucede) y me dice que el niño aparentemente esta bien salvo porque en el patio han estado jugando a perder la respiración y Adam tras una segunda intentona había perdido el conocimiento y se había desplomado en el patio. Yo comienzo a preocuparme (y a cagarme en sus muertos, los del niño claro está, que por cierto son el cincuenta por ciento los míos propios...) Silvia me dice que Adam está con ella, en el despacho, muy pálido pero que no recuerda nada, pero cuando dice nada, es absolutamente nada vamos !del golpe o de la experiencia se ha quedado amnesico! Yo en vez de desesperarme no hago más que reír. Silvia se queda un poco parada. Yo le digo que el niño tenia examen de matemáticas y que no había estudiado, ella me asegura que tal como ve al niño no parece cuento. Es más me dice que el niño no reconoce a nadie, ni a su hermana, dice que él no tiene ni tío ni hermana ni nada que se parezca; asegura que vive con su padre y su madre y que esa mañana ha desayunado magdalenas... Yo me preocupo y me voy a corriendo al colegio. A mitad de camino me cruzo con Paloma (la abogada de mi hermana) y le cuento lo sucedido. Me dice que me lleve al niño al hospital y que ya le contaré más tarde.

Cuando llego al colegio entro al despacho y me encuentro a mi sobrino sentado donde yo había estado sentado una hora antes. El niño me mira de forma extraña, está pálido y tiene los ojos vidriosos, medio entornados. Cuando me ve me pregunta con voz cascada que quién soy... Yo en ese momento no se si reírme, soltarle un sopapo o creérmelo. He de decir que me cuesta darme cuenta si me está engañando. Me siento a su lado, Silvia está callada, yo también. Adam me mira como perdido. Me olvido del niño y le digo a Silvia que llame a Laura. Ella la llama. Silvia me vuelve a comentar que está preocupada. Ha llamado a la mutua del colegio y le han dicho que si la cosa se pone mal que llevemos al niño rápidamente de urgencias. Le comentan que no es normal un caso de amnesia por una practica como la que ha hecho el niño en el patio. Si es posible que del shock por la perdida de conocimiento esté desorientado, pero no amnésico y de forma tan acentuada.

Llega Laura, el niño se la mira y pregunta que quién es esa, la niña flipa de colorines. Nos dice que es raro que no no la reconozca ya que en el patio, antes de subir a clase le ha llamado por su nombre para decirle que se había desmayado. Silvia y yo nos miramos de reojo y miramos al niño. Este esta como desconcertado. Realmente parece enfermo. Tiene mala cara y una expresión de perdido que da miedo.

Le hacemos preguntas. El niño no sabe ni donde tiene la oreja. Llama a sus compañeros por otro nombre, no conoce a nadie, ni al subdirector del colegio ni a su profesora de teatro. El asegura que no vive conmigo, que no sabe quien puñetas soy. Yo ando por recordádselo de un bofetón, pero dudo si en realidad está afectado. Comentamos lo del examen. Silvia me comenta también que una semana atrás a un compañero de curso de Adam le sucedió algo parecido después de recibir un buen pelotazo en la cabeza. Por un lado la mía está recopilando información, mi cerebro se encuentra entretenido atando cabos sobre toso para quitarle credibilidad al tema del ataque de amnesia. Por otro trato de imaginarme la situación de llevarme al niño al médico con semejante panorama a cuestas de hacerle pruebas y valorar si su cabeza ha sufrido daños y si estos son a largo o corto plazo.

Silvia y su marido (el subdirector, que no se cree nada el ataque) me aconsejan llevarme al niño a casa, a ver si se recupera durmiendo un poco o comiendo algo y luego llevarlo a la mutua del colegio. Silvia esta muy preocupada. Lo mismo que el resto de profesores (incluida la profesora de teatro)

Me llevo al niño a casa. De camino Laura y yo dejamos que vaya delante para ver si nos da muestras de que está fingiendo. Justo cuando llega a la altura del desvío para casa Adam da indicios de tomar el camino correcto. De repente se para y nos pregunta si vamos bien para nuestro destino. Yo le digo que no. Que se equivoca y me lo llevo a dar una vuelta por el barrio. A todo esto el porcentaje de duda ha disminuido respecto al de la lógica. En todo caso no dejo de sentirme mal por ser tan cruel con él en el caso de que si se encontrase amnésico.

Llegamos a casa. Él sigue igual, es más no reconoce nada, sigue opinando que no tiene hermana ni tio. Cuando entra en su habitación me dice: ¡Menuda habitación más sucia y guarra! Yo le contesto que sí, que ahí duerme un marrano.

Me voy a la cocina. El niño se queda en el comedor. Llama su madre. Él se pone y le dice que quién es ella. Mi hermana se pone nerviosa. Laura le explica que su hermano tiene amnesia. Mi hermana se pone de los nervios. El niño se percata de ello, se pone y dice que si la reconoce. Abro la nevera y veo la solución a su “supuesta” pantomima. Tiene forma de queso, producto al que el niño odia con avaricia. Le llevo un trozo. Le digo que se lo coma. El niño lo toma y comienza a comérselo. He de decir que casi me convence en ese momento. Luego veo que su cara cambia. Le está entrando ascos. Me dice que no quiere. Le digo que por qué, si le encanta el queso... Me dice que no le apetece. Me vuelvo a la cocina. Pasa medio minuto y de repente Laura me llama y me dice que su hermano le ha confesado desde el sofá que se lo había inventado todo ¡para no hacer el puto examen de matemáticas! Me cabreo como un mono, aunque en el fondo me parto de risa. Decididamente el niño tiene madera de actor y se ha quedado con todo el personal. Mosqueado le apunto que en cuanto vuelva al cole le pida perdón a todos, es especial a Silvia, su marido y a la profesora de teatro. Me entero que cuando llega al cole no se atreve a abrir la boca y le pide a su hermana que interceda por él. Ella, se lo comenta a la directora y acepta las disculpas, eso si ya hablarán más adelante; con quien si tiene una charla, en realidad dos durante dos días es con el subdirector, que tiene una mala baba impresionante. La profesora de teatro está enfadada un poco con él, sobre todo por haber utilizado su talento de forma negativa. También habla con él su padre. Esa misma tarde. Le echa una buena bronca. A Miguel le toca por la noche. El resultado de tal fechoría: no hay videojuegos por tiempo indefinido, no hay paga en la misma condición y otros castigos más que se añaden cuando descubrimos la traca final. Laura revisando la carpeta de su hermano encuentra un puñado de exámenes suspendidos ¡con mi firma falsificada!

No se vayan todavía aun hay más...


... como pregonaba Super Ratón. Lo mejor (en este caso lo pero de todo) está aun por llegar. No hay nada que supere ni la falsificadas, ni a loa ataques de amnesia, ni a la mugre que se apodera de su habitación; ni siquiera los golpes ni insultos que “regala” a su hermana como lo que le hace Adam a los pobres gatos.

De los tres que tenemos sólo dos reciben de sus “cuidados”. Sólo Ñiñi (My Lady como nombre alternativo) se libra de sus impulsos. Supongo que debido a que la gata sabe defenderse y ya he ha dado en varias intentonas su merecido. ¿Y qué les hace esta clase de psicópata que viven en casa? Pues arrancarles las uñas de las patas a mordiscos. Los pobre mininos, confiados que son se van con él, incluso los secuestra escondiéndolos a un costado de su barrigota y los mete en su habitación para torturarlos. Nosotros nos damos cuenta ya tarde cuando los escuchamos gritar de dolor o cuando se cansa y los suelta y nos damos cuenta que que la pata tiene babas y sangre. Los cabreos en casa son de órdago, descomunales. Personalmente me indigna y me cabrea sobremanera. A veces él se rebota contra nosotros y niega toda evidencia o nos desafía (en ocasiones actúa ante mi igual que su jodido padre con las misma risotadas bobaliconas, los mismos dejes y las mismas estupideces) Vamos que si lo imita lo hace de puta madre. Si no me temo que tengo un clon del hijoputa en mi propia casa.

Después de pensarlo seriamente hemos decidido llevarlo a psicólogo. No sólo a él, también su hermana y de paso yo. Sí, lo reconozco estoy deprimido, me ha costado y tras asumirlo he decidido visitar a un especialista.

Acabo de venir de mi primera visita.

Eso es algo que contaré en otro post. Y os prometo que lo veréis publicado mañana mismo. Sin falta.

13 comentarios:

Anónimo dijo...

Es muy lógico que estes preocupado y cabreado con tu sobrino,en tu caso creo que estaría desesperada por no saber como actuar para correguirle ,pero hay que reconocer que el jodio tiene dotes escénicas( vaya teatro montó!!!)
Confío que el sicólogo os de unas pautas a seguir para mejorar la situación lo antes posible.
Os envío mucha energía positiva y un monton de besos.

anusky66

megg dijo...

foscardo despues de leerte creo que ,sinceramente no necesitas un psicologo

si quieres te digo creo que estas en barcelona no?
el psicologo no te dara diagnostco

y con escuchar a adam no es ni sera suficiente

no te alarmes pero creo que ,no debes perder tiempo


te digo por conocimiento de causa

al piscologo solo para charlar no diagnostica nafda a no ser que sea clinico y de especifica a la infancia y en españa no existe esta especialidad
el es adolescente necesita algo mas rapido y ya

6meggan@gmail.com

Arganor dijo...

"Pasa medio minuto y de repente Laura me llama y me dice que su hermano le ha confesado desde el sofá que se lo había inventado todo ¡para no hacer el puto examen de matemáticas! Me cabreo como un mono"

La verdad que Adam necesita más atención, os la está pidiendo a gritos. ¿Os ha dicho algo un especialista?

A veces los psicólogos de niños, ante niños que se comportan tan mal, lo que suelen hacer es animar al que se porta bien, lo encumbran para que observen que solamente portándose bien serán el centro de atención.

Animo Richard.

Esther Hhhh dijo...

Francamente, Richard, todo lo que cuentas es terrible, pero lo que me ha puesto la carne de gallina es lo que le hace a los gatos. Tiene suerte de no vivir conmigo: Ahora mismo tendría las manos destrozadas, porque le habría arrancado todas las uñas con unos alicates. Lo siento, es tu sobrino y sé que le quieres, pero me parece un ser patético y malo como un cáncer alguien capaz de hacerle eso a unos pobres gatos. En fin, espero que le recuperes, y espero que sea antes de que tengas que regalar a tus pobres felinos a alguien, por su propia seguridad.

Besitos

Esther Hhhh dijo...

PD: Yo también ando deprimida y con el psicólogo en sesión intensiva... Ya ves, ya somos dos...

Besitos y mucho ánimo y mucha suerte.

foscardo dijo...

Gracias. Lo de los alicates tambien se me ha pasado por la cabeza... Adame argumenta que sabe que está mal pero que no puede evitarlo (lo mismo que decía su padre cuando inflaba a palizas a mi hermana) bueno... hay una diferencia entre padre e hijo, él decía a mis sobrinos que lo hacia porque le había pillado el gusto y lo necesitaba para desahogarse...

Anónimo dijo...

Sabemos que hay etapas malas, y muchas veces no sabemos como reaccionar, ante ellos o ante lo que hacen. Creo que un psicologo no lo ayudara mucho a vosotros si a afrontar.lo pero a él, creo que es una llamada de atención, no soy experta en ello asi que espero que todo vaya fenomenal. Una beso a todos
Historia

Rodri dijo...

También habría que valorar si está recibiendo una buena educación o si lo habéis tenido entre algodones. Lo de los gatos ya lo sabías hace tiempo y no has puesto remedio hasta ahora.

Y aún reconoces que la historia de la amnesia te parece graciosa.

Begus dijo...

Richard, no puedo decirte si llevarle al sicólogo es bueno o malo porque no lo sé, pero lo que sí tengo claro es que necesita ayuda profesional y vosotros también, pero para que os oriente sobre como tratar a Adam y como reaccionar antes todas esas cosas que hace.
Lo de los gatos me ha puesto los pelos de punta...de verdad...tan cruel es??? recuerdo cuando murió vuestro gato de siempre...recuerdo que nos contabas que Adan lloraba y sufría por el gatito...dónde quedó aquel Adam???
Necesitas encontrarlo, pero con ayuda profesional.
Si Meggan puede orientarte no dudes en ponerte en contacto con ella...creo que sabe lo que te está diciendo.
Me alegro mucho de que hayas vuelto, pero no esperaba que lo que me comentaste ayer sobre tu sobrino, iba a ser así de fuerte.
Un abrazo fuerte Richard
Begus

foscardo dijo...

Que quiere llamar la atención es algo muy evidente. A veces pienso que es una especie de reto, para ver hasta cuan lejos llegan nuestros límites. He observado que siente cierto placer cuando recibe un sopapo cuando se pega con su hermana. Eso me produce cierto miedo ya que me está dando a pensar que confunde placer con dolor. Tambien me he dado cuenta que imita mucho a su padre. No solo en gestos, sino tambien en actitudes adversas. De eso lo hemos hablado largo y tendido con él, pero es dificil que asuma que esa actitud sea la más correcta que pueda tener.

bajoqueta dijo...

Pues sí, está llamando la atención, y al mismo tiempo se lo pasa bien montando sus espectáculos. La verdad es que es difícil saber qué es lo correcto, pero quedarse parado y no hacer nada está claro que no.
Espero que alguien le ayude :)

ISIUS dijo...

Madre miaaaaa,
Me alegro mucho de tu decisión, esto sinceramente no pinta muy bien, lo de los gatos siento decirte que es muy mala señal ya que está estudiado que la mayor parte de maltratadores antes han maltratado a algún animal. Espero que no te siente mal lo que te estoy diciendo pero me alegra que hayas visto el peligro y ahora que puedes intentes ponerle remedio.
Espero que todo os vaya mejor...
Besazos

megg dijo...

foscardo entra en esta web y navega un poco por ella

si tienes preguntas dimelo

http://www.trastornohiperactividad.com/

algunas conductas que describes son de una depresion con llamada de atención

no llama la atencion ... con algunas cosas adam pide socorro

saluods