miércoles, octubre 17, 2007

Días extraños

A pesar de los inconvenientes y con que a veces amanece tormenta el ambiente aun está tranquilo. Eso sí, como colgando de un hilo de telaraña. Por un lado creo que a mi cuñado no de conviene llevarse mal conmigo. Primero, le estoy resolviendo el tema de los niños por dos flancos. Él se evita tener que llevarlos a ver a su madre al hospital (recodemos que ya no tiene coche) y por otro puede estar con su novia a solas el tiempo que pasan los niños en mi casa. ¿Por qué yo y no sus hermanas? Las noticias sobre las relaciones familiares entre ellos me llega a cuentagotas pero con suficiente fuerza para saber que apenas hay relación o, por lo menos un distanciamiento. Mi sobrino me comentó que su tía (la Sargento de Hierro) esta medio loca, más aun de lo que estaba. Su hijo tiene novia y se le debe de estar escapando el polluelo del nido. El abuelo de los niños no tiene relación con ellos. Ahora vive con la esquizofrénica que se olvida los niños en la calle por culpa de darle a la botella. No sé una situación algo extraña. Marciana. Sobre el asunto del teléfono móvil… El domingo vinieron los niños a casa. Tenían que llegar a las diez pero a las diez menos cuarto ya estaba picando por el interfono. Cuando abrí la puerta entró mi sobrina. No había rastro de su hermano. Aunque si estaba pero enfadado conmigo y avergonzado por la última conversación que tuvimos. Esperad, que me he dado cuenta que me estoy anticipando a los hechos. Sí, mi sobrino y yo discutimos por teléfono. Muy duramente. Eso fue el miércoles por la tarde. Mi sobrina me llevaba varios días insistiendo con el tema del teléfono móvil roto y de si podía acompañarle a comprar uno (en primer lugar comprárselo yo, por lo menos en eso insistía el caradura de su padre. Luego hablamos de responsabilidades y quedamos que quien lo había roto debía ser el responsable de proporcionarle una terminal nueva. ) La niña me había informado que le había pedido permiso a su padre para que yo fuese con ella y su hermano a buscar el dichoso móvil. Mi cuñado, queriendo hacerse el listo y pillarme por peteneras se hizo el sueco. La niña me dijo que ni le daba permiso ni no se lo daba. Se hacía el idiota, cosa no muy difícil para él. Yo le contesté a la niña que yo no la llevaba a ningún sitio si su padre (y su madre ) lo sabían y lo consentían. Así pues la salida prevista para el jueves por la tarde no tuvo lugar. Es más en un grado de suprema ignorancia se negó a que su hijo vendiera sus juegos para pagarle un móvil a su hermana. Para él yo tenía que hacerme cargo de los gastos del móvil nuevo. (Se admiten aplausos, abucheos o risas enlatadas) O bien el tipo no había entendido el sentido de la lección otorgada a su hijo o bien tiene un morro más grande que el Monte Olimpo del planeta Marte… La niña, por teléfono y llorando como una Magdalena me rogo arreglar el asunto. Ella me comento entre sollozos que entendía que no era culpa mía, ni de ella que el móvil se hubiese roto. Estaba cabreada con el hermano (y de paso con el lerdo de su padre). Me hizo gracia la situación. Si hace unos meses cuatro mese me dicen que mi sobrina estaría de mi parte y mi sobrino en contra (porque veréis el niño la que me armó) no me lo hubiera creído. Le dije a mis sobrina que se pusiera su hermano al teléfono. Al principio el niño no hacía más que meterle excusas a su hermana para evitar hablar conmigo. Que si no puedo ponerme, que si voy al baño a cagar, que si me estoy preparando un bocata, que si no me da la gana de hablar contigo… Al final la hermana insistió tanto que el niño se puso. No me dejó hablar. Parecía una réplica de su padre pero en diminuto. Me dijo que no quería saber nada más de mí, que me odiaba y que nunca más vendría a verme. Yo me sentí molesto. No por lo que me decía sino porque no entendía las razones de porque le había dicho yo que tenía que hacer para solventar el problema de su hermana. Bueno y porque seguía un patrón paterno que no me agradaba nada en absoluto. Lo mandé callar y se puso su hermana. Le dije que si no vendía sus juegos para pagarle el móvil yo no le podría ayudar ya que no era mi deber pagar de nuevo por una cosa que yo no había roto. La niña lo entendió. Me preguntó si iría a verla al cole un día de estos. Yo le dije que sí pero que a su hermano no (lo que son las cosas ¿no?) El viernes por la tarde me llamó mi sobrina. El domingo vendrían a casa.

Una vez mi sobrina cruzó la puerta le pregunté por su hermano. Me dijo que estaba en el rellano y que no se atrevía a entrar. Me asomé y allí estaba. Todo rechoncho y con cara de malas pulgas. Era mezcla de rabia y de vergüenza. Como sabía que iba a venir le preparé una pequeña venganza. Al entra en casa le dije que estaba cabreado con él y que por pasarse de listo se iba a quedar sin jugar al FIFA 08 que me había llegado un par de días atrás. Su semblante se frunció aun mucho más. Sabía que la había cagado por todos lados. Se dio cuenta que el único lugar donde podía jugar a las videoconsolas era en casa de su tío. Su padre y el tío (el gilipollas ex carcelario que nos amenazo de muerte a Miguel y a mi ) habían tratado de arreglarle la PlayStation que le regaló mi padre al niño (ya que a este se le cayó al suelo) y como van de eruditos en electrónica de consumo se acabaron de cargar el aparatejo. Así que el niño se dio cuenta en ese momento que de poco le servían los juegos de Play 2 que tenía en casa si en el fondo donde podía jugar era en la mía. Tararí que te vi… Entonces mas avergonzado aun se sentó en una silla frente a la mesa del comedor. Metió la cabeza entre los brazos y tierra trágame. La niña me había contado que su hermano se había puesto de parte de su padre y en contra mía porque no quería vender los juegos , como yo le presionaba y su padre lo defendía pues se arrió al árbol que más sobra da. Un árbol completamente equivocado como pude observar en su semblante. La niña me enseñó el teléfono roto. La pantalla estaba destrozada con saña. Tenía varias resquebrajaduras por todos lados. Era como si hubiesen saltado encima y luego lo hubiesen arrojado como cien veces desde el Empire State Buliding con muchísima mala leche. Mi sobrina se sentó en el sofá, me pilló el portátil y se conectó al Messenger y a esa cosa terrible que es el Habbo. Como vio que su hermano había metido la gamba y no reaccionaba trató de apaciguar los ánimos y le pidió que se sentase junto a ella. Sus ojos estaban brillantes, a rebosar de lágrimas. La pobre es muy sensible. Cuando le hablamos de Isaac y le entregamos una foto que nos dio Sonia para ella casi se puso a llorar (“Mi nene forever” le llama. Ha puesto la foto en la carpeta del colegio con esa frase y anda orgullosa mostrándosela a todo el mundo) Me dijo que no le gustaba ver a la gente triste. Que en el cole si había un niño llorando ella se ponía a llorar también. Me recordó mucho a su madre. Ella también hacia lo mismo a su edad ganándose el apelativo entre las niñas (y algunas de sus madre repipis) de la calle como “La Llorona”. Insistió a su hermano en que le pidiese perdón, le diese un beso y que hiciese lo mismo conmigo. Le costó varias intentonas. El niño murmuró que igual yo no quería. Aparte la cara y reí en silencio. Abrazó a su hermana y luego se paró frente a mí, sin mirarme a los ojos. Yo le dije que viniese y nos fundimos en un abrazo. Él rompió a llorar y le explique cuál era el cometido de mi sugerencia sobre el tema venta de juegos compra de móvil. Lo entendió. Por lo menos eso me pareció de buenas a primeras.

Vimos Las Vacaciones de Mr Bean y después de la película (y de unas cuantas risas) nos fuimos a ver su madre. Yo aun ando un poco mosca con ella. Aun hay algún episodio de robo de pastillas pero no en el nivel de hace unos días atrás. No tenía intención de traerla a casa, después de los que sucedió la última vez… No sé era una mezcla de desconfianza y vaguería. Últimamente ando un poco apático y me molesto por cualquier cosa. Llegamos al hospital y los niños la abrazaron y la besaron. He de decir que me costó un poco convencer a mi sobrina para que fuese a ver a su madre. Es muy triste pero me he dado cuenta que la ven ya más como una enferma que como la persona responsable de haberles traído al mundo. Una persona que lucho mucho por ser madre y que ahora, en las circunstancias en las que se encuentra no puede disfrutar de ello. Mi hermana se alegró mucho de verlos. Se levantó de su butaca y se fue directa al armario. De él sacó una bolsa de papel azul con asas con una flor amarilla a modo de margarita pintada. Metió la mano dentro y extrajo una muñeca de trapo muy divertida, rubia y con dos coletas que portaba un vestido tipo peto con un bolso rojo cruzado en sus hombros. Mi hermana se aceró a mi sobrina y se la ofreció. La niña la aceptó alegremente con una sonrisa. En eso mi hermana apretó el bolso de la muñeca y suena una canción. Mis sobrinos se partieron de risa. Mi hermana también y yo con ellos. Mi hermana, sentada en su butaca trató de bailar al ritmo de la muñeca. Mi sobrina le acompañó. Me sentí feliz y a la vez mal. Me di cuenta que estaba siendo duro con ella. Que la mierda de la pereza que sentía por llevarla a mi casa y traerla al hospital me la podría haber metido en el culo. Por una vez en mucho tiempo vi comunicación de madre e hijos entre ellos. Y yo preocupándome por mi pereza. En esos instante me sentí un egoísta y un tío mierda, lo reconozco. La niña le preguntó a su madre de dónde había sacado la muñeca. Mi hermana con gestos le dijo que en el bingo del hospital que se celebra cada viernes y que no es la primera vez que había ganado algo. Se ve que es el terror de los cartones. A parte de la muñeca había ganado unas zapatillas naranjas y un colgante. Le enseñó a sus hijos alunas manualidades que había hecho. Una de ella un sol amarillo chillón con un rostro simpático adornando el centro. Le llegó la comida. Hablamos un rato con ella y con su nueva compañera de habitación. Mi hermana me dijo que María aun seguía viniéndola a ver y que Rosario su madre estaba estable en la planta de abajo. Esa misma mañana había bajado con Rosa (su compañera) y su hermana a dar un paseo por el jardín. Había tenido el día completo. Llegamos a casa y comimos con Miguel lomo adobado y pizza casera que había hecho el día anterior. La jornada trascurrió sin problemas. Los niños jugaron con la wii, Miguel preparó las clases del lunes y luego se entretuvo leyendo un rato. Yo me eché una siesta en la cama junto a él. A las 19 horas el capullo picó al interfono y los niños bajaron. Se despidieron con un beso. Se lo había pasado muy bien esa tarde. Una tarde atípica dentro de una semana llena de días extraños.

2 comentarios:

Esther dijo...

Richard, cariño, eres humano... Es normal que estés cansado, pero no pienses que eres un tío mierda como tú mismo dices. Eres un sol.

Ánimo, no me gusta verte tan alicaído.

Djabliyo dijo...

Eso, Meri.

¡Ke no mentere yo!