jueves, julio 26, 2007

Y tras firmar la paz...

Primer día de tregua

A ver… como comienzo… Después del encuentro con el capullo y tras dar su conformidad respecto al tema del viaje de los niños se creó un clima general mucho más distendido como de extraña tregua navideña entre dos naciones que se han declarado la guerra. Todo iba mucho más rápido y mucho más seguro. El lunes, por ejemplo llevé a mis sobrinos a la comisaría del distrito para comenzar con el papeleo para conseguir el DNI y el pasaporte. Hicimos madrugón en casa para yo ir lo más temprano posible a buscar a mi hermana la hospital, recoger la medicación en sus correspondientes dosis, volver a casa y esperar a que el educador del EAIA nos trajese a los niños. No hubo ni un problema al respecto. Llegamos, aparcamos y les hicimos las fotos. La comisaría era pequeña e iban bastante rápido. El problema fue la burocracia. Si mi sobrina se hacía el pasaporte éste sólo tendría vigencia para nueve meses ya que la niña no tenía aun DNI. La funcionaria nos sugirió que, por lo menos le hiciésemos también el DNI y así la niña ganaría cinco años de vigencia de ambos documentos. Mi sobrino podría esperar aun tres años más para el documento nacional de identidad aunque podría disfrutar de tres años de pasaporte al tener sólo once años. Como sólo teníamos un papel para hacer el DNI y nos faltaba un papel para la fila del pasaporte (y ya no repartían porque se había acabado) no pudimos hacerles el documento. Es más, tampoco el DNI ya que en la partida de nacimiento de mi sobrina faltaba un sello especifico para que el tramite pudiera llevarse a cabo. Mi hermana aguantó muy bien la cola, con muchísima paciencia. La sentamos en un poyete y ni se quejó. La niña fue la única que despotricaba de hacer cola, tirándose al suelo y chinchando a su hermano que se comportó excepcionalmente. Claro también había que comprender que ese día a ella le tocaba piscina. Dejé a los niños en el centro cívico donde realizan tareas extraescolares y llevé a mi hermana de regreso al hospital. Yo me fui pitando al registro civil en busca del sello que faltaba en la partida de nacimiento de mi sobrina para proceder con las gestiones del DNI. No había parking cerca del edificio así que me tuve que ir al aparcamiento del Maremagnum y pasear bajo el abrasador sol durante un rato. Menos mal que me encontré un puesto de helados por el camino y me zampé una bola de helado de plátano con trocitos de chocolate y nueces que me supo a poco. Pese al calor el día era excelente. Había muchos turistas y eso de pasear por el puerto como que se agradece. Hasta daba ganas de meterse en el agua y eso que esta estaba de un color verde ambarino con motitas de grasa de motor de fueraborda… Hice cola en el registro civil aunque menos mal que iban bastante rápido. Me tocó mi turno. Pedí la dichosa partida de nacimiento con el dichoso sello, me dijeron que hasta el viernes no lo tendría. Yo puse cara de haberme bebido por lo menos cinco litros de vinagre. Se me ocurrió la genial (y a la vez estúpida idea) de que me sellasen la partida que yo tenía en mano. Así lo hicieron. Aproveché para pedir las partidas de nacimiento de mi hermana y mía (estas si estarían el viernes) para el tema del los trámites de divorcio y guardia y custodia y me fui más contento que una pascuas sin darme cuenta que había cometido un error.

Me fui a comer al Guarri Burger de la playa de la Icaria y me dirigí a casa. Por el camino me dio por mirar el documento de nuevo. Si hubiese estado protagonizando una película se habría producido un efecto de zoom extraño entre el fondo y mi rostro (Una escena parecida aparece en Tiburón de Spielberg cuando el jefe Broddy, se encuentra en la playa y se produce de sopetón un ataque a los bañistas) el efecto vendría acompañado por un sonido estruendoso producido por unos cuantos violines e instrumentos de percusión. El sello del DNI ¡anulaba el papel para cualquiera otra tramitación! Como ya eran más de las 14:00 no podía volver a Registro civil y reclamar un nuevo documento (esta vez sin sello) para tramitar el pasaporte. He de decir a todo esto que el DNI tarda alrededor de un mes en gestionarlo y el pasaporte sólo dos días por lo que nos urgía conseguir con prioridad el segundo documento. Habría que volver a intentarlo de nuevo. Por la tarde me llamó mi hermana. Tenía que ponerme en contacto con el capullo para solicitarle de nuevo que los niños nos acompañasen. Llamarlo no me hacía mucha gracia. Eso de volver a tener que dirigirle la palabra y de tratar de guardar la compostura para evitar nuevos conflictos después de todo lo sucedido resulta harto complicado. Había que tener mucho estómago y sangre fría para hacerlo. Cosa que me he descubierto capaz de realizar. Dicen que uno nunca llega a conocerse lo suficiente…

Llamé a su teléfono móvil y no contestaba. Llamé a mi sobrina y no contestaba. Llamé a mi hermana y me dijo que llamase a su casa. Llamé y se puso mi sobrina. Me dijo que su padre no estaba, que había salido un momento. Le comenté si le había dicho algo sobre el tema de los papeles. Me dijo que poca cosa. Esperé. Llamé mas tarde y se puso mi sobrino. Me dijo que el capullo había tenido un accidente. Al parecer se había clavado una astilla en un ojo y estaba de urgencias en el hospital. Le pregunté si estaba solos y me dijo que sí, aunque un segundo más tarde rectificó y me dijo que estaba con su tía (al parecer la sargento de hierro). Ahora lo pongo en duda. A eso de las 22:00 horas llama mi hermana y me dice que llame a mi cuñado al móvil. Llamó. Se pone y le comento lo sucedido en el día de hoy y que tendremos que llevarnos los niños de nuevo a hacer los papeles. Él habla en un tono frio pero por lo menos se puede dialogar. Me comenta que mejor el miércoles ya que ha de avisar al centro cívico con anticipación. Accedo, de esta forma me permite a mi volver al día siguiente y conseguir de nuevo la partida de nacimiento sin sello para DNI.

Segundo día de tregua:

Al día siguiente nos levantamos un poco más tarde. Llevé a Miguel al trabajo y me fui de nuevo al puerto, a la plaza de Medinaceli para buscar el papel. Hice cola de nuevo. Cuando me toca el turno les pido de nuevo el papel, comentándoles lo sucedido. Me dicen que el documento lo tendré disponible para el lunes. Les digo que es urgente y el tipo del mostrador me sugiere que lo comente con la supervisora en la zona de recogidas de documentos. No sabría explicar bien el cómo pero cuando el hombre me lo está comentando me pone una cara de esas entre compasión y que la fuerza te acompañe. No le hago mucho caso. No será para tanto… Llego a donde me dice y veo una señora muy amable atendiendo a los que hacen cola. Pienso “Mira que maja es”. Yo más feliz que una perdiz. “Esto es pan comido, sólo has de ponerle una buena sonrisa y ser muy amable con ella”. Me toca después de aguantar a un niñato pesado que no se enteraba de nada y que le preguntaba todo cincuenta veces y un abuelete que puso la directa y comenzó a contarle su vida a la pobre mujer. ¿Qué clase de karma tengo yo con las filas de gente que siempre me tocan la de los plastas? Me toca. Sólo me dio tiempo de decir “Buenos días , mire… tengo…” Me dice “Huy, esto has de comentárselo a la supervisora (me lo dice con una cara de “Te vas a enterar tu lo que vale un peine”) Me señala una puerta y me dirijo a ella. En eso se me adelantan una chica muy eslava y un par de Juanis tan ordinarias como dos picaportes modernistas esculpidos en mierda. Avanzamos por un pasillo llenos de estanterías con tomos de aspecto antiguo ordenados por años y por meses. Al fondo del mismo había una mesa y allí se encontraba la supervisora. Entonces comprendí todo. La mujer era áspera tanto en trato como en aspecto. Vamos una mujer a la antigua usanza. Era como si la muerte se hubiese olvidado de ella y se hubiese perdido entre tanto laberinto de tomos el día que vino a buscarla como unos ciento cincuenta años atrás. Nada más vernos nos dijo de mala gana “¿Van todos ustedes juntos?” Nosotros contestamos no (con las dos Juanis haciendo de coro a lo Dreamgrils) “Entonces salgan fuera, esperen su turno y no se me queden en los pasillos” solo le faltaba soltar un “cojones” como nota final. Salimos fuera. Las Juanis y yo. En la puerta del pasillo se nos unió otra señora. La Juanis (con su pelos teñido de un rubio imposible) parloteaban sin parar todo tipo de ordinarieces sobre no se qué tío que se habían encontrado en una fiesta y que había llamado “Hijaputa” a una de ellas (con la cara llena de granos de todos los colores conocidos y por conocer) Al verlas me dio un mal fario. Me recordaban a las hermanas de mi cuñado salvo que ellas son todas con el pelo muy negro y mucho más largo. Tuve malas vibraciones con una de ellas. Son cosas que a veces me suceden son ciertas personas. Hay quien desprende maldad por los poros con tanta intensidad que un ambientador mata olores en un baño cargado de peos. Salió la Eslava (algo descompuesta) y entraron las Juanis. No tardaron en salir. Sacando sapos y culebras de sus dulces bocas. La supervisora iba detrás de ellas tratando de decirles algo. Ellas se cagaron en su madre, su abuela y en todas sus antepasadas incluidas las que no habían llegado a ser humanoides. “Buena me espera” pienso. Llego a la mesa. La mujer está sentada de nuevo tras su mostrador. Impertérrita. Por un momento pienso “Segur que acaba de hacer una muesca más sobre la madera debajo de su mesa. Y peor aún. seguro hay una muesca nueva con mi nombre esperando ser marcada.” Le explico mi caso. Le comento que necesito el documento lo antes posible ya que nos vamos de viajes muy pronto y bla bla bla. La mujer me mira. Me dice “No he comprendido nada de los que has dicho” Se hace un segundo tenso. Se lo repito. La mujer se mira el papel y me dique que lo que le estoy enseñando es una fotocopia. Yo le comento que es la fotocopia de la partida de nacimiento de mi sobrina, que el original está en casa y que le he traído la copia para que vean que hay un sello que no necesito. Empiezo a sudar. Me mira detrás de sus gafas y me dice “Huuuuy, pues esto va a tardar unos días” Yo le comento que es muy urgente ya que tengo que ir al día siguiente a comisaría a hacer los papeles. Estoy tentado en contarle toda mi vida durante los últimos siete meses pero me callo. Entonces, y sin saber muy bien la razón me dice con mal genio “Mire salga usted por este pasillo de la izquierda y espérese media hora fuera sin que le vean los demás de la cola.” Luego logro entender algo que me darían el papel y luego añadió algo más (supongo que una maldición en una lengua antigua) que no logré descifrar. Me guió a la salida una oronda chica con la misma gracia en el cuerpo que la supervisora (ya se sabe que Dios los cría y ellos se juntan…)Esperé fuera. Un ratito. Estaba yo sentado en una banqueta cuando aparece la gordita y me entrega un papel sin detenerse y como haciéndome un guiño con los ojos. Por un momento me pareció estar interpretando una escena crucial en una peli de espías donde un contacto me entrega un documento secreto. Era la partida de nacimiento de mi sobrina sin sello. ¡Lo había conseguido! Salí a la calle. No me importaba el aberrante calor que reinaba por doquier en absoluto. Tenía lo que quería y eso era lo más importante en ese momento en toda mi vida. Llegué a casa, comí, me fui a buscar a Miguel y a Eva y después de hacer la reserva de los hoteles del camino de ida y el de vuelta del viaje a Normandía nos fuimos a la piscina terapéutica para relajarnos un buen rato.

Por la noche me llamó mi hermana. El capullo le había llamado. Mañana los niños vendrían a primera hora de la mañana para hacerse de nuevo los documentos. Todo perfecto. O eso pensaba yo.

Tercer día de tregua.

El tercer día sucedió en un principio como el primer día. Nos levantamos temprano, llevé a Miguel al trabajo (tenía un lectura de tesis de un alumno y después de eso comenzarían por fin sus vacaciones) fui a buscar a mi hermana y la medicación correspondiente, llegamos a casa y recogimos a los niños de la mano del educador. Bajamos a la comisaría. Después de aparcar nos encontramos el primer problema: Ya no habían números para el puñetero pasaporte. Agarré a mi hermana y a los niños y fuimos corriendo a otra comisaría. Esta se encuentra en la calle Balmes y tiene fama de colas kilométricas. Por suerte no había mucha. Conseguimos numero para pasaporte y DNI. Después de una espera en la que entretuve a los niños hablándoles del viaje de lo bien que lo íbamos a pasar y de las ganas que teníamos de ir juntos (mi sobrino está obsesionado con la torre Eiffel y se di hay Donuts y pan en Francia) nos toco turno de pasaporte. La señora que nos atendió nos dijo muy amablemente que le hiciésemos primero el DNI a mi sobrina ya que con el resguardo del mismo podría conservarlo cinco años (cosa que ya sabíamos). Nos dijo que en cuanto tuviésemos el resguardo no hiciésemos cola y que ella misma nos lo arreglaría para ambos niños. Bajamos al piso de abajo y en un ratito bien corto nos hicieron el DNI de la niña. Subimos con el resguardo pero la señora no estaba. Nos atendió otra compañera suya. Esta vez apareció otro problema: Para el pasaporte de la niña no había problema pero sí para el pasaporte del niño. Necesitaban el DNI de mi hermana. Le expliqué que mi hermana no tenía DNI al ser ciudadana británica. La mujer me comentó que el pasaporte no le servía por que el ordenador no lo reconocía como documento necesario para esa opción. La solución: Hacerle el DNI a mi sobrino. El problema: No tenia partida de nacimiento sellada. Le hicimos el pasaporte a la niña. Se nos ocurrió que podíamos ir corriendo a Sant Cugat del Vallés donde está registrado el niño y conseguir el papel sin hacer cola. Ya lo había hecho antes y lo entregaban de inmediato. Como la comisaría cerraban hasta las ocho pues no habría problema de hacerlo ya de una vez y por todas en un solo día. Mi hermana, en el coche me comentó que mi cuñado estaba en casa de baja por el tema de la herida del ojo. Le dije que le llamase para decirle que nos demorábamos. Un nuevo problema se nos avecinó de sopetón: la niña comenzó a liarla. En principio quería ir al centro cívico ya dijo que su padre había pagado la comida de ese día. Luego añadió que por la tarde tenían que ir ella y su hermano a casa de un amiguito para jugar y tercero que su padre no estaba en casa, que se había ido a trabajar y que no le llamásemos porque no lo encontraríamos. Mi hermana hizo caso omiso a la niña y llamó primero a casa. Allí no había nadie. Llamó al móvil de mi cuñado. Tampoco contestaba nadie. Al final optamos por dejar a los niños en el centro cívico para comer y a esos de las 16:00 recogeríamos al niño para ir a la comisaría a hacerle de nuevo los papeles (DNI incluido)La niña se iría a casa del amiguito de marras (anda que no dio la murga la puñetera niña con el tema). Tras dejar a los niños y darle la medicación a mi hermana nos fuimos a Sant Cugat en busca del sello de marras. Afortunadamente todo fue muy rápido y muy sencillo. Llevé a mi hermana a mi casa, compramos cosas para ella en el supermercado y comimos rápido (ella un potito de ternera y yo un gazpacho de tetra brick) Incluso nos dio tiempo de ver unos Highlights de la serie Fama que tengo en DVD y que le encantaba a mi hermana. Cantamos a dúo alguna canción. Se le veía muy feliz. Por un lado percibí que se sentía útil frente a sus hijos. Ella firmaba los papeles de su documentación y no la trataban como una enferma sino como a una madre. Por otro lado salía a pasear y también estrenaba la ropa (una camiseta tipo fantasía y unos pantalones tipo pirata) que le había regalado Emma, la hija de María. Recogimos al niño a la hora prevista y nos fuimos raudos a la comisaría. Pese a la espera todo fue muy bien y rápido. Incluso, como anécdota nos encontramos en la fila con Silvia, la directora del colegio de los niños, que nos dio la enhorabuena por conseguir que viajasen con nosotros y le pidió a Adam que se lo pasase lo mejor posible. Al parecer ella también iba a hacerle el pasaporte a sus hijos. Salimos a eso de las 18:00. Yo estaba agotado. Mi hermana también. Pero reconozco que se había comportado igual de bien teniendo paciencia y aplomo para soportar las largas colas de gente que no paraban de hablar y revolotear como extrañas polillas ante una invisible bombilla. Lo mejor de todo era que habíamos resuelto el tema de la documentación.

Se rompe la tregua

Tenía tres objetivos esa misma tarde y muy poco tiempo. El primero de ellos era dejar al niño en su casa. Esa misma mañana la niña había insistido en que su padre no quería que yo supiera donde ellos viven (cosa absurda porque tengo su dirección completa, numero de piso incluido.) El niño me dijo que pasásemos antes por el parque por si su hermana ya había vuelto de casa del amiguito y lo estuviera esperando allí. Pasamos y la niña no estaba. El niño me guió hasta la casa y en un momento dado me dijo “Mira, mi padre y mi hermana” . Yo bajé la calle haciendo sonar el claxon entre otras cosas para que no viesen y para comunicarle al capullo que ya teníamos los resguardos para recoger la documentación. Al haber estos días un buen clima (nada de ser amiguitos ni echarnos abrazos efusivos pero si cierto pero frio entendimiento no le eché importancia al asunto, incluso estuve tentado en entregarle la fotocopia del pasaporte de mi hermana al permitir un poco de paz entre tanta desolación) Que idiota puede ser uno en esos momentos. Si, puedo dar fe del dicho “El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”. Merezco el premio “Tonto del año” o “Pardillo 2007”. Paro el coche y le comento aliviado a mi cuñado: “Ya tenemos los papeles de los niños”. Cuando el abrió su boca me acordé de las dos Juanis del día anterior en el edificio del registro civil. Comenzó a increparnos a grito pelado. “Sois unos cabrones” “Habéis abusado de mi confianza”“Me habéis engañado” “Acabo de denunciarte al EAIA (como si el EIA fuese la policía), a los Mossos d´ Escuadra y a la policía nacional “ (todo esto lo decía a grito pelado y arrastrando las vocales exageradamente. Mi sobrina estaba a su lado aterrorizada, El niño estaba en el coche aun peor que la niña (agarrando la camiseta que le había regalado miguel para su cumpleaños con desespero), mi hermana se había quedado petrificada mirando al infinito, empequeñeciéndose por momentos como tratando de desaparecer. Su mente había regresado de golpe a sus peores días cuando él la inflaba a palizas delante de sus hijos. Mientras el capullo me gritaba, insultaba y decía sandeces yo detuve la escena por un momento y propuse varias opciones para solventar la situación. Teníamos la primera que era bajarse del coche y discutir con él con riesgo a enganchada en mitad de la calle como si de dos barriobajeros se tratase. La descarté. Entre otras cosas porque la calle hacía mucha pendiente, tenía coches atrás pitando y no tenía ganas de meterme en problemas (aparte del cansancio acumulado). La segunda opción era más bestia. Sólo tendría que apartar el pie del freno y atropellar a ese malnacido para que por lo menos a esos niños y a su madre se le acabasen los problemas (aparte de hacerlo callar porque nada más oír sus rebuznos incongruentes me estaban dando ganas de vomitar el gazpacho que me había comido) La descarte por que dos días atrás acabamos de lavar el coche y limpiarlo de nuevo me daba mucha pereza. Tenía que llevar el coche al taller esa misma tarde y no quería pagar una reparación tan costosa, sobre todo para arrancar los trozos más difíciles del imbécil del capó y por debajo de las ruedas. Tampoco me apetecía irme a chirona por este personajillo. Por robar un banco e irme a el Caribe igual si pero por este agarrafarolas de tres al cuarto no valía la pena. La opción que me quedaba era dialogar (no sé por qué pero siempre caigo en la misma opción, hasta cuando comencé a enterarme de los maltratos que sufría mi hermana) Además cuando uno se encuentra en este tipo de situaciones siempre le pasa por la cabeza las noticias sangrientas de la televisión con cientos de maridos acuchillando a sus mujeres, hijos o familiares en un arrebato de ira. “Tienes que ser prudente” me dijo mi vocecilla interior, una voz familiar que luego reconocí como la de mi madre. “Estas sólo antes ese energúmeno, esta tu hermana aterrorizada y también los dos niños. Mantén la calma” (a lo que yo añadí “Usa la fuerza Luke” como nota cómica) Así que traté de explicarle con mucha tranquilidad los pormenores del día. A cada palabra que yo decía el soltaba el odioso y recurrente (“Mentiraaaaaaa”) que ya utilizó el día que se llevó a los niños de mi casa. Sentí una especie de siniestro “Dejavu” Se me había concedido una segunda oportunidad para joder de nuevo la cosa o arreglarla definitivamente. El imbécil volvió a insistirme que me había denunciado y que la policía me había llamado a mi teléfono móvil , a lo que yo le dije que no había recibido ninguna llamada de ningún cuerpo de la ley. Él me contestó inclinándose hacia delante y lleno de ira con una nuevo torrente de “Mentiraaaa”. Luego, cuando se le gastó la palabra dijo con nauseabunda prepotencia “ He decidido que estos dos no vayan de viaje” Los niños miraron a su padre con una mezcla de perplejidad, terror y odio, sobre todo el niño. Mi cuñado lo mira y dice “¡Y tu hoy estás castigado!” El niño me miro con lagrimas en los ojos. Con esa mirada me lo dijo todo. “Estaba desconcertado tratando de averiguar porque motivo su padre le castigaba si él había ido con su madre y su tío a hacerse los documentos. El imbécil nos dijo que había estado en casa todo el día porque estaba de baja y que allí no le había llamado nadie. Traté de que mi hermana sacase el móvil del bolso pero no hubo forma. Temblaba y se aferraba a él como si fuese un curioso salvavidas. Le comenté que le habíamos llamado y él volvió a soltar la palabra “Mentira” hasta que la lengua se le puso como una morcilla. Sacó su teléfono y alzanbdolo9 en el aire para que toda la calle lo viera grito que en su teléfono no había reflejada ninguna llamada de mi hermana. Me dijo que había ido a buscar a sus hijos al colegio a las 16:30 (cuando estos salen a las 16:00) y que allí no había nadie. Le comenté con más paciencia que Job que su hija se había ido a casa de un amiguito y que nosotros estábamos en la comisaría haciendo gestiones y volvió a taladrarme con la palabra “Mentira” otra vez más. He de deciros que se me estaba acabando la paciencia y más después de que ese pedazo de mamarracho con pies volviese a utilizar la misma artimaña que utilizó el 30 de Diciembre del 2006. Me di cuenta de que yo también era un imbécil, cómo podía había podido volver a confiar y caer de nuevo en la misma trampa. Merecía la humillación por ser demasiado ingenuo, y más con este tipejo en cuestión. Traté de que mi sobrina le explicase a su padre que le habíamos llamado. La niña no dijo nada. Permanecía callada como si aquello fuese algo peligroso y a la vez extrañamente divertido. Me quedé pasmado. Ya durante el día me había demostrado su grado de inmadurez haciendo cucamonadas en el suelo de la comisaria como si fuese un bebe o una niña chica. Mi sobrino me había comentado en el coche lo inmadura que era y sobre todo lo infantil de su comportamiento. Ahora de poca ayuda servía. Cuando más la miraba más sensación me daba que se estaba divirtiendo viendo como su padre y su tío se peleaban en mitad de la calle. Mi cuñado se fue calle abajo, le dijo a los niños que iban a denunciarme (¿otra vez?) de nuevo. Baje un poco más con el coche. En mi mente tenía dos cosas: Lo tanto que había costado hacer que el capullo cediera para que esos niños vinieran de viaje con nosotros a Normandía y la seguridad de esos dos niños (a pesar de la aptitud extraña de la niña). Me puse a su lado y recibí una sala de insultos. Así que como me estaba calentando y llegando a un extremo de ira descontrolada pisé el acelerador y me fui a llevar a mi hermana al hospital. Por el camino llamé a Miguel para que avisase al EAIA y llamé a Paloma. Miguel no sabía que había sucedido y yo con los nervios y la rabia no podía explicárselo con claridad. Le hablé en telegrama, haciéndole hincapié en los detalles más sórdidos del enfrentamiento. Miguel me dijo que llamaba inmediatamente al EAIA. Llamé a Paloma pero me salió el contestador. Le dejé el mensaje con la voz rota y en tono rabioso. Por el camino mi hermana me miraba de reojo. Seguía aterrorizada. Yo le comenté con un tono algo elevado que cómo se había enamorado de semejante ser, y también añadí ciento y un más comentarios que luego me arrepentí. Me daba mucha rabia que el tipo entre hacerme cabrear había conseguido solventarle el problema de conseguir la documentación oficial de sus hijos sin él pagar un duro (lo pagamos todo entre Miguel y yo) y sin mover un solo dedo. Le había salido redonda la jugada. Él tocándose los huevos en casa, emborrachándose o jugando al teto con su nueva novia y el gilipollas de su cuñado pateándose la ciudad y las comisarías para ahorrarle el trabajo. Aunque no salió del todo ganador. Los documentos los tengo yo en mi poder, lo mismo que la fotocopia del pasaporte de mi hermana que le iba a entregar en muestra de buen rollo. Ahora el tonto era de nuevo él. Dejé a mi hermana en el hospital y conseguí encontrar a María que estaba en la parada del bus. Hable con ella un rato. Necesitaba hablar y desahogarme . Le agradezco su paciencia y sus consejos durante esos momentos. De vuelta a casa Miguel me informa que están llamando al teléfono de casa y cuelgan. Dice que se ha cansado de descolgar y que así ha dejado el teléfono. Yo le he pedido a mi hermana su móvil entre otras cosas para controlar las llamadas que hizo a mi cuñado(en caso de que supuestamente se presentase la policía, cosa que a estas horas aun espero) y porque quiero evitar que le llame para atemorizarla como suele hacer en estos casos. Lo tengo enchufado en mi habitación esperando que el imbécil la llame. Supongo que ayer no fue mi cuñado a ninguna comisaría. Por lo menos se que al EAIA no llamó ya que por culpa del apagón que sufrió Barcelona se habían quedado sin teléfono (Tanto Miguel como yo mismo intentamos ponernos en contacto con ellos pero no hubo forma así que pillamos “su” mentira con una facilidad apabullante) Como que tampoco fue a buscar a sus hijos. Me da que acabó en el bar de la esquina alimentando a los niños con bocadillos como hace ya desde que se los quedó y inflándose a cervezas hasta que se le nuble la vista. Por la noche hablé con Sonia y Amparo sobre el tema, también con kmalaksoy ( jejeje) Por lo menos hemos coincidido todos en lo hijoputa y desgraciado que es el tipejo. Esta mañana he conseguido ponerme en contacto con el EAIA, la supervisora no estaba. Pero le he dejado el mensaje en secretaría. Espero que me llame durante el día. Le he dicho que es muy grave e importante. Ayer también hablé con Paloma. Me dijo que no nos podía denunciar porque entre otras cosas él sabía que hoy estábamos resolviendo el tema de los documentos y el niño estaba con su madre. Además incidió en que si tan preocupado estaba por el paradero de sus hijos ¿porqué no nos llamó directamente a nosotros?

3 comentarios:

Esther dijo...

Priiiiiiiiiiiiiiiiiiimeeeeeeens!!!

Una cosilla, sabiendo dónde se pone tibio, sigue en pie mi proposición... toallas mojadas, naranjas de valencia y pasamontañas... quién se apunta?

Amparo dijo...

El alumno de Miguel que leyó tesis ¿salió airoso y con honores? (todo lo otro ya lo hablamos ayer.)

Djabliyo dijo...

Un apunte:
Me encantaría ver la reacción de los cuerpos de seguridad cuando el personaje en cuestión intentara denunciaros por estar en una comisaría (¡¡mentiraaaaaaaaaa!!), junto con los niños y su madre (¡¡mentiraaaaaaaaaa!!), haciendo un trámite oficial (¡¡mentiraaaaaaaaaa!!) de cara a un viaje que él mismo ha autorizado por escrito (¿ein?). Que yo sepa, contra Carol no hay ninguna orden de alejamiento, ni se le ha retirado la custodia de los niños.

Que denuncie, que denuncie...