miércoles, agosto 23, 2006

I want it all and I want It Now

Parece curioso, bajo pero éste himno de Queen se esconde una realidad que en determinados sectores está levantado dolorosas ampollas. Para muchos Internet es uno de los mejores inventos del siglo pasado. Es rápido, inmediato y anónimo. Nos permite comunicarnos, relacionarnos, expresarnos e incluso practicar cibersexo o jugar. También nos permite compartir, intercambiar y cooperar. Internet es solidario, en el amplio sentido de la palabra. Para otros la red de redes es la peste. Un estandarte del crimen audiovisual por antonomasia. Las distribuidoras musicales y cinematográficas están en constante lucha contra la piratería, pero por algún motivo siempre se les escapan de las manos. Ahora es el público quien parece tener la sartén por el mando y eso duele, no sólo en los bolsillos, sino también en la moral. Reconozcámoslo, Internet permite descargar música, películas y series de televisión (subtituladas por internautas anónimos, sin el más mínimo afán de lucro) simplemente por el hecho de poderlas ver y disfrutar sin tener que esperar a que cualquiera las ponga en circulación por los circuitos tradicionales. Rapidez, esa es la esencia. La red es rápida, el público es hábil e igualmente veloz, los distribuidores desgraciadamente no. Es más, parecen empeñados en no dar su brazo a torcer, con una tozudez digna de una mula mientras a cada segundo que pasa pierden toneladas de dinero. ¿Quién tiene la culpa de la actual crisis? ¿Quizás la codicia del público por poseerlo todo, sin pagar un duro y al instante? ¿O bien el orgullo de las distribuidoras por no querer dar su brazo a torcer y buscar soluciones mientras se emperran en caminan a paso de tortuga? Lo que está claro es que hay que cambiar, de alguna forma pero ya. Hay que bajar precios, ese sería un buen primer paso. También servir el producto lo más rápido posible y con una calidad que no ponga en tela de juicio la duda de aquel que lo va a comprar. Calidad ante todo. Quejarse es fácil, actuar en beneficio de todos es otro cantar. De momento quienes han dado un gran paso son los fabricantes de Home Cinema y demás tecnología para el ocio. Formatos malditos como el MP3 o el Divx forman parte de sus funcionalidades básicas. Ellos si han dado el paso. Han buscado soluciones por lo que ya no seguirán formando parte del problema.

El poder curativo de las vacaciones.

Me gusta viajar. Lo he hecho solo, acompañado de personas físicas o incluso de personas imaginarias y en todos los sentidos (salvo en contadas situaciones) suele ser una experiencia satisfactoria.

Cuando uno toma las maletas y se marcha por la puerta normalmente lo hace con ganas de apartarse de lo cotidiano vivir aventuras (aunque estas sean amodorrarse sobre la tumbona de una piscina mientras acumulas en el estómago Daikiris como un poseso)

Yo soy de los que suelo viajar cargado como una mula. Me gusta llevar en la maleta todo lo que aparentemente necesito. Este año han sido, para variar, cachivaches electrónicos, algunos medicamentos (Frenadol, Ventolin, Omeprazol y Gelocatil) peliculas en DVD y alguna que otra revista. No me preocupa mucho la ropa, es decir lo de llenar la maleta de varios pantalones, camisetas, ropa interior etc, etc... Para eso está Miguel que si se preocupa más y tiene una maleta grande y muy chula que cabe de todo incluida una plancha.

¿Pero qué sucede con el otro equipaje, es decir aquella especie de mochila invisible llena de agobios y situaciones cotidianas del último año?

Si emulásemos a Hansel y Grettel nos daríamos dado cuenta de qué lo que vaciamos, a veces, son piedras tan duras como estáticas y estas nos devuelven de nuevo a casa sintiéndonos a salvo pero con el bolsillo otra vez lleno a la espera de que otro año volvamos a alejarnos de nuestro hogar. Afortunadamente otras veces lo que vaciamos no son más que miguitas de pan tan frágiles como volátiles y apetitosas para los animalitos del bosque que en el mejor de los casos nos libran de ellas de un solo bocado, consiguiendo que nuestro regreso a casa sea más ligero y agradecido.

Lo mismo pasa con los recuerdos. Solemos retener el tiempo en nuestras cámaras digitales ya sena de foto o video. Necesitamos verlos, oírlos, recordarlos, creer que una vez fueron ciertos y no nos imaginamos. Son como grandes bálsamos (algunos son incluso laxantes) pero, tanto si nos ha pasado algo bueno como algo malo, siempre tienen un poder regenerativo que hacen que nos volvamos a olvidar de los problemas y abrirnos a una nueva esperanza invitándonos a planificar nuestras futuras vacaciones.

Líneas Paralelas

Hace tiempo conmemorando el tercer aniversario del atentado de las torres gemelas, se emitió en canal 33 un documental que me mantuvo en todo momento en vilo. Dicho documental se titulaba "Parallel Lines" y estaba dirigido por una tal Nina Davenport. En él se narraba, a modo de diario de carretera, el viaje de regreso, cámara en mano, de la propia directora desde San Diego a Nueva York tres años después de la caída de las torres gemelas. Nina confesaba que a pesar de ser toda la vida de Nueva York nunca llegó a ver el desastre de forma directa. Precisamente, comentaba, su apartamento se encontraba orientado hacia las torres por lo que de haber estado allí hubiera sido testigo directo de la catastrofe. Por suerte o tal vez no, la tragedia le había pillado en la otra punta del país. Fue un amigo que cuidaba de su casa, quien le hizo llegar un video del momento del derrumbe filmado desde la ventana de su comedor. Tal acontecimiento la traumatizó de tal forma que decidió no regresar hasta que no se encontrase realmente preparada para ello. Cuando por fin se decidía hacerlo al 2003 solo le queda una semana de vida.

Lo más interesante del documental era su enfoque. La protagonista no solo se enfrentaba a sus temores durante todo el trayecto, la mayoría de veces hablando a la cámara mientas conducía o viendo la televisión tumbada en la cama de un oscuro Motel; también lo más interesante era que en cada una de sus paradas trataba de entablar contacto con otros seres anónimos para conocer (muchas veces de refilón) su punto de vista sobre los atentados (dónde se encontraban en esos momentos, cómo les afectó, qué pensaban sobre la guerra…) y la caida de las torres gemelas. Para rizar el rizo Nina también se interesaba por conocer detalles personales de cada uno de ellos.

Cada personaje tenía algo interesante que contar. Por ejemplo: una dependienta de gasolinera, algo paleta, al principio se mostraba divertida y a la vez avergonzada ante la cámara. Masticaba chicle nerviosa, se ruborizaba o hablaba atropelladamente sobre el tiempo o sobre el estado de las carreteras. Cuando le preguntó a Nina hacia donde se dirigía y ella le contestó que regresa a Nueva York para enfrentarse a la tragedia, la actitud de la mujer cambió. De repente se volvió seria, triste… rompe a llorar. Nina le preguntó si era por el 11-S. Ella le contestó que no, bueno en parte, pero sobre todo porque se acordaba de sus abuelos. Vivían en Nueva York y hacía la tira de años que no podía ir a verlos. Nina le preguntó por qué. La mujer le contestó que era una esclava de ese lugar. No podía abandonarlo. No tenía tiempo ni dinero como para gastárselo en un viaje tan largo. Luego le confesó que tenía tres hijos a su cargo. Entonces enseñó sus fotos ante la cámara. Luchaba rabiosamente por ellos porque su marido la dejó tirada en ese lugar "como una perra"...

Por un momento imaginé que si aquello hubiese sido una película en el siguiente plano veríamos a las dos mujeres montando en el coche y viajando juntas hacia su propio destino. Vamos, una secuela de "Thelma y Louise" en toda la regla. Pero no fue así. Eso era real y mientras Nina prosiguía su viaje, la pobre dependienta se quedaba atrapada en su puesto de trabajo ahogando sus penas en un pañuelo lleno de manchas de mostaza y grasa de la cocina.

Aparecieron nuevos personajes. Yo me imaginaba que aquello no era un documental, sino una serie de televisión con personajes y situaciones nuevas en cada capitulo, vamos como una teleserie producida por la HBO. Eso sí, con una estética más cercana al cine "Dogma" que a un culebrón.

En un momento del viaje Nina hizo un alto en el camino, curiosamente en un bar llamado "Bagdad Café". Le divirtió el nombre. Le gustaba mucho la película, confesó. Dentro del bar se encontró con la típica camarera a la que por supuesto interrogó y a un tipo harapiento y siniestro que le aseguraba era un general infiltrado del pentágono. Éste le comunicó que ya sabía de los atentados cinco años antes de que sucedieran. Al final de la entrevista le anunció que a partir de ahora su vida corría peligro. "Ellos no dejaran que llegues a tu destino...". Con esa terrible sentencia prosiguió su viaje. Durmió en un motel y por la mañana se detuvo en el museo de la bomba atómica. Ahí encontró a un matrimonio que aseguraron haber colaborado en el proyecto Manhattan (aquel que puso a prueba prototipos de bombas nucleares en el desierto) Hablaron de los atentados y de la guerra. Comentaron que lo sucedido en Hiroshima y Nagasaki habia sido necesario para salvar vidas humanas.

Su siguiente entrevistado fue un guía de un parque nacional. Se sentía mal años después de la tragedia, pero si algo bueno había aprendido de todo ello era a respetar a los seres anónimos que pasan cada día ante sus ojos. "Cualquiera de ellos podría haber sido una víctima del 11 –S"… le dijo. Un indio de una reserva de Colorado le hizo una interesante apología sobre lo sucedido en Nueva York comparándolo con las calamidades que tuvo que sufrir su pueblo tras la llegada del hombre blanco.

Dos veteranos de Vietnam, andrajosos y barbudos que vivían aislados en una tienda de campaña, la miron con recelo y se mostraron cien por cien partidarios de la guerra. Un hombre solitario que recogía latas para poder comer le comentó que la tragedia ya quedó atrás "Una lastima, sí…" pero que su vida, y la de los demás debían continuar.

Dos ganaderos de Texas con claras intenciones belicistas y racistas se rieron de los atentados. "Son cosas que pasan"… Un abuelote, que había perdido a su mujer de forma trágica y que apagaba sus penas haciendo de Papa Noel en unos grandes almacenes le insisitió que para él "El atentado fue algo triste pero secundario."

El viaje continuaba y los personajes y situaciones se sucedían unos detrás de otros. Entrevistó a un madurote algo arrogante que se había casado con una joven Costarricense. Ambos mostraban con orgullo a su primogénita. De repente en mitad de la entrevista la mujer se puso a llorar. Quería volver a su país, no se sentía segura en los Estados Unidos. Esa misma noche la noche Nina se encontraba un coyote muerto en la carretera. Al día siguiente un viejo Cowboy le invitó a beber unas cervezas junto a un río. Le confesó que tenía un cáncer terminal y que aquel sitio es donde quería morir. Cuando le interroga sobre el 11- S el hombre le contestó: "Tu si que sabes hacer llorar a un vaquero".

Un viejo de color que vivía en una choza cochambrosa se mostró en un principio feliz hablando con ella. De repente su actitud cambia y le amenazó seriamente con llamar a la policía. "¿Qué quieres de mí?" le grita "¡Lárgate de aquí o llamo al 6611!" Luego se calmó y le cantó una bonita canción. Se habían vuelto a hacer amigos. "¿Cuando volverás?" le preguntó cuando ella montó en su coche. "No lo sé, supongo que nunca." Le respondió Nina. Ambos se despidieron agitando la mano.

Un padre de familia que presumía de haberle regalado un rifle el día de navidad a sus hijos mientras toda la familia lo celebraba practicando tiro en el jardín habló de la necesidad de defenderse ante los atentados.

A pocos kilómetros de Washington entrevistó a una pareja de teens con ganas de escapar de la monotonía de su pueblo, "¿Estaba en los mapas?" Le preguntaron alucinados. Nina aprovechó para darles esperanzas sobre su futuro. También les preguntó sobre el 11 S. Ella registró minuciosamente sus opiniones. Por fin se fue dando cuenta de una cosa. No estaba sola. Ya no era una isla en mitad de la tempestad. Un montón de vidas grabadas en su cámara portátil lo demostraban. Comenzó a sentirse aliviada. Cuando llegó a su destino decidió enfrentarse con la realidad. Ya es año nuevo. Lo primero que hizo es contemplar el paisaje modificado desde la ventana de su apartamento. Luego se marchó decididamente a visitar la "Zona Cero".

Amodorrados frente al televisor.

Como ya dije con el DVD: El home cinema es un gran invento, pero de vez en cuando, la apatía nos posee. ¿Por qué?, por el arduo proceso de poder ver una película en condiciones. Es decir:

1) Decide qué película quieres ver de una interminable listado excel con filtros automáticos incorporados.
2) Baja la pantallita de marras y, sobre todo, consigue que no se vuelva a enrollar.
3) Conecta el proyector al reproductor de DVD que más te apetezca (de los cinco que tenemos en el comedor)
4) Comprueba que el equipo de sonido reconoce la entrada óptica.
5) Estira el sofá para que quepamos los dos.
6) Elige el idioma y subtítulos (si procede)
7) Ponte los auriculares para no molestar a la susodicha vecina (si no me los he dejado en el trabajo)

Vamos, que este proceso a veces se complica y es por eso que, entre semana, nos dedicamos a zappear como posesos en busca de algo, digamos, interesante. ¿Y qué le puede interesar a este par?. Grandes hermanos y casas de tu vida aparte, nos gusta un buen documental, un buen informativo o, en su defecto, una buena película. Así que un día (bueno, una noche para ser exactos) dimos con 15 minutos en Antena 3. Esa de Robert de Niro y no sé quién más que va de unos asesinos en serie que filman sus asesinatos y demás. Vamos, que no sé porqué la películas nos enganchó. Y llegaron los primeros anuncios. Un cuarto de hora más tarde (yo me dediqué a hacerme las uñas, fosqui se dedicó a comérselas (las suyas)) la película prosiguió. Poco después otra pausa publicitaria. Y así hasta creo que tres (o cuatro, no me dedico a contarlas). Lo que nos pareció de juzgado de guardia fue la última. En concreto duró otro cuarto de hora cuando a la película le quedaban tres escasos minutos de duración (no cuento el tiempo de los títulos de crédito porque, total, no los ponen). Que esto te lo hagan en una película como Xanadú lo encuentro hasta excusable, pero que te corten la escena cumbre para ponerte anuncios de productos con Tonalín y condones que se colocan como si lanzaras anillas a un palo (sic) lo encuentro excesivo.

En resumen: otro día nos alquilamos el DVD, seguimos el protocolo de los siete puntos antes citados o, en su defecto, zappeamos en busca y captura de informativos o documentales que seguro que ponen menos anuncios.

Por cierto, la queja no sólo es para Antena 3 sino para todas aquellas cadenas que interrumpen con anuncios el clímax de una película.

Mareando la perdiz (o el peso de la paja)



Los sesudos intelectuales de final del siglo XX han dado por llamar a estos últimos años (y supongo que a los venideros) como la era de la información. Comencemos por el mismo concepto: INFORMACIÓN. Si nos atenemos a su definición científica, la cantidad de información sobre un evento es inversamente proporcional (logaritmos aparte) a la probabilidad que ese evento suceda de la forma que ha ocurrido. Es decir, hay más información en que llueva en Lanzarote que no en Santiago de Compostela. Y si llega una invasión alienígena procedente de los anillos de Saturno la cantidad de información ya es enorme. No obstante, observando la programación actual de las cadenas en abierto (olvidemos los canales temáticos del digital +) podemos enunciar que la cantidad de información tiende a cero (salvo en el caso de informativos o algún que otro documental). Tenemos series predecibles. Tenemos tertulias del corazón donde tras una noticia jugosa, ésta se estira hasta anular la cantidad de información. Tenemos anuncios repetidos hasta la saciedad...¿El final de la era de la información?. Nada más lejos de la realidad: los/as redactores/as de los reality-shows logran dar una gran cantidad de información. Eso sí, hasta ahora no hemos hablado de calidad de información.
¿Cómo definir la calidad de la información?. En telecomunicaciones o electrónica se suele hablar del término relación señal a ruido para cuantificar si la señal (entiéndase aquí información) es buena o mala (sí, cuando hay niebla en la televisión es que la relación señal a ruido es paupérrima). Si tomamos como ejemplo el caso de los reality-shows, el ruido es enorme (no sólo el griterio y hasta llegar a las manos, es que las fuentes de información no son nada fiables). Por otro lado, la señal es barriobajera y zafia. Por lo tanto, podemos concluir que aunque la cantidad de información (es que mi niño de tres años ha dejado embarazada a la orangutana fugada del zoo de Pozohondo) es elevada, la calidad es ínfima. Respecto a informativos, la cantidad de información es moderada (sorprende el castañazo que se pegó la sonda Génesis pero en cambio no sorprende que Ibarra arremeta contra Maragall, otra vez más) y también está muy relacionada con la cadena que los emita. Por ejemplo, un informativo óptimo por la cantidad y la calidad de la información es el de la 2. En la esquina opuesta del ring tenemos las tertulias rosas donde la cantidad es mínima (cielos, Carmina Ordóñez otra vez no!!!!) y la calidad también (es que me han dicho, que a ella le dijeron que a la salida de un bar que no me acuerdo....). Falta una esquinita: programa con poca cantidad y mucha calidad. Aquí podemos meter las tertulias de ¡Qué grande es el cine! (¿cómo se puede hablar tan largo y tendido sobre una película y con tanto conocimiento?).

Teletienda: La Gran esperanza para la Humanidad.

Resulta curioso poder observar en que se va convirtiendo nuestro propio televisor. A parte de la extensa sarta de programas que podemos disfrutar (o sufrir) la inmensa mayoría de televidentes, también podemos regocijarnos de poder adquirir auténticas maravillas de la técnica, aunque para ello tengamos que trasnochar. Y que mejor que perder unas horas de sueño (sobre todo cuando te atrapa el insomnio) que esperar ansioso la oferta tres por dos de cuchillos japoneses, colchones autoinflables o audífonos diseñados por indiscutibles expertos.Pero ante todo vayamos por partes. Como en cualquier comercio en la teletienda también existen productos que son de uso recomendable, vamos útiles, y luego hay esos que siempre te preguntas como han podido perder el tiempo en diseñarlos, patentarlos y encima aprobarlos para ponerlos a la venta. Recuerdo en especial un par de productos que en su momento me obligaron a frotarme los ojos en más de una ocasión, y más aun cuando su vendedora (en este caso Laura Valenzuela) insistía que debían de ser imprescindibles en todos los hogares (incluidos chabolas, sucursales de bancos y zonas bajas de los puentes) Tales maravillas de la técnica consistían en ¡un calentador de jabón liquido y un climatizador de toallas! La Señora Valenzuela, completamente abducida, trataba de convencer al público sobre las maravillas de tales mamarrachadas, sobre todo por lo práctico que resultaba despertarse por las frías mañanas de invierno y no tener que utilizar el jabón liquido en estado de congelación y así amargarnos el resto del día... No digamos lo excitada que se puso al hablar de las maravillas del calentador de toallas…
Está bien que Don Constantino Romero nos venda colchones de latex, que incluso el locutor de turno nos trate de engatusar con fabulosas maquinas de coser portátiles. Aunque… ¿Alguien realmente se lleva la maquina de coser en la maleta?¿Realmente es un objeto tan útil como para contar con él en tus vacaciones por el caribe? Lo realmente escacharrante son las ofertas de tres audífonos por la compra de uno (muy útiles si se tienen tres orejas o quieres descubrir junto a otras dos amigas toda una maravillosa sinfonía al arrojar un puñado del alfileres sobre un cenicero) Personalmente me resulta repulsivo el anuncio de la sartén para tortitas. ¿Cómo puede uno hacer tortillas y huevos fritos sin aceite? ¿Realmente los españoles comen "deliciosas" tortitas cada día? ¿Alguien en su sano juicio usa los horrendos moldes a modo de estrella, barco de vapor u osito de peluche a la hora de hacer una torta?
Hoy he visto uno muy extraño. Se trata de una cuchilla de afeitar para pelos de la nariz, cejas y bello corporal completamente inofensiva si la rozas en los dedos… (suicidas abstenerse a no ser claro está, que seas un pelo...)

Despues de todo lo visto, ahora, por fin, ya puedo dormir tranquilo. Se que el mundo esta lleno de genios indiscutibles que velan por nosotros gracias a teletienda.

Paladares Selectivos


¿No os habéis preguntado alguna vez por qué a Periquito le gusta mucho un programa o una serie de televisión y en cambio a vosotros dicho evento os amuerma hasta la nausea? Personalmente desconozco los motivos, pero muchas veces me he preguntado qué puñetas ve la gente en series como Embrujadas o Friends cuando a mí me inducen a cambiar de canal en cuanto las sintonizo. Ya sé que sería aburrido que todo el mundo tuviese los mismos gustos, pero últimamente no he dejado de pensar en cuales son los motivos del desagrado o aceptación de un evento televisivo o una simple canción.

También es cierto que, a base de insistir (machacar en algunos casos), o bien acabas comprándote (o bajándote) la dichosa música o serie o película o acabas por desterrarla en lo más profundo del baúl de los olvidos. ¿Quién no ha acabado tarareando las canciones que acompañan "Gran Hermano", "La Casa de tu Vida" o el anuncio de yogures desnatados? El cerebro humano es muy complejo. Al final va a ser cierto que aprendemos como los burros. Sin embargo, gracias a Dios aun hay cosas que se resisten. Me niego rotundamente a ver (a parte de Embrujadas y Friends) el Fútbol, Los Serrano o El diario de Patricia.

Bienvenidos al Club Sandwich



He aprovechado este verano para hacer mis pinitos en un arte más complejo y milenario que el Ikebana, los jardines de arena o la cría de Bonsáis. Coñas a parte, el "Club Sandwitch" parte del hecho de crear, entre tres trozos de pan de molde, una poesía de sabores y texturas capaces de poner en jaque al más estricto de los paladares.

Hay pocas reglas pero muy básicas. En primer lugar ha de haber tres lonchas de pan (fresco), se puede hacer con dos pero el resultado final es muy mariquita y pobre así que más vale ayunar y aguantar el tipo antes de hacer el ridículo supino frente a un miserable bocadillo al más puro estilo chabola barriobajera. Las lonchas han de estar tostadas (no quemadas) y una de ellas ha de tener un agujero en el centro cuya utilidad más adelante explicaré. La segunda regla es la presencia del huevo. Conviene que sea frito, con la yema jugosa y no más seca que mi cuenta corriente. Ah, el huevo siempre irá en el piso de arriba. La última regla es que las lonchas han de reposar entre una mullida alfombra de lechuga, si pilláis de esas de diferentes colores habréis conseguido un "Cordon Blue". Una vez tenéis los ingredientes básicos vamos a proceder a otorgarle un toque más profesional a nuestro delicioso Sandwitch.

Untad Mahonesa (bayonesa para los más garrulos) en una cara de la loncha de pan. A los que no les guste la Mahonesa pueden substituirla por otra salsa a su elección (Moztaza, tartara, HP, Ketchup). Acto seguido colocad la ensalada. El siguiente paso depende del gusto de los comensales. Yo he probado con pechugas de pollo cortadas en tiras y cocinadas a la plancha con pimienta, limón y romero. También está de vicio una loncha de salmón ahumado con un pellizco de caviar (o sucedáneo) También incluyo espárragos o incluso pepinillos. Con Salami esta también muy delicioso y si encima le ponéis queso en lonchas está que se sale. En el segundo piso podéis hacer una variación, es decir, si en la primera planta hemos colocado pollo, en la segunda podemos colocar salmón. Esto depende del gusto de cada uno. Finalmente colocad el huevo frito y rematad la faena con la loncha agujereada. Como descubriréis el resultado final os impedirá comer vuestro Club Sandwitch con las dos manos (hay quien sí lo hace con resultados catastróficos) Lo mejor es un tenedor y un cuchillo y proceder muy delicadamente a cortar pequeños pedazos y meterlos en la boca con gran deleite. Acompañad el Sandwitch con una buena cervecita o si lo preferís con un vinillo ligero (para los abstemios mejor un refresco, MecaCola si también pensáis que hay alternativa)

El fin de la comida basura.


Hete aquí que a estas alturas me estoy dando cuenta (no se si seré el primero o el ultimo) de que el fin de la denominada comida basura esta cada vez mucho más cerca. Solo hay que dar una vuelta por las calles de cualquier ciudad para darse cuenta del auge que están teniendo los bares de tapas, montaditos, tabernas, cervecerías y demás comida internacional para percatarse, también, como los establecimientos de comida rápida están perdiendo color y carisma a pasos agigantados. Sí, es cierto, también últimamente se ve como por televisión se nos inundan de ofertas tipo: "Dos "guarriburgers" a 1 Euro", o el "Tu me engañas esto no puede ser light", o "Consigue tu muñeca horripilosa con el nuevo menú infantil"… Personalmente, a mí más que publicidad me suena a llamada de socorro desesperada. Se les está hundiendo el barco señores, ¡¡por fin!! Por lo menos en nuestro territorio, y por eso intuyo que antes de que se les escapen las ratas (que extraña y confusa alegoría) están tirando la casa por la ventana para ofrecer el oro y el moro a consta de ganarse un publico que huye despavorido de la celulitis, el colesterol y las calorías. Personalmente no soy muy partidario de la comida basura, eso no quiere decir que no la haya probado (disfrutarla es otra cosa) ¿Es rápida? Pues si. ¿Es alimenticia? No se que decir, algo de alimento tiene que tener supongo que por algún control de calidad debe de pasar. ¿Pero no es más sano el pincho de tortilla que el la hamburguesa con queso, salsa ranchera y bacón refrito? O ¿no sabe mejor un bocadillo de atún con pimientos con una buena cerveza que con un refresco de cola? Prefiero mil veces prepararme yo mismo las hamburguesas o la pizza que ir a comerlas a esa especie de extraños laboratorios multicolor dignos de la peor pesadilla de Willy Wonca. No todo va a ser críticas al respecto. Dentro del contexto de la comida "basura" existen un tipo de establecimientos que si merecen salvarse de la extinción. Me refiero a aquellos que ofrecen bocadillos con pan recién hecho y con ingredientes claramente reconocibles. Aunque no todos son la décima maravilla del mundo por lo menos se parecen a lo que cualquier mortal puede disfrutar en un bar o cafetería de toda la vida.

El perrito justiciero

Esta es una de esas noticias que te congracian con el Divino (sea quien sea). Traduzco (más o menos literalmente) la noticia de la cual se ha hecho eco el New York Daily News (y varios diarios más).

PERRITO APRIETA EL GATILLO CONTRA UN ASESINO DE PERROS

Lo llaman "Gatillo" (Nota del traductor: del de la pistola, no el diminutivo de gato).

Un perrito valiente que supo que era el próximo tras ver a su desalmado dueño disparar a tres de sus seis hermanos en la cabeza y decidió que ya era suficiente. El animaluco se lo montó de tal forma que consiguió deslizar su pata por el gatillo de la pistola hiriendo a su posible ejecutor en la muñeca.

Esta historia de horror y venganza se supo el lunes cuando, según las autoridades de Florida, Jerry Allen Bradford, de 37 años y de Pensacola, decidió librarse de la camada de siete perritos con el que le había sorprendido su perra con la ayuda de un revolver de calibre 38. El resultado final fue un disparo en la muñeca izquierda según las declaraciones de la oficina del sheriff.
Trigger (gatillo), sus tres hermanos supervivientes (que ahora han sido llamados Winchester, Remington y Colt) así como su madre han sido alojados en un refugio para animales.

"Es una historia muy triste", dijo Bruce Rova, portavoz del refugio. "Estas cosas no tendrían que pasar. Si crees que no puedes tener una camada, lleva antes al animal al veterinario a que lo esterilicen."

Bradford se enfrentará a cargos por crueldad a animales, un delito de tercer grado, después que se recupere de la herida. En cuanto a Gatillo, no se enfrentará a ninguna. "No se tomaron huellas de patas del arma", dijo Rova, "además, es un menor".

Y hasta aquí la traducción. Estaba tentado de comentar la noticia pero creo que no la mejoraría.

Dos cabezas para un milagro.

Hace un tiempo tuvimos la oportunidad de contemplar, a través del Canal 33, segundo canal autonómico de Catalunya, un documental donde se podía ver las vicisitudes cotidianas de ¡una extraña niña con dos cabezas! El tema como comprendereis nos atrajo como moscas a la miel debido, en su mayor parte, a que el resto de programación emitía bodrios de telemarujeo y concursos pastelosos y tan aburridos como contemplar como se abre los pétalos de una rosa.

Una vez situados descubrimos, asombrados, que aquella niña típica yanqui que trotaba alegremente por el jardín de su casa con una segunda cabeza a cuestas, era en realidad dos hermanas siamesas que compartían la zona pélvica. He de reconocer que al principio se nos escaparon varias risitas, al primero tímidas para luego, a medida que avanzaba el reportaje, adquirir una entonación mucho más sarcástica. A ver, seguro que pensareis que somos crueles y que merecíamos que se nos cayera el cielo con coros de ángeles y querubines incluidos. Pero dejadme que me explique... No es que resultase cómico el hecho de ver a dos niñas compartiendo un ano, una vagina y dos piernas. La culpa de ello era como habían enfocado el documental. Excepto en un determinado momento en el que las pobres niñas iban al medico por que sus columnas vertebrales estaban al borde del colapso; el resto, lo que menos hacía era informar, o en todo caso, mostrar una trágica realidad desde un punto de vista muy especial. Aceptamos que en un determinado momento se nos muestre a las dos niñas disfrazadas de conejo buscando huevos de pascua (un conejo con dos cabezas pero al fin y al cabo un conejo) En otro instante pudimos ver a las dos hermanas haciendo de reporteras, videocámara en mano, presentando a su familia a modo de esperpéntico Sitcom. El colmo fue al verlas responder las preguntas que, a través de cartas, les hacían miles de americanos. Perlas del estilo: ¿Copiáis en los exámenes? ¿Qué sucede cuando una se despierta y la otra aun tiene sueño? ¿Dónde compráis la ropa? (se entiende que no es muy normal comprar camisetas o blusas con dos agujeros para la cabeza, aunque seguro que en el Corte Inglés, si rebuscáis bien en la sección de oportunidades podéis encontrar alguna que otra cosa…) Lo que nos despertó las carcajadas fue cuando se les pregunta por qué creían que estaban unidas… Su respuesta, convincente y segura: "Por que Dios lo ha querido". A partir de entonces gran parte del documental comenzó a mostrarse desde el punto de vista de la típica familia media americana religiosa y sumisa que aceptaban la voluntad de Dios, aun en forma de niña de dos cabezas. Para ellos era una bendición, un regalo divino y debían asumirlo más con orgullo que con resignación.

En fin, que la cosa nos dejó flipando pepinillos como dirigibles por unos días.

Y aun dura… y dura…y dura….

Recuperando el Tiempo Perdido


El DVD es un gran invento (que me lo digan a mí) Permite ver las películas en versión original, con o sin subtítulos y descubrir mil y un detalles de la misma gracias a sus contenidos extra. No sólo el cine se beneficia de ello. La televisión, sobre todo las series, gozan de una segunda oportunidad con la edición en packs conteniendo temporadas completas. Esto permite, tanto para fanáticos como para despistados, revisarlas, disfrutarlas y conservarlas como auténticos tesoros, algunas de incuestionable valor sobre todo en el plano de lo emocional.
Hace poco que acaba de salir al mercado una de esas series que, para una generación, marcó toda una época y que, posteriormente, dio paso a una serie de culebrones archiconocidos como Dallas, Dinastía o Falcon Crest (sin duda alguna la mejor) Me estoy refiriendo a "Hombre Rico, Hombre Pobre". ¿Quién no se acuerda del senador Rudy Jordache, del malísimo Falconetti y del trágico final de ambos en un sucio callejón de Washington? Ahora, cuando ya han pasado más de veinte años el DVD nos permite volver a disfrutarla en una edición de lujo, con posibilidad de poderla escuchar en su versión original y sin los castradores cortes publicitarios. Para aquellos que no la han visto merece la pena descubrirla. Marca un antes y despues en el mundo de los culebrones.

El hecho de coleccionar series de televisión es un fenómeno bastante novedoso en nuestro territorio. Los americanos, pero sobre todo los ingleses son verdaderos incondicionales de poseer en sus videotecas docenas de series famosas de todos los tiempos. Recuerdo una vez en Londres, antes de que surgiese el fenómeno DVD, como descubrí alucinado, en los sótanos de Tower Records de Picadilly, estanterías repletas de videos pertenecientes a todo tipo de series de Televisión. Desde "La pareja basura" pasando por "El Enano rojo", "Star Trek","Retorno a Braishead", Poldark, The Two Ronnies, Benny Hill o Yo Claudio". Recuerdo que en esos momentos me pregunté si en realidad merecía la pena gastarse una pasta en comprar una serie de TV. La respuesta, con el paso del tiempo, ha sido contundente.
Hace poco he adquirido el pack de Galáctica, aquella serie kitch que suplía en nuestros sueños el ansia por revistar una y otra vez a la saga de Star Wars, sobre todo cuando el video era una utopía y nos teníamos que conformar con los cromos, los cómics o los cuestionables sucedáneos como la propia Galáctica, Espacio 1999 o La Fuga de Logan o Adam Quark: La escoba espacial…

¿Pero no deberíamos agradecer al DVD de evitarnos el esperar siete días para proseguir con los quehaceres de nuestros personajes favoritos? ¿No reulta más cómodo esperar a que aparezca la serie en DVD (o bajársela de la Burra) y disfrutarla a tu ritmo tanto ordenada como desordenadamente?
¿Quién, como nosotros, no ha disfrutado descubriendo joyas que en un día se nos escaparon de las manos o simplemente no les prestamos la más mínima atención? ¿Quién, a modo de "yonki" televisivo no se ha puesto al día con sesiones de cuatro o cinco episodios diarios olvidándose, en casos muy graves, de los quehaceres de la casa, el aseo, las relaciones humanas o la alimentación?

Insisto, el DVD es un gran invento. Gracias a él hemos podido descubrir series tan geniales como: Sexo en Nueva York, Hermanos de Sangre, A Dos Metros Bajo Tierra, Expediente X o Los Soprano.

Armando el Taco


Para mí no hay nada más placentero que comerse unos deliciosos tacos mexicanos rellenos de pollo y un sin fin de ingredientes. Pero nada de irse a la cantina mariachi de la esquina a comerlos, ni siquiera descongelar aquellas cosas que uno puede encontrar en Supermercados la Sirena o el Carrefour. Los tacos los hago yo y bien ricos que me salen. A ver, no es que ahora vaya de experto en cocina mexicana, ni mucho menos. Pero he de insistir que quienes han probado mí receta de tacos han repetido hasta reventar.

Vayamos por partes. Para realizar unos tacos no hace falta ponerse a hacer tortitas como un loco, las venden ya hechas en los supermercados y con calentarlas en el microondas es más que suficiente. Lo que realmente importa es el contenido. Yo recomiendo los tacos de pollo aunque con carne picada y tiras de ternera también salen de rechupete. Suelo prepararlos con verduras, pero ojo, nunca todo revuelto, cada cosa por separado. El pollo lo hago en una sartén o wook con aceite (o mantequilla), un diente de ajo, guindilla (a veces con un preparado especial que ya venden hecho) y un chorrito de cerveza. Dejo que se vaya dorando y mientras preparo las verduras. Os recomiendo el pimiento rojo antes que el verde, corto una cebolla y la añado junto los pimientos y unos champiñones en una sartén. Dejo que se frían durante un par de minutos y antes de apagar el fuego las cubro con queso en lonchas. Preparo una bandeja con hojas de lechuga, maíz, aceitunas sin hueso y un poco de queso para untar (tipo Philadelfia). Crear un burrito es muy sencillo, aunque tiene su ritual. En primer lugar untamos el queso sobre una de las tortas (concretamente en el centro y lo que va a ser la parte superior del mismo dejando un margen a ambos lados y en la parte inferior) Añado la lechuga, las aceitunas, el maíz y las verduras con el queso fundido, por ultimo incorporo el pollo y, tomando la torta por los dos extremos la pliego a modo de canuto doblando la parte inferior hacia arriba, cerrándolo para que no se derrame nada.

Acompañad con el refresco que prefiráis (recomiendo cerveza) y a disfrutarlos.

lunes, marzo 20, 2006

Acercándome al caserón


Ahí está. Esperándome, aparentemente tranquilo, haciéndose el indiferente.
Me incomoda entrar, me da algo de pereza enfrentarme a él, se me hace una montaña pero necesito hacerlo. Desde éste ángulo se ven muchas ventanas, la mayoría de ellas cerradas, otras entreabiertas, otras rotas pero, en apariencia no muy maltrechas. Creo que pueden arreglarse. Observo que el jardín está algo descuidado. Lo reconozco, últimamente no le he prestado mucha atención. He dejado que crezca demasiado placidamente a su alrededor. Veo que algunas plantas y flores se han marchitado. Lastima. Eso si, hay algún que otro ramillete mustio pero parece con buenas raíces. Seguro que si las riego y les presto un poco de atención vuelven a revivir... Las malas hierbas, como la hiedra venenosa, parecen estar bajo control. De momento. Por si acaso tendré a mano el fumigador. Si apunto bien puede disparar buenas bocanadas de veneno. Nunca está de más contar con su ayuda, sobre todo cuando se aferra con firmaza a las paredes. No siempre se me ha dado mal la jardinería. Lo que planto brota, por lo menos en la mayoría de las ocasiones. Puede decirse que es una virtud heredada de mi madre. A ella si que se le daban bien las plantas...
El viento sopla. No es frió, ni tampoco calido. De momento es sólo viento. Se puede sentir como bordea el caserón, como lo envuelve, invisible. A veces lo hace crujir. Es lógico, es un caserón antiguo, de madera con varios e incontables remodelados. Sus paredes han sido testigo de varias capas de pintura. En algunos casos podríamos distinguir diferentes tonos, algunos fueron intensos y lustrosos otros, apagados y tenues. Todos ellos superpuestos a modo de segunda piel. Ahora el caserón es de marrón claro, un poco envejecido. Recuerdo la primera vez que lo habité. Hace casi 39 años. Se levantaba majestuoso sobre la misma colina. Era un 12 de Junio y brillaba el sol. Había luz por todas partes. En un principio olía siempre a nuevo a pesar de la cantidad de muebles antiguos que había traído de mi anterior habitáculo.
Siempre había querido tener un caserón. Éste llego a mis manos gracias a la ayuda de mis padres. Era una herencia familiar aunque lo habían reconstruido ellos especialmente para mí, con sus propias manos. Hubo un momento que casi no llegaron a terminarlo. Mi madre tenía un problema, no era muy versada en cimientos. Ya se le habían derrumbado un par de caserones de semejantes características al mío, pero si algo tenía es que era muy tenaz. Su primer éxito fue el caserón que habitó mi hermana, situado a tres kilómetros de distancia del mío y rodeado siempre de muros grises prácticamente infranqueables. Cuando mi madre se retiro de la construcción se decidió a la jardinería bajo muto acuerdo con mi padre. Pensaron que dos casas eran más que suficientes. Paseo en busca de la puerta de acceso. El caserón tiene dos. Una principal y la otra que da al acantilado. Siempre me ha encantó ésta última. Ahí es donde los amaneceres se presentaban espectaculares. Durante un tiempo me inspiraron llegándolos a plasmar sobre lienzos amplios e inmaculados.
Ahora me encuentro frente a la entrada principal. Ahí está. Una puerta doble, algo tosca. A simple vista una entrada demasiado común, demasiado ordinaria y eso utilizando el mejor sentido de la palabra. La observo con mayor detenimiento. Con un poco de imaginación se asemeja a una boca gigante de un bebé hambriento, un bebé que espera ansioso el cucharón repleto de papilla de fruta. Asciendo por las escaleras que dan al porche. El suelo cruje a cada paso bajo mis pies. Es curioso, ahora, consciente, acompañado del viento a modo de brisa me siento demasiado pequeño ante la mole de madera. Me pregunto si es un buen momento para entrar. Hace tiempo que no lo hago.
Acerco la mano al bolsillo del abrigo y extraigo una llave tan vieja como la casa. Pesa. Parece demasiado oscura en mi mano. Medito. ¿Qué puedo encontrar en cualquiera de sus rincones? ¿Merece la pena intentarlo? ¿En serio, merece la pena el esfuerzo? No lo pienso más. Introduzco la llave en la boca de la cerradura tras un par de giros a la izquierda el pestillo cede. La puerta se abre lentamente.
Entro.