miércoles, junio 11, 2008

¿Sueñan los niños androides con juguetes eléctricos?

Vivimos en un mundo mecanizado. Lleno de obstáculos de diferentes tamaños y formas. Es un mundo competitivo donde ser el mejor, el que más produce impera sobre todas las cosas. Es obvio que los padres modernos, actuales y actualizados, previendo lo que le va a caer encima a sus niños deseen prepararlos o prevenirlos ante los avatares de la sociedad actual. Invitar a nuestros retoños a ser productivos, competitivos y poco ociosos son unas de sus metas. Pero hay extremos y extremos... Desde hace un tiempo voy observando uno de estos ejemplos en un par de compañeros de mi sobrina. Se trata de dos críos niña y niño que tienen todo el tiempo del mundo hipotecado en todo tipo de actividades extraescolares. Si hoy es Lunes toca inglés, si es jueves toca judo, el viernes no puedo jugar (como la canción de los payasos de la tele) porque tengo gimnasia natural y el miércoles tengo taller de alfarería. Sólo me queda el martes libre pero estamos tan agotados que no podemos ni mover los párpados. Mi sobrina me asegura que son niños muy risueños y divertidos. Yo veo todo lo contrario. Son dos niños abducidos por los ultracuerpos, carentes de expresión alguna, casi sin emociones como si estuvieran concentrados las 24 horas del día.

Sí, por supuesto está bien preparar a nuestros hijos para el futuro pero sigo insistiendo que hay extremos. No niego que me gustaría que mis sobrinos salieran por lo menos un 10 % de estudiosos que esos dos pequeños androides. Que fuesen ordenados, pulcros, obedientes, aplicados y sobresalientes. Pero que quieres que te diga. Tan perfectos aburren.

Eso me trae recuerdos de mi infancia… Desafortunadamente para mi madre ni yo ni mi hermana éramos tampoco androides. Yo odiaba las actividades extraescolares por mucho que mi progenitora se empeñase en apuntarme a todo tipo de cursillos horrendos. Mi hermana hacía Ballet, música e inglés (al final ni bailó, ni tocó el piano, ni consiguió hablar la lengua de sus antepasados en su vida), yo hice natación y Tae Kwon Do. Al tema natación le dedicaré un post exclusivo (mi terror al agua merece tener protagonismo propio en este blog) Ir a clases de artes marciales coreanas también me producían pesadillas. Eso de gritar “KIAAAAAAAAAA” moviendo los puños no iba conmigo. Mi sentido del ridículo no me lo permitía. A parte, siempre he sido bastante pacífico, mi madre lo sabía por eso quería (o suponía) que con artes marciales despertase la mala bestia que supuestamente dormía en mi interior. Pues no, lo de dar patadas y puñetazos, reinsisto, como que no iba conmigo. Supe que no había nacido para este deporte después de recibir en el patio del colegio una paliza descomunal por parte de un compañero (bastante odioso) que me dejó tendido en el suelo, sin aire y tosiendo dificultosamente por el suelo de terrazo. Recuerdo ver, entre lagrimones, a medio patio observando un tremendo pollo verdoso surgido de mi garganta a un palmo de mis piernas. También miré al gargajo y luego los miré a todos ellos. Algunos me observaban con asco unos pocos con compasión. Recuerdo que, mientras mi compañero me apaleaba, entre puñetazo, patada, escupitajo y bofetada, mientras permanecía aplastado contra el suelo, yo no hacía más que concentrarme en los “sabios” consejos de mi profesor de Tae Kwon Do (tal y como hacía Luke Skywalker cuando escuchaba los consejos del Maestro Yoda mientras hacía cabriolas por los lodazales de Dagobah). Luke perdió la mano derecha, yo la dignidad. Resulta curioso que ese día uno de los que acudieron a mi rescate fuese uno de mis peores (habituales) agresores del patio, uno compañero de clase que luego se hizo muy famoso cantando en un grupo infantil multicolor y que perdió un brazo en un accidente años más tarde.

No, yo no servía para niño androide. No era funcional. Claro si me hubieran escuchado, si en vez de obligarme a ahogarme en la piscina del club de tenis o hacer de Bruce Lee me hubiesen brindado la oportunidad de emular a Botticelli o Modgliani otro gallo hubiera cantado. Bueno también me apuntaron a música, más acorde con mis gustos, pero nunca me dejaron tocar el piano. La borde y repipi de la profesora (una francesa que hacía acopio con avaricia de la fama de pedantes y chauvinistas de sus compatriotas) nos sentó a mi hermana y a mí en un pupitre, en una esquina de la clase, para rellenar un horrendo cuadernillo de pentagramas a base de puntitos negros ascendentes y descendentes. Mientras, el resto de la clase, situados en círculo alrededor del piano, entonaban “LAAAAAAAAA, REEEEEEEE, MIIIIIII, DOOOO, DOOOO, REEEEEEE” cada vez que “Madame Repipi” pulsaba una tecla para que el piano escupiese una nota. Recuerdo mirarlos a todos de reojo. Como los odiaba…

No se vuestras madres pero la mía era de las que te remarcaban con lava incandescente las virtudes de tus amigos o del resto de los compañeros de clase. En mi barrio pululaba la madre de un amigo (luego se convirtió en un imbécil monumental) que cada vez que veía a mi madre le taladraba la cabeza con lo maravilloso que era su Jordi. Vamos que el niño era Pitagorín III reencarnado. “Que notas más brillantes me ha sacado mi Jordi. Es un niño tan bueno mi Jordi, tan ordenado mi Jordi, tan aplicado mi Jordi, tan estudioso mi Jordi. Mi Jordi no caga mierda sino ramos de flores (con cesta de mimbre incluida); los pedos de mi Jordi huelen a Channel Nº 5, mi Jordi mea ambrosía, mi Jordi suda néctar de los Dioses, mi Jordi vomita Delicatessens …” Así suma y sigue hasta agotar el puto baúl de los elogios habidos y por haber. Claro mi madre tenía muy poco que presumir de mí, salvo que era rubito, con ojos azules, delgadito (si una vez pertenecí al grupo de los niños escuálidos y con pies planos) y para de contar. Ni estudiaba, ni sacaba buenas notas, ni me gustaba el deporte (huy, el tal Jordi era un virtuoso del futbol, el balónmano, la natación y si se preciaba del paracaidismo y el tiro con arco, bueno el capullo se apunto al final a Tae Kwon Do para joderme la marrana…) eso sí yo era también muy ordenado y muy cuidadoso con mis cosas (el TOC se encargó de ello), era impecable y nunca me manchaba. Pero a difereicnia de él, en vez de estudiar leía cómics, escribía, dibujaba, me gustaba mucho el cine, bailar, cantar y padecía (a parte del mencionado TOC) de terrores nocturnos. Recuerdo un día que mi madre vino al colegio a buscarme para ir al psicólogo, entró en la clase y de la misma forma que el profesor explicaba la clase de ciencias y les comentó a todos mis compañeros que el pirado de su hijo tenía miedo a la oscuridad, a dormir solo, que dormía con la luz encendida y a llorar por culpa de las pesadillas sobre monstruos que poblaban mi imaginación... Eso se llama terapia agresiva y lo demás son leches. Claro luego no me extrañaba que mis compañeros se riesen de mí y me pateasen el culo en la hora del patio…


Cuando mi madre me decía lo bueno que era el cacho cafre del tal Jordi (hay que reconocer que era listo pero no inteligente) yo le decía que por qué no lo adoptaba a él y a mí me tiraba al cubo de la basura... Creo que alguna vez estuvo a punto de hacerlo. Lo digo por las miradas inquisitivas que me propinaba. Reconozco que me hubiera gustado ser un niño estudioso y aplicado, eso me llegó más tarde y me lamenté de no haberlo puesto en practica en mi vida escolar. Pero al final recuperé todo el tiempo perdido en menos de un año. Merito tiene. Ser aplicado tiene sus ventajas, no lo niego, sobre todo para el mundo cotidiano tan agresivo como rasparse la piel con papel de lija del 10. Pero no cambio para nada esos momentos perdidos escuchando música, viendo mucho cine, leyendo libros ,comics de superhéroes, 1984, Creepy o Comix Internacional; pintando cuadros hasta altas horas de la madrugada, escribiendo en mi Olivetti a doble espacio historias que ya se han perdido con el paso de los tiempos y bailando hasta que me dolían los pies. No niego que si hubiese estudiado más, a tiempo hubiera sido el hijo perfecto. La némesis del imbécil de Jordi y del mundo de fantasía de su odiosa madre, que por cierto aun se pasea por la calle.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

jajaja.que barbaridad el jordy casi que lo odio en person...ja te digo
aishhhhh tu no sabes que los niños son niños y que de ellos las madres hacemos los elojios de el corazón las de boquilla como l pitagomilona esa,de la madre de jordy ,,no sabria que ,el corazón no sale por la boca..

aish si yo te contara....

tengo muchos padres y madres a los que atiendo en la asociacion.
y te dire .que pocos son los felices de verdad con mamas capullinas y papas ajilipollados
aishhhhh
si yo e contara
me has tocado la fibra cielo
los niños mi debilidad.
y tu mi niño grande.
besos de una hormiga

Anónimo dijo...

Hay mi querido Richard, que recuerdos esas tardes, después del cole, con bocadillo en mano (de lo que hay en casa nada de bolleria industrial, bocata bocata), salir pitando a jugar con los vecinillos de barrio, volver a casa sonriente de experiencias únicas compartidas en la calle, chichones, escalabraduras, espinilla dolorida pero FELICESSSS y frescos.
Yo no cambio por nada esa infancia, ni por la psp, nintendo, ordenador ni nada parecido, tienes razón, yo no fui a actividades extraescolares, no existían, y salvo no saber INGLES (daba francés), cosa que podría haber remediado y no he hecho, no creo que hoy en día los niños por mucho que intenten ocuparles con estas actividades, estén más preparados o más culturizados que nosotros, mi generación (1972), al contrario, sí mucho inglés, mucha música pero... carencia de conocimientos básicos..
en fin que añoro aquellos años, creo que la imaginación se potenciaba y hoy en día los niños no sueñan, no imaginan, no tienen ilusiones.. no saben jugar (quitando videojuegos y cacharricos para apretar botones)..

ME ha encantado tu post.

TESORETE

b-lego dijo...

"Pero recuperé todo el tiempo perdido en menos de un año".

Tiempo vivido Richard, tiempo vivido.

foscardo dijo...

es que perdi mucho tiempo tambien jajajaja

Riesgho dijo...

Cuando yo era niña no habia muchas clases extraescolares, mi vida después del cole era coger el bocata y salir a la acera de debajo de casa a jugar un rato con los demás niños. Y justo cuando mejor me lo estaba pasando, mi madre se asomaba por la ventana y gritaba: niñas para arriba!!!.

Ahora muchas madres se escudan en decir que hay demasiados peligros y que por eso les buscan actividades extra a sus hijos. Creo que los parques estan perfectos para la diversión de nuestros niños, pero claro, ahora que caigo.... hay que estar con ellos, y claro, es más facil dejarles aparcados en la academia o ludoteca de turno. ¡Eso si que es bueno! para los padres, claro, jejeje

Vaya rollo que solté...pero es que este tema me pone podre, sobretodo cuando algún padre me recrimina que mis hijas no queden aparcadas en ludotecas, y les joroba verme con ellas de compras o tomando algo. ¡Los hay que son pa darles de comer aparte!

Besinos

KAMELUCHA--MELA dijo...

jejeje...
el Jordy , se te quedarà de por vida eh,?? siempre hay el tipico niño tonto y sabiondo ...y cierto es que como molesta que de digan..fulanita es asi. o estudia mas. o..grrrrrrrr.....Uf aun me acuerdo sii ..porque en realidad no tuve una infancia aya muy para hechar cohetee.. pero tambopo era buena estudiante que va..me suspendian..cada dos por tres..que se hace..se nace como se nace.jajja
y vivia con mi abuela que bueno era como una joya para mi,,paro abuela al finnn....jjjj
que tiempos..pero niño de tuercas...que va...jjjjj...
un abrazoooteee...

Esther Hhhh dijo...

Vaaaaya tela Richard.... Yo recuerdo que era de esos bichos raros a los que les gusta rellenar su tiempo. Siempre he sido así. Soy algo hiperactiva, que le vamos a hacer. De pequeña, soñaba con hacer ballet, y otras muchas cosas, pero mi madre, firme opositora a los niños androides, quiso esperar hasta que yo tuviera conciencia y capacidad de decisión. El resultado es que nunca llegué a ser la bailarina que me hubiera gustado, claro, empecé con 11 años ballet. Mis compañeras de clase eran niñas entre 5 y 7 años. Me sentía un poco ridícula, pero me encantaba el ballet. Al año siguiente ya me pasaron a una clase con gente más de mi edad. Al ballet le sumé clases de música y de esgrima. Y porque no podía ir a clases de equitación, eran demasiado caras, porque si no... Con los años aprendí tiro con arco y por fin, mi adorada equitación. Siempre quise ser com Xena, y eso que entonces no existía la serie todavía, pero cuando apareció me vi perfectamente dibujada, jajajaja...

Supongo que yo tuve suerte, la suerte de unos padres pedagogos y profesores con unas ideas muy claras acerca de la infancia. Pero como te dije, yo soy un poco bicho raro. Imagina que me iba al colegio con un libro para leerlo en el patio... Eso fue ya con diez u once años, por ahí. Mis compañeras me veían leyéndome y partiéndome de risa yo sola (entonces leía mucho a Gerald Durrell) y pensaban que estaba loca. Yo era, de hecho, "la loca". Nunca me importó. Ellas, para mí, eran las "vulgares", sin seso ni nada interesante que ofrecer.

¿Así que Tino era tu compi de colegio? Recuerdo a Parchís. Y recuerdo que David, el "dado", veraneaba en Oliana, un pueblo de Lleida, justo en la frontera con Andorra, quizá lo conoces. Yo iba allí porque mi tia era monja y estaba en ese convento. Recuerdo un verano en que él estaba por allí, coincidimos en la piscina. A mí me entró la vergüenza y salía del agua cuando él entraba y viceversa... Cosas de niñas. Años después me gustaba también Tino... Pero David era David, bailaba de miedo... Y era de mi edad. Hoy sé que, concretamente, un año mayor que yo.

Besitossssss

PD:Se me olvidó decirte que por esa época torturaba a mi padre haciéndole acompañarme a todas y cada una de las películas que estrenaban parchís y Enrique y Ana, jeje, y luego dicen que l@s niñ@s no tienen maldad, jijiji