viernes, septiembre 08, 2006

La música... antes del Compact Disc

Antes de la llegada del “Compact Disc” existía el vinilo. Por regla general era redondo, plano y de color negro (aunque en plena era de la psicodélia aparecieron algunos discos de vinilo de color rojo, amarillo, blanco o multicolor). Disponía de tres medidas 7, 10 y 12 pulgadas y cada una de ellas funcionaba a una velocidad determinada denominadas "RPM" (revolución por minuto). El disco de vinilo vivía en plena armonía con otro soporte llamado “Cassette” (también conocido como “cinta magnetoescopica” o cinta de “Cassette”) y eso era debido a que no se podía grabar sobre el vinilo, cosa que en la cinta si, por eso precisamente se complementaban. Los discos de 7 pulgadas se llamaban "Singles" y funcionaban a "45 rpm" (es decir, que en un minuto habían dado un 45 vueltas sobre sí mismos) y con sonido estéreo. Por regla general tenían una canción grabada por cada una de sus dos caras, en la década de los 60 algunos podían tener hasta dos temas por cara pero dejaron de algo muy común porque precisamente los músicos comenzaron a alargar la duración de las canciones. Los 12 pulgadas eran discos con más capacidad. Se llamaban LP. Cabían como unas 12 canciones por ambas caras y funcionaban a “33 rpm” y en estéreo. De este tamaño también eran los denominados “Maxi Singles”, éstos aparecieron en el mercado a finales de la década de los 70. Normalmente estaban destinados hacia versiones extendidas de una canción y, curiosamente se reproducían a “45 rpm”. Los discos más antiguos de 10 pulgadas no se fabricaban en vinilo (por cierto un derivado del petróleo) sino que estaban hechos de piedra o de cera (se derretían o rompían con muchísima facilidad) Estos discos funcionaban a “16” o a “78 rpm” y en monoaural (un solo bafle).

Con la llegada del CD los discos de vinilo comenzaron a desaparecer. Primero lo hicieron los "Singles" y por ultimo los "LP". Los “Maxi Singles” sobrevivieron un tiempo más. Es más, los "Dj" profesionales aun los utilizan.
Había algo misterioso en los discos de vinilo. Siempre me preguntaba cómo era posible que se pudiera escuchar música poniendo la aguja de un tocadiscos sobre un surco (y es que los discos de vinilo tenían registrada la música en un surco sobre su superficie y en forma de espiral, eso sí, superhipermegacomprimida). Ahora y gracias a Internet he descubierto como sucedía.
Según la “Wikipedia” (que haría yo sin ella)

"El proceso de reproducción del disco de vinilo se basa en la conversión mecánica del movimiento que sufre la aguja al seguir el surco, en una señal eléctrica que presenta idénticas variaciones a las del surco. Esta señal eléctrica puede ser generada de diferentes formas, aunque lo más habitual es la de un conjunto de imán-bobina solidario al vástago de la aguja."

Si después de leerlo no lo habéis entendido no os preocupéis, lo
s posavasos plateados que tenéis en casa, límpidos como un espejo y que, en vez de protuberancias comprimidas dentro de un surco disponen de una serie de unos y ceros correlativos no les hace falta una aguja para que funcione, sólo un rayo láser de una frecuencia determinada.
Por cierto, los discos de vinilo tenían una vida limitada. Si los escuchabas mucho se gastaban y podía oírse un ruido mo
lesto de fondo ya sea a través de los altavoces o los auriculares. Era un sonido semejante a cuando se fríe bacón o patatas fritas. También solían rayarse. Es decir, no es que pillasen unos cabreos monumentales, sino que el surco sufría una alteración (debido a muchas cosas pero en especial por un golpe) y la guja o bien saltaba o se quedaba enganchada una y otra vez en el mismo fragmento de canción con el resultado de oír una frase o pieza musical mutilada o bien repetida hasta el aburrimiento. Había formas de arreglarlo. Eran formulas caseras pero muy efectivas. Una de ellas era apretar ligeramente y con el dedo sobre el compartimento donde se situaba la aguja o bien poner una moneda (1 peseta de las denominadas rubias) para que hiciese una poca de presión. El arreglo era chapucero, pero efectivo. Eso si la canción no volvía a ser la misma. El chasquido del arreglo siempre aparecía en el momento oportuno para recordarnos donde se había armado anteriormente el estropicio.
Por cierto las agujas también se gastaban o se rompía aun estando hecho con diamante o zafiro.
Los puristas del vinilo siempre suelen decir que las portadas eran verdaderas obras de arte. No lo voy a negar, tenían u
na magia especial cuando te topabas con ellas en una tienda de discos. El colorido, la estampación, el tacto... Era una gozada.
La carátula de un CD es demasiado limitada, además no te alegra tanto a la vista como lo hacia su predecesor. Sobre qué se oye mejor un compact o un vinilo hay gustos para todo. Un vinilo bien cuidado y con un equipo tipo pata negra supera con creces el sonido de un CD, sobre todo si se trata de música clásica o Jazz.

jueves, septiembre 07, 2006

Rejected

Aquí su segunda obra mestra. No apta para susceptibles.
Billy's Balloon

Para mí el mejor corto de animación de Don Hertzfeldt.

El terror de todos los niños...

Llegaba la noche y sonaba una siniestra canción de cuna. Los niños la escuchaban atentamente, aterrorizados. Como he dicho no era una nana normal ya que no hacía referencia a angelitos que velaban los rincones de tu cama, ni de estrellitas en el cielo, ni de mundos de fantasía con nubes de algodón de azúcar. Ésta nana hablaba sobre un ser sobrenatural, sanguinario y terrorífico llamado "El Coco". Resulta curioso que un personaje al que todo el mundo le ha puesto rostro y forma tenga un origen mucho más concreto, eso si bastante abstracto. Los orígenes de "El Coco" son muy antiguos. Cuentan que los primeros conquistadores ya hacían referencia a éste personaje. Se dice que en 1948 los hombres de "Vasco de Gama" pusieron el nombre de "Coco" al fruto en honor a mito de la infancia ya que según contaban dicho personaje tenía la cara y la cabeza cubierta de pelo y apenas se le podía ver otros rasgos faciales salvo tres puntos negros que formaban los ojos y la boca. Es curioso que a partir de entonces le llamemos coco a la cabeza, como igual de curioso es que cuando damos la brasa a alguien (o nos la dan a nosotros) decimos que les/nos estamos/están comiendo el coco. A los "cerebrines" y gentes de saber también se les llama Cocos.
Pero volviendo a la parte oscura del nombre.
De
pequeños sabíamos que "El Coco" trabajaba de noche y que tenía predilección por la carne de niño insomne. Solía habitar las sombras y venía a través de la ventana, la puerta de la habitación, debajo de la cama o de dentro del armario. "El Coco" solía zamparse a los niños "Ipso Facto" a veces enteros y sin masticarlos y sin cuchillo ni tenedor. Su boca solía ser oscura como el mal, grande y llena de dientes, aunque también decían que no los tenía y que te masticaba con unas encías pestilentes y durísimas. Otras veces "El Coco" no te comía, te agarraba de los pelos y te llevaba a rastras a su cubículo, cueva o escondite. Los que te hacía allí nadie lo sabía. "El Coco", como casi todos los monstruos de nuestra infancia, era un ser solitario. A veces se le confundía con "El Hombre del Saco" o "El Sacamantecas". Estos dos seres no tenían horarios de trabajo. Cualquier hora del día era buena siempre que encontrasen un niño para llevarse a su guarida. "El Hombre del Saco" no hacía distinciones, siempre y cuando fuesen niños. "El Sacamantecas" sentía predilección por los niños y niñas gordos. Ambos utilizaban cuchillos u otras herramientas cortantes para deshacerse de ti. A pesar de ello "El Coco" era el rey del terror. Era mucho más terrorífico por que era sobrenatural. No tenía un pasado como la competencia. Venía del infierno o de un lugar muchísimo peor. Tampoco hablaba. Sólo comía carne humana. Es curioso que en otras culturas, con la misma tradición, la imagen de "El Coco" esté también relacionada con animales salvajes como coyotes, chacales, pumas, jaguares o, más recientemente, con mítico "Chupacabras".
Ad
emás ninguno de ellos tenia canción propia como "El Coco". Él era el rey de la canción de cuna para asustar a niños indefensos.

L
a nana más común o popular era la siguiente:

"Duérmete, niño, duérmete ya,
que viene
El Coco,
y te llevará (o comerá, dependiendo del daño psicológico que se le quería infringir al infante)"

Pero había muchas más variaciones, tales como:

"Con decirle a mi niño

que viene El Coco,
le va perdiendo el miedo
poquito a poco"

Algo extraña y poco efectiva. O bien:

"¿Sabes tú, niño
qué quiere El Coco?
que tengas miedo,
ni mucho ni poco."

Una nana sin duda algo confusa. La siguiente la encuentro de muy mal gusto:

"Vívete, niño, vívete
que viene El Coco
y se lleva a los niños
que viven poco."

Sin duda dedicada a niños con tisis, anemias o enfermedades terminales. Para curiosa tenemos esta otra:

"Si mi niño se dormiera yo le haría una cunita
pero como no se duerme viene el coco y me la quita."

... Aquí "El Coco" no se lleva niños sino muebles. Igual el tipo tenía el cupo lleno y sólo necesitaba muebles para su guardería de niños secuestrados.

Yo especialmente recuerdo una, mucho más espeluznante y explicita. Me la cantaba mi abuela materna para que me durmiera:

"¡A dormir! !A callar¡

Mira niño que viene El Coco y te va a llevar.
Dicen muchos entendidos de que El Coco es un ladrón,
con los ojos encendidos y la boca de dragón."

Como
comprenderéis después de escucharlas o dormías o te hacías el dormido porque sinó podías pasar una mala noche pensando en las consecuencias nefastas que podía hacer en ti tan maléfico personaje.

Un auténtico genio callejero.

¡¡Este tío es la hostia montada en bicicleta!! Perdonad la grosería pero cuando he visto su obra me ha dejado flipando pepinillos del tamaño de dirigibles. Su nombre es "Julian Beever"y es Inglés. Su especialidad, pintar fachadas y suelos con tizas de colores. Sus obras son verdaderos desafíos para la vista ya que consigue crear la sensación de perspectiva y volumen con una facilidad espectacular. Si queréis ver todo sobre sus creaciones visitad su web llamada "Julian Beever". No os arrepentiréis. ¿Para cuando un museo para él solito?

miércoles, septiembre 06, 2006

La Esencia de la Ambición

No fue el sonido del despertador el que hizo que "Joan Brou" abriese los ojos y se incorporarse como un cohete. La tetera emitía un sonido tan estridente que, por un momento, el hombrecillo menudo y de aspecto frágil dedicó unos segundos de su vida a pensar cuánto tiempo había estado ese condenado silbido acaparando la atención y si, por un casual, por su culpa, había despertado a medio vecindario. Había aprendido, desde muy joven, a ser prudente y pensaba conservar esa virtud lo que le quedaba de vida. No era cuestión de perder su intachable reputación por culpa de una tetera loca. Recobró el sentido en el momento que se percató que el suelo estaba frío, terriblemente frío. Ni los gruesos calcetines de lana servían para despojarle de la realidad. Enseguida corrió a calzarse las viejas zapatillas de cuadros rojos que su madre le había regalado ya ni se acordaba cuando. La tetera parecía apunto de estallar justo cuando el hombrecillo se apresuró en apagar la minúscula placa de vitrocerámica que la calentaba. "Como demonios se había puesto en marcha la condenada si el reloj del termostato, que era el que en realidad debería de haberse encargado en despertarlo, aun no había sonado..." se pregunto mientras acercaba su mirada al diminuto reloj que incorporaba aquel extraño artilugio. "Maquinas endemoniadas, nunca las entendería..." Aun faltaban 20 minutos para que se iniciase un nuevo día para él tal y como había marcado su reloj biológico a lo largo de mas de 45 años. Eso sí, en ningún momento se lamentó de haber perdido un apacible espacio de tiempo, que en cierta manera le pertenecía, de poder permanecer en la cama.
El hombrecillo agarró el asa de la tetera con un paño de cocina y llenó una taza de cerámica barata, adornada con franjas azules y blancas, con aquel liquido amarillo y humeante al que le incorporo un chorro de leche fría para rebajarle calor y un par de cucharadas de azúcar.
Se sentó en una silla de madera que, a su vez hacia juego con la diminuta mesa rectangular adornada por un mantel a cuadros blancos y rojos roído ya por el paso tiempo, tanto o casi igual que el entorno que le acompañaba.
"Joan Brou" abrió una caja de metal repleta de galletas, todas ellas casi tan grandes como ruedas y, después de una despreocupada selección, se dedico a masticar una de ellas mientras ponía orden en su cabeza.
El agua que salía de la estrambótica pera de la ducha era agradable. Ni fría ni caliente. El hombrecillo sonrió agradecido. Después de limpiar el empañado espejo del sombrío cuarto de baño agarró una navaja se comenzó a afeitar. Eso sí, antes se colocó las enormes lentes de cristal grueso no fuese que tuviese un serio disgusto con alguna parte de su rostro. Justo en el momento que terminaba de rasurar el ultimo rincón con restos de vello de su cara sonó el despertador. Por pocas milésimas habría sufrido un indeterminado corte de no haber separado la cuchilla a tiempo. Pero el hecho de saber que tenía veinte minutos de ventaja respecto a otros días mitigó enseguida el malestar del sobresalto. Circunstancialmente las cosas habían empezado a mejorar y el simple placer de sentir esa sensación no tenía precio.
Se vistió con cierta parsimonia después agarró dos pedazos de Salami, untó de mantequilla dos piezas de pan de molde y lo apretujo un poco antes de envolverlo en papel de celofán. Asió su cartera se colocó el bombín negro sobre la cabeza y se dirigió a la puerta de salida. Eso sí, asegurándose antes de haber apagado todas las luces e interruptores de la casa.
Los orondos tranvías de vapor se abrían paso con moderada velocidad a través de las densas brumas que invadían la calle. El tono marrón ocre de la madera que los revestía hacía juego con el tono de los muros de los edificios que los flanqueaban. Las inmensas paredes repletas de angostas ventanas y revestidas por una inconmensurable red de tuberías apenas dejaban pasar la tenue luz del sol que, a su vez, hacía esfuerzos considerables por atravesar la densa capa de nubes cenicientas que cubrían la ciudad. Una ciudad adornada por el sonido de motores a vapor y de millares de repiqueteos de anónimos tacones sobre la dura capa de asfalto. Todos ellos con un rumbo fijo y sin el menor sobresalto.
Comenzó a lloviznar. El hombrecillo tomó carrerilla entre la muchedumbre y de un salto se incorporó en plena marcha en uno de los tranvías que se dirigía calle abajo. Una vez dentro se sentó en el único hueco libre que quedaba a lo largo de las paredes perpendiculares del vehículo. Las lucecillas internas apenas le permitían ver el rostro de los compañeros de viaje. Pero no le hacía falta imaginarse las expresiones de todos los ahí presentes.
No era fatiga lo que había pintado en sus ojos. Era una expresión bobina más bien cercana a la conformidad. Nadie, dentro de aquel perímetro se libraba de aquella mascara. El traqueteo obligaba a todo el mundo a participar en un ligero vaivén del que nadie se hacía esfuerzos por dominar.
Por un momento a "Joan Brou" le pareció estar en el parque de atracciones de la zona este donde había un palacio de cristal repleto de autómatas que se movían de forma hastiada por un puñado de monedas. Nada tan lejos de la realidad...
La lluvia golpeaba con fuerza el techo del tranvía y, por un momento, ese fue el único sonido perceptible alrededor. El hombrecillo cerró los ojos y por un instante se dejó llevar por la magia de aquel sonido. Se preguntó quien más, allí dentro, se estaba percatando de semejante sinfonía. Aquella fue una pregunta que se quedó sin respuesta, como tantas otras...

La música producida por las gotas duró muy poco dando paso de nuevo al incordiante siseo de la voluptuosa maquina de vapor situada en la parte posterior del vehículo.
"Joan Brou" se apeó del tranvía y camino bajo la lluvia, entre la hilera de automóviles de tres ruedas que esperaban hacerse con el asfalto en cuanto la luz del semáforo se tiñese de un tono verde fosforescente.
Avanzó por entre el torrente de peatones a través
de una amplia avenida presidida al fondeo de la misma por un inmenso y anguloso edificio gris adornado por dos inmensas ventanas semejantes a dos siniestros ojos entre una monstruosa maraña de tuberías. Varios dirigibles publicitarios sobrevolaban a su alrededor iluminando con sus haces de luz la fría pared de esa especie de inmensa catedral.
"Joan Brou" conocía muy bien aquel edificio. A los 10 años su padre lo había encomendado a aquel lugar con la intención de que, con el tiempo, pudiera ser un peón útil para la comunidad. "Ser peón es lo único a lo que puedes aspirar..." Oía de boca de su padre contin
uadamente. Aquellas adherentes palabras habían sido siempre una pesada losa que aprisionaba las ambiciosas aspiraciones del hombrecillo. Mientras, trabajaba día tras día duramente cumpliendo siempre de forma satisfactoria con las expectativas de otros. Con el paso del tiempo "Joan Brou" había descubierto que él no era un peón habitual. Lo sabía perfectamente por que había sentido brotar una especie de semilla dentro de él que, sin saber como, había sobrevivido a la monotonía y el hastío para abrirse paso lentamente, de forma tímida al principio, para pasar a hacerlo de forma más virulenta con el paso de los años...
Sonó la sirena. Era la primera llamada de un total de tres cada diez minutos. Las justas para avisar del inicio de la jornada laboral. "Joan Brou" nunca había llegado a escuchar la tercera. Y en muy pocas ocasiones la segunda. Más valía tener una buena excusa para justificar la tercera...
La hilera de hombres y mujeres que eran engullidos por los fastuosos porticones del edificio se asemejaban a una hilera de hormigas que se introducían sistemáticamente de regreso a su nido. "Juan Brou" fue uno más entre ellos.
Tomó una tarjeta rectangular. No había no
mbre, solo un número: 24601, su identidad. El hombrecillo colocó la tarjeta dentro de una ranura bajo la atenta mirada del acusativo rostro de un reloj que le respondió con un poco delicado ruido seco. Después de colocarla en su casilla se dirigió hacia la fila de cabinas todas ellas con un número marcado en la parte alta de cada puerta. "Joan Brou" extrajo una llave con los números 24601 impresos en una placa de metal. Abrió la puerta de su caseta y desapareció en su interior.
Primero se calzó el uniforme, luego lo camufló embuchándose el mono de trabajo elástico, el mismo que habí
a venido usando los últimos 35 años. Apagó la luz de la caseta y se deslizó hacia la tapa de la alcantarilla más próxima.
La red de alcantarillado era tan inmensa que, por
mucho que uno quisiera, era prácticamente imposible encontrar durante todo el día a uno de los operarios. Ese, sin dura, era el punto flojo, el talón de Aquiles de aquellos que manejaban los engranajes. Se preocupaban más de lo que sucedía afuera que lo que realmente sucedía dentro. "Joan Brou" lo había descubierto y esa había sido una de sus mejores ventajas... Los cientos de pasillos de todos los tamaños y longitudes que se abrían paso por debajo de la ciudad eran un buen remedio a la hora de ocultar hasta el mas recónditos secretos y "Joan Brou" tenia en esos momentos uno muy preciado, algo por el que había pagado un precio muy caro pero por el que valía la pena luchar...
Al hombrecillo ya no le importaba la legión de ratas que circulaban de un lado a otro por entre la oscuridad, se había acostumbrado a ellas tanto como ellas a él y, con el tiempo hasta le resultaban como mucho más acogedoras y familiares que el resto de habitantes de la ciudad.
Al olor era inmune. El aroma de las aguas, así como el que despedían los monstruosos orificios de los desagües eran, en ocasiones, tan insoportabl
e que las mismas ratas huían en busca de los respiraderos que comunicaban con el exterior. El jabón y la loción que le administraba y que le descontaba de su hoja de salario la compañía de aguas era tan efectivo que por muy intenso que fuese la pestilencia reinante nadie, en el exterior, podría darse cuenta de donde venia aquel hombrecillo de aspecto increíblemente delicado.
Caminó por los túneles con una rapidez sorprendente. Diez minutos más tarde se detenía frente a una escalera de metal que se alzaba a través de un angosto orificio en forma de chimenea, el cual termina
ba en una especie de luna nueva donde se asomaba un tenue vestigio de luz. "Joan Brou" inició su ascensión lenta pero decididamente. A cada paso que daba se sentía más satisfecho de sí mismo.
Deslizó la tapadera de la cloaca con cuidado y asomó su cabecita por entre el hueco abierto. Aquella era la parte más delicada del proceso. Afortunadamente no había moros en la costa, como de costumbre...
Colocó la tapadera de la cloaca suavemente y se dirigió raudo al cuartucho situado al costado del monumental edificio de líneas clásicas que lo abordaba. Se despojó del mono de trabajo y lo camufló entre el resto de cúmulos de ropa acomodada dentro del único armario de metal. A pesar de sentir desprecio por su ropa de trabajo por lo menos le servía para proteger su disfraz... Antes de salir comprobó que todo estuviese tal y como lo había encontrado. Una vez supervisado tomó la cartera y desapareció de aqu
el lugar.
Todos los niños se sentaron en sus pupitres, con el ruido que les caracteriza. El hombrecillo menudo y de aspecto frágil llamado "Joan Brou", ahora vestido igual que un niño, hizo lo mismo que el resto de sus compañeros y ocupó el primer
banco, junto a la ventana, frente a la mesa del profesor.
Literalmente había renunciado a su trabajo, había decidido que para él ya no habría mas pozos negros, mas pasillos oscuros ni mas alcantarillas que limpiar; se había prometido superar ese episodio de su vida y por eso había tomado la decisión de estudiar. Había decidido decir adiós a la ignorancia, la incultura y la marginación. Quería evolucionar y hasta el momento lo estaba consiguiendo aunque en el fondo sabía que el precio a su osadía podía ser caro. "Joan Brou" confió en que sus superiores tardasen mucho tiempo en darse cuenta de su ausencia. El intermediario de la zona oeste, y que había sido el quien se había ocupado de su nuevo empleo, le había asegurado que hasta el momento no conocía a nadie que hubiese sido pillado in fraganti como "Camuflado" lo cual eso era un buen augurio p
ara él.
"Se preocupaban más de lo que sucede afuera que lo que realmente sucede dentro." repitió su mente una vez mas.
"Joan Brou" abrió su libreta cuadriculada y atendió las enseñanzas de su maestro como nunca otro alumno lo hubiese hecho antes. Mientras tanto sonrió para sí mismo y lo hizo por dos motivos bastante diferentes. El primero de ellos
por que estaba aprendiendo a aprender y eso le llenaba mas que cualquier cosa en el mundo y la otra razón por que había pasado ya más de 6 meses y aun nadie se había percatado de que aquel niño, de vivaz mirada, enérgica capacidad y fuerza de voluntad sobresaliente no era tal niño, sino un simple hombrecillo llamado "Joan Brou" que había sacrificado su miserable vida por querer ser alguien más.

Copyright:Richard Anthony Archer





Cosas de Gatos 3ª Parte

Cerrando la trilogía. Os presento a la versión gatuna de Jim Carrey o Jack Nicholson.
Cosas de gatos 2ª Parte

Estos, además saben hablar.
Cosas de gatos 1ª Parte

Los gatos no sólo son fotogenicos. También son muy buenos comediantes.

martes, septiembre 05, 2006

"Hoy he aprendido una palabra nueva..."

Como decía el personaje de "Jim" (Christian Bale) en "El Imperio del Sol". Bueno, en mi caso lo que he aprendido éste verano es a ampliar su definición.
¿Y cuál es la palabra? Pues bien, la palabreja en cuestión es "Tolerancia" (por cierto, prima hermana de convivencia, clemencia y respeto). Todo lo nuevo que he asimilado sobre este término es que la tolerancia es tan, o incluso, más maleable que un moco blando.
A ver, uno puede ser tolerante por conv
icción, sobre todo si aplicas alguno (o todos) de sus otros complementos (mencionados un poco más arriba), pero claro para funcionar se ha de hacer como la magia. Se ha de creer en ella. Sino, ni con agua caliente sale. Pero hete ahí que también se puede ser tolerante por conveniencia. "Yo te tolero porque me interesa tolerarte, cuando me canse de ti, no me aportes nada o ya haya conseguido lo que quiero, entonces ya no te soportaré ergo no te toleraré. Es más hago que te ignoro y te desprecio."
Claro, luego sucede que quienes suelen aplicar dicha regla se quedan más solos que la una, incluso por aquellos que una vez le apreciaron o los apoyaron. Y es que, a veces hay que pensar un poco y reconocer que, no siempre se cae bien a todo el mundo. Hay personajillos que no son la alegría de la huerta, el centro del universo o el ombligo del mundo. Los hay que por su caracter de borde se quedan más encasillado que la chica del logotipo de "Columbia Pictures". Es entonces cuando, sintiéndose solo/a y completamente desplazado/a llega la etapa de semtirse un animalito herido/a, desconcertado/a, o puede que incluso de manipulado/a (siempre, habrá en el mundo algún capullo/a que puede llegar a pagar los platos sucios de tu despotismo y encima sin enterarse) también los hay que llegan a rebajarse (olvidando que en un pasado sabíais que os despreciaba) con tal de que cuenten con ellos/as en los cotarros, viajes y fiestas. Vamos, como si nunca hubiese ocurrido nada. Hay gente que sabe hacer muy bien de alfombra. Pero alfombra "Külpeskopenhar" para puerta de "IKEA". Son todo unos/as expertos/as. Los hay que hacen cualquier cosa con tal de que tú les vuelvas a tolerar y, con ello, conseguir (si es posible) aportar nuevos (o antiguos) amigos a su anodina y solitaria vida.

El tamaño si importa

Os presento una web llamada The Size Of Our World muy interesante y que nos muestra las medidas comparativas de nuestro universo teniendo a la tierra y al sol como referentes. Desde luego después de contemplarla da mucho que pensar.

¡Como plaga de Langosta!

Salvo que debemos sustituir a este insecto ortóptero, de la familia de los acrídicos por capullos subidos en motos trucadas y en coches tuneados.
El verano no sólo trae buen tiempo sino también bicharracos de dos ruedas que se han tomado las calles del barrio como si se tratara de un circuito de “Moto GP”. Al principio llegaron cuatro, venían de la otra punta del distrito, buscando un lugar donde probar sus motos recién compradas por “papi, mami” ya que en su barrio no molaba por que molestaba a sus vecinos. Se adueñaron de los bancos de un parque infantil situado debajo de casa. Aquel lugar era perfecto para su base de operaciones. Podía aparcar, ocultarse de la poli, arreglar sus motos muy de madrugada y sobre todo traer a sus pibillas para vivir todos juntos en armonía. Cuando los contemplabas a veces se comunicaban gruñendo y otras mediante el uso de la telepatía. Lo pero de todo era cuando ponían en marcha las motos para calentarlas antes de la carrera. Las aceleraban hasta que parecían que iban a estallar, una, dos, hasta cien veces. Al principio los vecinos no decían nada. Eso a ellos les molaba. No tenían a nadie en contra y podían hacer el ruido que les diera la gana, tocar palmas y cantar canciones de Camela al mismo tiempo. Los cuatro se convirtieron rápidamente en seis y en menos de una semana los seis dieron paso a veinte. Era como sufrir una plaga de la langosta pero sin cosecha. Lo peor no era su presencia, sino el ruidito de marras de las motos. Sobre todo cuando se dedicaban a subir y bajar 657657 veces por la calle con el único motivo de competir que moto era la más potente y rápida y, de paso, joder la marrana a los agradecidos de los vecinos fuese la hora que fuese, aunque con especial predilección por las altas horas de la madrugada. Entonces si que comenzaron a rebotarse los vecinos. En un principio se llamaba a la “Guardia Urbana” o a los “Mossos de Escuadra”, ante todo había que ser cívicos como marcan los cánones. Pero aquello no sirvió de nada. Los moteros o bien desaparecían o dejaban las motos aparcadas para que, cuando los guardianes de la ley llegaran se encontraran un barrio silencioso como había sido un par de meses antes. Una vez los coches patrulla desaparecían las motos volvían a las andadas, con el aliciente de putear al respetable que dormía plácidamente haciendo sonar el claxon y acelerando hasta límites insoportables. Era su forma de hacernos saber su enfado y advertirnos que no sería tan sencillo librarnos de ellos. Entonces después de dos días de ensordecedoras serenatas los vecinos se hicieron a la calle y los que no, a los balcones a ver si plantándoles cara se amedrentaban y dejaban de joder de una vez. Pero nada. Es más, entre gritos, relinchos y tonos de voz “cromañosnescos” hacían uso de frases como: "Oye pavo tu a mi no me gritas porque no me puedes hacer nada, soy menor de edad". "Si, tu denunciarnos pero no nos van a hacer nada. Somos menores", "Tu no me puedes tocar por que soy menor y yo si quiero puedo partirte la cara ya que la ley me protege". Como veis la palabra menor sonaba en cada frase. Para unas cosas eran unos machitos, capaces de hacer hervir la sangre al santísimo Job, para otras unos niños indefensos y amparados por la justicia.
Cuando algún vecino trataba de sobrepasarse, cosa que sucedió, los niñatos hacían del uso del móvil y allí aparecía el “primo de Zumosol” disfrazado de papichulo. Algunos llamaban a la policía para denunciar a los vecinos, otros hacían uso de la fuerza bruta llegando incluso a amenazar de muerte a más de uno de los allí presentes. Una de las victimas de dichas amenazas fue la presidenta de mi escalera. El padre de uno de estos simios entró en la finca, la agarró del cuello, le levantó el puño y amenazó con matarla allí mismo. Hubo juicio. Rápido. Ganó la vecina. La pena pagarle 30 euros por daños y prejuicios. Eso sí, una vez fuera va y se le acerca un familiar del niñato y le dice que la amenaza aun está en pie y que no se piense que el niño va a dejar de venir al barrio. Ahora para joder, van a venir muchos más. Y vaya si fue así. Llegaron más, y no sólo con motos, también con coches tuneados conducidos por cholillos (ya mayores de edad), con música loliala a toda pastilla y quemando ruedas cada vez que les venía en gana. Pero eso no es todo… También han ido llegando a pié, por docenas, cada día en turnos de mañana tarde y noche. Ahora el barrio es suyo. Las carreras nocturnas son un tormento y el pan nuestro de cada día. Suben, bajan, vuelven a subir, así hasta las 5 o las 6 de la mañana. A las 8 de la mañana aparece el relevo. Desde las ventanas les llueven bolsas de basura, agua, tomate, gritos y flashes de fotos (las cholillas posan cual modelos de “pret a porter”). Alguna vez algún desperdicio les hace impacto. Hace dos días uno de ellos grito:¡¡¡Hijo de puta!!! (en realidad sonó más como ¡¡¡Iiiho de Puuut Haaa!!!) En un tono de gutural y completamente anodino, muy semejante al ladrido de un perro. Alguien le había dado de pleno en toda la cabeza con un cubo de agua. Por la noche nos llegó la hora de su venganza. Grupos de motos se pasean por la calle haciendo ruido hasta la extenuar el tímpano. Esta noche hasta las cuatro y media de la madrugada han logrado alcanzar el sumun del ruido. Los vecinos ya no sabemos que hacer, en serio lo hemos probado todo por activa y por pasiva. Mientras tanto unos niñatos se han hecho los amos y señores de uno de los más apacibles barrios de Barcelona.

lunes, septiembre 04, 2006

¡Asia is different!

Y no lo digo porque sean todos bajitos, morenos, de piel cetrina, los ojos rasgados y coman "Sushi", "Satey con gambas" o "Familia felis".Desde que China, Corea (la del sur) y Japón dejaron de lado la guerra (algunos más que otros, para que decirlo) han decidido preocuparse por todo lo relacionado con el ocio y, sobretodo con la electrónica de consumo. Gracias a ellos tenemos los videojuegos, los restaurantes giratorios, los coches TOYOTA o NISSAN, las pelis de tías peludas y rastreras, las videocámaras, los televisores, el tostón del Animé y, un invento que los supera a casi todos los demás: Los “Karaokes”. Qué sería de nosotros sin ellos. Son maquinas dignas del profesor "Franz de Copenhague" (sí, aquel de los inventos del TBO), su utilidad es servir a la humanidad amenizando veladas familiares, comerciales o sepulcrales, haciendo que cualquier hijo de vecino pueda destrozar las meninges del prójimo expulsando de su garganta rebuznos y graznidos que ríete tu del demonio de "El Exorcista".
No tengo nada contra el invento. Me gusta, sólo cuando se utiliza en mesura y no como instrumento de tortura. Hay momentos para todo y lo bueno, si breve, dos veces bueno.
Un reproductor de “Karaoke es tan simple como el mecanismo de un botijo. Vamos que si lo hubiesen inventado los "Buri-Buri" de la selva de "Papua" tampoco nos habríamos impresionado mucho en como lo habían conseguido construir.
Esa encicloperia del buen saber que es la Wikipedia dice al respecto:

"El Karaoke [del Japonés (kara, «vacío») y (ōkesutora, «orquesta»)] es una forma de cantar en playback siguiendo la letra de la canción impresa sobre una pantalla. Eso significa que el cantante no necesita que una orquesta esté presente para cantar.
Una máquina de karaoke básica contiene una entrada de audio, un modificador de tono y una salida de audio. Algunas máquinas también disponen de un sistema de supresión de voz para eliminar la voz del cantante original de la canción. También suelen disponer de una pantalla de televisión en que se leen los subtítulos de la canción.
En Francia, a partir del siglo XIX, en la tradición de canción popular en los cabarets llamada goguette (gogueta) se acompaña al acordeón o a veces al piano la interpretación que hace algún asistente de una pieza conocida, pero como exigencia suplementaria éste modifica la letra de la canción. A diferencia del karaoke japonés, en el cual el participante es solamente un intérprete, la gogueta francesa posee también una dimensión de creación literaria y, frecuentemente, de parodia y crítica política."

El "Karaoke" es un producto universal. En España los “Karaokes” son también un éxito. La mayoría son verdaderos templos para exhibir sus talentos algo horterillas (bueno, no todos, pero algunos lo son aunque no lo sepan. A otros no les falta abuela) que se presentan incluso a concursos en una versión light de "Operación Triunfo" pero sin tanta parafernalia, para que mentir. Mientras aquí nos lo tomamos muy en serio en Asia, ya curtidos en el tema se lo toman más a guasa, organizando eventos a la inversa de nosotros (dominados por una pandilla de puristas que rechazaron y repudiaron la diversión) con torneos de a ver quien es el más salvaje para que así te vea todo tu país y puedas convertirte en una estrella.
Como la televisión de esos lares no suele pillarse aqui, a no ser que tengas una parabólica del tamaño de un estadio de fútbol, no nos queda más remedio que Internet. Gracias a “youtube” podemos ver los mejores momentos de los peores cantantes de “Karaoke” de "Asia".
Vayamos al grano. He decidido elegir unos cuantos videos, la mayoría de un popular concurso de la "Televisión de Corea del Sur" donde una
panda de sujetos hacen el burro frente a un jurado y un público cantando (aunque eso es lo de menos) mientras hacen toda suerte de soplapolleces ante las cámaras. No sé por que razón la mayoría de sujetos son mujeres. Supongo que al estar tanto tiempo repudiadas y menospreciadas han decidido soltarse la melena, ponerse las pilas y dejar atrás las normas de protocolo y la discreción.

En este primer video que os presento vemos a dos colegialas Coreanas cantando una canción llamada "Money". Las chicas empiezan más o menos serias, al cabo de unos segundos la más rellenita (con casaca negra) se le empieza a ir la peonza y se desmadra de manera exacerbada, haciendo montones de gañotas ante la cámara y llegando a terminar la canción con un gesto muy poco apropiado.


El segundo video es de otras dos jovencitas coreanas que montan un pollo con las coreografías que ni el cantante de “Boney M” en sus mejores años.


En el tercer video las dos chicas hacen el gili mil y un millón de veces y encima van y se ponen vacilonas con el público y los jueces. Los bailes son despatarrantes.


En el cuarto otras dos niñas se desfasan más que las anteriores compitiendo a ver quien de las dos hace más gracia en plan: "Voy a tratar de descoyuntarme la clavícula en directo y encima os tendréis que reír”.


En el quinto, y último, dos tipejos presentan un “Karaoke” onomatopéyico lleno de caretos y gestos absurdos. Encima cuando terminan les aplauden.

No, si ya se veía venir...

Hoy nos hemos levantado enterándonos de la muerte del ambientalista australiano "Steve Irwin", estrella del canal "Animal Planet" y experto en hacer el ganso con cocodrilos pero también con otros tipos de animales peligrosos.

Al parecer “Irwin” se encontraba con una expedición en "Batt Reef", en la costa este de "Australia", filmando “mantarayas”. Vaya usted a saber que es lo que les estaba haciendo a los pobres bichos que uno de ellos, enfurecido, le metió un soberano picotazo en todo el pecho. "Irwin", que contaba con 44 años, sufrió un repentino colapso que le llevó a la muerte en pocos segundos.

"Shaun Collin", experto de la Universidad de "Queensland", no salía de su asombro:

-No es fácil ser picado por una “mantarraya”, y mucho más raro es morir. Sin duda se trata de un caso de extremada mala suerte.

“John Stainton”, amigo y productor del programa de “Irwin” comentó:

- Ha muerto "haciendo lo que más amaba, y se ha ido feliz y en paz. (Si él lo dice pues tendremos que creérnoslo ¿no?)

Si habéis visto algunos de los programas de dicho personaje como “Cocodrile Hunter”, "Veterinarios a la vanguardia" y "Croc Files" seguro que lo recordareis como un tipo exasperado, dando saltos y brincos, vestido siempre de explorador y manipulando caimanes del tamaño de camionetas. La verdad es que el tío sería una eminencia, pero conseguía sacarte de quicio en más de una ocasión. Siempre lo recuerdo asomando el careto frente a la cámara (a veces podías verle hasta las amígdalas con todo lujo de detalle) en cualquiera de sus programas. Por cierto, una de sus últimas proezas fue meterse en un estanque de cocodrilos, junto a un bebe de pocos meses (su hijo), y hacer el burro con él, como enseñarle a caminar sobre la hierba (rodeado de un par de estos reptiles) o acercarlo a la charca para saludar al jefe de la manada. Una bestia descomunal llena de dientes y con muy malas pulgas. Vamos, igualito que "Michael Jackson" cuando le dio por balancear a su hijo por el exterior de una balconada ante la atenta mirada de sus aborregados fans.
Y digo yo. ¿Cuando tardaran cualquiera de los miembros de "JackAss" en correr la misma suerte que "Steve Irvin"? ¿Quién de todos ellos será el primero en caer? Yo ya tengo mis candidatos. Concretamente "Steve¨O" y "Chris Pontius" los dos protagonistas de "Wildboyz" que, viajando alrededor del mundo se dejan morder por todo tipo de animales venenosos, embestir por leones, tigres y leopardos, lanzarse mierda de elefante, beber mil y una porquerías, o chupar los pies de varios leprosos.

Tiempo al tiempo.

Por cierto. Aquí teneis el video de la cucamonada de "Irwin" paseando a su retoño junto a los cocodrilos


domingo, septiembre 03, 2006

Ya a la venta

Este mes:
Crash, Hostel, V de Vendetta Edición de Coleccionista, King of New York, Plan Oculto, Syriana, Transamerica y Sophie scholl. Llega Star Wars Edición Coleccionista.
Las mejores series en DVD: House, Deadwood, los 4400 y La Zona Muerta todas en su primera temporada. Estreno exclusivo para FNAC de la mítica serie Riguet (The Kingdom) de Laars Von Trier. Llega The Flash en su única temporada.
Especial Verhoeven (2) y analisis de Pulse el mega DVD de Pink Floyd.
Secciones: Asia Connection, Rewind, Playland, Comming Soon, PayTV Ricky´s World entre otras.

El cine... antes de la llegada del video.

Muchos de vosotros aun os acordareis de como era el cine antes de que apareciese el video. A los que no, igual este Blog les parecerá un cuento chino. Cuando el video era una utopía existían las salas de cine más conocidas como estreno y de reestreno. En las segundas las películas se estrenaban un lunes y duraban una semana justa. A diferencia de las primeras que duraban semanas e incluso meses. Por el precio de una entrada de reestreno era de 10 pesetas y podías ver dos películas. En los cines de estreno por 25 pesetas (incluso menos) podías ver la misma película una y otra vez e incluso entrar cuando ya estaba empezada y esperar a la siguiente sesión, sentado en la misma butaca a que volviese a comenzar la sesión y ver lo que te habías perdido (y se preciaba disfrutar del resto). Ambos cines eran uno, nadie sabía lo que eran las multisalas. En ambos también vendían palomitas rancias, chocolatinas y refrescos en botella de cristal, que acababan rodando (aun recuerdo el sonido que hacían) por los pasillos o por debajo de las butacas para acabar amontonadas unas sobre otras en las primera filas. Sí, el cine era uno y el sonido también. No había “estéreo”, ni “Dolby Digital” ni “5.1”. Sólo unos bafles detrás de la pantalla que a veces sufrían interferencias dejando una frase a medias o haciéndote respingar si estabas concentrado con la trama. En los cines de antes había telón que se abría al comenzar la sesión, primero una gran tela de terciopelo rojo escarlata y luego un visillo, a veces transparente que solía ajustarse a los formatos de pantalla que existían entonces. El público solía aplaudir al comienzo y al final de la película. En esa época no existía “Movierecord”, “Distel” ni sucedáneos, sólo unas tarjetitas borrosas y cutres que aparecían en la pantalla a modo de diapositivas con una música y, a veces, acompañadas de una voz ratonera. Eran los años del NODO ("¿Otra vez el jodido NODO?" grité una vez en medio de una sala repleta con tan solo 8 años de edad). Los sábados y los domingos había sesión matinal. Solían pasarse películas para niños o dos grandes títulos de reestreno. También existían cines de "Arte y Ensayo" donde “Bergman”, “Tati”, “Visconti” o “Passolini” eran los amos.
Volviendo a los reestrenos. Cuando no había video existían las sesiones dobles. A veces eran dos títulos que ya habían sido estrenado hacía meses o bien películas que ya eran clásicas como las de “Tarzan”, los “Cañones de Navarone”, La Senda de los Elefantes” o “Cuando ruge la Marabunta”. Se les había vuelto a dar una nueva oportunidad de vida y a nosotros de poder disfrutarlas.
En esa época, recordábamos películas. Si querías revivir tus mejores escenas debías de coleccionar cromos, verlas cuando las emitían en la tele (o sea casi nunca) o revivirlas ojeando cómics o fotonovelas. Por regla general los cines de reestreno eran exclusivos del barrio. Los sábados podías ver filas de vecinos, amigos y conocidos que se impacientaban por ver a “Bud Spencer y Terence Hill”, “Bruce Lee”, “Los Hermanos Marx” o incluso “Charlot”. Las mujeres se limitaban a criticar el modelito de “Fulanita” comprado en el “Sepu” o el de “Zutanita” que además se había pintado como una puerta y perfumado como una mofeta: - Miralá, se decian. - Igual se pensaba que iba a la “Ópera” o al “Festival de Cannes”.
En algunos cines había servicio de bar, siempre a lado de la pantalla, entre sesión y sesión se vendían, patatas chips y bocadillos. Muchas veces uno se llevaba la merienda desde casa, una fiambrera con callos, tortilla o ternera estofada. Las botas de vino también eran muy populares en ese tipo de salas y solían pasárselas unos a otros a lo largo de la fila.
A mí lo que más me gustaban eran los carteles y las fotos que adelantaban momentos cruciales de la película. "Barcelona" tenía buenos carteles pero “Madrid” se llevaba la palma. Fue allí, una semana de 1974 en el que fui a visitar a unos primos, cuando vi, por primera vez “El Mago de Oz”. Lo que más recuerdo con nostalgia era bajar del taxi y ver el cartel con una cabeza de “Judy Garland” y del resto de personajes pintados sobre la marquesina. También recuerdo el cartel de “La Aventura del Poseidón” y las fotos pegadas con celo a los cristales. De "Barcelona" recuerdo los de “Grease”, “Mary Poppins” “Oliver”, “Tiburón”, “Supermán” o “Aeropuerto 1977”, espectaculares y mágicos para la mente de un niño.
Las salas de ahora son demasiado asépticas. En “Barcelona” han perdido todo su glamour. Ya no hay marquesinas con carteles ni siquiera fotos. Son fábricas de chuches enmoquetadas, con muchos pasillos y cientos de salas. Las colas son amorfas, confusas, llenas de niños aborregados jugando con las melodías de los móviles, aparatos que ni siquiera apagan cuando entran a ver la película. Las salas son como laboratorios donde ponen a prueba nuestra paciencia y sobre todo nuestros tímpanos. Ya no te dejan quedarte a ver la película otra vez. Ni se te ocurra intentarlo porque te echan de muy malas maneras. Las butacas son cómodas y hay espacio para descansar las piernas, sí, pero aun y así siempre hay un imbécil que te da pataditas hasta la exasperación. Menos mal que ya no hay punteros láser jodiendo la marrana, ahora se ponen a hacer el pino delante de la pantalla, a jugar a comandos por entre las filas o a entrar y salir por la puerta de emergencia las veces que les salga del higo.

Las salas de reestreno se han extinguido, al igual que los cines de barrio. Si quieres ver una película ya estrenada te vas al videoclub (transformado en una especie de cajero electrónico) la alquilas o te la compras y te la ves en casa cuando te dé la gana y las veces que quieras. Los niños y jóvenes de ahora ya no recuerdan películas como los de mi época. Ahora las ven hasta que a los DVD se les borran los píxeles.

sábado, septiembre 02, 2006

Y tú ¿De quién eres?

A estas alturas y todavía con la misma cantinela.
Desde luego hay gente que le gusta perder el tiempo con cosas tan intrascendentes de la historia. Un día conocí a un tío que se había pasado 40 años de su vida investigando la procedencia de “Cristóbal Colón”. Estaba convencido, es más, iba a publicar un libro que aseguraba que “Colón” era ¡Judío Sefardí! Pues muy bien oiga, y a mí qué puñetas me importa. Como si quisiera ser del otro lado del Pisuerga. ¿Importa mucho al mundo de dónde era si lo más destacado de su trayectoria como marino era que había puesto un pie en otro continente? (Que por cierto vacío no estaba) A ver si ahora los indígenas no eran seres humanos.
Vamos a ver, quedemos en que nació en Génova, sobre 1451, el mes creo que no lo sabía ni él. Su padre se llamaba "Domeneghino Colombo" y su madre "Susanna Fontanarossa" (así que muy catalán o asturiano como que no era).Al parecer su familia se dedicaba a las telas y los quesos (rara combinación pero bueno de algo tenían que ganarse la vida ¿no?) Al parecer a “Cristóbal” como que lo de los telares y los lácteos no le iba así que como no tenía otra cosa que hacer le dio por ser marino, incluso, al igual que "Orlando Bloom" en "Piratas del Caribe", se había llegado a codear con los corsarios, concretamente con uno muy bárbaro aunque francés llamado "Guillaume de Casenove", que le molaba dar por saco a los pobres comerciantes venecianos que iban de paseo hacia “Flandes”.
O bien “Colón” era un trepa de cuidado o era un tío con mucha maña, porque en 1476 ya controlaba el cotarro de las tropas navales genovesas. Se ve que el tal "Guillaume de Casenove" ya se la tenía jugada porque un buen día de un zambombazo le hundió el barco y nuestro protagonista acabó flotando como un leño frente a costas portuguesas cerca de Lisboa. Allí se quedó un buen rato y se casó con una tal "Felipa Moniz de Perestrello" que tenía más pasta que nadie. La vida de “Colón” durante esos años era más bien de secano y comercial aunque dicen las malas lenguas que cuando se iba de tabernas le gustaba oír los testimonios de los marineros que ahí se encontraban. Algunos, más sobrios que otros, le contaban extrañas historias sobre la existencia de tierras más allá del mar Atlántico. Es más, a veces le enseñaban curiosos objetos o incluso troncos que habían encontrado flotando y también historias sobre naufragios en costas alejadas y desconocidas hasta entonces. Vamos, como cuando ahora van y te cuentan que una raza extraterrestres les han abducido y les han metido una sonda por el culo, o que han encontrado un piazo de nave nodriza estampada en el desierto, o que han visto luces moradas haciendo “eses”, “jotas” y “kas” en el cielo...
Así pues como que a “Colón” le pica de nuevo el gusanillo y en 1481 se monta el petate, deja a la churri en puerto y se va a visitar la costa oeste africana como miembro de una expedición de un tal “Diego d´Azambuja”.
“Colón” como que se acuerda de las historias de los marino beodos y tal y con la mirada siempre fija en el horizonte del “Atlántico” se pregunta si zarpando en línea recta acabaría posiblemente en las indias o tal vez en la tripa de algún dragón que, con la boca abierta, esperaría en el borde del mundo a incautos como él que comenzaban a pensar que la tierra no era plana como una tabla de planchar. O tal vez no... Un día se entera que los vikingos (sin la ayuda de Vickie) habían tocado una extraña y desconocida tierra sobre el año 1000.
“Colón” presentó el proyecto de su viaje a los confines del “Atlantico” al rey de Portugal pero éste pasa de él como de comer mierda, aunque eso sí, sin que “Colón” se entere, envía una carabela por si acaso suena la flauta, pero ésta o bien acaba abducida en el triángulo de las Bermudas o vuelve de vacío.
Entonces le tocó el turno de venderles la moto a los españoles que, en esa época, iban muy adelantados con el tema de la navegación (sí, una vez fueron los amos del mundo pero como no todo es para siempre acabaron perdiendo hasta la camisa, id tomando nota EEUU). Así pues que “Colón” se marcha a Españaa dar la murga. Se entrevista con los “Reyes Católicos” diciéndoles, más o menos, que si consiguen una ruta hacia las indias desde mar pues se van a forran y va a ser los amos de mundo como "Leonardo di Caprio" en "Titanic" más o menos. “Isabel la Católica” que no se lavaba ni apuntándola con un trabuco pero que era más lista que el hambre le cae en gracia la idea de aquel marinerillo estrafalario y decide financiarle el viaje. La tía veía pasta gansa a lo lejos. Así que la madrugada del 3 de agosto de 1492 se hace a la mar con las carabelas “Pinta”, “Niña” y “la Santa María”. Tras unos días en “Canarias” comiendo plátanos (con piquitos negros) y bebiendo “Ron Miel” vuelven a partir. Después un viaje de esos que no se los deseas ni a tus enemigos llegan a una playa (de la una isla ahora conocida como Santo Domingo) llena de gente rara que toman el sol en pelotas y se pintan el cuerpo con garabatos raros y de colorines.
Durante ese mismo viaje realizó, además, otras exploraciones durante tres meses. Sabía que había encontrado unas islas, por lo menos se sentían islas, y se puso a ponerles nombres como un loco. A “Cuba” la llamo “Juana” y “Haití” la bautizó como "La Española" (igual porque era un fan de las oceitunas o por que había una fábrica por allí cerca). Allí conoció a la tribu de los “Guacanagari” que, ingenuos, les regalaron objetos de oro. En navidad de ese año, con los efectos del alcohol y las drogas “La Santa María” acabó incrustada en unas rocas cerca de la costa. Con sus restos “Colón” y sus hombres les dio por jugar a "Exin Castillos" y montar un fuerte al que llamó "Navidad" (un poco cursi el tío pero hay que reconocer que borracho uno hace cosas muy raras).
Pero ahí no acaba todo. Uno de los hermanos Pinzones, concretamente “Martín Alonso Pinzón”, se le insubordina y se lleva “la Pinta” con él a explorar más islas (y a ponerles nombres estúpidos de paso).
“Colón” como que se acuerda de España y se lleva a la Niña (la carabela, no una indígena, se supone) hacia España. Así que el 2 de enero de 1493, acaba en Lisboa. El rey portugués, que va de manguis, listo y macarra barato decide que las nuevas tierras encontradas son suyas (¡chúpate esa!) alegando que todo viene por el "Tratado de Alcaçobas". Entonces aparece el papa “Alejandro VI” y le planta en los morros el acuerdo establecido por el "Tratado de Tordesillas" cerrándole” la boca de un papirazo. de regreso a España, “Colón” se va a Barcelona a ver a “Isabel y Fernando” que andaban por ahí en plan tour turística.
“Colón”, al igual que los “Reyes Magos”, les trae presentes: Seis indios flipaos y encima bautizados, oro y varios souvenirs sin importancia. Los reyes dan volteretas y cabriolas mortales en el aire así que deciden enviarlo de nuevo a las indias llevándose consigo a una manada de curas capitaneados por “fray Bernardo Boyl” para convertir (a la fuerza) a toda la población, animales incluidos.
Basta decir que el segundo viaje van hasta con portaaviones y submarinos nucleares. Un total de quinientos hombres y diecisiete barcos cargados hasta los topes, incluidos virus, bacterias y enfermedades venéreas de toda índole. Entre los viajeros se apunta “Diego” hermano de “Colón”,” Ponce de León”, “fray Antonio de Marchena”, “Alonso de Ojeda”, “Juan de la Cosa” y “Pedro Margarit”.
Allí fundaron la primera ciudad llamada "La Isabela" (¿En quién pensarían? no caigo). Por cierto a todo esto: “Colón” no daba pie con bola porque pensaba que detrás de esas islas estaban los reinos del "Gran Khan", "Fu-Manchu" y "Pikachu". Como los marineros se vuelven más salvajes que los propios indígenas pues como que les llega un aviso de sublevación a los “Reyes Católicos” que de momento pasan de todo.
“Colón” vuelve a España y el 30 de mayo de 1498 se va de nuevo, con seis barcos más y seiscientos energúmenos. Descubre más islas y vuelve a ponerles nombres porque los que usan los indígenas no le gustan. Así surge “Asunción” (Tobago) y “Concepción” (Granada), “Margarita” y “Cubagua” (aquí porque habría inundaciones por lo menos). A su regreso a "La Española" a “Colón” se le sube la fama a la cabeza y se pone gallito con el gobernador (por cierto pariente de un servidor).
Los “Reyes Católicos” se enteran y envían a un tal “Francisco de Bobadilla” para supervisar lo ocurrido. “Colón” le niega la autoridad, así que el descubridor fue encadenado y enviado preso a la Península. Los Reyes lo indultan con la condición de no pisar "La Española" (vete a saber qué estropicios armaría allí). El 11 de mayo de 1502 se vuelve a embarcar, junto con su hermano “Bartolomé” y su hijo “Hernando”, llegando a “La Martinica” (a la que llamó Santa Lucía porque ese día iban todos ciegos de cannabis), “Santa Cruz”, “Puerto Rico” y “Honduras”. Por cierto tanto y tanto viaje y las indias de verdad pues no aparecían. De vuelta a España, “Colón” se pone farruco y pide valer sus derechos, llegando incluso a pleitear con la Corona. Como la reina la había palmado y el rey estaba chocheando lo mandan a freír espárragos.
El 20 de mayo de 1506 “Colón” muere aquejado de gota y otras enfermedades (imaginaos las guarrerias que pillaría en las selvas) en la ciudad de “Valladolid”. Nunca supo que su exploración había dado con un nuevo continente, desconocido hasta entonces por Europa. Ni siquiera le pusieron su nombre. Al final se lo dieron a otro marinero llamado “Américo Vespuccio”, según dicen por equivocación.

En definitiva: Me importa un bledo si “Cristóbal Colón” era chino, sueco o finlandés. También me importa un bledo si descubrió o no América. Sólo sé que la puso de moda.

La edad de oro de la "Inframúsica".

De un tiempo a esta parte, tanto por televisión, radio u otros medios multimedia hemos sido invadidos por una serie de engendros musicales que lo único que hacen es dañar los tímpanos, los ojos y la frágil dignidad humana. Son "infrartistas" surgidos de vaya usted a saber donde. Editan discos como churros, todos con letras estúpidas, de esas que producen unas arcadas incontenibles (a veces irreversibles).
Sus videoclips son tan espantosos como las propias canciones. Eso si, se gastan una pasta gansa en la producción. El denominador común de todos ellos son mostrar al “infracantante” medio despelotado y a un grupo de púberos realizando piruetas dignas de un "Georgie Dann" con una docena de copas de más y un esguince en ambos tobillos. Todos se mueven a la vez, perfectamente sincronizados como si se tratasen de delfines de un espectáculo del Zoo. El "infracantante" se sitúa en el centro del cotarro, chupando cámara (como lo haria un cualquier buen alcalde de una gran urbe como por ejemplo Barcelona ), haciendo ver que canta y que se lo está pasando chupiguay.
Quienes los admiran se vuelven locuelos, verdaderos yonkis en potencia con todo lo que hagan sus ídolos. Los adoran. Son sus gurús. Se visten como ellos, algunos incluso, se operan para parecerse a ellos, cantan sus canciones a coro por las calles, los estampan en sus carpetas y camisetas e incluso se los tatúan en el pubis o en su nalga favorita. Su fidelidad es tan ferviente que incluso sería capaces de matar a cualquier detractor que osase ofenderlos. En definitiva: Son sus dioses hechos carne. Menos mal que estos seres divinos, al igual que los “Nexus 6” de la película “Blade Runner”, disponen de muy poco tiempo de vida. Vamos son de usar y tirar. Como la comida basura o los yogures del supermercado. ¿Alguien se acuerda a estas alturas de "The New Kids On The Block", The Back Street Boys" o incluso de las "Spice Girls"? ¿Recordais que siempre que se cuestionaba su talento musical se ponían todos a cantar a capella para demostrar que no eran un "Milli Vanilli" en potencia? ¿Cuánto tardaran "Paulina Rubio", "Chayane", "Britney Spears", "Shakira" o "Jennifer Lopez" en dar la última nota que dé por cerrada a su "apoteósica carrera"? ¿Quien se acordará de "David Bisbal", "David Bustamante", "David Civera", "Chenoa", "Ricky Martin" y unos cuantos más dentro de... pongamos cinco años?
Espero que sea rápido, con dolor o sin dolor, me es indiferente, pero que sea lo antes posible. Mientras tanto sólo nos queda esperar y sufrirlos en silencio, con y sin ayuda de "Hemoal"(o cualquier sucedáneo milagrosamente efectivo).

viernes, septiembre 01, 2006

¡Welcome to the House of Blogs!

Ya se que San Blog ya es historia. Pero es que Miguel (Uise para los amigos) ya se ha puesto manos a la obra poniendo en marcha su Blog personal llamado "Chistorras". En este caso se trata de un “Videoclip Blog” donde podréis escuchar, comentar y recomendar las actuaciones de sus (vuestros) grupos favoritos.
Otro que se ha puesto en marcha con lo de los Blogs es Martín (Djabliyo también para los amigos). De momento, su Blog "Que se me va..." está en fase de pupación pero me ha prometido llenarlo de temas diversos y divertidos.
The Dukes of Stratosphear-The Mole from the Ministry

Y para colofón final. Otros de nuestros delirios musicales. Ojo no son The Beatles pero cási. El disco al cual pertenece esta canción titulado "Psonic Psunspot" es del 1987. Y está dentro de la llamada "New Psicodelia"
Röyksopp: What Else Is There ?

Otro de nuestros grandes favoritos.
The Dears -The Death Of All The Romance

Somos fans de este grupo y somos fans de esta canción. No lo podemos evitar.

Y usted... ¿Qué quiere ser de mayor?

Menuda preguntilla...
El curso tocaba a su fin y con él mi etapa en EGB. Llegaba la ardua tarea, por parte del cuadro docente, de entrevistar a todos los alumnos para tratar de indagar cuáles eran sus inquietudes de cara a su futuro y de esta forma sugerir un tipo de estudio determinado. Por casualidades me tocó entrevistarme el Sr. Robles, mi tutor y profesor de lengua castellana. Yo sabía que él no esperaba nada de mí por lo que lo asumía con resignación. Pero mira por donde ese día tenía un as guardado en la manga...

Ahí estaba yo, sentado, en silencio frente a él.
Supongo que se imaginó que mi respuesta sería un estúpido y tímido “No lo se…”, o “Un vago” o incluso “Un zoquete”, porque precisamente eso es lo que yo era para él. Nunca había sentido interés hacia mí. Para él era mucho más interesante perder el tiempo contemplando el estucado de la pared que prestarme un poco de atención. Por lo que supuse (y él también) que mi asunto estaría liquidado en menos de 20 segundos.
Pero no.

Lo que nadie y menos él sabían era que un servidor ya tenía una respuesta concreta, certera y pensada de antemano. La respuesta definitiva a su pregunta más crucial. Me sentía como un mago a punto de presentar al público un truco de magia de esos que dejaban a uno con la boca abierta y los ojos como platos. Y puedo decir con orgullo que conseguí al cien por cien mi propósito.

- Escritor.

- ¿¡Escritor!?

El tío me miró como un bicho raro. No salía de su asombro. Ahí, delante de sus morros, tenía sentado al individuo más insulso del colegio, a uno que no aprovechaba las clases, a un don nadie en potencia, al un perfecto condenado al fracaso, diciendo convencido ¡qué quería ser escritor!

- Pero... Sr. Archer si usted nunca ha escrito nada. – En el colegio siempre nos trataban con respeto (excepto en los castigos) y nos llamaban por el apellido

- Si, si que he escrito. Entregué varios relatos en el examen de recuperación de septiembre. Pero supongo que no se los habría leído... - añadí un pelín apesadumbrado.

En ese momento me esperé dos cosas. La primera, que debido a mi insolencia se levantase y me diera un par de soplamocos, de aquellos sonoros, que duraban lo que quedaba de curso y parte del siguiente. La segunda, que llamase a todo el colegio y comenzasen a reírse de mí en la cara mientras bailaban a mi alrededor “el corro de la patata”. Pero de nuevo no. Simplemente se hizo un silencio. Le había dejado K.O.

- ¿Y no tiene nada más escrito? ¿Algo a lo que le pueda echar un vistazo?

- No. Ahora no tengo nada escrito.

Y esperé una tercera réplica. Una que me pidiese que le escribiera algo un cuento, un texto, algo para poder leerlo y así poder comentarlo. Pero una vez más no. Nada de nada. Aparentemente dejó el tema apartado, sin más. Pero eso pensaba yo. La noticia de que el Sr. Archer quería ser escritor ya había corrido como la pólvora aunque sólo entre el profesorado. A partir de entonces, en los sucesivos discursos de despedida, solían aparecer frases tales como: “Bueno, esperamos que algún día alguien se haga famoso, no se, escribiendo tal vez una novela, se acuerde de nosotros, nos la dedique y regrese al colegio para regalárnosla”. Entonces, acto seguido, me clavaban una especie de mirada de complicidad.
Lo que son las cosas. Veinticinco años más tarde y realmente me estoy ganando la vida escribiendo. A ver, ni soy millonario ni tampoco he escrito un Best seller. No soy tampoco una fuente de virtudes literarias. Ni siquiera he llegado a terminar de escribir un par de novelas que a lo largo de estos años había iniciado con gran entusiasmo. Sólo escribo artículos, análisis y catálogos para ocio electrónico, ah, y también estoy escribiendo este Blog. No soy una maravilla, la dislexia (en serio) suele hacer estragos en mis textos, hace tiempo que no leo libros, no me enganchan o no me concentro. Sólo ojeo revistas, otros Blogs y foros de discusión. Cosas breves. Soy un desastre de escritor. La antítesis de todos ellos. Lo reconozco.
Pero no todo han de ser descalificativos, también hay pequeños triunfos en
mi profesión. A lo largo de mi carrera he ganado tres premios relacionados directa o indirectamente con la literatura. Uno de ellos por un guión, escrito con dos amigos surgido de cuando trabajábamos en la tele y nos aburríamos durante las horas libres. El segundo, por un cuento, era un evento organizado por la Generalitat y relacionado con escuelas para adultos. Por cierto con la pasta me compré una videoconsola (y lo que son las cosas, luego acabaría escribiendo sobre ellas). El tercero, fue un concurso literario organizado por Microsoft España y dedicado en exclusiva para gente de prensa. El premio, una videoconsola (mire usted por donde), varios juegos y un fin de semana en una casa rural a mi elección.
He de decir a mi favor que siempre me había gustado la escritura. Desde muy pequeño. Es más, el destino ya me lo había hecho ver en una ocasión, muy de sopetón, a los siete años, un día cu
ando casi me linchan una manada de niños. Vamos a ver… Una buena tarde se me había ocurrió plasmar, en una nota y en principio anónima, todo lo que sentía acerca de unos niños, vecinos de bloque que, por aquel entonces, me caían muy mal. Así que, lo mejor era escribirles algo, a lápiz (aun no dominaba lo de escribir en boli), poniéndolos a parir. Recuerdo haber escrito la nota en una libreta pautada (desde aquel día les cogí manía), en cuyo frontal, blanco, había dibujado un Pinocho muy cutre (los psicoanalistas que busquen analogías al respecto que seguro las hay). A estas alturas reconozco que me pasé veinte pueblos con el texto, pero en ese momento disfruté como un mico con todo lo que surgía de mi imaginación. Me gustaba mucho, muchísimo. Todas aquellas palabrotas viajando de mi cabeza hacia mi mano y luego plasmadas sobre un papel. Además aquel texto tenía mucha garra. La sentía. Estaba más que entusiasmado con mi primera obra literaria. Yo le daba al lápiz órdenes y el tío, esclavo de mis emociones, escribía como un loco. Me importaba un pito las cosas horrendas que había en el papel.. Algunas refiriéndome a la madre de ellos, otras más a titulo personal. Aquello lo había escrito yo, solito, minuciosamente, a escondidas mientras mis padres y mi hermana veían la televisión. Cuando terminé, tenia como dos o tres folios de largo, los arranqué, los doblé y me los guardé en el bolsillo del pantalón. Aquello iba a ser la bomba. Y tanto que lo fue…
Al día siguiente me encontré a esos odiosos niños, jugando a la pelota y les entregué el papel. Esperé impaciente su respuesta. Al principio sonriendo como un idiota. Como vi que lo que estaban leyendo no les estaba gustando al principio me medio enfadé (que desagradecidos) pero más tarde, cuando el disgusto se transformó en enfado, me entró el "canguelis". Entonces mi primer acto reflejo fue tratar de charle el muerto a otro, entre otras cosas lo hice por qu
e si llovían hostias por lo menos serían compartidas y no me llevabaría un empacho.
Entre gritos y amenazas, intenté aclarar que la nota la había escrito con otro amigo, que justo estaba a mi lado, mirándome con perplejidad y cierto mosqueo. El muy cobarde lo desmintió (no, si idiota no era). Es más, el muy capullo salió corriendo dejándome solo ante el peligro y sin saber que hacer (también he de reconocer que estaba algo triste por que
mi texto no les había gustado) Los gritos de los afectados atrajeron a otros niños y en menos de lo que canta un gallo me vi rodeado por una pared de unos quince mocosos todos ellos cuchicheantes y acusadores. Sobre todo después de pasarse las notas los unos a los otros mientras se contagiaban del horror por todo lo que allí estaba escrito. He de puntar que yo me sentí molesto por que no entendía por que los otros niños y niñas se enfadaban también, al fin y al cabo las notas no iban destinadas a ellos.
Entonces apareció mi madre, venia corriendo, acompañada de la madre de mi amigo, el muy traidor y cobarde. Comenzaron a abrirse paso entre el corro cuyo epicentro era yo completamente asustado. Preguntaron que había pasado y que hacía yo en el centro de de ese corro. Entonces una mano infantil y rastrera les hizo llegar la nota. La leyeron. El efecto horror también se apoderó de ellas. Mi madre me miró y lo comprendió todo.
No era tonta. No se le pasaba una. Ella ya me había visto escribir la nota anoche. Lo que no se imaginaba era ni su contenido ni la repercusión de la misma. Las madres son así de listas, aunque en el caso de la mía muy poco precavida. Eso si, en ingenio no la ganaba nadie. En menos de lo que canta un gallo dio la vuelta a la tortilla. Les dijo que esa letra no era mía. Es más, bajó de casa una libreta de mi hermana diciendo, que en realidad su letra era la mía. (por cierto mi hermana a todo esto diciendo que me había visto escribir la nota) La vecina (desconociendo la artimaña de mi madre) aseguró que aquello no podía ser mío por que "Aquel texto ¡estaba lleno de faltas de ortografía! (sin comentarios)
Entonces sucedió algo que me marcó de por vida ( y no fue una pedrada). Un simple gesto acompañado de una frase que jamás olvidaré. Mientras mi vecina rompía en pedazos las
hojas sentenció: ¡Las palabras se las lleva el viento! Levantó las manos al aire y en cámara lenta vi como los fragmentos de la discordia se los llevó un fortuito golpe de viento. También aprendí otra cosa. El significado de la palabra LINCHAMIENTO. Un término que jamás se me olvidaría.