viernes, marzo 23, 2007

Diario de una semana infernal (Parte II)

Martes guerrero de sorpresas y contraataques.

Mañana: Tratando de mantener la mente en otro lugar.

El martes amaneció con un aura de expectativa. En primer lugar tenían que citar al capullo en la comisaría y en segundo lugar tenían que comunicarme la fecha y hora de la primeara vista, donde se decidiría si se aplicaba la orden de alejamiento de Miguel y mía y la orden de protección de mi hermana. Por la mañana fui a mis quehaceres, tenía una rueda de prensa en el Camp Nou (catedral y templo absoluto de los hinchas culés)donde se encontraba un tal Messi (perdonadme los entendidos en el deporte del balompié pero ignoraba en que equipo jugaba este señor, solo me sonaba que era futbolista. A ver, a mí el deporte me importa menos que a los patos la física cuántica, que se le va a hacer… ) El tipo en cuestión iba a enfrentarse On Line con un usuario de Xbox360 a un juego de futbol. Hay que reconocer que la rueda de prensa estuvo divertida y me alejó por un momento de los problemas familiares. No fui sólo, me acompañaba Mr Marc Nebot editor de Edición Limitada DVD y en la cita me encontré con otros compañeros de prensa. Tomamos algo charlamos sobre videojuegos y sobre videoconsolas y nos marchamos. Dejé a Mr Nebot en su casa y decidí ir a visitar a mi hermana. En eso sonó el teléfono. Era de la comisaría. Ya podía ir a buscar el papel para el juicio. La agente me informó que mi cuñado había estado es mañana allí y había recibido la noticia de su denuncia. No me dijo como se lo había tomado. Yo supuse que muy mal, para variar. Fui a buscar el papel. Tenía cita para el miércoles a las 10 en los juzgados para el maltrato a mujeres de Hospitalet de Llobregat.

Mediodía: Soledad y desasosiego.

Fui a ver a mi hermana. Estaba aun muy nerviosa. No había comido mucho y apenas hablaba. Con quien si hable fue con las señoras que velaban por ella. Concretamente la señora del 633 me comentó que a veces, antes de que sucediese el altercado, había oído a mi hermana llorar sola en la habitación. Ella me confesó sentir una lástima extrema al escucharla y que a veces iba a consolarla. Cuando podía hablar le decía que lloraba por muchas cosas. Lo hacía por sus hijos, que no podía disfrutarlo y que les preocupaba mucho que estuviesen con su padre y sus tías porque los notaba cada día más distantes con ella. Lloraba por su enfermedad, porque estaba cansada de sufrir de ver como no podía moverse, que su cuerpo ya no era el de una mujer de 42 años sino un armatoste de huesos y piel torpe e incontrolable. Lloraba porque su vida no era lo que ella había deseado. Ella quería ser feliz, cuidando a sus niños, disfrutando de ellos. Ahora para ellos era una enferma inútil y casi una desconocida. Me marche del hospital, sin comer. Me despedí de mi hermana dándole ánimos y con la imagen de ella llorando sola en la habitación aun en la cabeza.

Tarde/Noche: Señal de alarma.

El martes fue el cumpleaños de Amparo (desde aquí felices y bien llevados 44 tacos wapisssima). Teníamos una cena con ella a la por supuesto acudimos. Si hubiese sido otro día quizás hubiera estado más tranquilo, pero no lo estaba. Aunque se disimularlo muy bien. Los nervios no eran debidos a lo sucedido a lo largo del día, aunque también había un poco de ello. El noventa por ciento de mi tensión era debida a que el capullo había llamado a mi hermana más suave que un guante de seda. Hasta le dijo “Cariño o Amor mío…” le comentó a mi hermana que tenía que pasarse por el hospital esa misma tarde ¡para que ella firmase unos papeles! Entonces se desató el pánico. Le suplique unas cien veces que no firmase nada, ni se le ocurriese hablar con él que ahora él era el enemigo. Que podía firmar millones de cosas que la podían perjudicar. Se puso la señora del 633. Me dijo que la estaban convenciendo que de no firmase nada que la estaban aconsejando por todos los medios que no lo hiciese. Llamé a los Mossos d´Escuadra para comunicárselo, me dijeron que si había problemas se les llamase y que no firmase nada. Hable con un enfermero, bastante borde (que en un principio decía no querer ponerse al teléfono porque no quería problemas cosa que la señora del 633 le dijo que si sucedía algo se le caería el pelo a el por irresponsable) que trató de quitarse la patata caliente y delegar en otro su responsabilidad. Le dije que vigilase que el capullo o sus hermanas no entrasen o forzasen a mi hermana a firmar nada. Volvía a hablar con mi hermana, le volví a suplicar que no firmase nada por lo que más quisiera. Ella me lo prometió. Tenía miedo a que él la forzase pero estaba tan cansada que se moría de sueño.

Esa noche yo no dormí apenas. Por la mañana me esperaba un día de órdago en los juzgados con la familia Munster casi al completo.

(continuará…)

1 comentario:

SisterBoy dijo...

Hurrah por la señora del 633. Afortunadamente siempre hay una señora del 633 y esperemos que siempre la haya.