lunes, febrero 25, 2008

La Amenaza de la Fantasma.

Debe estar aburrida. Si no no me lo explico. Hay gente que se buscan los problemas ellos solitos. O bien son tontos por naturaleza o masoquistas o una mezcla de ambos. Hace unos post más abajo (concretamente en el que hago un apunte sobre la maldad) volvía a sacar de las ánimas a nuestra archiconocida " Sargento de Hierro". Si todavía no la conocéis os recomiendo que leáis los post correspondientes al mes de Diciembre del 2006 en adelante y descubriréis a todo un personaje (chuzo) pero lamentablemente tan real como la vida misma. Pues bien. Como ya no le queda con quien pelearse (ya ha agotado fuel con el cuñado expresidario) más ha vuelto a pillar la agenda y se ha vuelto a acordar de mí. Bueno no es que se hubiera olvidado (su enorme cabezón cual chupachups de 30€ ó 30 $) simplemente tenía una lista muy grande de gente con la quien pelearse y sembrar odio y hasta que no la ha agotado no ha vuelto a las andadas hacia mi persona. Tiene suerte que no soy de su calaña porque si hubiera sido como ella a esta no le quedaba cara, ni brazos, ni piernas. Es más estaría largo tiempo entretenida buscándolas a lo largo de las cuatro esquinas de nuestro planeta. Desde que su hermano hizo las paces con ella antes de que llegase la Navidad (hasta para eso son previsibles y típicos)ha vuelto a las andadas conmigo llamándome incansablemente al teléfono móvil para después colgar. Valiente actitud infantil de la mamarracha. ¿Os preguntaréis como es que es ella? Pues muy sencillo por los propios niños que han visto con sus propios ojos como lo hacía. Dicen que se reía mucho después de colgar. Cada uno tiene formas de divertirse, mira por dónde. Yo prefiero centrifugarme en una montaña rusa antes de gastar dinero llamando por el móvil sin decir absolutamente nada. He de puntualizar que este tipo de episodios se han producido cada vez que ha habido algún (re)encuentro con mi (ex)cuñado. Ya sea en el juzgado o en alguna que otra (desagradable) ocasión. Automáticamente la llamadita anónima acude en su ayuda. La última, el miércoles, jueves y viernes (después de que fuésemos al juzgado a declarar ante la juez)Tan sólo el viernes me entretuve a contabilizar hasta 15 llamadas en un intervalo de 5 horas. Todo un record. Me han sugerido denunciarla (cosa que ya me planteo), de vengarme de ella con una avalancha de llamadas anónimas llegadas de todas partes del mundo y a cualquier hora (no descarto esa posibilidad) de cambiarme el teléfono (para qué si volverá a conseguirlo y así hasta el infinito y más allá…)No solo mi teléfono móvil sufrió de su enfermiza insistencia. El teléfono de casa fue la primera víctima. Hasta que le coloqué un filtro para bloquear llamadas sin remitente. Gracias a ello la bloqueé y también a los pesados que ofrecen ofertas de Internet, calefacción a gas, electricidad y otras fuentes de energía renovables. ¿Os preguntaréis si me cabreo con las llamaditas anónimas? Pues no. Si algo heredé de mi padre es su flema inglesa. Con no contestar (cosa que le cabrea mucho más) y pulsar la tecla adecuada de silenciar llamada es más que suficiente. A estas alturas de la película y pretenden impresionarme con llamaditas (infantiles) anónimas. Ella, aunque tonta del culo, se ha dado cuenta de ello y ha tirado la toalla (por lo menos de momento) Su estrategia es otra. Este fin de semana han estado los niños con su padre (no veáis las ganas que tenían de irse con semejante energúmeno)Desde que lo van viendo semana si semana no siempre aparece la “Sargento de Hierro” en escena a modo de visita sorpresa a casa de su hermano. Los niños no hablan mucho de ello pero cuando lo hacen se deja entrever que los acosa a preguntas. Por lo que deduzco no consigue mucha información por lo que insiste incansablemente día tras día (No sabe lo que se pierde Mr Bush en contratarla para hacer hablar a los prisioneros de Guantanamo…) de eso sabe un huevo y parte del otro. Si fuese ignorante de la situación, es decir si ella no supiera la realidad de qué o quién es su hermano tendría su justificación. Sería el típico caso de hermana que lucha por la (supuesta) inocencia de su hermano, víctima de la crueldad de una enferma de Parkinson que no le dejaba vivir (bueno está es la moto que nos vendía al principio del culebrón)y que (sorprendentemente)nos hizo creer en varias ocasiones. Pero no. Ella sabía quién era su hermano y lo que hacía. Es más por lo que a mí me consta ella incitaba a su hermano a hacerlo según tengo entendido por los celos que sentía hacia mi hermana desde hacía mucho tiempo. Por qué motivo. Piensa mal y acertarás… A mí, desde un principio, me costó creérmelo pero atando cabos (por lo menso una docena de ellos) uno acaba por darse cuenta de una realidad que ni el propio Pedro Almodovar se atrevería a retratar en una película, a no ser que volviera a sus orígenes cinematográficos. Si lo hace el padre por qué no va hacerlo la hija. Son tal para cual... Pues bien, a lo que iba. Ahora ha abandonado el acoso telefónico para pasar otra táctica. Los niños me comunicaron ayer que este fin de semana no habían visto a su tía, pero si habían hablado con ella. Ésta les había comunicado que tenía mucho interés en hablar con ellos. ¿De qué? No tengo ni idea. Ni ellos mismo lo saben. Les ha preguntado a qué hora salían del colegio (la niña le ha mentido en la hora) y que un día de esta semana iba a esperarles en el bar de la esquina para hablar. No sé si lo va a hacer. Puede que sus intenciones no sean las de incordiar a los niños sino incordiarme a mí. Sabe que los niños me lo iban a decir. Que posiblemente yo me inquietaría. Busca la provocación. Igual espera que yo aparezca por allí para partirle la cara (cosa que no tengo la más mínima intención) y tener una excusa para acusarme de algo. Se piensa el ladrón que todos son de su condición. Yo a todo esto le he preguntado a los niños si querían hablar con ella en privado. Ellos me han dicho que no. Aun se acuerdan muy bien de las amenazas, los pellizcos y los golpes en el pecho con la mano abierta producidos por semejante ser como para confiar de nuevo en ella. Además por convenio no debería jugarse el pellejo, sobre todo el de su hermano (que sabiendo de las intenciones de su hermana no hace nada al respecto). Según lo estipulado, la familia paterna sólo puede ver a los niños si está acompañada del progenitor y en los horarios estipulados ante la juez. Cualquier variación en el tema se debe comunicar (en este caso a mí, tutor de los niños, para que de mi consentimiento y si es necesario estar presente en dicho encuentro). No si al final va a resultar más tonta de lo que parece. O en caso contrario parece que ha vuelto con las pilas bien recargadas. Ya lo iremos descubriendo durante el transcurso del tiempo. De momento está aquí agazapada entre las sombras como un chacal acechando a su presa.

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