jueves, abril 17, 2008

Redención. Episodio 3.

8. Prudencia y silencio.

Durante los días previos al viaje no hubo señales de malestar. Todo lo contrario. Estábamos muy ansiosos y con ganas de partir. En la maleta incluí parte de las predicciones que me había sentenciado Maika aunque sobre ese preciso tema tampoco se volvió a hablar entre nosotros. Como si no existiera.


9. Un buen comienzo.

Los tres días que pasamos en La Habana fueron muy agradables y ya el día que llegamos a la capital cubana él ya pareció dar ciertos indicios de acercamiento. Recuerdo uno de esos momentos el mismo día que llegamos al hotel "Habana Libre". Tras dejar las maletas en la habitación, bajé al hall para llamar a casa y comunicar mi llegada. Al subir a la habitación piqué a la puerta y él me abrió ataviado tan solo por unos calzoncillos. Lucía entre sus piernas una tremenda erección. Me sorprendió que en ningún momento tratase de disimularlo. Parecía esperar de mí como algo concreto. Yo me quedé entre perplejo y porque no fascinado. Pero en vez de actuar de una forma mucho más natural, es decir entrar a saco y acabar la noche tumbados en pelotas sobre una de las camas, disimulé y me metí rápidamente en el baño, me lave los dientes y luego después de tardar un rato salir y meterme raudo en la cama. Cuantas veces me he lamentado de no haber actuado como un adulto en ese momento (y en otros a lo largo del viaje) Cuantas cosas se habrían resuelto con ello, cuantos disgustos nos habríamos librado, cuánto daño ahorrado… Me hubiera gustado estar ahora allí, en ese momento y haberme pateado el culo por demostrar ser un absoluto gilipollas.

Pero curiosamente fui yo quien rompió la barrera de pudor entre nosotros. Hasta ahora nos conocíamos vestidos. Teníamos por delante una larga convivencia juntos así que una de las primeras cosas que hice fue desnudarme delante de él. Aunque no precisamente para practicar sexo, sino para entrar o salir de la ducha. Él también tomó la iniciativa. Por lo menos eso y el tema de la erección era el síntoma de un buen comienzo...

También durante los primeros días en La Habana seguí recordado las palabras de Maika. Sobre todo en lo referente a las supuestas mujeres, familiares, que viajaban juntas. Aquellas que iban a poner en peligro nuestra “extraña” relación. De momento no había señales de ellas. Si cabía la posibilidad de que existía algo de peligro podría ser a través de una compañera (cubana) del instituto Británico. Ella como yo había viajado a La Habana para esas mismas fechas. Días antes de partir me pidió si podía llevarle una bolsa de ropa y algunos enseres de hogar que había preparado para sus familiares. Ella ya llevaba exceso de equipaje. Yo no tuve ningún inconveniente. Me dijo que podríamos quedado en el Hotel para entregarle la bolsa y tomar algo juntos. A él no le apasionó mucho la idea pero tampoco como para poner la situación en Defcon 4. El día antes de que nosotros partiéramos hacia Santiago de Cuba apareció mi amiga con su marido, hijos y algún que otro sobrino. Al final no sucedió nada. Nos vimos brevemente, nos saludamos, hicimos las presentaciones pertinentes y yo le entregué la mercancía. No hubo bronca ni celos ni nada que se le pareciera. De camino al aeropuerto de La Habana iba yo más feliz que unas pascuas. Me reía entre dientes. Maika se había equivocado. No existía tal conflicto. Por qué no me mordería la lengua en ese preciso momento…


10. Quien ríe el último ríe mejor.

Por culpa de aglomeración de pasajeros en el autobús que nos conducía al avión, situado en pista, él tuvo que salir por una puerta y yo por otra. A mí me tocó ascender por cola mientras a él lo hizo por una de las puertas ubicadas en las alas. Antes de ascender quedamos en vernos dentro para así sentarnos juntos. Al final no pudo ser posible. Cuando llegué a él estaba acomodado en una silla de pasillo, a su lado había otras dos personas. “Búscate la vida por detrás” me dijo de una forma que me sonó socarrona. Me molestó un poco su tono de voz tan irónico. No me hizo ninguna gracia que no se dignase en guardarme un asiento. El avión estaba hasta los topes, pero no iba a quedarme sin asiento. Era imposible. Al final pude encontrar una butaca libre. En ese momento no me fijé muy bien quienes se encontraban sentados a mi lado. Tras guardar el equipaje de mano y acomodarme abrí mí guía sobre Cuba y me dispuse a leerla durante el vuelo. “Huy que guía mas chula. Esta es más completa que la nuestra” oigo que me comentan a mi derecha. Aparto la mirada del libro y me fijo en mis acompañantes de asiento. Son dos mujeres, una más joven que la otra. Comencé a hablar con la que tenía más cerca. Se llamaba Rosa, la otra Merche ambas eran de Extremadura y para más INRI ambas eran primas. Estaban viajando en el mismo tour que nosotros. Durante el trayecto hacia el sur de la Isla me comentaron que habían creado un grupillo “mu salao” con otros pasajeros, la mayoría eran de Barcelona “pero buena gente”. Yo le comenté que viajaba con un amigo. Ellas me preguntaron que por qué no me había sentado con él. Le comenté que no había habido forma, pasé de entrar en detalles molestos. Hablamos mucho en el trayecto, hicimos bromas, intercambiamos guías (la suya era ciertamente muy chuchurrida) y al final quedamos para cenar todos juntos esa misma noche. No entiendo aun como no caí en ese momento en que la predicción de Maika había hecho acto de presencia. Si lo hubiera sabido igual las cosas hubieran cambiado mucho. Pero he de confesar que nunca me arrepentí de ello. Gracias a formar parte de ese grupillo aquellas vacaciones fueron una de las experiencias más gratas e intensas de mi vida, y también, como de rebote una de las más dolorosas hasta el momento...

El destino jugaba con ventaja aquel día. No se puede uno reír de él. Os lo aseguro. Las leyes del Karma (causa efecto) son así. Sin darme cuenta aquella unión multitudinaria y fraternal se convirtió, de golpe y porrazo, en la peor maldición del más poderoso de los faraones egipcios. Por lo menos para mi compañero y para mí.

(Continuará…)

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